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Descubriendo Jujuy III

Escribe: latinosudamericano
Unas vacaciones por esta provincia en mi primer experiencia en recorrer el NOA. En este diario La Quiaca, Villazón (Bolivia) y Yavi.

 

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Capítulo 1
 

La Quiaca, Villazón (Bolivia) y Yavi

Yaví, Argentina — miércoles, 18 de agosto de 2010

El viaje hasta la última ciudad Argentina antes de la frontera boliviana fue largo. Como estábamos cansados de la larga caminata de San Isidro a Iruya, aprovechamos a dormir en el colectivo y recuperar fuerzas. Cuando llegamos, la terminal era un mar de gente, todos cargando grandes sacos con mercancía que sería llevada a Buenos Aires en gran parte. Nos separamos un poco del gentío y compramos pan y fiambre en una despensita, ya que el hambre nos estaba devorando.

Saciado nuestro apetito, recorrimos a pie algunas calles de la ciudad, nos encontramos con la peatonal y sin darnos cuenta ya estábamos frente a la frontera con el país hermano de Bolivia. Mi idea era buscar un camping o alojamiento, armar la carpa o dejar las cosas (según fuera el caso) y ver que teníamos ganas de hacer. La ciudad no nos estaba gustando mucho y Diana traía el dato de un pueblito misterioso llamado Yavi que queríamos conocer.

Diana sin embargo quería cruzar la frontera antes que llegue la noche, pasear un poco y luego volver a instalarnos. Como tuvo razón con lo de la carpa en San Isidro, decidí no discutir y seguí sus pasos.

El paso de frontera es una calle, una ruta mejor dicho, por donde los vehículos circulan. Hay una especie de arco de cemento, por el que uno pasa como si cruzase una calle común y corriente. A la par de ella, está la vía del tren, y sobre ella, cientos de personas pasan de un país a otro cargando sacos y sacos de mercadería, sobre los que no se ejerce control alguno de ningún tipo.

Entramos a Bolivia caminando, sin que nos pidan un solo papel y como la idea era volver al rato, no nos preocupamos por averiguar los trámites migratorios, si es que existen.

De Villazón solo conocimos la calle central, que es un mercado, en el que se puede conseguir cualquier cosa a precios bajos.  A Diana le robaron toda su ropa interior de uno de los bolsillos de su mochila, y como ya se estaba haciendo de noche empezamos a volver. Justo en ese momento el cielo se abre y empieza a caer una cantidad de agua descomunal que nos empapa de pies a cabeza en  dos segundos. Tratamos de cubrirnos con nylon pero el viento era muy fuerte y se volaba. Al volver a Argentina, en la aduana tuvimos que hace cola y nos revisaron muy por arriba las mochilas.

Con la lluvia llegó la noche, estábamos todos mojados con mucho frio. Encontramos una galería al lado de un hotel que nos quiso cobrar carísimo. Sin embargo el conserje nos prestó el teléfono y llamamos a otros hoteles pero estaban todos llenos. Sobre el mostrador había una hoja con nombre de personas que tenían habitaciones disponibles.

Llamamos a muchas, pero no conseguimos nada o pedían mucho dinero a nuestro parecer. Volvimos a la galería, donde nos secamos y cambiamos la ropa mojada, ya nos empezábamos a preparar para pasar la noche allí. Un grupo de uruguayos corría la misma suerte que nosotros, sólo que ellos estaban esperando la partida del tren desde Villazón ya que pensaban recorrer Bolivia. Estuvimos un rato allí, la lluvia y el viento no se detenían y yo no estaba del mejor humor, hasta que el conserje nos ofreció una piecita arruinada en el fondo del hotel donde pasar la noche.

Al otro día, ya con sol, volvimos a cruzar la frontera para que Diana compre la ropa que le habían robado. Nos cruzamos nuevamente con los uruguayos quienes no habían podido tomar el tren ya que se había caído un puente, y estaban a la espera de ver cómo podrían seguir avanzando. Por nuestra parte, salimos lo más rápido que pudimos de La Quiaca con la idea de llegar bien temprano a Yavi. Viajamos en un taxi que compartimos con dos chicas de Córdoba y que nos salió bastante barato.
El camino hasta Yavi fue muy lindo, ya que vimos unas montañas muy raras, redondeadas y con franjas de muchos colores. El pueblo es realmente chiquito y viejo, calles de tierra y casas de barro, muchas de ellas abandonadas parecían derretidas por el agua. Nos instalamos en el camping del lugar que era barato y estaba lleno de arboles. Luego de armar la carpa Diana se puso a lavar algo de ropa y yo a juntar leña. Después salimos a recorrer el pueblo.

Paseamos por sus callecitas, nos metimos en una casita abandonada, bajamos hasta el rio, que es muy lindo ya que toda su ribera es verde, con mucha sombra. El silencio es la marca característica del lugar, los únicos autos que circulan son los taxis que llevan y traen gente. El principal atractivo es la iglesia/ museo que está ubicada al lado del camping. También a algunos kilómetros de allí se encuentra Yavi Viejo, un pueblo en el que se encontraron muchas piezas arqueológicas, como ser restos humanos de varios años atrás.

De regreso en el camping, unos chicos de Jujuy a los que les habíamos prestado un cuchillo vieron nuestra cara de hambre y nos convidaron con asado, riquísimo. Como agradecimiento le compramos unos vinitos, mientras nosotros tomamos cerveza. Mucha gente de la provincia elije ese lugar para ir a pasar un fin de semana de descanso, o simplemente para ir a pasar el día.

Se hacía ya de noche y el frio se empezaba a hacer notar, armamos un fueguito para calentar arroz, y lo aprovechamos para experimentar calentando agua en una botella de plástico. El agua se calentó, pero cuando quisimos abrir la botella, me salpicó la cara y me quemé todo. Por suerte Diana estaba preparada para todo y me curó tan bien que al otro día ya estaba perfecto.

Nos sentíamos realmente cómodos en ese lugar, pero se nos terminaban los días que yo tenía de vacaciones y nos faltaba conocer aún Purmamarca, por lo que emprendimos el regreso, con muy pocas ganas.

Datos útiles:
-          Colectivo Iruya –La Quiaca: $30.
-          Habitación: $15 x persona.
-          Hoteles: desde $30 x persona.
-          Taxi La Quiaca – Yavi: $5 x persona.
-          Camping Yavi: $4 x persona.

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