Viaje de Gerti y Guillermo Asia 2011
Escribe: guillegarcia
Si te encuentras entre aquellos que buscan, debes saber que en el puerto hay una nave que te aguarda. No trates de averiguar tu destino, lo importante es partir . . .
Laos, la sorpresa
Vientiane, Laos — miércoles, 30 de marzo de 2011
El budismo sigue presente, las pagodas se suceden con esa combinación de dorados y techos rojos de tejas a dos aguas.
Atardece a las 6 y media y en la avenida que costea el rio se arman los puestos callejeros, donde se oferta todo tipo de ropa y chucherías. La moneda local y el dólar circulan simultáneamente, cambiamos algo en el aeropuerto como para los gastos pequeños, pero no es necesario, hasta en un puesto callejero nos dieron un vuelto en Bath de Tailandia que dejamos como donación en una urna para alguna de las tantas ayudas que te solicitan. A pesar de la amenaza de lluvia salimos caminar y compramos nuestra primera remera roja semejante a la bandera vietnamita, que por supuesto pagamos en dólares. Después de recorrer algunas cuadras visitando todos los negocios con prendas de seda, comimos en un puestito callejero, y empezamos con la Bierlaos, que como todas las cervezas de estos lados son bastante livianas casi diría sin gusto, el gasto promedio en estos lugares oscila en los 8 dólares dos personas, comiendo arroz con algún pincho o pollo.
A la mañana siguiente recorrimos la ciudad a pie, tratando de ver los principales puntos de interés, cosa fácil de realizar pues al ser pequeña todo está cerca y para orientación las calles principales corren paralelas al rio, no es necesario ningún tour o tuk-tuk, cosa que permite bucear mejor en la actividad diaria de la gente local; pasamos por el Vat Sisaket otro de los tantos templos budistas, pero diferente; los muros están llenos de pequeñas cavidades en la pared con budas de todos los tamaños y formas, y los tamaños, el que quieras. Parece ser un lugar de peregrinación, encontramos unos monjes muy abiertos, que sacaban fotos a las estatuas con sus celulares, unos turistas más.
Y como no podía faltar encontramos el mercado, primero un edificio de dos plantas, abajo unos negocios con ropas y antigüedades?, como por aquí sobresale lo trucho nunca estas seguro, y en el primer piso, venta de joyas de oro?. Nuevamente la duda, como aquí todo es regateo, no podes saber el valor real y tampoco si lo que compras es oro. Igualmente la recorrida permite observar a las dueñas de los negocios, unas señoras muy elegantes con uñas largas pintadas, maquilladas, con cabellos recogidos y prendas de seda; que les da un aspecto de severidad. Hay que ver el dinero que manejan. Gerti trataba de comprar unos aros, y apareció un cortejo de personas, la señora, con su secretaria, el chofer, y un acompañante, como nadie hablaba inglés la secretaria tercio en la conversación haciendo de traductora, entre la severa dueña y Gerti, por supuesto la operación no se realizó, parecía miserable la compra; igualmente en otros negocios las chicas y los chicos compraban objetos de oro, pero no pudimos apreciar cuanto pagaban, como para hacernos una idea.
Dejamos de lado las joyas y un poco más adelante entramos en el mega mercado, donde se puede conseguir desde un clavo hasta una heladera, los puestos de ropa se suceden en un intricado laberinto, donde con pequeñas diferencias todos ofrecen lo mismo, es así que si estas en un puesto y no tienen tu tamaño, la vecina le entrega uno, el asunto es no perder la venta, siempre regateo por medio. Siguiendo por la cuadricula te topas con los negocios de zapatos, y más adelante, con los artículos para el hogar, luego comienzan los de artículos de bazar, tocador cuchillos, etc. Todo agrupado por sectores; hasta que comienza el espectáculo, el sector comida, con sus aromas a especies, y la multitud de colores de sus verduras, las pescaderías, con sus peces en fuentones, que se mantienen vivos con aireadores, mariscos expuestos sin refrigeración, los puestos de cerdo, carnicerías, pollerías, etc., estos últimos puestos son elevados y los vendedores están sentados encima de ellos y te atienden desde el mostrador, así fractura de un hachazo un hueso, como te destripan un pescado, todo aparenta ser fresco, pero sin cadena de frio, el piso húmedo, entre el agua derramada y la sangre. Un verdadero espectáculo, pues en el mismo lugar se come, lo que preparan en un sector que podríamos denominar patio de comidas, en pequeñas mesas con banquitos bajitos casi en cuclillas los puesteros y clientes comparten lo que se prepara en estos puestitos, y aunque recorrimos casi todos los mercados locales en lo que va del viaje, cada uno es diferente Un aviso luego del almuerzo algunos puesteros duermen la siesta, no despertarlos!!!, allí se acaba la amabilidad y te mandan a pasear feo, doy cuenta de eso, que mal humor (aunque no entiendas lo que te están gritando).
Con un calor húmedo y bajo el sol regresamos al hotel, ya siendo las seis de la tarde comienza el espectáculo de la puesta de sol sobre el Mekong, este tiene un lecho muy grande que en este momento no ocupa, desde la orilla de la muy bonita costanera que lo encauza hasta el agua hay que recorrer unos cientos de metros, pero las fotos se pueden tomar desde la escalinata, que baja desde una plataforma por donde al atardecer pasea todo el mundo, entremezclado algún occidental corriendo y transpirando contrasta con la pasividad y el disfrute de los lugareños, que a lo sumo es alterado por un pequeño grupo de adolescentes que juegan con una pelota.
Vale llegarse hasta el arco de triunfo que construyeron los laosianos, según dicen, con el cemento donado por los americanos para una pista de aterrizaje, jocosamente dicen que es una pista vertical, se puede acceder por una escalera interior hasta una terraza que permite unas vistas aéreas de la ciudad de edificios bajos.
Otra actividad que ofertan son los masajes, y como mis cervicales se contracturaron, decidí probar con media hora solamente de hombros y cabeza. Localizamos un lugar que no parecía un tugurio, y entramos, todo muy ceremonioso, deja los zapatos afuera; te dan unas ojotas, claro que mi pie es big size para ellos así que medio apretado y como pude, nos llevaron entre música suave y penumbras hasta el primer piso, donde nos dejaron solos, con unas toallas húmedas como para refrescarnos y que nos acostáramos en dos camastros casi al ras del piso. Sin zapatos y por indicación de ellos boca abajo, con una toalla húmeda te limpian los pies, hasta ahí todo bien; pero de pronto la pequeña laosiana se transforma en una máquina, comienza por subirse con sus rodillas por tus pantorrillas y así va trepando hasta quedar arrodillada sobre tu cintura, mientras habla y se ríe, vaya a saber de qué, con su compañera que casi lo mismo con Gerti,enseguida esas manitos pequeñas, pasan a ser unas tenazas que te estrujan todos los músculos que no sabes que tenes, y donde no alcanza con eso, te clava el codo, una verdadera tortura, mientras sigue divertida conversando con su compañera, de repente se cumple el tiempo, y desaparecen, dándote tiempo como para que te recompongas y bajes donde ceremoniosamente te sirven un té, y luego de pagar algo así como 6 dólares cada uno podes retirarte te das cuenta que te ablandaron todo.
Opiniones:
| Servicio | |
| Ubicación | |
| Limpieza | |
| Precio/calidad |
Inter City Boutique Hotel
Alojamiento: Hotel en Vientiane, Laos
La recepcion brinda un buen servicio, permite arreglar pasajes y tours.Muy buena ubicacion frente a la costa del Mekong.Centrico.Un hotel boutique, con desayuno incluido.Wifi.Buena relacion precio calidad.
Tipo de viaje: Negocios, Placer, Vacaciones, Familiar | Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas, Grupos
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