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Amor en Tiempos de Estoicismo...
Escribe: jimenez225
Desde ese mismo día se obligó a un tren endemoniado de entrenamiento donde no hubo tregua ni descanso. Llegaba agotada del trabajo, se calaba sus zapatillas y se largaba a unos intensos circuitos de caminata y terminaba subiendo y bajando las escaleras de nuestra casa con una mochila a cuestas, repleta de cachivaches, hasta el agotamiento. Día tras días llevaba su cuerpo hasta el límite buscando ejercer pleno control frente a las duras adversidades que le deparaba coronar volcán Barú.
Avalanchas de Amor
Volcán, Panamá — viernes, 27 de mayo de 2011
El desaliento fue inevitable. El “Cable es una ladera empinada, parada como una escalera de incendio, abrupta y pedregosa. Aquí vacías todos los temores de camino. Temores que los guías te meten como embutidos desde el inicio del recorrido con desalentadores cuentos de fracasos y miedos. Frases como; “todavía no has visto nada, espera llegar al Cable...” ó “Este cerro no es nada al lado del Cable…” se hacen tu compañero de caminata. El guía nos llevó directo a un cable eléctrico negro que, alguien alguna vez amarró de arbusto en arbusto hasta a la cima. Moisés tomó el cable y lo zarandeo, hamaqueó, jaló, bamboleó y finalmente remeció probando la tenacidad y resistencia. A nadie convenció, en especial la holgura del mismo. Tocaba suelo en varios tramos. Nadie con dos dedos de frente arriesgaría su pellejo en aquel cable. Muchos factores estaban en juego. Era un peligrosa e inclinada ascenso sujeto a derrumbes. Hubo un corto descanso donde se discutieron estrategias y maniobras de ascenso. Acordamos que Moisés buscaría la ruta más segura para ascender. No iba a ser fácil, especialmente por los fuertes y repentinos vientos que recorren furiosos los callejones y afiladas cornisas de las montañas.
Decidimos ascender por el flanco izquierdo. Parecía más seguro. Menos rocas, más arbustos, pero vientos traicioneros. Moisés probaba la firmeza y estabilidad de cada piedra antes de afincar su propio peso. Ascendía unos metros y ayudaba al de atrás y así subíamos en sucesiva cadena de ayuda. El sol declinaba rápido tras la cadena montañosa. Daban las cinco de la tarde. Apremiaba ascender. Era peligroso quedar a oscuras en este cerro. Pero tampoco podíamos descuidar el inminente peligro de derrumbe provocado por el que te antecede. Cada paso era meticulosamente calculado. No había cabida para errores. Desatar un alud era peligroso. En la medida que ascendíamos escaseaba el aire, apretaba el frio y zumbaba el viento. Íbamos en la cola. Yo iba delante, Xiomara detrás, seguida de Jaime y el guía. Constantemente monitoreaba a Xiomara. Me detenía, giraba el cuerpo para ayudarla y volvía a retomar el ascenso. De tanto realizar esta acción la visión me empezó a traicionar. Me costaba enfocar debido a los bruscos cambios visuales de ver dónde afincaba cada pie sobre el pedregoso suelo, asir cada mano sobre las piedras y girar hacia atrás buscando a Xiomara para ayudarla y volver a enfocar hacia adelante. Aunado a esto me empezaba a faltar aire. Escaseaba. Aspiraba hondo, sorbiendo cada onza con desespero de ahogo y repentinamente tomé la estúpida decisión de erguirme rápido buscando colmar mis pulmones y perdí momentáneamente la visión y en consecuencia me maree. De inmediato intenté estabilizarme y trastabillé desencadenando un repentino alud de piedras. Pensé de inmediato en mi Xiomara y grité; ¡AVALAAANCHAAAAA…!
Me dejé caer de rodillas, como un monigote, y me así de lo que pude, desencadenando en mi frenada un túmulo piedras. Escuché el estruendoso tintineo de piedras volcánicas chocar entre sí, perturbando el vasto silencio reinante. El alud se encaminaba hacia Xiomara y sus inseparables escoltas, quienes rápidamente se hicieron a un lado. Aterrorizados vieron rodar cuesta abajo aquel alud con estrépito de rebato de campanas a pocos centímetros levantando una irritante nube grisácea de polvo. Para suerte mía nadie más venía abajo.
Cuando el silencio recuperó su espacio en aquel ámbito montañoso reinicié mi ascenso contento porque no hubo bajas. Al rato repicó el walkie-talkie. Era mi hijo, ávido por saber el origen del grito seguido del rebato de piedras que llegó diáfano a sus oídos. Costo convencerlo. Sabe que las calamidades me persiguen. Exigió apurar el paso. El sol agonizaba y el frio arreciaba. Ellos ya estaban a un paso del cráter del volcán.
Fue en ese lapso que mi pierna derecha empezó a perder la razón. Inesperadas contracciones me la sacudían. Por momentos cimbraba como si la electrocutaran, otras veces se paralizaba momentáneamente. Al cabo de sucesivos espasmos descubrí que templando al máximo el músculo se aplacaba las convulsiones. Decidí ocultar el hecho al grupo, pero de alguna forma me hizo lento. Muy pronto me alcanzarían y se darían cuenta de mi angustioso estado así que busque una roca y me senté a esperar un milagro.
Cuando ya estaban cerca me paré y caí sentado, sin fuerza, sobre la roca como un porfiado. Volví a intentarlo y sentí una viga de acero por pierna. Me apoyé sobre la pierna muerta y esta vez me desmoroné despacio sobre el suelo pedregoso. Escuché el tintineo de las piedras volcánicas y temí otra avalancha. Traté de pararme pero me atajo el grito del guía; “¡quédese acostado..! No sentía la pierna, y tampoco escuchaba el derrumbe de piedras. Me tendí bocarriba y fue cuando me percaté que las nubes eran arrastradas por una fuerza invisible por los callejones montañosos. Huían despavoridos. Seguí el secuestro de una densa nube cuando se interpuso el rostro del guía sacándome de mis tribulaciones. Aterricé bruscamente en mi dolor. Al rato aparecieron los dulces ojos de Xiomara y recordé la primera vez que la vi. Éramos adolescentes, mozos, saliendo apenas del capullo de la niñez y recordé que fueron esos mismos ojos los que secuestraron mi corazón. Todavía lo tiene secuestrado.
El dolor se avivó al tanteo del guía. Pregunto qué me aquejaba. Le confesé todo y me arrepentí cuando vi campear la tristeza en los mismos ojos que segundos antes me habían anestesiado el dolor. Traté de mover la pierna pero era de palo. Dolía como si ardiera en llamas. Le metí voluntad a la pierna pero no se movía. El guía me hizo una serie de meticulosas preguntas, igual que un experimentado detective frente a un difícil caso. Temeroso del curso de las preguntas, y preocupado por la honda tristeza que se adueñaba en Xiomara, respondí a todas las preguntas estrujándome el corazón. Al finalizar el guía metió ambas manos bajo la rueda de mi pantalón –no sentí nada- palpó vigorosamente los músculos de la pierna. Sacó las manos, miró a Xiomara y sentenció; ¡Calambre..! Hubo un profundo alivio y complicidad en nuestras miradas. ¿Un calambre? Nunca antes había sido asaltado por un calambre. He buceado horas enteras en las tranquilas aguas de Kuna Yala, nadado a contracorriente en sus canales, buceado en los canales turbulentos de Achudup revolviendo barcos contrabandistas, cruzado a nado libre la ancha boca del Canal de Panamá en Colón, buceado en las cristalinas aguas de Bocas del Toro, nadado en las enfurecidas playas de Cartagena de Indias, nadado 400 metros completamente solo contra corriente en Niadup y buceado en las infestadas aguas de Coiba.., y nunca, nunca me había asaltado un calambre. Es aquí, en las encumbradas paredes de volcán, en la agreste cordillera de Talamanca, donde a mis 54 años me embiste, con furia y arrebato, un doloroso calambre.
Con especial delicadeza el guía me quitó la bota de montaña, me sujeto la planta del pie con una mano, y con la otra me enderezó la pierna. Dijo unas ininteligibles palabras de aliento y distracción y en un santiamén realizo complicados pases de mago en el rígido músculo y ¡zas..! desapareció el dolor. Sacó el pomito negro y me untó una generosa porción del milagroso ungüento y en un conjuro de suaves sobijos le devolvió la vida a mi pierna muerta. El dolor despareció y la movilidad retornó. La moví en un súbito culebreo y la sentí mía de nuevo. Miré a mi esposa y vi campear la alegría en su rostro. Agradecí al guía sus profundos conocimientos de sanación. Él, con infinita paciencia me explicó como tratarme la pierna si regresaba otro nefasto calambre. Me incorporé y sentí un estallido de vida en la pierna. Había regresado a su amo.
Reiniciamos el lento ascenso y divisamos el grupo de vanguardia descansando plácidos en un recodo. Fue entonces que aparecieron rostros en las volcánicas rocas. Flanqueaban como intimidantes gárgolas un tétrico callejón. Eran los centinelas del cráter. El sol había escapado dando paso a una gruesa neblina que reptaba despacio el suelo. Arribamos a la antesala del cráter. Había un grupo de excursionistas guarecidos del implacable frio detrás de una gran piedra. Atizaban una moribunda fogata. Se refugiaban al sotavento de los cortantes fríos, abrigados con mantas y cobijas. No había cupo para nadie más. Habíamos llegado tarde. Nos asomamos al cráter y vimos un furioso viento rasurar el suelo con enconosa furia. Moyo halló una piedra para pernoctar, pero no cabíamos todos. El frío nos cocinaría. En el cráter aullaba incesante el viento. El panorama era triste, agobiante y desmoralizador. Había poca luz, mucha neblina, poca visibilidad, viento errático, muchísimo frio y un abrumador cansancio.
continuara.....
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Últimos comentarios
Terelu dice:
Todavía continuará después de tantas tribulaciones? ¿Cuando llegará la recompensa?
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BBaquero dice:
Con tanta avalanchas de amor y amor...(como titulo el capitulo...) pensé que ya habian llegado a la cumbre y celebraban con mucho amor ...jeje pero lo que hubo en este capitulo fue avalanchas de piedra ...jeje...con sus caidas.
Bueno, en todo caso esperaré al final felizzzz
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Jasmin53 dice:
En verdad no tienes nada que envidiar a famosos como Dan Brown...o Dorothy Sayers....mantienes en suspenso y habilmente emocionas al lector...
ME GUSTA....como escribes...me gusta en verdad...
Yo creo que las avalanchas eran de...miradas de amor, pues miradas iban y venian..
Llegaron al Cráter....ahora falta saber...qué sucedió allí....esperare.. ![]()
Mis saludos para ambos...un beso grandote Muuuuack para Xio. con las Gracias porque sabemos....que si eres excepcional...ella sin duda alguna es una mujer fabulosa... ![]()
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GANDHI13 dice:
Es toda una película de aventura....Animo
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florenci65 dice:
Una narración perfecta de una excepcional aventura.
Tu guía me debe recomendar ese unguento para cuando hago mis 1/2 marathones corriendo por la montaña.
Un abrazo amigo
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Carmen_G_A dice:
Continuo, que emoción
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DANIEL76ARG dice:
Quedamos atrapados por el encanto de tus historias!!!
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amodio dice:
Me gusta ser vajeros, porque puedo leer historias de lugares tan bellos y tan lejos== gracias y saludos.
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buvar dice:
Es como dice Mario, que grato es leer estas historias, llenas de pasion y esfuerzo...
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Diurna09 dice:
Este relato me lleva atada!
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gerardo63 dice:
otra ves dejas picado bueno espero la continuacion gracias mi buen jose antonio por tu diario ((( megusto ))) saludossss desde puebla pue,,,,
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Estrellita426 dice:
Muy interesante esta historia esperaremos la continuación. saludos!!!
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B_E_L_E_N dice:
Me sorprende que fuerza fisica y mental para estar en tan severas circunstancias!! Oh! ![]()
Saludos desde México! ![]()
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CHARLYPOA dice:
Me agoté de solo leerlo!!!!
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Marycris dice:
Qué aventura maravillosa. Después de tantas avalanchas llegará el remanso.Muy hermosas las fotas, la neblina le da un toque fantasmagórico. Espero con ansias.
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Floyd dice:
saludos amigo aventurero atrapante relato gracias x compartirlo
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babydollspain dice:
Cuántas aventuras en un solo día!!!
Enhorabuena Jose por no desfallecer nunca en el ánimo!!
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cibeles dice:
Ay, Jimenez, qué duro ascenso! A mi nunca me dió un calambre, pero sólo de leerte me duele terriblemente. Vamos a por esa "Receta para engañar al Diablo"
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dguardo dice:
Parece que tus heridas anteriores quedaste bastante bien.Veo que seguís siempre asía adelante , felicitaciones .
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nallelo dice:
pasa el nombre del ungüento mágico¡¡¡ jajjaja maravillosa historia ![]()
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arioeste dice:
Muy buen relato amigo!! Te mando un fuerte abrazo!!!
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Capítulos de este diario
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1
El Cementerio de las Brujas en el Bosque Medieval
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2
Frios Vientos de Dolor
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3
Avalanchas de Amor
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4
Receta para Engañar Al Diablo
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5
Una Meta Lograda, Un Sueño Cumplido
En Volcán...
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