China de mochila

Escribe: Flopiescudero
Dónde se narran las aventuras de una mochilera que emprendió un viaje sola por el inabarcable gigante asiático; de cómo consiguió sobrevivir con un presupuesto nada razonable durante seis meses y de las peripecias que la llevaron a sostener que fue el mejor viaje de su vida.

 

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1 Capítulo 3

Mi lugar preferido en el mundo

Yangshuo, China — jueves, 27 de julio de 2006

China no es un país para improvisar.
Al mes de haber llegado ya había sufrido tantos reveses, que mas que un viaje de placer esto se estaba convirtiendo en una jornada épica. Las distancias son eternas, el sistema de transporte en zonas rurales es muy precario y la comida (para papilas caprichosas, acostumbradas al asado y a la pizza) es todo un tema.
En el tren de 27 horas que separa Shanghai de Guilin, decidí empezar a ordenar mi viaje. Saqué un mapa y marqué exactamente las ciudades que quería visitar; con ayuda de la guía separé dos o tres hostels en cada ciudad y subrayé las atracciones turísticas que mas me interesaban. Cuando terminé, miré mi cuaderno y me quedé muy satisfecha: "no mas improvisaciones" dije en voz alta.
Por suerte, nunca cumplo con lo que me propongo.
En la estación de Guilín se me acercó un chico. Alto, rubio, de ojos celestes como la banderita Argentina que tengo cosida a la mochila. Instintivamente me miré en el reflejo de la vidriera... no...no se podía estar acercando porque le parecí linda, de ninguna manera. Seguramente se me está acercando porque tengo los ojos redondos, y quiere hacerme alguna pregunta en inglés.
Efectivamente.
-¿tenés idea de cómo llegar a la estación de bus?
-Si claro, pasaás esa escultura y seguís los carteles con este signito (y le señalé en mi guia el carácter correspondiente)
Yo ya me estaba despidiendo, cuando el suizo (era suizo, lógico) me dijo algo que me descolocó:
- Bueno, vamos?
- No, disculpame, yo me quedo acá en Guilin- le contesté airada- voy a hacer el paseo en barco por el rio Li.
El chico se tuvo que poner la mano en la boca para no reirse. Me preguntó mi edad (en ese entonces tenía 19 años) y después hizo una alusión a que le parecía muy joven para hacer "programas de viejo".
No entendí muy bien, pero no me importaba, yo ya tenía mi itinerario armado y (todavía) estaba determinada a no salirme del camino que me había autoimpuesto.
Pero el suizo se mostró muy convincente. Me dijo que era fotógrafo (una de mis pasiones) y que todos los años viajaba para la ciudad de Yanghsuo para retratar una de las cosas mas increibles que había captado con el ojo de su cámara, en toda su vida.
- ¿Qué?
-Vas a tener que venir y averiguarlo. Yo te pago el pasaje y si no te gusta lo que ves, te pago el pasaje de vuelta.
-Hecho.

En el colectivo empecé a modificar mi itinerario, tachando lugares y aceptando las sugerencias de mi viajado compañero. Llegamos a Yangshuo a las 11 de la noche. El suizo y su holgado presupuesto se alojaron en uno de los hoteles mas tradicionales y caros de la ciudad; mientras que mi mochila y yo pateábamos las calles de tierra en busca de un hostel. Antes de irme a dormir, a las 2 de la mañana, llamé al suizo a su hotel y le pasé la dirección de mi hostel, para que al dia siguiente me pueda participar de la famosa belleza del lugar.
Antes de irme a dormir traté de cerrar la puerta, que no tenía picaporte, asi que la tuve que trabar con una zapatilla. Por primera vez en el viaje, sentí mucho miedo. Estaba en una ciudad que no conocía y de la que nunca había escuchado hablar, en un hostel sin picaporte, siguiendo a un suizo que acababa de concer y del que no sabía absolutamente nada. Tuve un pequeño ataque de pánico, pero el cansancio acumulado en las 27 horas de tren fue mas fuerte y me quedé dormida.
A las 4:30 de la mañana me despertaron unos golpes fuertes en la puerta. Alguien estaba tratando de entrar. La zapatilla estaba impidiendo que la puerta se abra, pero los golpes eran tan insistentes que la frágil puerta de madera empezaba a ceder. Salté de la cama y con una velocidad sobrehumana escondí mis documentos y mi plata abajo del colchón. Me paré frente a la puerta hasta que los golpes cesaron, y entonces escuché un debil: "Florencia...pst, Florencia..."
El suizo había tratado de entrar a mi cuarto sigilosamente, pero la zapatilla se lo había impedido (nota mental: a falta de cerradura, una zapatilla de goma es altamente efectiva) y tuvo que empezar a patear la puerta (no todos los suizos son tan neutrales como dicen).
- Es muy importante- me dijo- necesecito que vengas conmigo.
- Bueno, esperá que me cambio...
-No hay tiempo, ponete algo abrigado encima y vamos!

Lo mas abrigado que conseguí fue mi bolsa de dormir, que estaba abierta y estirada como una manta grande. Salí del hostel en pijama, envuelta en la bolsa de dormir, con cara del que durmió dos horas y fue despertado a los golpes. 
Una moto nos llevó a través de la oscuridad hasta  la vera del rio Li. Con las primeras luces del amanecer se podían ver dibujadas las siluetas de los pescadores, en sus balsas de bambú , preparando sus redes para comenzar el día.  En todas las balsas había por lo menos dos grandes pájaros posados, acicalandose lentamente a la espera de comida.
 El suizo empezó a preparar su equipo de fotografía. Mientras tanto, yo buscaba en el paisaje el motivo que me hizo salir de la cama a esas horas. Está bien, las montañas altas saliendo del agua, los pescadores con sus sobreritos tipicos y la paleta de colores del amanecer eran bastante increibles...pero ciertamente no justificaban el arrebato del suizo. Tenía que haber algo mas.
Esperé casi 20 minutos, con los pies congelados y el estómago rugiendo.
De repente todo empezó a tener sentido. Al grito de uno de los pescadores, los pájaros que estaban posados sobre las balsas estiraron sus alas y salieron disparados hacia el agua. Con una destreza y una sincronización asombrosas, los pájaros salían del rio con un pez en el pico, lo despositaban en el barco y volvían a sumergirse.
Al mismo tiempo, los pescadores extendían sus redes sobre la piel del agua y sacaban de una sola vez kilos y kilos de peces. El chapoteo de los pájaros en el agua, el movimiento de los peces plateados en sus picos y el sonido seco de la presa cayendo sobre la balsa atraparon mis sentidos. No podía creerle a mis ojos. Los pájaros iban y venían, incanzables, llevando peces a las balsas como un perro va y vuelve con una pelota hasta las manos de su dueño.
No se cuánto tiempo estuve ahi mirando la escena con la boca abierta, pero la imagen quedó grabada en mi cabeza junto con el persistente click click click de mi amigo, que consiguió fosilizar ese momento en alta definición.
Cuando todo terminó, el suizo tenía la expresión del que ya encontró lo que había venido a buscar. Guardó su cámara y desanduvo el camino que hicimos a la ida.
Yo estuve sentada junto al rio hasta bien entrada la mañana, y me terminé quedando un mes entero en Yangshuo.
El itinerario quedó relegado en el fondo de mi mochila.


Tips:

La pesca con pájaros (corcobanes) es de las cosas mas increibles que se pueden ver en este lugar. Cuidado porque hay muchas opciones turísticas que son demasiado armadas. Es mejor averiguar bien en que consisten, de cuántas personas son los grupos, etc. Con respecto a los cambios en el itinerario, muchas veces son buenos.Dejemos lugar para lo inesperado.

Tiene que ver con: Imperdibles
En Yangshuo, China


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