Diarios de viaje > Departamento de Loreto, América del Sur

Navegando de Yurimaguas a Iquitos

Escribe: miguelangelba
La primera vez que escuché de esta ruta fue en la primera vez que llegué a Tarapoto. Estuve en un alojamiento familiar y tuve una conversación con los esposos dueños del establecimiento. Uno esta acostumbrado a preguntar como buen viajero sobre nuevos destinos a explorar que son insospechados para la mayoría. Y si bien puede haber muchos atractivos en la historia que uno escucha, la principal pista para reconocer algo bueno, es la emoción con que los viajantes describen su experiencia,

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
Capítulo 1 2 3 4 Siguiente >
 

Trepandonos al Lanchon

Yurimaguas, Perú — miércoles, 30 de mayo de 2007

La travesía consistía en embarcarse en un lanchón desde Yurimaguas en Loreto (a siete horas en carretera de Tarapoto) y descender por el río Huallaga hasta el río Marañón, que en unión con el Ucayali forman el Amazonas, para llegar a la ciudad de Iquitos.  La pareja me dijo “es maravilloso”, “tienes que hacer ese viaje Miguel Ángel”. Lamentablemente yo estaba todavía en mis pininos aventureros para lanzarme alucinante trayecto, y por otra parte, estaba  muy conforme con el descubrimiento la selva alta de San Martin. Demore en realizarlo, diez años aproximadamente.
 
Este año 2007 acicateado por mi separación me obligue a viajar con tenacidad antes de asentarme otra vez en la rutina del trabajo y daba vueltas al destino de la quinta salida "post". Y es real que no hay quinto malo, no escogí mal, decidí regresar a Iquitos pero ya no volando. 

Le dije a Henry, amigo del gimnasio Sport Life de Lima que pensaba ir otra vez a Iquitos, pero esta vez quería hacerlo por el río partiendo de Yurimaguas (reconozco que medio en broma). Me sorprendió, respondió que quería hacerlo, que también había escuchado que era fantástico ese viaje y que con dos amigos suyos, Oscar y Carlos lo podíamos hacer.

A Tarapoto arribamos a las tres pasado meridiano de un miércoles y en esa calurosa ciudad fuimos primero a degustar un piqueo regional en la Patarashca, restaurante de características rusticas y muy reconocido en la ciudad por su comida típica o del monte como le dicen ellos. La culinaria selvática no es muy variada pero si contundente. Es así que con unas cervezas encima tomamos un colectivo que nos llevaría a Yurimaguas. La carretera aún no estaba terminada pero era perfecta. Los contratistas fueron brasileros.

Paramos en una población ya de noche para estirar las piernas, mientras buscábamos más cervezas para aliviar "la" calor. Henry, en tanto, encontró un sajino vecino del lugar en plena pista. El mamífero se dejaba acariciar por mi amigo sin mayor reparo. Al yo hacerlo sentía que sus cerdas eran más duras que un clavo. Me di cuenta que se inició un extraño idilio entre el animal y mi amigo. A pesar de la brevedad de la relación entre éstos diferentes mamíferos el amor fue instantaneo y la separación fue cruda. El chanchito montesco quiso treparse al colectivo cuando nos íbamos inclusive. No lo íbamos a permitir de ninguna manera. No queríamos que Henry hiciera “cositas” con el animalito. Henry quedo descorazonado.

Llegamos a la Perla de Huallaga, que es como le dicen a Yurimaguas, cerca de las once de la noche y apreciamos una pequeña plaza arbolada y unos edificios revestidos de mosaicos que reflejarían la importancia que tuvo esta ciudad en el pasado. Lo que me sorprendió esa noche fue haber probado el mejor arroz chaufa de mi vida. Y es que ubicamos un Chifa - cuyo nombre se me escapa – que aparece en guías de gourmet peruanas por ese plato. Cómo llegaron esos chinos acá, no lo sé.

....

Estamos ya jueves al medio día esperando salir a bordo del Eduardo VII. Lanchón repleto de carga y gente. La hamaca donde uno dormirá la compra y la cuelga uno donde pueda. Y así están colgadas por doquier y en diseños multicolores dándonos una vista alucinante del interior de la barcaza. Había también algunos gringos obesitos perdidos como cuy en tombola. Nosotros habiéndonos acomodado entre las cajas de frutas en un calor criminal, y lo pero es que imaginábamos que para la noche saldrían de ellas todo tipo de bichos, pues es allí donde ellos acostumbran a viajar.

De repete vimos que otro barco salía y medio vacío. ¿Porqué no subimos a ese?, nos preguntábamos con lamento. Y mientras creíamos que todo estaba consumado, Henry gritó ¡recojan todo y bajen!. Minutos mas tarde estábamos subiendo a una lancha pequeña que se habia acercado a estribor, la cual nos raptaba para dar llevarnos a la otra embarcación. Mientras navegábamos raudamente por el río casi al ras del agua, bajo el fortísimo sol tropical, reflexioné sobre esta modalidad de piratería, una lancha que se lleva pasajeros de una embarcación para llevarlos a otra. Lo que se ve estos parajes.

Bueno, por fin alcanzamos al “Efraín” y nos confinan a la cubierta superior. Toda era para nosotros solos. Teníamos mesa, banca, televisión con pantalla plana y una terraza en popa. Comparado con lo que dejamos el Efraín era el Queen Elizabeth II. Los alimentos nos los subían por  una propina a fin de evitar las colas a la cocina que estaba en el segundo nivel. Al día siguiente llegaría una simpática muchachada extranjera. El baño si lo compartimos con el timonel y las arañas.  Hubo incomodidades, pero mejor imposible. Es baratísimo el costo del viaje. Fue de S/. 50.00 incluido la pensión. Pobres gringos los que dejamos pensaba, los bajarían en camilla deshidratados. 

Solo ahora me doy cuenta cuanto esta gente es de río. Sus vidas giran en torno a el. Sus crecidas y sus secantes marcan el ritmo de sus tareas. Esa tarde del jueves y parado en la proa me toca sentir la brisa del rio en el rostro y en ese avanzar de la embarcación no mirando atrás pareciera que se quedara todo mi pasado como la estela que dejaba el barco por el río.

Publicado
Modificado el
Leído 1125 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

Capítulo 1 2 3 4 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Eduardo VII

   

Capítulos de este diario