Relatos de viajes para recordar

Escribe: leonardo-gutierrez
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1 2 3 Capítulo 5

Washington

Washington, Estados Unidos — sábado, 13 de septiembre de 2014

Washington, D.C.

Leonardo Gutiérrez Berdejo

Washington siempre es un destino deseado para cualquiera persona que visite Estados Unidos, también para nosotros que,  de nuevo,  sucumbimos a este influjo, solo que desde donde estamos toma su tiempo llegar. En realidad, son 8 horas y no cuatro como señala el moderno Global Point System (GPS) las que cualquier persona se gasta en ir en carro, a través de una excelente autopista de seis carriles, desde Guilford, Ct. a Washington, D.C. Recuerda que tienes que atravesar los estados de Connecticut, New York, New Jersey, Delaware y casi todo Maryland para llegar hasta el Distrito Capital. Pero vale la pena tal esfuerzo. Sin importar mucho de cómo pienses, el Distrito Capital merece conocerse por lo que ha sido,  lo que es y lo que significa para el mundo actual, incluso para los inmigrantes ilegales, como es el caso de la mujer boliviana que conocimos en el hotel. 

Los imponentes edificios y construcciones, la multitud de monumentos y museos, prestigiosas universidades, las amplias avenidas, el metro, el sinnúmero de restaurantes de variadas costumbres y muchas otras cosas más de especial interés, pero sobre todo, sus odiosos contrastes, invitan a visitarla tantas veces como puedas y permanecer en ella  para recorrerla y, por qué no, tratar de conocerla y,  la manera más fácil y económica de hacerlo es embarcándote en una pintoresca “chiva” que te llevan a recorrer la ciudad durante todo un día. Hay muchas empresas que te ofrecen este servicio. Hace aproximadamente cinco años, quisimos recorrerla a pie, pero siendo esta una ciudad tan grande, esto no resulta fácil ni muy descansado. Así que esta vez, mezclamos el recorrido de a pie y el uso del taxi y el metro con el de embarcarnos en una “chiva”, muy confortable y cuyo guía daba explicaciones, tanto en ingles como en español. Fue acertada esta decisión, por una parte, con un solo pero, el del frio, era intenso y no tienes muchas posibilidades de conversar con la gente de la calle.

Washington es una ciudad libre del smog contaminante propio de las grandes ciudades tercermundistas y/o industriales pero esto solo la hace agradable a la vista, no facilita conocerla. No es tan sencillo familiarizarse con una urbe de este tipo y, mucho menos, penetrar en los últimos detalles de la vida de la ciudad y de sus gentes: como viven, de que hablan, en que trabajan o cómo se divierten, en qué piensan, etc. El tour en bus te ofrece solo la perspectiva visual, salpicada con un poco de historia, en caso de contar con buen guía; la otra mirada, la visión que te lleva a conocer el alma de la gente y de la ciudad, sus aciertos y contradicciones, su cultura, sus creencias, sus temores y alegrías, esa, para conocerla un poco, tienes que bajarte del bus, observar, preguntar, escudriñar pero, sobretodo mezclarte con la gente y hablar con ella y esto fue precisa y parcialmente lo que hicimos al menos en dos de los  varios días que permanecimos aquí. Te refiero la primera visión, la pintoresca,  y trataré, con el recorrido en la “chiva”, algo de la segunda, lo que sería un gran logro de mi parte, aclarando que serían muchas las limitaciones que en este campo encontrarás. 

Washington D.C. es una ciudad costosa, nada es barato; es cara, aquí todo es caro, especialmente para los latinos y aún más para nosotros que llegamos de Colombia. El hotel en donde estamos hospedados, aunque es de los mas económicos, también lo es. Está, un poco mas o un poco menos, a cuatro cuadras del Capitolio Nacional, lugar en el que iniciamos el viaje, así que llegar hasta allí, nos lleva quince minutos caminando; el único inconveniente es que la temperatura esta cercana a cero grados y la brisa helada que la provoca azota sin piedad; el vórtice polar que viene de los estados norcentrales, ha llegado junto con nosotros y nos da una helada bienvenida y, al parecer, nos hará álgida compañía y se quedará a nuestro lado hasta que nos vayamos; las ráfagas intermitentes y continuas de aire frio, luego tibio y, después, mas frio aún, intenso y seco, que te quema la piel, te penetra por los poros. Con todo, no logra hacernos desistir, así que seguimos con nuestro propósito. El excelente desayuno preparado por una mujer boliviana en el hotel, nos tiene reconfortado y dispuestos. En un ligero intercambio de palabras con ella, nos ha hablado sobre su situación de inmigrante y algo en mi pensamiento me dice que dentro de tan amplia y blanca belleza, no todo funciona aquí como un ‘relojito suizo’.

La “chiva” nos lleva primero por la parte central de la ciudad, la cual esta encerrada en un inmenso triangulo que va desde el vértice nororiental en el que se encuentra el Capitolio Nacional (ahora con el aroma republicano)  y el hermoso edificio de la Union Station; por el Pentágono, en la parte suroccidental y, por la Casa Blanca y el Banco Mundial, por el vértice nororiental. El rio Potomac enmarca todo el eje  occidental, de norte a sur, y aloja a los monumentos a la memoria de Thomas Jefferson y de Franklin Delano Roosevelt. En este inmenso espacio se encuentra el llamado Mall Nacional y el Triangulo de Oro y  también están casi todos los museos, monumentos y edificios importantes a todo lo largo y ancho de amplias y muy aseadas avenidas. Aquí no hay viviendas familiares. En el centro de este inmenso triangulo se encuentra el Monumento a Washington y, muchos otros más, entre ellos, los de Albert Eisten y Cristóbal Colon. Rodeando el obelisco a Washington, se encuentran casi todas las sedes de las mas importantes oficinas del gobierno, como lo son la Casa Blanca, el Capitolio Nacional, el Departamento de Estado, Agricultura, el Archivo Nacional, la Institución Smithsoniana, que agrupa a casi todos los museos, el FBI y al propio Pentágono. Están todos o casi todos los museos, como el Americano de Indias, el Americano de Historia y el de Historia Natural, el Museo del Aire y del Espacio, la Piscina Reflectante y otros más, y prestigiosas universidades, como la George Washigton. Avanzada la tarde visitamos algunos barrios de personajes importantes de la ciudad y el lugar en donde Roman Polansky filmo El Exorcista.

El día apenas alcanza para que la “chiva” se deslice lentamente por las amplias avenidas y por la rivera del Potomac y para que nos deje finalmente en el hermoso edificio de la Union Station. Nombres familiares de grandes empresas se ven en cualquier lugar, como Mc. Graw Hill, Starbucks, Mc Donald, Dupont, etc. Aquí, por doquier, domina un estilo: el imperial que, igual que en la antigua Roma, nada es modesto, todo es impactante y refleja la magnificencia, el poder, incluso esta impactante vista se observa en los muy sagrados y venerados espacios a la memoria de los miles de muertos caídos en las diferentes guerras, como en el Cementerio de Arlington y los de la Guerra de Corea.

Al terminar la jornada, estamos satisfechos por el recorrido y logramos entender el porqué la ciudad carece de smog: vive esencialmente de los servicios, en especial, los del turismo, la educación, la investigación y de los grandes contratos realizados por la NASA, el Banco Mundial y el sector financiero en general; vive también de los servicios “invisibles” de miles y miles de inmigrantes que te ofrecen la cara amable que le falta a la imponente y fría ciudad, muchos de ellos aún con la espalda mojada por el largo viaje que tuvieron que recorrer para llegar hasta aquí, atraídos, como nosotros, por el influjo de la ciudad, libre del asfixiante smog pero no de la humedad en sus espaldas. 



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