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Los caminos del norte: De Argentina a Bolivia
Escribe: carios
Salí de Buenos Aires con mi mochilita, algunos me decían "falsa mochilera" porque me fui en avión, pero que va... tenía poco tiempo, y debía aprovechar al máximo. El vuelo fue puntual, ni un minuto más ni uno menos. Y como lo leí en algún blog...
Yavi, Humahuaca y Tilcara. Sombras de Estrellas!!!
Yaví, Argentina — lunes, 24 de mayo de 2010
Hace calor, por suerte, después de tantos días de nieve, frío gélido y viento desértico. El cielo está celeste y yo tengo que decidir en breve si me voy de ahí o me quedo esa noche. Planeo ir a Tilcara a visitar a mi nueva amiga, Amancay, que conocí apenas había bajado del avión, al comienzo de mi viaje.
Entonces me acuerdo de las fotos que mi vecina me había mostrado sobre un pequeñísimo pueblo, en las afueras de La Quiaca. Se llama Yavi, dónde si uno busca paz, silencio y soledad es lo mejor que le puede pasar. Pienso que es la mejor opción y entonces averiguo como llegar. En el centro de turismo me avisan que salen unas combis (camionetas) cada media hora, aproximadamente y que resultan muy económicas. Así que me dirijo hacia la esquina indicada y espero. En el lugar hay mucha gente que espera combis hacia otros puntos de las afueras de Tilcara, pero ninguno iba a Yavi. Entonces se me acerca una persona preguntándome si voy a Yavi, le respondo que sí, y después de esto, me doy cuenta de la torpeza que cometo. Estoy sola, y nadie de allí se dirige a donde voy. Grave error. En no menos de 3 minutos de esta situación aparece un auto negro con vidrios polarizados y se baja un muchachón morocho, de pelo largo lacio, con toda su cabellera sobre la cara y me ofrece llevarme a Yavi. Se presenta diciéndome que es de un remis, que te lleva por menos plata que un taxi (los taxis son muy caros!!). Le agradezco, pero niego que voy a Yavi, y me doy vuelta. Entiéndanme, estoy sola, no conozco a nadie, y una mujer siempre tiene que tomar recaudos. No era mala onda. El señor de larga cabellera, vamos a poner por nombre Pocho (dado su parecido con un cantante popular argentino) me insiste diciéndome que voy a esperar toda la noche, porque esas combis funcionan solo en temporada alta, y estamos a muchos meses de diferencia. Le agradezco con la mano y sin mirarlo, para no darle importancia y hacerme la dura (aunque confienso que tuve miedo).
3 y media. 4 y media, 5 y media!! El sol empieza a bajar, y yo sigo esperando que apareciera la bendita combi, madre mía!! Me siento al sol, empezaba a refrescar y veo que nuevamente Pocho se acerca para hablarme. Me dice su nombre, y me explica que fuera de temporada solo los taxis y los remises como él van a Yavi, que para hacer más económico el viaje, llevan en el mismo auto a 3 o 4 personas y él no puede partir hasta completar por lo menos 3 personas. Me explica que ya hay 2 pasajeros, una chola (la veo desde acá) y un chico que al parecer también es de la ciudad. “Mire vea, no se lo tome a mal, no es algo personal con usted. Pero a mí me dijeron que me llevan unas combis, y es una combi la que espero”. Se aleja murmurando algo. Veo desde lo lejos a los otros pasajeros que ellos al parecer esperan un tercer pasajero para irse. Después de media hora más de esperar, y cuando el auto negro se fue, concluyo que evidentemente nunca va a pasar la bendita combi, y que mejor me tomo un taxi, que termino regateando para que me lleve a destino.
Le pregunto al taxista sobre Yavi, me dice que allí ya no vive gente, porque la mitad del pueblo se mudó a la ciudad (es decir La Quiaca) porque no tenían de que trabajar, y que solo subsiste mínimamente por turismo, algo que fuera de temporada tampoco existe. Al llegar al lugar me doy cuenta de lo que me habla. Una calle de tierra, con casas de barro y techos de chapa, serán 4 o 5 cuadras en total, y al final de la calle, las montañas. Está atardeciendo y entonces me apuro por conseguir lugar. Por suerte (tengo mucha suerte, debo decirlo), al llegar el taxista termina siendo amigo del dueño de una de las únicas dos posadas que están abiertas fuera de temporada. La posada que está justo al final de la calle, dónde todo se termina. Lamento no recordar el nombre del lugar, dónde tan bien me trataron. No es difícil llegar si les digo que es justo la última posada al final del pueblo, sobre la mano derecha.
Allí voy, caminando en calle de tierra, con los únicos dos habitantes que dejé atrás, el dueño y el taxista. Creí que en la posada alguien más estaría para atenderme, pero no, la puerta está abierta, entro, llamo, grito “holaaa, hay alguien ahí”. Nada. Salgo de nuevo y el dueño, pongamos por caso Carlos, tampoco se encuentra. Entonces desisto de quedarme allí y me voy a la última opción: enfrente. Cuando estoy cruzando me encuentro al “muchacho de la ciudad” al que no quise acompañar en el auto negro de Pocho. Se ríe. Miro alrededor, estamos los dos solos. Es que no hay nadie en Yavi, en Mayo!!. En un español un poco raro me explica que Carlos si no llegó estará por llegar, que me hospede ahí porque no hay nadie más en ninguna otra posada del pueblo y que además dónde él está, hay una pareja de cordobeses, con los que podemos cenar. Me asombro realmente de no encontrar a nadie más ahí. Y me propone, que mientras esperamos a Carlos, vayamos a caminar por el mirador, al otro lado de la calle. Ahí nos conocimos con Henrique, un bahiano que por propia decisión se fue de su ciudad, Salvador do Bahía ( y yo que adoro toda esa cultura!!). A mí me parecía imposible que alguien de Bahía pudiese estar en un lugar tan insignificante como Yavi!. Pero Henrique no es el típico bahiano con camiseta blanca y brazos musculosos, que bailar capoeira. A él le gusta la música, la pintura y los libros, como a mí. La realidad es que tampoco charlamos mucho porque el escenario se imponía, el silencio, y el cielo inmenso y estrellado. Si es que hasta podíamos vernos las caras tan solo con la luz de las estrellas, y de vuelta caminando veíamos nuestras propias sombras. Sombra de estrellas!!!.
Al llegar a la posada hago los “tramites” necesarios para alojarme, elijo la habitación (podía elegir cualquiera), todas eran de adobe, incluso las camas. Y entonces nos quedamos en la cocina charlando de música, mientras llegan Aron y Melina, los chicos de Córdoba. Nos presentamos, y decidimos hacer un “guiso” para la noche con un rico vino, para el frío del invierno. Esa noche fue de las mejores. Cocinamos los 4, escuchamos Sabina, mientras Aron nos contaba que había estado en la guerra, en la Franja de Gaza, porque es de la comunidad, y su papá lo envió obligado por su comportamiento rebelde. Aron hizo de todo, y cuando digo de todo es DE TODO y es un placer escucharlo hablar, sus códigos amistosos, sus valores. Melina es su novia y ella le propuso irse de ciudad y aprovechar los conocimientos que tienen ambos para sobrevivir en cualquier circunstancia. Nos quedamos charlando y tomando vino hasta después de las 4 de la mañana!
Al día siguiente, me levanto y no veo a ninguno de los chicos. Salgo a caminar y mi amigo brasilero estaba esperándome para partir, porque habíamos decidido tomarnos el mismo taxi para irnos a La Quiaca y continuar nuestros planes. El iba a Tilcara, y yo a Humahuaca. Nos despedimos de los chicos de Córdoba con la promesa de que si alguno necesita algo en cualquier lugar de dónde estemos, nos íbamos a contactar.
Cuando buscamos un remis, en el único lugar que podíamos encontrar, aparece… claro que si!!! Pocho con su cabellera y su auto negro. Nos dice que lo “banquemos un toque”. Entiendan esto. Son las 11.30 de la mañana y Pocho se toma una botella de cerveza él solito, antes de llevarnos a los dos en el auto negro. No me daba gracia confiarle mi vida a un muchacho que se clava un litro de cerveza. Pero mi amigo Henrique se ríe y entonces me relajo.
Pocho es un hombre que estará llegando a los 40, pero es un adolescente. Vive con su mamá, una mezcla de chola con comerciante, que tiene un almacén de ramos generales en la calle principal (y única diría yo) de Yavi. El siempre estuvo allí, a pesar que viajó por toda la Argentina con su auto. Eligió quedarse ahí. Y a pesar de su cerveza, mantiene los reflejos en la ruta. Eso me tranquiliza.
En la estación de micros compramos los pasajes. Yo a Humahuaca, él a Tilcara. Y después de varias horas, me bajo y me despido de mi amigo, hasta el día siguiente, en el que le prometí ir a visitarlo a Tilcara, dónde vive actualmente. Y de paso veía a mi amiga Amancay.
Humahuaca es una ciudad linda, pequeña, pintoresca, pero mucho más grande que Yavi. Las callecitas son angostas y de piedra, y tiene una plaza central. La vida nocturna y cultural es exquisita, por todos lados hay restaurantes de comida regional, tipo peñas, con guitarras y cantaores, y lo que se les ocurra. También están los hippies, por toda la plaza vendiendo artesanías. Esa noche, voy a cenar con María y su compañero casual. A María la conocímos con mi amigo brasilero, mientras Gendarmería nos revisaba los bolsos. María es uruguaya, pero vivió muchos años en Tenerife, y ahora viaja por el mundo. No tiene casa. Trabaja en Londres por tiempos de no más de 5 meses, dónde además la hospedan, y una vez que junta dinero suficiente para su próximo viaje, renuncia. Su tono no es ni uruguayo, ni español, ni aglosajón. Es todo junto. Su compañero casual es inglés, y no habla una gota de español. Entre los tres nos entendemos y sobre todo para comer una rica comida regional no hace falta hablar mucho más. Estoy encantada con mi viaje, y con la gente que conozco minuto a minuto.
Al día siguiente, me voy a Tilcara, mi último destino antes de volver a Buenos Aires. El resumen de Tilcara es casi igual que Humahuaca, un pueblo maravilloso, pequeño, pintoresco, rodeado de montañas con múltiples colores. Me encuentro a tomar mate con Amancay, que vive en las alturas de un cerro, en las afueras de Tilcara. Como estamos en vísperas del 25 de Mayo, del Bicentenario de la Patria, en Argentina, ella coordina un evento folclórico del Club de Amigos de Tilcara. Y yo la ayudo a coordinar las entradas de las bandas. El show sale bárbaro, baile típico, bandas en vivo, vino caliente en un fogón. Otra noche mágica. En el evento aparece mi amigo Henrique, el brasilero para verme, y me invita a ir a ver a unas amigas suyas que tocan en otro bar. Así que ahí vamos. En la plaza principal encontrás muchos bares y muchos jóvenes de todos lados, que se acercan a Tilcara, se enamoran de su cultura y se quedan ahí, viviendo de la música y las artesanías. Así que uno encuentra en Tilcara a los vecinos autóctonos, como Amancay, cuyos padres, abuelos y tatarabuelos vivieron y murieron allí. Y están los “tilcareños” por adopción, como mi amigo Henrique. En la plaza incluso le compre música sufí, a un marroquí que se “copó” con el lugar y su gente, y allí vive, vendiendo cds con música de su propia selección, y algunos otros instrumentos musicales.
Pero estamos en mi última noche, estoy en el bar con Henrique y sus amigos escuchando en vivo una banda donde toca una amiga suya. Esta vez se trata de una madrileña que tiene una voz increíble, y junto a dos argentinos más, interpretan con diversos instrumentos (percusión y viento) música latinoamericana. La noche termina en el único boliche de Tilcara, dónde los “tilcareños” originales y por adopción se encuentran a bailar no sólo música argentina, sino también reggaetón (y yo que odio el reggaetón!!). Pero allí bailamos hasta altas horas de la madrugada.
Y lo demás ni vale la pena explayarme. En resumidas cuentas, un viaje excepcional, dónde conocí gente, lugares excepcionales y música excepcionales. Los amigos que me hice hasta los he vuelto a ver en baires, cada vez que vienen. La vida es una sola y hay que vivirla. Y eso me propongo ahora que vivo en mi rutina.
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Últimos comentarios
mofo16 dice:
- Carla, buen diario! Espero conocer el norte de Argentina. Estoy apuntando datos de la guia fodor.... Un abrazo grande copada de B.Aires! Bye.
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carios dice:
sí, si podés irte hasta Jujuy hacélo!
Publicado
mofo16 dice:
- Hola, es una buena idea! Estoy leyendo la guia "Fodor" de Argentina y el norte es diferente al sur por sus costumbres y tradiciones.... Platicamos en msn, bye.
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Capítulos de este diario
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1
Desde Jujuy hasta Uyuni
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Cuidado con lo que uno pide!
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Así fueron las cosas o El bondi salvador
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4
La llegada a Potosí
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5
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Un día en Tupiza y vuelta a mi país
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