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Amor en Tiempos de Estoicismo...

Escribe: jimenez225
Desde ese mismo día se obligó a un tren endemoniado de entrenamiento donde no hubo tregua ni descanso. Llegaba agotada del trabajo, se calaba sus zapatillas y se largaba a unos intensos circuitos de caminata y terminaba subiendo y bajando las escaleras de nuestra casa con una mochila a cuestas, repleta de cachivaches, hasta el agotamiento. Día tras días llevaba su cuerpo hasta el límite buscando ejercer pleno control frente a las duras adversidades que le deparaba coronar volcán Barú.

 

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Receta para Engañar Al Diablo

Volcán, Panamá — domingo, 29 de mayo de 2011

El grupo de avanzada había partido. Querían aprovechar la poca luz que quedaba.  Apenas se distinguían las tenues luces de las antenas en  la cima del volcán. Nosotros partimos y nos rezagamos sorteando el sendero. Íbamos en forzosa fila india sobre un camino apenas perceptible. Vi a Xiomara dar pasos de agotamiento. Como cargando el pesado fardo de la pena humana. Aproveche para pedirle la mochila. Bastó una mirada y comprendí. No la iba a entregar faltando 380 metros de ascenso. Para eso se preparó. Moisés comandaba la patrulla adivinando el sendero en medio de la neblina y la inminente oscuridad. Ya no importaba el frío. Oíamos a Moisés gritar “tomen a la derecha cuando vean una gran roca y sigan recto hasta un arbusto chiquito...” Apenas distinguíamos la roca y eventualmente perdíamos el camino. El guía aconsejó mantenerse cerca de él. Optamos por asirnos de la mochila del que nos antecedía. Así estuvimos andando a ciegas, a tientas, en completo silencio hasta que la poquita luz del día se fue apagando. Caía el negro telón de la noche y todavía faltaba el último acto de esta aventura.

               Moisés sacó su potente linterna. Apenas alumbraba cinco metros. La neblina no daba tregua. Los demás fuimos sacando nuestras linternas y debimos parecer una triste romería de velas dando traspiés en la noche. La neblina se tragaba las luces. Éramos barcos perdidos en densos bancos de neblina. Cada cual se guiaba por el faro de adelante.  Jaime no le perdía el paso a Xiomara. Yo tampoco. Eventualmente Moisés gritaba “cuidado con una piedra grande”, “oríllense, hay peligro de caída” “cuidado caen en  la hondonada.” Aquello fue la tónica del peligroso ascenso.

              Por alguna razón el guía sujeto a Xiomara de la mano y la llevó en aquel mar de oscuridad. El ascenso se fue haciendo lento, lentísimo. El riesgo de caída a una hondonada preocupaba al guía. Comprendí entonces por qué sujetaba a Xiomara. Moisés gritaba a cada rato los peligros del sendero. Algunas linternas fallecieron y hubo conmoción y desespero. Cada cual se aferró de la mochila del otro temiendo caer en una de las tantas hondonadas. El cansancio, agobio  y desespero fueron socavando la moral del grupo.

              En el último tramo se escucharon desesperados gritos de advertencia sobre un acantilado. Moisés lanzo una piedra y la escuchamos perderse hasta el fondo. Moisés era el único con linterna. El guía pidió mucha, mucha cautela en este oscuro y traicionero paso. Aunado a este fatal riesgo tuvimos que sortear unos espinosos arbustos por donde había que andar a gatas. Apenas se percibían las mortecinas luces de las antenas. Estábamos cerca de la cima, pero nadie se atrevía a cantar victoria ni distraer su atención. Se jugaba la vida en aquel precipicio. Caminábamos cauteloso sobre la cornisa de una hondonada cuando Moisés gritó “¡acantilado…!  Hubo miedo colectivo. Xiomara pregunto si íbamos por el camino correcto. El guía se abstuvo de responder. Comprendimos su silencio.

               La linterna de Moisés daba ya sus últimos lampazos. Con una moribunda luz apuntó hacia el acantilado y en efecto vimos que el camino estaba interrumpido. Un pequeño tramo se había derrumbado. Había que saltar ese tramo. No se veía el fondo. El viento aullaba abajo y el frio arreciaba. Era un peligroso salto hacia abajo. Moisés fue el primero. Lo hizo con su mochila a cuestas. Sacó una soga que pidió nos atáramos a la cintura y pidió arrojar todas las mochila. Uno a uno saltamos. A Xiomara le hicimos un cerco de extrema protección. Salto confiada, muy confiada. Habíamos vencido otro escollo. Estábamos muy cerca de la cima. Faltaba atravesar un túnel de retorcidos arbustos. La cruzamos a gatas aferrándonos a todo. Todas las mochilas se atoraban en las ramas retrasando la avanzada. Cuando salimos de aquella oscuridad vimos con borrosa visión las luces de las antenas. Moisés gritó  “llegamos...”  Miré el reloj, eran las 7:17 de la noche del 3 de enero. Habíamos coronado la cima del volcán Barú al cabo de trece angustiosas horas. Xiomara arrojo la mochila al suelo y me abrazó, y colmada de alegría me repetía “lo logré José, lo logré.” Los ojos se me anegaron. Un profundo orgullo me colmó. Fue un momento glorioso y sublime. Lo había logrado. Había coronado la cima del volcán Barú en condiciones adversas, sin la ayuda de nadie, cargando a cuesta su pesada mochila y con una rodilla lesionada El guía la felicitó por su determinación y tenacidad. Jaime también. ¡Habíamos llegado la cima de volcán, el techo de Panamá, dispuestos a celebrar de alguna forma nuestros 30 años de casados!

               La alegría duró poco cuando descubrimos que no había un lote baldío para acampar. Había tiendas de campaña por doquier. Todos al socaire del cortante viento. Todas resistiendo los embates del viento y del frio. Trincados férreamente con sogas y pesadas piedras. Y nosotros llegamos sin previa “reservación”. Estábamos en serios aprietos. El guía  pidió paciencia y salió apurando el paso hasta desaparecer en la espectral bruma.

               Regresó al rato con un señor, el guardián de las antenas y amigo. Fuimos al extremo opuesto de la cima, donde el viento anda suelto, al libre albedrío, donde “sale el Diablo a hacer de las suyas” puntualizó. Allí nos detuvimos frente a una caseta de concreto. El señor sacó un manojo de llaves, abrió y alumbró dentro. Estaba repleto de paneles y circuitos que zumbaban incesantes. “Aquí pueden dormir las mujeres” sentenció sin ánimo, y, se apuró a retornar a la tibieza de su estación. Los varones quedamos a la merced de Dios, desamparados. En la caseta cupieron no solo las mujeres sino algunos hombres apretujados. El resto quedó sin hogar ni patria. A esos, el guía los llevó unos metros más abajo, hacia unas casetas donde el viento es inmisericorde: “aquí el viento se juntó con el Diablo. Si lo tientan se joden…

               Yo ansiaba saber cómo se engañaba al Diablo y los seguí. El guía abrió su mochila, saco una ruma de viejos periódicos y las repartió quedándose unos cuantos para sí. “Métanselos debajo de la ropa” -dijo- “cortan el frio.” Después salió corriendo y regresó con retazos de cartones y recalcó; “se enrollan los cartones alrededor, luego usan la tienda como cobija. Así no sentirán frio.”. Buscó un rincón de la caseta sacó una gruesa frazada de su mochila, se caló dos pares de gruesas medias, se puso unos guantes de crudo invierno, se cubrió la cabeza con un grueso gorro de lana tejida, metió los periódicos dentro de los pantalones, las mangas, la barriga  y las pantorrillas hasta semejar un hipopótamo. Luego se enrollo en una la gruesa cobija, se echo encima los cartones a manera de muralla de defensa y se durmió de inmediato. Los demás hicieron lo mismo. Al rato todos dormían  encapullados.

              Cuando retorné a mi caseta todos estaban acomodados, abrigados y dormidos. Me acodé entre mi hijo y Xiomara y en un santiamén caí dormido. Afuera el viento aullaba. Adentro zumbaban los paneles de comunicaciones. Era una tortura, pero a nadie importó con aquella pesada carga de cansancio a cuestas.

               Fue a las 2:35 de la madrugada cuando mi vejiga reclamó urgente atención. Traté de evadir aquel aullido pero al rato el gruñido daba repetidos timbrazos de alarma. Me paré resignado, me cale ropa gruesa, guantes y gorra para afrontar aquel viento glacial que me esperaba. Abrí la puerta metálica. Chirrió espantoso y dejo colar un témpano de frio al tibio recinto. Hubo airadas quejas. Me disculpe y me deslice hacia a aquel helado mundo. Mi cuerpo cimbro espantado al recibir el primer navajazo de viento. Me puse al socaire del viento y cuando intente bajar la cremallera del pantalón me doy cuenta que los gruesos guantes me impiden agarrar la solapita metálica. Vuelvo a intentarlo y fracaso. Mi vejiga grita. Me concentro y vuelo a intentarlo pero no pude. En un acto de frustrada acción me arranco los guantes. El cortante viento me engarrota las manos. Me los froto rápido devolviéndoles la vida y bajé a las volandas la cremallera del pantalón. Para sorpresa mía descubro que tengo otro pantalón debajo. Lo había olvidado. Mi vejiga, molesto, dejo escapar una muestra de su rabieta. Sentí su tibieza escurrirse por mi entrepierna. No me quedaba mucho tiempo antes de que mi vejiga abriera las compuertas del dique. Inmediatamente me dispuse a bajar la cremallera del otro pantalón y descubro que tiene botones. ¡Cinco  botones! El frio me engarrota nuevamente los dedos.  Me pongo torpe. El frio penetra mi cerebro y me emboto. No atino a desabotonarme. Las compuertas de mi vejiga empiezan a abrirse y en un acto de loca desesperación bajo apresurado los dos pantalones, incluido el calzoncillo, hasta los tobillos.  ¡El dique estalló justo en ese momento! Sentí un sublime alivio y una paz celestial. Fue entonces que el Diablo se desató. No terminaba aún de vaciar el contenido de mi vejiga cuando mi cuerpo empezó a sacudirse. No tenía control sobre los espasmos. El frio glacial y endemoniado el viento me había congelado los tesoros, nalgas y piernas. La mitad inferior de mi cuerpo estaba en manos del endiablado frio. No podía permitir que la hipotermia avanzara. Así que, sin medir las nefastas consecuencias me subí rápido los pantalones y cerré, a fuerza de física voluntad, la compuerta de mi vejiga y busqué refugio en el calor de la caseta. Todavía me zangoloteaba el frió que se había aposentado en mi cuerpo. Sujeté la manija de la puerta y el frio encontró, a través de mi mano, un conducto para colarse a mi cuerpo. Desesperado me puse los guantes, abrí la puerta y entré a tientas tropezando con algunos dormidos que se molestaron por el viento glacial que ingresó al tibio recinto. Me abrí paso hasta Xiomara y me acomodé junto a ella usurpándole su tibieza. A los minutos caí rendido, vaciado, entibiado y contento. Media hora después Adriana pregunta donde puede vaciar su vejiga. Sin abrir los ojos le respondo, “en una vasija, y aquí dentro”.

continua....

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Últimos comentarios

Carmen_G_A dice:
¡Que aventura! continuo..
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Diurna09 dice:
Situación extrema si las hay!!! A seguir escribiendo!
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GUSNOYA dice:
excelente relato viajero. saludos !!
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Estrellita426 dice:
Son impresionantes estas historias , te atrapan , y siempre esperas mas . saludos.
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Entyy dice:
Esta si que fue una super aventura!!!
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amodio dice:
Una de las razónes de mi ser en” viajeros.com “ es leer historias tan interesantes = Gracias y un salu
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gragus99 dice:
Bien por los dos, en especial por Xiomara, y muy buen desafio, pero a mi no me cuenten pa´subir...salvo que sea al teleferico jajajajajaFELICITACIONES y BESOS PER TUTTTTI
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gerardo63 dice:
te cuento que aqui hace mucho calor mi buen jose y inconsientemente estaba tenblando de frio jajajajaja ¡¡¡ de estar le llendo tu diario ....mil gracias y ((( me gusto ))) mucho espero lo de mas mi buen jose saludos desde puebla.pue..mexico....
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kubasvensken dice:
¡De película...de Hollywood!
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BBaquero dice:
Muy bueno....sigo pendiente. Excelente relato...jaja me divertí. Gracias.
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Tafuri dice:
Genial, muy bueno. Te felicito.
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patriciabaigorria dice:
pobre xiomara, todo lo que tuvo que pasar, bien por ella!
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B_E_L_E_N dice:
Disculpa! pero no pare de reir... senti pena... pero no pude parar de reir!!
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Nelly-Bustos dice:
Es p una pelicula amigoviajero!!!!!Muy bueno...otroooo...otroooo!!!Cariño p vos y xiomara
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Naoili dice:
muy interesante marcha!
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maff-1348 dice:
Prefiero la comodidad de la contemplación paisajística... Pero debe haber sido interesante... Saludos.
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negrita33 dice:
Jajajajaja, toda una aventura!! Muy buen relato.. Saludos!
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lisbette dice:
buenisimoo!! toda una guerrera!!
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margee dice:
Tremenda experiencia!! felicitaciones!!
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Her_2004 dice:
Que lindo que nos compartas más de nuestro querido Panamá.
Saludos.

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Marycris dice:
Increíble. No lo olvidarán jamás a este aniversario.Las fotos, preciosas.
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MariRomi dice:
jajaja me encanta como escribes!
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florenci65 dice:
Muchas felicidades y tí a y a tu señora Xiomara por los 30 años y por el heroico ascenso a la cima.
Me he reido mucho con tu aventura urinaria en medio de la noche!!
Un saludo desde Barcelona, amigo

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DARTH9000 dice:
Excelente aventura...muy ameno tu relato.
saludos!!!!

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ENVIS dice:
Excelente, que relato....me encantó, un saludo desde Bogotá.
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Virtoscano dice:
Terrible!!! y con lo friolenta que soy ni me imagino soportando esa aventura!! felicitaciones por la valentía!! saludos Vir
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vmc90925 dice:
Estas historias te dejan de una pieza, gracias
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byvicobe dice:
Que rico 13 horas de caminata, me gusta.
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Maria-eugenia-munoz-islas dice:
Como siempre amigo muy interesante el ralato y las tomas, felicidades, saludos.
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bob_alonso dice:
Super cool.....
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ethancroft dice:
es cierto el papel es un excelente aislante... buen relato mi amigo... un abrazo =D
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Terelu dice:
¡Qué apuros! Y qué angustia veros subir sin luz por un sendero tan peligroso.
Pero lo habéis logrado. Felicitaciones, sobre todo para Xiomara que triunfó. Tus problemas a las 2:35 de la madrugada fueron la venganza del diablo!

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cibeles dice:
bien por vosotros ¡lo lográsteis! ahora que... ¡ojo! lo sufrido que estuvo.
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nallelo dice:
cuando te enfrentas a la naturaleza un hecho tan simple como los son la necesidades básicas, se convierten en toda una experiencia... jajja
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Luisnaesba dice:
jiji que buen relato. y como lo cuentaa. muy buenaa
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amistoso69 dice:
Estuvo interesante tu relato no perdi atencion, ni por un momento, que fabulosa experiencia.. saludos!
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dguardo dice:
Creo que eres el mas aventurero de todos , arriesgando todo por una aventura , me gusta y me sorprende tu dedicación.
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Faltan 380 metros para coronar la cima

   

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