En la Sierra Norte de Puebla se encuentra Zacatlán de las Manzanas, un pequeño pueblo rodeado de imponentes barrancas verdes cuya vista recibe al viajero que sale de la terminal de autobuses, tras un viaje de dos horas desde Puebla y tres desde la Ciudad de México.
Durante el recorrido al centro del lugar, diversos rótulos artesanales anuncian la venta de un par de productos típicos zacatenses: los licores de frutas y las cremas de licor, dos de varias otras preparaciones como la sidra, las mermeladas, los refrescos, las conservas y las botanas, que se elaboran con la fruta cosechada en los huertos de la localidad.
Vigas y ornamentos de madera son comunes en los diferentes expendios, en donde los vendedores ofrecen cada uno de sus productos a quien, de lugar en lugar, degusta y se apropia de esas artesanías bebibles que se impregnarán en toda su boca para conquistar el gusto que determinará cuál de todos será su sabor preferido.
La generosidad de los expendadores es vasta, no se limitan a ofrecer uno u otro licor, ellos sirven de todos con la seguridad de que algún frasco se irá en la bolsa del cliente. Por las noches, la neblina baja al pueblo y enturbia la luz de los faroles para crear la atmósfera ideal que insipire a emprender una caminata, no hay momento más tranquilo para una degustación.