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El inicio de la aventura: Mi primer viaje de mochila al hombro

Escribe: Magui_arg
Toda mi vida lo había soñado. Desde jovencita quise salir a conocer paisajes y gente de otros lugares; pero ciertas veces debemos elegir. Yo elegí el amor; formar un hogar y convertirme en mujer con otras responsabilidades. Construir un hogar. Durante largos años mientras mi esposo me acompañó y mis hijas fueron creciendo, me limité a hacer estudios superiores, trabajar, tener mi casa y vacaciones acotadas; adaptadas al grupo familiar. Mis hijas crecieron, mi esposo murió. Debía empezar de nuevo

 

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El cruce a Bolivia - De Villazón hacia el Norte por tren

Villazón, Bolivia — martes, 20 de enero de 2009

A las 6,30 me levanté y tomé un suculento desayuno. Debía ir temprano a la frontera, pues más tarde comenzaban a llegar los colectivos turísticos y la espera se hacía interminable.Cargué mis cosas, salí del hotel y comencé a caminar por las calles de La Quiaca rumbo al límite con Bolivia. Tomé por la avenida que desembocaba en las oficinas de migración argentina, antes de la barrera.

Restaban caminar apenas 200 metros cuando presté atención al interminable ir y venir de personas; semejaban una larga hilera de hormigas laboriosas cargando bultos de grandes dimensiones sobre las espaldas. Evidenciaban ser gente de la zona, por rasgos étnicos y vestimenta. Cruzaban la frontera hacia uno y otro lado, casi corriendo, doblados por el peso de mercadería, cajones, etc. 

Quedé parada, sorprendida y apenada. No parecía gente que se dedicara a comprar cosas para su consumo o su negocio. No supe de qué se trataba; pero me explicaron que resultaba más barato pagarles pocas monedas para cargar y descargar mercadería a uno y otro lado; por la demora que significaba cruzar con un vehículo de transporte.

Como si se tratara de animalitos de carga, con el lomo inclinado, por tener algo más para subsistir; como los porteadores nativos de África (que había visto en películas); solo que esto ocurría en la frontera entre mi país y un país hermano... dolía, dolía mucho.

Saqué algunas fotos, la mayoría cuando me percibía daba la espalda o escondía el rostro, no insistí y seguí adelante.El primer colectivo ya había llegado y me ubiqué en una fila que tenía más de 50 personas. De todas formas, para ganar tiempo, los empleados la recorrían entregándonos formularios que debíamos llenar  hasta que nos tocara el turno y no demoré demasiado.

Unos treinta metros más adelante estaba migración boliviana, ya del lado de Villazón; donde debía cumplir similar trámite. Ahí reinaba el caos, que infructuosamente y a los gritos trataban de organizar algunos funcionarios en la oficina que no tenía más de veinticuatro metros cuadrados y pugnaban por entrar una centena de personas. A pesar de todo se nos recibió afablemente y me desocupé en no más de media hora.Miraba a uno y otro lado la impresionante cantidad de casas de cambio y el movimiento comercial que triplicaba lo que viera del lado argentino.

Cambié dinero sin mayores inconvenientes y comencé a caminar. Sabía que por esa misma calle quedaba a unas doce cuadras la Terminal de colectivos y un poco más allá la Estación de Trenes. Quería saber horario, precios y días de salida de un tren que me llevase hasta Oruro, si conseguía pasaje; sino quedaba la alternativa de viajar en bus, pero me comentaron que las rutas eran malas y se demoraba muchísimo.

Delante de mí a pocos pasos caminaba también con su mochila un muchacho joven, de pelo largo hasta los hombros, pantalón beige con varios bolsillos que a mi parecer usaba como un anexo de la mochila. Lo había visto por primera vez en la oficina de migración y al escucharlo hablar supe que venía de Buenos Aires.

Apuré el paso, lo saludé y me dijo que se llamaba Hernán, ya conocía este trayecto porque era la segunda excursión que lo hacía; volvía de vacaciones al Salar de Uyuni donde tenía un amigo. Me dijo que debía conocerlo, que era muy bello y quedaba de camino. Le prometí que mi próximo viaje sería con ese destino (cosa que estoy por cumplir en pocos días más) pero quería llegar a Macchu Picchu y no deseaba desviarme. Al ser conocedor de esta parte del camino, acepté sugerencias, conversamos un rato, compartimos mate y sándwich en la estación mientras esperábamos la salida del tren y por fin iniciamos el viaje a las cinco de la tarde.

Había en realidad cuatro categorías de pasajes. El me sugirió tomar la segunda categoría (contando de menor a mayor, porque no recuerdo el nombre que tenían); gustosa seguí su consejo; porque eran algo caros. Temía que las condiciones de viaje no fueran buenas; sin embargo grande fue mi sorpresa al ver los vagones y asientos en buen estado, música ambiental, televisión, aire acondicionado. Se podía comer, tomar café, gaseosas o sándwich que vendía el personal de comedor, quienes recorrían los vagones; u optar por cena o refrigerios que se servían en el coche comedor. Yo comí un sándwich (rico, bien presentado y sellado en una caja transparente descartable).

Más tarde fuimos con Hernán a tomar cerveza acompañada con algunas cosas para picar en el comedor. Encontramos otro grupo de turistas argentinos con los que conversamos animadamente durante largo rato; luego volví a mi asiento. Hernán me despertó para despedirse, era aproximadamente la una de la mañana, estábamos llegando a Uyuni; me deseó que todo fuera bien y que disfrutara del viaje. Lo saludé a través de la ventanilla y el tren arrancó nuevamente. Había encontrado un amigo, que me había orientado y ayudado. Esperaba que todo siguiera así más adelante.Amanecía cuando empecé a divisar el lago Poppó. Nos acercábamos a Oruro.

Tips:

Para llegar a Tupiza, Uyuni u Oruro, la mejor opción desde el cruce de la frontera argentina es el tren que sale de Villazón. Cómodo, buen servicio.

En Villazón, Bolivia


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Últimos comentarios

chicheritos dice:
Hermoso tu diario, espero que llegue el momento de ver cuzco. Muy interesante el relato y excelente las descripciones que haces al respecto, para mi MacchuPichu es una asigantura pendiente, que espero poder realizar pronto. Saludos Mariana
Publicado

mari_sol dice:
Muy interesante y descriptivo tu diario. Tenemos en común un viaje pendiente al Salar de Uyuni pero no será antes de fin de año

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dorisgonza dice:
Cuantos recuerdos me trajo este capitulo de tu viaje con el mio al salar de Uyuni, observe todo lo mismo que vos.... y me enamore de la gente de Bolivia por su educacion, calidez y ganas de que conozcas su pais. Ya pronto estaras por ahi ¡¡
Saludos.

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HORNI dice:
te sigo !!! porque todo el N.el salar de Uyuni y tu ruta a Machu Pichu lo tengo guardado en el cajon de los deseos...felicitaciones.
haaa lo del contrabando hormiga, sucede en todas las fronteras ,lo he visto en Iguazu con Brasil y en ciudad del Este de Paraguay,es inevitable cuando la diferencia de moneda entre un pais y el otro hace que los precios sean tan desiguales.

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