La llegada a ésta ciudad fue horrible, hacía mucho calor, más de 30 grados. Queríamos seguir inmediatamente hasta Bariloche, pero por cosas del destino no quedaban pasajes, compramos para el otro día. Ahora con el fuerte sol reinante debíamos buscar hospedaje. Como era segunda vez que estaba acá, fuimos de inmediato a la segura, a un hostal que estuve, económico, pero no muy cómodo, en fin queríamos puro bañarnos. Con la tarde pasó un poco el calor salimos a dar una vueltas, la ciudad se veía con harto movimiento, mi madre se fue a acostar y yo me quedé compartiendo con uno de los encargados del local unas cervezas, después llegaron unos amigos y se formó un grupo entretenido...hasta una disco fuimos a dar una vuelta.
Al otro día, pasado el mediodía tomamos bus rumbo a Bariloche, un viaje tranquilo hasta San Martín de los Andes. Paramos en el terminal y cambiamos de bus …de ahí a Villa la angostura, el panorama cambia completamente. Comenzamos un camino de tierra, con muchos precipicios, cerros y cerros, me recordó al Alto bío bío. La vegetación comenzó a cambiar, verde intenso, exuberante, nativa. También cambió el clima empezó a llover. Yo iba super despierto. Medio asustado con las pendientes. Fue vertiginoso, hasta que de repente aparece entre el verde Villa la angostura. La llegada me recordó el camino a Santa Juana, como onda el Recodo. Un pueblo bonito, de casas muy bien construidas. Tras una breve parada, seguimos a Bariloche, donde llegamos en poco más de una hora.
El terminal estaba lleno, mucho movimiento, me gustaron dos cosas: tiene dispensador de agua caliente (los argentinos llenando sus termos pal mate) y tiene un mesón lleno de ofertas de alojamientos, mapas, excursiones y servicios varios. Sin preguntarle a nadie tomé unos papeles y me puse a llamar por teléfono a un hospedaje: los precios razonables entre 40 y 60 pesos…tomamos un taxi y en 15 minutos estábamos en nuestras piezas a 3 cuadras del centro de la ciudad.