Al aceptar una prueba de licor es inevitable percibir sus cualidades organolépticas. Su color brillante atrae a la vista y por ahí inicia la duda sobre cuál es el sabor que se ofrece; el aroma, intenso en muchos casos, puede aumentar la intriga o desvanecerla, porque se podría distinguir el olor de una fruta, pero no la esencia de una hierba; el tacto y el gusto determinan si la bebida está demasiado líquida y tiene un dulce sabor o si está un poco más espesa, pero con un sabor fuerte, que inevitablemente deja una sensación de astringencia en boca y garganta. La respuesta se halla en cada paladar.
Con las botellas transparentes de los licores los estantes de madera se iluminan de color: de amarillo por el licor de almendras; de verde, por el de menta; de rojo, por el de capulín; de naranja, por el de durazno; de dorado, por el de membrillo y así existen varios más
que reflejan la variedad de sabores frutales y combinaciones que pocas veces se pueden adquirir en la ciudad, tan ajena a este bendito pueblo. ¡Ah! Pero con los licores se debe tener cuidado, pues su dulzor resulta engañoso y encubre el alto porcentaje de alcohol de
caña que contienen, por eso se recomienda beberlos a sorbitos, saborearlos, sentir el calor que dejan en la garganta y disfrutarlos.
Por otro lado, está el encanto de las cremas de licor que con su consistencia densa y su sabor suave engolosinan la lengua. Varias cremas pueden coincidir en el nombre, por ejemplo “la niebla”, como se le conoce a la de coco, pero en una tienda puede saber más a
alcohol, mientras que en la siguiente se percibe más el dulzor de la fruta, aunque en una tercera puede tener el equilibrio perfecto.
La crema de licor de café es la más solicitada, pero el sabor de frutos secos como las nueces, las almendras, los pistaches y los piñones también se fusiona con el resto de los ingredientes para crear deliciosas cremas; la de piñón con su tono rosado, también
es de las más gustadas.
Probar los licores y las cremas de licor es inevitable en Zacatlán, poco les falta para alcanzar a la sidra, la bebida estrella de la comunidad, sin embargo cada vez son más los productores que se enfocan en su elaboración.
Zacatlán, denominado recientemente Pueblo Mágico por la Secretaría de Turismo, deja en la memoria no sólo hermosos paisajes de la naturaleza que le rodea, sino también una feria de sabores que se mantienen en el paladar hasta el regreso a casa, cuando con
traquilidad se puede compartir la bebida llevada de la sierra poblana.