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En la hora en que las cosas simples se me adueñan,
tengo sueños y vida para estar
sorbiendóte en silencio

La felicidad , digo y sé, es de esta pelambre ,
de nuestro tú y yo
otro mañana...
tal vez....

Publicado el jueves, 18 de marzo de 2010 a las 22.43

 

Son aquellas pequeñas cosas que huelen a algarroba....

Los algarrobos de don Luis Lencina

| Luis Daniel Vives

Mi
segunda experiencia en el magisterio rural la viví en Alcaraz Segundo, Departamento La Paz. Había sido designado director de personal único y allí trabajé durante dos largos años. La escuela, de paredes de adobe, techo de paja y pisos de ladrillos, había sido levantada por iniciativa del dueño de la estancia, don Luis Lencina y estaba rodeada de grandes y añosos algarrobos que habían crecido frente al casco mismo de la hacienda.
Era una decena de espléndidos ejemplares cuya altura obligaba a mirar el cielo azul y a escuchar los pájaros escondidos en sus copas en las tardes soleadas del estío.
Don Luis era un criollo cabal, cuya hombría de bien e integridad moral me enseñó a valorar muchas cosas simples de la vida; como el valor de la palabra empeñada,
el amor por la naturaleza y el afecto por la gente sencilla del medio rural.
Se regocijaba con la majestuosidad de aquellos árboles y no permitía a su gente que cortara ni siquiera un gajo, salvo que alguna tormenta inevitable les causara daño.
Por las tardes, luego de arrear los animales que pastaban por el monte, y de encerrar los terneros en el corral, última tarea que se hacía en la estancia, solía acompañarlo en los mates vespertinos; pese a los años de diferencia creo que éramos amigos. Era la hora en que hablábamos de las cosas del campo, de los novillos para vender, de la siembra y de la lluvia o de la sequía y el pastaje y a veces de sus queridos algarrobos.
Me decía: “Se necesitan cincuenta años para tener un árbol adulto con la dureza y la consistencia de su madera; es casi la vida de un hombre. Su fruto, la algarroba, tiene una áspera dulzura que no olvidarás jamás si masticas su vaina madura”.
Siempre pensé que no había que volver a los lugares donde uno fue feliz. Esta idea equivocada me privó de alcanzar a ver, aunque fuera un retazo de mi pasado guardado en el recuerdo.
Hace dos años, por aquellas cosas que tiene la nostalgia, quise volver a los lugares por donde había transitado en mi larga y bienaventurada carrera de maestro rural.
Como era lógico, quise volver a la estancia de mi amigo, pero sólo hallé cuatro paredes
que me costó reconocer y que servían de refugio a un joven cuidador del campo.
Los montes ariscos por donde tantas veces había transitado a caballo, habían desaparecido por obra del delirio sojero o la explotación indiscriminada que había desolado el paisaje. Los palmares de caranday que llegaron a ser en otras épocas materia prima de una industria rural, eran troncos oscuros amontonados a la vera del
alambrado, por la máquina implacable que los había arrasado. De los algarrobos de Don Luis no quedaba ni siquiera un arbusto; después de su muerte el campo fue vendido a una firma desconocida que no les tuvo piedad alguna. Hoy no quedan algarrobos como aquéllos.
Entonces yo le pregunto al recuerdo de mi amigo: “Mi querido Don Luis, ¿cómo
explicarles a mis nietos que creció en nuestro suelo un árbol imponente, fuerte y resistente, de flores perfumadas y vainas de un sabor egreste que fue abatido por la ambición desmedida de los hombres?
¿Cómo contarles que su tronco lloraba una resina transparente a pesar de su dureza? ¿Cómo referirles a los hijos de mis hijas el sabor inefable que tenían sus vainas de algarrobas?
Los años transcurridos me confunden, pero creo ver en los árboles añosos del recuerdo la figura querida de Don Luis (¿otro algarrobo inmenso?), enseñándome las
cosas simples de la vida y de la naturaleza, donde todo tiene su sentido y su valor. Me viene así a la memoria el poema de Fernán Silva Valdez que más de una vez le murmuré al viento cuando cabalgaba por los montes callados y tupidos. “Los árboles que no dan flores/ dan nidos/ y un nido es una flor/ con pétalos de plumas/ un nido es una flor/ color de pájaro/ cuyo perfume entra por los oídos/ Los árboles que no dan
flores/ dan nidos.”

Publicado el jueves, 18 de marzo de 2010 a las 16.12

 

Coplas

Las coplas contenidas en el albúm Luzysombra ( parte 2 ) en la vertiente de las coplas, son de carácter popular y anónimo,  cobrando espresión en el canto de la región noroeste de Argentina, a través de la entonación de bagualas, vidalas y tonadas. Copleros y copleras se valen tanto de su voz, caracterizada por cadencias que remedan la voz profunda de la tierra, como del son de sus cajas, que nos recuerdan nuestros más antiguos origenes: vegetal y animal.
Elegi pintar este albúm con la deliberada contundencia de la copla, entendiendo que ella es, a mi criterio, el recurso verbal y estético donde se plasma y cristaliza, la vida con sus bordes luminosos y a la vez sombrios, y en última instancia , busco en la luz y las sombras que estas proyectan en las cosas, un fundamento para hablar del alma humana, el hombre y sus posibilidades, sus sueños y sus bordes como ríos rasando el horizonte.....

Publicado el sábado, 13 de marzo de 2010 a las 04.01

 
LuZySoMbRa  ( parte 2 ) en la vertiente de las Coplas...

Album de fotos

LuZySoMbRa ( parte 2 ) en la vertiente de las Coplas...

El Mundo | 25 fotos | Publicado el miércoles, 10 de marzo de 2010 a las 02.08
Modificado el viernes, 12 de marzo de 2010 a las 21.40

 
Sakountala o L'abandon de Camille Claudel

Album de fotos

Sakountala o L'abandon de Camille Claudel

El Mundo | 1 fotos | Publicado el miércoles, 10 de marzo de 2010 a las 00.18
Modificado el martes, 9 de marzo de 2010 a las 23.19

 

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Diario de viaje

Pintura fresca de Antofagasta de la Sierra....

Provincia de Catamarca, Argentina | Del 25 de febrero de 2010 al 1 de marzo de 2010

Nunca me propuse ubicar el punto exacto donde el paraíso apunta y fuego hace en la misma tierra. Pero algo del orden de lo mágico me llevo a su encuentro. Mi último viaje a la fecha se atuvo a un itinerario demarcado en terreno.
De Buenos Aires, la ciudad de Córtazar, Borges, Carlitos y otros próceres del tango, me fui, siguiendo la ruta que pone en relieve un enclave no tan difundido en el noroeste argentino: la provincia de Catamarca.

Publicado el jueves, 25 de febrero de 2010 a las 11.10
Modificado el domingo, 28 de febrero de 2010 a las 23.05

 

Los tres cosmonautas. Umberto eco ( 1995 )

ërase una vez la tierra. Y érase una vez Marte.

estaban muy lejos el uno de la otra, en medio del cielo, y alrededor había millones de planetas y galaxias.


Un buen día partieron de la Tierra, desde tres puntos distinto,
tres cohetes. En el primero iba un norteamericano, que silbaba muy
alegre un aire de jazz, En el segundo iba un ruso, que cantaba con voz
profunda: " Volga, Volga ". En el tercero iba un afircano que sonreía
féliz, con dientes muy blancos en su cara de color.


Los tres querían llegar primero a Marte para demostrar quien era
el más valiente. El norteamericano, en efecto, no quería al ruso, y el
ruso no quería al norteamericano, y toso porque el norteamericano para
decir buenos días decía " Good morning " y el ruso decía "
Zgpabctbylutge ". Por eso no se comprendían y se creían distintos.



Como los tres erán muy valientes llegaron a Marte casí al mismo tiempo.


Llegó la noche. Había en torno a ellos un extraño silencio y la
tierra brillaba como sí fuese una estrella lejana. Los cosmonautas se
sentían tristes y perdidos y el consmonauta en la oscuridad llamó a
mamá:



Dijo: " Mamie " . Y el ruso dijo " Mama " y el africano dijo " Mbamba ".


Pero enseguida comprendieron que estaban diciendo lo mismo y que
tenían los mismos sentimientos.Fue así como se sonrieron, se acercaron,
juntos encendieron el fuego, y cada uno canto canciones de su país.
Entonces se armaron de coraje y, mientrás esperaban el amanecer,
aprendieron a conocerse.


Por fin se hizo de día. Hacía mucho frio. Y de repente, de un
grupito de árboles salió un marciano. ¡ Era realmente horrible verlo !



Era todo verde, tenía dos antenas en lugar de orejas, una trompa y seis brazos. Los miró y dijo " ¡ grrrr ! ".




En su idioma queria decir: " Mamita querida ! ¿ Quiénes son esos
seres tan horribles ?. pero los terrestres no lo comprendían y creyeron
que su grito era un grito de guerra.



Fue así como decidieron espantarlo.


pero de pronto, en medio del enorme frío del amanecer, un pajarito
marciano , que evidentemente se había escapado del nido, cayó al suelo
temblando de frío y miedo. Piaba desesperado, más o menos como un
pajarito terrestre. daba reamente pena. El norteamericano, el ruso y el
africano lo miraron y no pudieron contener una lágrima de compasión.




En ese momento sucedió algo extraño. También el marciano se acercó
al pajarito y dejó escapar dos hebras de humo de su trompa. Y los
terrestres, de golpe comprendieron que el marciano estaba llorando. A
su modo, como lloran los marcianos.



Después vieron que se inclinaba sobre el pajarito y lo levantaba entre sus seis brazos tratando de darle calor.


El africano dijo a sus amigos terrestres: " ¿ Se dieron cuenta ?
Creíamos que este marciano verde era distinto de nosotros, pero también
ama a los animales, sabe conmoverse. ¡ Tiene un corazón y seguramente
un cerebro ! ¿ Creen todavía que hay que espantarlo ? "



No era necesario hacerse semejante pregunta.



Los terrestres ya ahbían aprendido la lección. Que dos personas sean distintas no significa que deban ser enemigas.



Por lo tanto se acercaron al marcianito y le tendieron la mano.



Y el que tenía seis, leds dio la mano a los tres al mismo tiempo, mientras con las que quedaban libres hacía gestos de saludos.


y señalando la tierra, distante en el cielo, hizo entender que
deseaba viajar allá, para conocer a los otros habitantes y estudiar la
forma de fundar una gran comunidad espacial donde todos se amaran y
estuvieran de acuerdo.



Los terrestres dijeron que si entusiasmados.


Y para festejar el acontecimiento, le ofrecieron un bombón. El
marciano muy contento, lo tocó con su dedo de luz, que inmediatamente
lo hizo desaparecer, era su forma de saborearlo.





Pero ya los terrestres sonrientes no se escandalizaron.




Habían comprendido que tanto en la tierra como en otros planetas,
cada uno tiene sus propias costumbres, Es sólo cuestión de comprenderse
los unos a los otros

Publicado el jueves, 11 de febrero de 2010 a las 01.41

 
Reserva de la Biosfera Laguna Blanca

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Reserva de la Biosfera Laguna Blanca

El Mundo | 33 fotos | Publicado el lunes, 8 de febrero de 2010 a las 23.04
Modificado el lunes, 8 de febrero de 2010 a las 22.32

 
Larga Vida a Antofalla!!!

Album de fotos

Larga Vida a Antofalla!!!

El Mundo | 68 fotos | Publicado el domingo, 7 de febrero de 2010 a las 02.13
Modificado el domingo, 7 de febrero de 2010 a las 02.48

 
Antofagasta de la Sierra: un  viaje al principio del mundo

Album de fotos

Antofagasta de la Sierra: un viaje al principio del mundo

Antofagasta de la Sierra, Argentina | 122 fotos | Publicado el viernes, 5 de febrero de 2010 a las 21.24
Modificado el viernes, 5 de febrero de 2010 a las 23.30

 
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(Frase personal:)

" No hay nada tan fantástico como la realidad "
Gilbert Chesterton

 

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  • conocer mundo y culturas

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  • serpentear el aire

  • cantar siempre cantar

  • juntar objetos sin útilidad aparente : ej carozos de palta

  • encontrar sutilezas

  • pájaros y luna en sus cuatro estados

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  • palabras para emocionar y reflexionar

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momentos de respirar intensamente , de conectar con la plenitud de lo pequeño, conciente de la fugacidad de la vida y de la importancia del estar
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