Viajar de Madrid a Zaragoza se hizo muy peculiar, antes de arribar a esta ciudad visitamos el “Santuario de Torreciudad”, enclavado en lo alto de una montaña cerca a Barbastro (lugar donde nació San Josemaría en 1902).
Cuentan los biógrafos de San Josemaría que cuando era muy niño estuvo a punto de fallecer, el médico que lo atendió había diagnosticado “que no pasaría de esa noche”, sus padres con mucha fe rezaron y le pidieron a la Virgen de Torreciudad que curara a su pequeño hijo y que si lo hacía iban a ir en peregrinación a su ermita que quedaba en la cumbre de una montaña y al que había que acceder por un complicado camino de herradura.
A la mañana siguiente cuando el médico fue a certificar el deceso, se encontró con una sorpresa, el niño había amanecido sano y alegre. Los padres agradecidos con el milagro fueron con el niño Josemaría a la ermita y desde allí le inculcaron al pequeño un profundo amor a la Virgen.
Años más tarde, el fundador del Opus Dei , San Josemaría, mandó edificar un Santuario en lo que era la pequeña ermita de Torreciudad y hoy con sus cuarenta confesionarios se erige como uno de los principales centros de peregrinación Mariana de España y Europa. Bañados de espiritualidad y robustecidos en nuestra fe continuamos el viaje hacia Zaragoza, a donde llegamos cuando ya estaba anocheciendo.
Es impresionante contemplar desde el puente que da acceso a la ciudad la Basílica de la Virgen del Pilar con sus torres iluminadas. Nos tomamos muchas fotos y nos fuimos a instalarnos al hotel que se ubicaba en el centro de la ciudad.
De inmediato muchos salimos a recorrer las calles de la ciudad y buscar algo de comer.Nos llamó la atención la presencia de muchos africanos en sus calles y nos advirtieron de que vayamos con cuidado y en grupos, sobretodo en las noches.Al día siguiente fuimos a escuchar misa a las 6 de la mañana ( a esa hora en España todo el mundo está durmiendo) así que en el trayecto del hotel a la Iglesia las calles lucían desoladas. Luego de escuchar misa y tomar un suculento desayuno teníamos que continuar el viaje, ahora nos esperaba la ciudad francesa de Lourdes con sus miles de peregrinos.