1.300 millones y yo

Escribe: Syd
Ecos de la China

 

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Xi'an

Xi'an, China — miércoles, 9 de noviembre de 2011

     Había llovido los tres últimos días atrás. Los últimos viajeros no habían podido gozar de la claridad del cielo ni de los paseos en seco que todo turista desea encontrar al llegar a una ciudad. Sin embargo, los días de mi estancia tuve la suerte de poder gozar de la claridad del cielo y hasta de algo de la luz del sol. A pesar de ello, el peso del
viaje ya comenzaba a hacer mella en mí, y aunque la aventura era satisfactoria, la gran cantidad de traslados y la poca permanencia en los destinos habían empezado a mermar mi fuerza y mis ganas de luchar. Y desde no mucha distancia, se podía vislumbrar el final.
     Xi'an fue gloriosa hace largos años atrás. La muralla que rodea parte de la ciudad fue edificada en tiempos de los Ming, y hoy día es uno de los mayores atractivos del lugar. Es bella y esbelta, y de noche es decorada de luces que hechizan la mirada del viajero que se acerca a la ciudad en su primera vez. Recorrerla de día, en bicicleta, es casi imprescindible, eso sí, hay que mencionar que su longitud es de casi 14 kilómetros, lo que hace que se convierta en una experiencia irrepetible.
     Qué decir de los famosos guerreros de terracota. La visita a este sitio muestra uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares que se puedan llegar a visitar. Miles de soldados de diferentes rangos, roles y razas acompañaron al emperador Qin en su último viaje para perdurar en estado sólido más tiempo que él, hasta nuestro días, al menos. Por otro lado, innumerables restos se pueden vislumbrar, imperfectos, en pedacitos, parcialmente desenterrados, esperando su recomposición, en lo que se podría convertir en una visión divina para cualquier arqueólogo apasionado con vocación.
     Y sin hacer hincapié, otra serie de monumentos y edificaciones de alto relieve encumbran el interés turístico, artístico y religioso de la antigua capital Qin.
     Por otra parte, y desde un punto de vista urbano, Xi'an es una ciudad que goza de cierta modernidad. Navega en medio de su propio océano, siguiendo su ritmo, encontrando su propia personalidad, que reflejada en los ojos del ajeno, se llena de un encanto que podría estar a mitad de camino de aquellas dos gigantes ciudades que la hacen cubrir de la sombra del sol. Sin embargo, lejos de la contundencia de Shanghai en cuanto a modernidad y desarrollo, Xi'an puede presumir de tener una propia juventud que bien se podría situar en un escalafón de superioridad con respecto a la capital del país. De esta última, Beijing, lejos de su inmensidad, hereda su historia, aunque anterior en el tiempo, gozando de su cierta propia monumentalidad, sin poder pretender, humildemente, llegar a alcanzar a la ciudad imperial.
     Pero la tierra se sigue moviendo, y con ella pasan los días, y con ellos mi tiempo, y con el se esfuman los instantes en este enclave del norte de la China central. Un enclave de mi agrado, una pena no poder permanecer unos giros más de la perenne rotación.


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