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"la siempre heroica e inmortal ciudad de Zaragoza"

Escribe: topy4
No es un diario de viaje, de hecho nací aqui, ni si quiera es un diario, solo quiero narrar brevemente lo que fue y es, la muy noble y leal ciudad de Zaragoza, situada en el noreste de España, centro de Aragón, ciudad de paso de Madrid a Barcelona, de Bilbao a Valencia, enclave estratégico durante toda su historia para todas las distintas civilizaciones que han vivido en esta maravillosa ciudad conocida hace 200 años como la Florencia española.

 

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Capítulo 1
 

Siempre Inmortal Ciudad de Zaragoza

Zaragoza, España — sábado, 8 de mayo de 2010

Primero fue Salduie, para los íberos, más tarde, Caesaraugusta para los Romanos, igual para los Visigodos, después Medina Albaida Sarakosta para los musulmanes, que la convirtieron en la capital de la taifa de saraqusta y por último Zaragoza, todos estos cambios, mezclas, y culturas hacen de esta ciudad una mina, nada explotada, de ruinas históricas y gente acostumbrada al intercambio cultural.

Una ciudad con más de 2000 años de historia, atravesada de Oeste a Este por el Río más caudaloso de la península Ibérica, El Río Ebro, que aunque hoy no, antaño fue navegable en la mayoría de su recorrido.

La vida transcurría sobre todo en la margen derecha del río cuando los romanos se asentaron en la ciudad, construyero segun su arquitectura calles entre cortadas que cruzaban la ciudad de ese a oeste y de norte a sur, esas calles hoy son, Cardo,Calle don Jaime, y Decumanu Calle Mayor. Todo este entramado de calles que construyeron los romanos quedaba rodeado por una muralla que iba desde el río, subiendo por lo que hoy es la avenida de Cesar Augusto, girando a la izquierda por el coso, y de nuevo a la izquierda hasta regresar al río. Construida entre el siglo I y el siglo III de nuestra Era, bajo el mandato de Tiberio, de unos diez metros de atura, la muralla romana de Zaragoza llegó a tener una longitud de unos 3.000 metros y unos 120 torreones defensivos. Despues fue utilizada tanto por visigodos como por musulmanes. Hoy se conservan dos tramos, uno de unos 80 metros, en la misma avenida de Cesar Augusto, y el otro en lo que hoy es el convento del Sto Sepulcro.

Los siglos I Y II englobaron el periodo de mayor apogeo para la ciudad y trajo consigo muchas de las grandes obras públicas, de las que aún hoy podemos ver algunas: el foro, el puerto fluvial (que convirtió a Caesarugusta en el principal redistribuidor de mercancías en el valle del Ebro), las termas públicas, el teatro o el primer puente de la ciudad, situado en el emplazamiento del actual puente de Piedra, que entonces era de madera.

La ciudad contaba con 4 puertas, puerta de Toledo al oeste, la puerta de Valencia al Este, puerta Norte o del Angel al norte, y la de Cinegia al sur, hoy se conserva algo de aquellas puertas, la de Cinegia por ejemplo se encuentra en el interior del centro comercial del mismo nombre, una estatua de Cesar Augusto en la misma avenida marca el punto en que se encontraba la de Toledo, y de las otras poco o nada (una lástima).

Tras esta época de lujos, en los que se construyeron, termas, tatro, foro, puerto fluvial y todas las estructuras típicas de las grandes ciudades romanas, la decadencia y la invasión visigoda, Zaragoza despedía así al pueblo Romano, para dar la mano a los visigodos.

Hacia el 409 suevos, alanos y vándalos llegaban a la Península. Zaragoza seguía manteniéndose como ciudad romana a principios del siglo V y, gracias a las imponentes murallas, pudo defenderse de cuantos la atacaron, protegida por soldados veteranos. Finalmente, en el 472 el ejército visigodo al mando del conde Gauteric toma la ciudad en nombre del rey Eurico, pasando a formar parte del reino visigodo de Tolosa. La ciudad mantuvo en gran parte sus costumbres romanas y en el 504 todavía se celebraban juegos circenses.

En el siglo VII, la ciudad tuvo un relativo florecimiento cultural gracias a una serie de grandes obispos: Máximo, Juan II, Braulio, Tajón y Valderedo, vinculados al monasterio de Santa Engracia, que poseía una importante biblioteca. Así Zaragoza se convierte en uno de los centros culturales de Hispania.

La Taifa de Saraqusta cuyo legado intelectual y artístico más sobresaliente se podría resumir en la construcción del Palacio de la Aljafería y en la creación de la primera escuela estrictamente filosófica andalusí, cuya figura descollante es Avempace, que nació en Zaragoza entre 1070 y 1080 y tuvo que emigrar de la ciudad hacia 1118 tras la conquista cristiana.

El islam fue una cultura predominantemente urbana, que buscaba asentar sus ciudades a orillas de los ríos, pues la base de su economía era agrícola, destacando en el cultivo de regadío. Por esta razón desechaban poblar en altura y, de este modo, no ocuparon efectivamente las zonas pirenaicas, en las que se limitaron a controlar el tráfico de personas y mercancías mediante pasos fortificados a la entrada de los valles. Es esta la razón de que los nobles y eclesiásticos cristianos, que eran quienes más tenían que perder a la llegada del islam, se asentaran en el norte, donde comenzaron a organizar monasterios e iglesias en torno de las cuales se desarrollaría lo que será conocido primero como Condado de Aragón (Marca Hispánica dependiente del Imperio carolingio) y luego como Reino.

Los musulmanes ocuparon las ciudades ya existentes, aunque muy deterioradas, del bajo imperio romano y la civilización visigoda, restituyéndolas a un nuevo esplendor. Fue el caso de Huesca, Tarazona, Calahorra y, por supuesto, de Zaragoza. En otros casos fundaron ciudades de nueva creación, cuales son Tudela, Calatayud, Daroca o Barbastro.
Desde su fundación romana, Zaragoza es la ciudad más importante del valle medio del Ebro, y ha mantenido su posición de capital de esta región hasta la actualidad.

A la llegada de los árabes, la ciudad, aunque mantenía la muralla de Cesaraugusta de sillares, no estaba ocupada en todo su espacio intramuros, y había solares en ruinas, como el que ocupaba el teatro romano, ya desmantelado. Así, a principios del siglo VIII, la ciudad no llegaba a los 10.000 habitantes.

Debido a la prioridad urbana de la civilización islámica, Zaragoza asiste a un lento crecimiento de la población durante los siglos VIII y IX, pero no fue hasta el gobierno de la dinastía de los Banu Qasi, a mediados del siglo IX, que la población crece de modo hasta habitar los primeros arrabales extramuros. De este crecimiento da cuenta la ampliación, en 856, de la mezquita aljama. En el siglo X la población, según estimación del cálculo por hectáreas de la medina completa, iría de 15.000 habitantes a comienzos del califato, hasta los 18.000 o 20.000 a finales.

Pero el crecimiento más importante se experimentó con la Taifa independiente a lo largo del S. XI. En 1023, colmatado ya todo el espacio de la ciudad romana, se hizo necesario un nuevo recrecimiento de la mezquita, y los arrabales se extendieron por todo el perímetro habitable de la ciudad fuera de la medina, hasta el punto de hacerse necesario un segundo muro de tapial que tenía portillos que coinciden en su lugar con las actuales Puerta del Duque de la Victoria, Puerta del Carmen y El Portillo.

En esta época hay varios arrabales situados al sur (arrabal de Sinhaya, tomando su nombre de la tribu bereber asentada allí, actualmente Puerta Cinegia), al este (arrabal de Las Tenerías, o barrio de curtidores) y norte de la ciudad (arrabal de Altabás, al otro lado del puente, en la margen izquierda del Ebro, donde se situaban los carniceros y el matadero), y pudo llegar con Al-Muqtadir, en la segunda mitad del siglo XI, a los 25.000 habitantes.

Los pobladores de la ciudad de Zaragoza pertenecían a distintos grupos étnicos. La clase dominante (jassa), no muy numerosa, era la de los linajes árabes del sur o yemeníes, aunque también había un grupo de árabes del norte o sirios, que en el primer siglo de dominación árabe, aspiró a dominar la Taifa. El contingente bereber tampoco fue al principio muy abundante, y se estableció además de en Zaragoza, sobre todo (y con el tiempo) en el arrabal de Sinaya (al exterior de la puerta Cinegia o de Toledo) y en asentamientos dispersos y reducidos.

Como los recién llegados musulmanes eran escasos, favorecieron la conversión al islam, lo que les proporcionaba el derecho a no pagar impuestos, puesto que la ley coránica lo prohíbe. Este grupo numeroso, formado por todo tipo de cristianos, desde linajes de rancio abolengo romano hasta campesinos, comerciantes y artesanos, adoptó el nuevo credo y se constituyó en el grupo social de los muladíes, con algunas familias muy importantes que accedieron en ocasiones al poder de distritos e incluso se comportaron como gobernadores independientes, desde el siglo IX, como es el caso de los Banu Sabrit o los Banu Qasi, que originarios de Alfaro y gobernadores de Tudela, llegaron a dominar todo el valle medio del Ebro, gobernando un extenso territorio con capital en Zaragoza.

Los judíos, perseguidos durante la época visigoda, mejoraron mucho la situación, dedicándose sobre todo al comercio, las finanzas, la política y la cultura. Su lengua y costumbres tenían puntos de contacto con las mahometanas, y de hecho, casi todos dominaron la lengua árabe. En la capital ocuparon el ángulo sureste de la medina, entre el solar del teatro romano (ya colmatado) y lo que hoy es la confluencia entre el coso alto y bajo.

En cuanto a los cristianos que permanecieron fieles a su religión, llamados mozárabes -que gozaban de cierta autonomía jurídica y autoridades religiosas propias, aunque tenían que pagar impuestos-, ocuparon una zona en el sector noroeste de la ciudad situado entre las cercanías del palacio de gobierno o Palacio de la Zuda y la Historia de la Iglesia de Santa María, hoy conocida como Basílica del Pilar. Disponían de dos iglesias que, al parecer, se mantuvieron durante los 400 años de dominación musulmana.

La ya citada Iglesia de Santa María Virgen, y la de las Santas Masas, situada extramuros, que mantenía la tradición de los innumerables mártires zaragozanos y que luego sería el monasterio e iglesia de Santa Engracia. Posiblemente alrededor de esta iglesia también hubiera una comunidad mozárabe. Los musulmanes respetaron durante todo este tiempo a la comunidad cristiana, permitiéndoles seguir con sus costumbres, religión, culto, instituciones eclesiásticas y jurídicas durante estos cuatro siglos. Tan solo hay constancia de un enfrentamiento en el año 1065, en el que la pugna por Barbastro inflamó los ánimos de cruzada y yihad respectivamente, y los mozárabes zaragozanos tuvieron que ser protegidos por el mismísimo Al-Muqtadir.
 
Tras la reconquista de España, Zaragoza, vive al igual que el país, las guerras, hambrunas y penalidades durante los años de la decadencia Española, es este un periodo, e expansión para España, pero que trajo consigo la pobreza a sus habitantes debido a los altos costos que estos viajes al nuevo mundo.

Pasaban los años y Zaragoza, conocida entonces como la pequeña Florencia, debido a la gran cantidad de monumentos, y la belleza y bellezas que estos tenían tanto a la vista como en su interior, sufrió los asedios por parte del ejercito de Napoleón en 1808-1809, estos asedios crueles y duros, sacarón lo mejor y lo peor de ambos bandos, pero ante todo quedará raflejado para historia el valor que los habitantes de la que sería conocida ya para siembre "la inmortal", sacaron de sus entreñas para repeler una y otra vez las incursiones del ejercito napoleónico, el mejor de la época.

Pero tras dos asedios, el hambre, y las enfermedades provocadas por la cantidad de muertos que se apilaban en las calles, acabaron con la batalla, Zaragoza, no fue jamás tomada, ni vencida, Zaragoza capituló, y eso valió como ejemplo, del honor, la fuerza y nobleza de sus gentes. Eso si, nuestra pequeña Florencia, lo más bello, de la epoca en territorio Español, acabo destruída, edificios completos derrumbados, iglesias, monasterios y calles, fueron tirados al suelo a bombazos, y zaragoza paso de ser una ciudad maravillosa a un amasijo de escombros y muertos desperdigados entre las calles.
Desde aquella capitulación, Zaragoza siempre será denominada, la muy noble y leal, siempre Inmortal Ciudad De Zaragoza.

Tras explicar ampliamente la ciudad en la que habito, decir que de la historia aquí poco queda salvo en pequeñas salpicaduras sobre la ciudad, enemos la Aljafería, tenemos La Basílica, mantenemos el teatro y las murallas Romanas, La puerta del Carmen, notas de la historia que esta gran ciudad a vivido, pero a mi corto entender es una lástima no saber aprobechar más y mejor nuestro legado, bajo lo que hoy es, paseo de la independencia se esconde una ciudad completa bajo un monton de cemento, al otro lado del río, descubrieron asentamientos antiquísimos que corrieron a tapar, dejando tan solo un pozo al descubierto, quiero decir, que si visitas zaragoza, no te quedes con lo que ves.....porque hay muchisimo más de lo que te enseñan, pero todo esta bajo cada piedra, bajo los ladrillos, bajo los pies, los mismos pies que te guían en tu viaje.

Piensa cuando pises esta ciudad, que contemplas más de 2000 años de historia, que bajo tus pies estan los pasos de 4 culturas diferentes, que antes que tu, caminaron por donde tu andas, y nunca olvides, que el zaragozano te abrirá sus brazos y tenderá su mano siempre que lo necesites....si no lo hace, no pertenece, o no siente como yo vivir en "LA INMORTAL CIUDAD DE ZARAGOZA".

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