Eran las 5 de la mañana, y mi amigo Julio llego en su moto muy temprano como acordamos para emprender la partida a la que seria una aventura sin presendentes. Su moto, una yamaha de 125cc era suficiente para cargar lo que necesitabamos. La idea eran 8 dias con sus noches pernoctando a la luz de las estrellas entre captus y reptiles. El desierto de la tatacoa es un espacio abierto mas propisio y privilegiado por los astronomos y amantes de las estrellas para encontrarse con el universo. Despues de un arduo viaje, de mas de 5 horas entre carretera asfaltada y destapada encontramos nuestro destino. Un arbol en mitad del desierto donde armamos la carpa y pernoctamos con la autorizacion de doña Orfanda, la dueña del restaurante cercano. En el desierto ademas de encontrar la ventana mas grande para saludar la galaxia, existen dos posos con aguas minerales, varios sitios llenos de fosiles y montañas arsillosas multiformes que al ojo de un fotografo seria un completo manjar. La hospitalidad del sitio es sin igual, la gente es muy especial. Al final, un bonito recuerdo. Un viaje por el universo desde la tierra, paletas de narajas y amarillos revueltos entre si sosteniendo mi cuerpo extendido en trance con la existencia.