Curacao y Bonaire, las mayores de las Antillas Holandesas

Escribe: crissant
Curacao tiene el encanto de una maqueta multicolor. Todo parece hecho para atraer al turismo como si fuese un parque temático... Playas, edificaciones, puentes y un pueblo amable constituyen un complejo del que te puedes enamorar!

 

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Capítulo 1 3

Curacao

Willemstad — jueves, 29 de enero de 2009

Curacao es la mayor de las islas de sotavento, corresponde a las Antillas holandesas pero hoy es un estado independiente muy próximo a las costas venezolanas y a sus hermanas Aruba y Bonaire.
Existen distintas teorías sobre el origen de su nombre. Una de ellas cuenta que los primeros en llegar fueron los portugueses, que venían muy enfermos de escorbuto y al descender en ella se curaron (probablemente por el consumo de grandes cantidades de frutas) y la llamaron "Ihla de Curacao" es decir Isla de la Curación.
A mi me gustó ese origen porque, realmente, visitar esta isla te cura el estrés y te acaricia el alma!
Willemstad es su capital y puerto principal.
Se caracteriza por un tipo de construcción muy llamativo y colorido.
Cuando veía fotos de Curacao pensaba que, tal vez, habían sido tomadas de algún barrio específico y las usaban para atraer al turismo, Pero no!... Todo Willemstad es una postal, es realmente muy bonita! Y por algo es Patrimonio de la Humanidad.
El idioma predominante es el papiamento, esa extraña mezcla de vocablos que originaron una lengua criolla, facil de comprender para quienes hablamos el español.
Por su ubicación y disposición en el Caribe recibe vientos alisios desde el noroeste que se desplazan hacia el sureste determinando la existencia de playas bravas al norte y otras que son de aguas tranquilas, prácticamente piscinas naturales, al sur.
Se practican todos los deportes acuáticos, se pueden apreciar formaciones coralinas y peces de variadas especies y colores.
Durante su paso por la parte insular, estos vientos han ido erosionando las rocas tallándolas de tal manera que hay formaciones llamativas, cuevas o cavernas.
Desde el barco se observa como el puente amarillo y azul que cruza la bahía enmarca el paisaje de la ciudad.
Descendemos con la intención de recorrerla a pie (acá si no es para ir a la playa no necesitas contratar medio de transporte, todo está muy cerca)
Es difícil avanzar ya que cada lugar, cada rincón, te invitan a sacar fotos!Apenas dejamos el puerto una coqueta callecita con palmeras, músicos que dan la bienvenida y edificios coloridos te tienta a comprar!... Hay tiendas (negocios de ropa) muy bien presentadas y con ofertas tentadoras pero, la experiencia indica que mas lejos del barco... debe ser mas barato.
Acá no es así, recorrimos todo y vimos que los precios eran relativamente altos.
Apenas se pasa la puerta de lo que, creo, fue una fortificación se encuentran numerosos puestos que venden artesanías, ropa caribeña y por supuesto los famosos licores de variados colores de Curacao.
Hay un puente flotante que une las dos partes de Curacao sobre el cual somos cientos de pasajeros del crucero que deseamos sacarnos una foto... lo dejamos para la vuelta.
Recorrimos la pequeña ciudad que cuenta con la sinagoga mas antigua de América y que se ha mantenido siempre activa y nos dirigimos hacia el mercado flotante.
Actualmente los puestos se ubican sobre la acera y las embarcaciones, cargadas de frutas, peces y todas las mercancías que allí se venden, en la parte posterior.
Decidimos volver al crucero con tiempo para realizar algunas compras y disfrutar del paisaje sentados y degustando unos mates que estamos extrañando.
Cuesta dejar Curacao, a tal punto que es la primera vez en todos estos días que el barco debe repetir varias veces el anuncio de su partida para apurar a los rezagados! 


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