Mi viaje por Gambia y Senegal

Escribe: A-Orihuela
Un viaje por las entrañas por Gambia y Senegal

 

   Enviar a un amigo   

 
1 2 3 4 Capítulo 6 8

Casamance

Ziguinchor, Senegal — sábado, 11 de junio de 2011

CASAMANCE
 
 
Camino, ya si, de Zinguinchor  pudimos ver la Casamance en todo su esplendor :  palmeras, cocoteros y arrozales ,estábamos en el llamado  "Granero del Senegal".  A  todo ello había que sumar la  vegetación tropical lo que suponía una paleta de colores intensos.  Pantanos de manglares, bosques de palmeras, árboles floridos que bordean la orilla del río y multitud de aves, nos hicieron muy agradable la entrada en la zona.

En Zinguinchor se concentra el mayor número de católicos del país,  hasta Juan Pablo II estuvo aquí  "inaugurando" una catedral.  Por lo demás, su importancia real reside en ser nudo de comunicaciones de la región y lugar desde donde lanzarse a recorrer la Casamance, cosa que haríamos nosotros, aunque solo en parte porque sus espléndidas playas no nos interesaban.  Es lo que tiene vivir en Canarias.

 Nos hospedamos en el  hotel “Du Tourisme”, cutre donde los haya, donde nos quedamos por no estar buscando mas tiempo.  La comida del hotel no tenía mala pinta  así que allí comimos. Concertamos con un negrazo que nos había ofrecido sus servicios como guía y quedamos con él  al día siguiente.  
Visitamos por la tarde  la ciudad que si bien es dinámica también es fea a mas no poder, nada interesante.  Como buena ciudad  africana, la calle representa toda su pulsión vital, distribuida en cientos de puestos donde todo se vende y se  compra.  No ofrecía nada salvo el  un mercado dinámico y vistoso 
Es obligado en África visitar el mercado de la ciudad en la que te encuentres. Es garantía de vitalidad , de colorido, es un espectáculo para los ojos. Sus mil viandas, los  alimentos ofrecidos, los atuendos de las gentes, la multitud de policromías y también, por qué no,  su miseria, Quizá sea la razón por la que luego cuesta visitar uno europeo, tan colocado,  tan previsible. Compramos unos plátanos y unas manzanas para el día siguiente y nos enteramos en un ciber café de la huelga salvaje de los controladores aéreos en España.  Cenamos  en  un hotelito  y a donde decidimos cambiarnos al día siguiente ya que el nuestro era una pocilga y éste era además más barato.
 
A la mañana siguiente nos  lanzamos a ver la Casamance. En verdad es bonita, muy bonita paisajísticamente  hablando. Vimos el  llamativo “bosque sagrado”,  espectacular por su frondosidad y enormes y variados  árboles entre los que destacan las ceibas   cuya madera es utilizada en la fabricación de piraguas  y una determinada especie de palmera cuyas ramas en forma de abanico proporcionan el vino de palma, la bebida más popular de  la región  no apta para nuestros gustos y que bebiamos si nos la ofrecian por no ser descorteses pero realmente aspera.
 Al pie de esa enorme ceiba  los moradores de aquéllos lugares hacen sus ceremonias, rituales incluso hacen sacrificios de animales en el hueco que hacen las caprichosas formas del árbol.
 Es el punto de reunión de los habitantes de las aldeas próximas.  En una modesta pero limpia casa de la aldea  nos mostraron un “bombolong”, que  es  un  “tam tam”  que aunque parezca mentira  aun se emplea  para enviar mensajes de todo tipo a las aldeas próximas (tambor, en su día de  llamamientos a guerras, hoy utilizado para convocatorias a reuniones, fallecimiento, matrimonios, etc).  Es un  tronco vaciado  de un árbol con una  abertura longitudinal para amplificar el sonido al golpearlo.
 
También pudimos ver después de solicitar el permiso adecuado y atravesar  un misterioso y tupido bosque al llamado  “rey de reyes”.  Allí estaba esperándonos muy ceremonioso y con cierta magnificencia  hacia nosotros  vestido con una túnica roja sobre  un vestido negro y luciendo un alto copete.
 No es folclore,  es real, es el  jefe natural de los habitantes del “departamento” en el que nos encontrábamos, de sus diecisiete aldeas y aunque cada una de ellas tiene un “rey” propio son de rango menor que aquél ante quien estábamos.
 Nos concedió el honor de su charla y por él supimos que a su fallecimiento, un Comité de Sabios, elige a su sucesor necesariamente de entre tres únicas familias. Este “rey de reyes” tiene una autoridad moral y arbitral indiscutible. Quienes acuden  a él van en busca de consejo o  a  dirimir diferencias y  siempre dejan alguna ofrenda, ya sea  vino de palma, parte del arroz o del trigo recolectado u otro tipo de presentes que él hará distribuir entre los necesitados. Si  bien no  tiene autoridad ejecutiva  su opinión se hace oír en las dependencias pertinentes y nada de importancia se hace en su región sin que cuente  con su beneplácito.  
Si algún  vecino no sanaba según lo previsto con la medicina convencional él  los derivaba hacia los curanderos que entendía podían curarlo usando la medicina tradicional y sus pócimas. Todo ello  basado, una vez más, en las profundas creencias animistas a las que tan apegados están los habitantes de la zona y de las que era la máximo autoridad.

El animismo es una concepción espiritual difícil de entender por nosotros los occidentales, que tendemos a relacionarlo con la superstición y la superchería.  En esencia parte de la creencia de que cualquier  elemento, animado o no, tiene conciencia o vida propia,  está poseído de un espíritu y por ello todo lo que nos rodea es sagrado o susceptible de serlo, de ahí el enorme respeto de los animistas hacia la naturaleza y los animales. Nos despedimos del “rey de reyes” con la sensación de que, habiendo algo de cierto en todo lo que vimos, también lo había de teatro. Nos permitió hacer cuantas fotos quisimos y vista la experiencia, ciertamente interesante, dimos a su “secretario” que por allí andaba tres mil cefas, esto es, algo menos de cinco euros.
 
Proseguimos  hasta llegar a Elinkine,  “el embarcadero” desde donde salen las piraguas  hacia la isla de Karabane que, para los turistas clásicos, constituye una visita de un par de horas obligada durante su estancia en la zona. En los alrededores del embarcadero estaba el puerto donde los pescadores descargan sus capturas principalmente de tiburones, cuyas aletas son secadas al sol y después de oreadas son vendidas fundamentalmente a los países asiáticos, para consumo humano.

Ya en Ziguinchor nos  embarcamos  en una “pirogue”  con destino a la isla de los pájaros ( Île des Oiseaux ) de nombre Djilapo , formada por un monumental conjunto de manglares. El nombre no es caprichoso,  allí  se acumulan  flamencos, garzas, pelícanos, espátulas, águilas pescadoras de cabeza placa, cigüeñas, martines  pescadores y tantos otros cuyo nombre desconozco… que hacen parada antes de seguir su ruta migratoria.
 Era delicioso navegar en el laberinto formado por los manglares  mientras  los pájaros se cruzaban de una zona a otra, como si nos  saludaran, como si estuvieran  exhibiendo ante nosotros su plumaje, sus vuelos, sus cortejos. [url=http://bp0.blogger.com/_sA4POFqKxPY/R_PYR978NqI/AAAAAAAAAm4/6agVN92EXHg/s1600-h/P7041598.JPG][/url] Allí  comimos lo de siempre, sardinas  pan y unos plátanos, además de las correspondientes cervezas que procurábamos  no faltaran.
 
Solo al final nos dimos cuenta que había una interesante casa  primorosamente decorada con esculturas y  pinturas a medio camino entre Botero y el mundo naif.  Nos contaron que era fruto de la experiencia obtenida como soldado del abuelo del actual dueño en la segunda guerra mundial. No sé donde guerrearía  aquél hombre pero el resultado era muy interesante. De haber sabido la noche que nos esperaba habríamos  traído nuestras mochilas  y habríamos dormido allí.
Pudimos ver   en  Ziguinchor , de donde parte  un  ferri dos veces por semana con dirección a Dakar y de donde partió el  Joola,   en el año 2.002  que acabó hundido en el mar dejando  ni más ni menos que 1.800 personas ahogadas. Pudimos ver ,decia, una pequeña  placa que  lo conmemora.
 
Algo se mueve en Zinguinchor  pensando en el futuro turístico. Incluso  vimos una terraza recién estrenada con apariencia  europea.  Cuando decidimos entrar,  nuestro  guía en la ciudad  sin mediar palabra aceleró y entró antes que nosotros, de manera que cuando llegamos  ya estaba con el camarero principal organizando la mesa en la que nos sentaríamos. De éste modo  se exhibía con blancos, consumía un par de cervezas  a razón de 1.500 cefas cada una  algo que probablemente no puede hacer  por su cuenta y  lo que es más importante  quedaban claras sus capacidades ante los del establecimiento al haber llevado a unos extranjeros a consumir.  No es un reproche, es una manera de explicar cómo se buscan la vida. Con toda seguridad le dejarían pasar la próxima vez que viniera sólo. De hecho al chofer del coche  una vez aparcado éste no le dejaron entrar hasta que indicamos que venía con nosotros.
 
Nos fuimos a cenar  al mismo hotel donde  cenamos la anterior noche y ese día dormiríamos. Habíamos adelantado algo de dinero –craso error- y ya empezaron los problemas  al  querer cobrarnos por la cama de  nuestro guía (hasta ese momento nadie lo había hecho  como es costumbre en esta zona de África). Pretendía el dueño de aquello que durmiera en el suelo de una habitación destinada a almacén, sobre una esterilla, cosa que no le gustó ni a él ni a nosotros. La discusión se hizo  más que desagradable  y como el tipo no se bajaba del burro decidimos pagar  una habitación para él  y que no durmiera en el suelo aunque ellos lo hacen con frecuencia, pero eh aquí que apareció el orgullo de nuestro chofer musulmán (¡ojo con este tema!) que se negó con tozudez rayana en la agresión a dormir en cama por la simple razón de que no estaba dispuesto a que el dueño del hostal  se saliera con la suya y ganara a nuestra costa las trece mil cefas;  al final creo que durmió en el coche.
 
Bajamos al patio-jardín   para liquidar  a nuestro guía  Samba lo que  le debíamos por su trabajo y  que tan bien había hecho. Aprovechamos para tomarnos una cerveza, que en el caso del negro grandón fueron dos. En ésto estábamos  y ya al filo de la medianoche, cuando  nos dimos cuenta  de que  aquel sitio  no era  sino un lupanar.
Lo peor de todo estaba por venir y es que dada la condición de puticlub  la música estaba a todo volumen  y  la gente –poca- que allí había hablaban “a grito pelao” y  no nos dejaban dormir.    Bajé a montar bronca y me prometieron bajar el volumen  cosa que no sucedió, una hora más tarde, eran ya las tres de la mañana, cuando volví a bajar gritando yo también. No sé si fue mi actitud o que ya era su hora    el caso es que aquello  por fin declinó.
Me vengué al día siguiente cuando le corte en varios sitios la instalación eléctrica no solo de la habitación  sino de una iluminación navideña que tenia. Le dejé una  nota explcativa.  Se lo merecía por gilipollas.
 


Publicado
Modificado
Leído 2483 veces

    Enviar a un amigo

1 2 3 4 Capítulo 6 8
 
 


 

Capítulos de este diario