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Viñales: El Dia de Sobra
Escribe: dalan
Deberíamos habernos ido a la mañana, en el único bus del día que va hacia La Habana.Estábamos sentados en el banco de la única plaza del pueblo. Discutiendo culpa de las malas decisiones que...
Viñales: El Dia de Sobra
Viñales, Cuba — sábado, 22 de marzo de 2008
Estábamos sentados en el banco de la única plaza del pueblo. Discutiendo culpa de las malas decisiones que uno toma cuando no planifica ni siquiera lo que va a hacer el día siguiente y cuando los tiempos dejan poco margen de error.
Habíamos llegado a Viñales por reproche mío. Ella quería ir a uno de los cayos, donde el agua turquesa y transparente, y las arenas blancas como la harina lo separan a uno del mundo y lo colocan en un mundo de tarjeta postal. Yo quería conocer algunos sitios no tan turísticos de Cuba, un país donde si se lo permite y va a los sitios equivocados, puede pasar un mes sin asomarse a la realidad del único país comunista del mundo.
Viñales se encuentra al oeste de la isla, en la provincia de Pinar del Rio, inmerso en un valle con mismo nombre. El valle se caracteriza por sus mogotes, formaciones rocosas de hasta cientos de metros de altura que rodean los campos. Mientras uno anda por las rutas de la zona, el esplendoroso paisaje se disuelve entre palmeras, faunas, hombres a caballo y plantaciones.
Pero el tiempo no había acompañado. Viajar es como jugar a los dados. Uno puede viajar al otro lado del mundo, pero las chances de que las fichas caigan del lado del sol, están a la merced de la naturaleza. Aún así el lugar era majestuoso, y la comida de la casa de familia que nos albergaba se ganaría al final del viaje el premio de lo más sabroso del país.
El lugar se llama Casa Nenita. Creo que es el mejor lugar del pueblo. Nos habíamos despertado a la mañana, con la esperanza de que el tiempo nos acompañe e ir a Cayo Jutías, una playa semi-desierta a cuarenta kilómetros de Viñales con las aguas que el país tiene acostumbrado. El hijo de la dueña de casa, nos avisa mientras desayunábamos que en la tele dicen que entra un frente frio por el norte. - "¿Un frente frío? ¿En Cuba? ".
Lo que para el servicio meteorológico cubano es un frente frío, en Argentina se lo podría llamar, "cielo ligeramente nublado". Lamentablemente de eso nos enteramos mucho tiempo después. Ya habíamos perdido el único día bus que iba hacía a La Habana y debido a la cancelación por parte nuestra debido el "frente frío", también perdimos el transporte hacía los cayos. Un día perdido. Ese sentimiento de que uno debería haberse ido el día anterior, mientras la excitación de lo novedoso y exótico aún está latente.
Una de las cosas más beneficiosas de viajar es la pérdida de peso - dependiendo el tipo de viaje que esté haciendo, obviamente. Ciudad a donde uno viaja, es posible que se la pase caminando más de la mitad del día, o al menos está parado. Entonces caminamos.
Caminamos y doblamos en una esquina donde nunca antes habíamos doblado. La gente en los portones de sus casas, algunos ancianos en sus mecedoras, señoras tendiendo la ropa. Espiando uno podía ver a las jóvenes cocinar los frijoles y el arroz del día. Al final de la cuadra, la calle se transforma en tierra y el paisaje se abre. Los mogotes se levantan frente a la vista y campos de cultivo llenan de color el lugar. Sobre la tierra roja, un hombre trabaja la tierra tirado por sus bueyes, mientras aves blancas lo siguen de cerca en busca de semillas.
En el camino pasamos por una inmensa casa hecha en paja. Con techo triangular de no menos de diez metros de altura, su color oscuro le da cierto misterio al lugar, contrastado con el fuerte verde y rojo del paisaje. Nos acercamos y dentro hay se encuentran tres mujeres. Una chica muy joven nos invita a pasar. Con poquísima luz natural que entraba por la puerta, las mujeres trabajan con las hojas de tabaco. Doblándolas y secándolas. El ambiente está cubierto por el aroma. Y líneas de hojas se agolpan hasta el techo, siendo las más altas, las de mayor tiempo de reposo. La belleza del lugar nos hace olvidar de las distancias y luego de hora y media de caminata nos encontramos en la cima de un monte.
Un muchacho se encuentra parado con la vista perdida matando el tiempo junto a sus animales, un chancho, un perro y dos gallinas. No podría tener más de veinticinco años. Alto y flaco. Su sombrero deja ver levemente su piel oscurecida y arrugada por el sol. Con una voz tranquila nos cuenta que está esperando que sus animales se alimenten y que en esa casa que acabamos de visitar, las mujeres trabajen con el tabaco que su familia produce en sus plantaciones. Todos los meses el gobierno le compra el noventa por ciento, y el resto le queda a su familia para vender de forma particular. Nos ve cansados y nos dice que a una hora de caminata hay unas piletas naturales, pero nuestro cuerpo ya está cansado y pide regresar. "Si están cansados, no vale la pena caminar otra hora para regresar al pueblo "- nos dice - "doblando a la derecha de ese monte, pasan por la cueva del burro y unas escaleras los dejan a veinte minutos de donde quieren ir".
La información nos llena de alegría. ¿Qué mejor que tomar un atajo dado por un lugareño y ahorrarse una hora de caminata? Bajamos el monte y nos dirigimos hacia uno de los mogotes. La cueva está fuera de vista y nos preguntamos si nos dió el camino correcto. Un perro no más alto que mis talones, nos ladra furiosamente. O no está acostumbrado a que desconocidos pasen por esas aéreas, o nos intenta advertir de nuestro camino.
Acercándonos al mogote, se ve un camino marcado, entre arbustos y rocas. La inclinación nos obliga a ayudarnos con las manos para subir. En lo alto se ve la cueva. Llegamos. Una cueva. Oscura. Muy Oscura. Me pregunto si el hecho de que no tengamos artefactos de iluminación lo pasó por alto. Esperaba un pequeño túnel donde se vea el final luminoso y reconfortante. Pero la cueva era, como diría mi madre, una boca de lobo. Nos reímos y nos sentamos a descansar y pensar si el camino de vuelta va a ser más largo de lo que esperábamos.
La culpa por llevar a mi novia hasta esas alturas y la bronca de tener que regresar otra hora caminando me recuerda una vieja noticia en la cual relataba como un actor Hollywoodense había utilizado su flash de la cámara de fotos para salir de un bosque en Nueva Zelanda en donde se había perdido mientras filmaba la película "El señor de los Anillos".
Tomo coraje, o al menos algo de coraje y me dirijo hacia la oscuridad. Camino diez pasos y me arrepiento. Vuelvo sobre mis pasos y me quedo parado junto a mi novia quien mira el paisaje despreocupada. Respiro profundamente y vuelvo hacía adentro. Agazapado, camino pasó a paso tirando flashes hacia el techo. Esperando que no aparezca ningún murciélago de la oscuridad.
A los 20 pasos, cuando la luz que viene de la entrada es casi inexistente, un fuerte flujo de aire hace volar mi gorro. El ruido del viento cubre mis oídos. Y el avanzar es cada vez más difícil. Si hay viento, al menos sé que viene de alguna parte. No podía estar lejos de la salida. Diez metros adelante se ve un pequeño rayo de luz que se asoma desde un costado. Esa es la salida. Vuelvo a buscar a mi novia. "La salida no está muy lejos", le digo. Ella se para y viene detrás mío. Me sorprende su frialdad y su predisposición para pasar el túnel. Se pone su gorro y se coloca atrás mío, agarrando mis hombros con sus manos. Caminamos veinte pasos y me dice: "Tengo miedo!". Siento que me tira hacia abajo. De repente pasó a estar aterrada, entre gritos y tembleques me empuja hacia adelante.
Trato de tirar algunos "flashazos" mientras intento mantener el balance. Ella grita y yo trato de calmarla. La oscuridad es total y mi corazón late exaltadamente. Los flashes iluminar las rocosas paredes de la cueva. Rezo por dentro para que ningún animal esté compartiendo el lugar con nosotros.
Finalmente vemos el rayo de luz. Y ella me empuja más fuertemente. Llegamos y se ve la salida del túnel. El pueblo a lo lejos y una escalera de piedra que nos lleva a los campos. Los dos estamos temblando. A quien se le ocurriría meterse ahí sin una antorcha. Volvemos a la casa que nos hospeda y les contamos sobre nuestro día. El hijo de la cocinera nos dice: "¿Se metieron a la cueva? ¿Sin guía? ¡Oh! Locos".
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Últimos comentarios
Graveran dice:
Me e reido y a la ves los felicito eso se llama TURISMO
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jvicario58 dice:
esta ba nervioso leyendolo,ahora vamos air acuba un colega y yo nos recomieda viñales
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