Diarios de viaje > Europa

17 días en Italia

Escribe: Carmen_G_A
Me casaba y quería hacer un gran viaje, después de barajar muchos destinos nos decidimos por Viajar a Italia. “supuestos amigos bien intencionados y también pero que muy cautos” me aconsejaron que el norte era poco seguro y el sur “la jungla”. Me sugirieron que hiciera turismo y me olvidara de viajar, ya que con el turismo tendría que andar con mucho ojo, según todos ellos, y que si me descuidase me quitarían hasta las bragas. Yo conocía y sabía que en Italia hay delincuencia y mucha...

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 ... 17 18 19 20 21 Capítulo 22 23 Siguiente >
 

Mares 30 y miércoles 31 de octubre del 2007, Decimo Quinto y Decimo sexto días: Venecia y Murano

Venecia, Italia — miércoles, 31 de octubre de 2007

Cogimos el primer tren de la mañana hacia Venecia, le costó poco menos de tres horas al Eurostar llegar hasta allí. La llegada en tren es emocionante, mientras cruzas el lago sobre la vía de acceso a la isla.

  En la misma estación de tren se encuentra una oficina de Información Turística, donde compramos una pequeña guía y un par de Billetes de 36 horas para el vaporetto (el bono-bus de Venecia).

 Nos fuimos hasta el Hotel Locanda SS Giovani e Paolo, un palacete decorado con mucho gusto y encanto. Nuestro hotel estaba cerca del hospital y era curioso ver las lanchas-ambulancia tocando la sirena y los demás barquitos cediéndole el paso. 

 
Por la tarde nos desplazamos a Murano, donde visitamos el museo del vidrio. También me hacía mucha ilusión ir a una de las fabricas de vidrio, pero cuando llegamos la demostraciones se habían terminado, así que cogimos el vaporetto de vuelta. 

 
Cerca del hotel, compramos la cena en un local de comidas para llevar. Más tarde empezó a llover y a soplar un fuerte viento, con lo que por desgracia sólo pudimos dar una pequeña vuelta nocturna por los callejones del centro de Venecia. 

 
A la mañana siguiente volvimos a Murano para probar suerte e intentar ver la demostración, y vaya si la vimos... Tuvimos el privilegio de hacerlo sólo por 1 € por cabeza. Fue impresionante ver como en pocos minutos creaba figuras, cuencos o el caballo de Ferrari. 

 
Después de hacer el caballo le dije que cuanto me costaría comprarlo, el maestro del vidrio me dijo que podía comprar uno igual en la tienda, pero yo le volví a insistir en que quería ese. Nos sorprendió porque se acercó al oído de Jose y le susurró que nos lo vendía por diez euros hora y media después en el bar de al lado… Con la boca abierta nos fuimos a visitar la tienda y de allí a Venecia a hacer tiempo.

 Llegamos tarde, y el “vendedor” no estaba. Así que Jose se acercó al taller, mientras yo esperaba en el bar. Jose volvió sin encontrarle, así que decidí intentarlo yo por si tenía más suerte; no quería darme por vencida. 

 
El taller estaba al final de un largo pasillo y los cristales de los ventanales estaban forrados con papel adhesivo en vez de cristales de colores. Como bien se dice por aquí: en casa de herrero cuchillo de palo, pues lo mismo que en el taller de cristal.Me pareció ver la silueta de perfil de una persona apoyada en el ventanal decorado y en un agujero en el papel de la parte superior, me pareció ver un ojo parpadeante que me miraba.

  La emoción me invadió, pero me controlé. Lo saludé con disimulo, moviendo sólo las manos, sin aspamientos, y en pocos minutos se presentó el maestro que me indicó que le esperase en el bar y que en quince minutos iría. No caminaba, me deslizaba hacia el bar. Mi cara debió ser todo un poema porque Jose riendo me dijo: ¡lo has encontrado, mujer afortunada!  

 
A la hora indicada el soplador de vidrios apareció y salimos a su encuentro con emoción contenida, había que disimular. Parecíamos tres delincuentes traficando con yo que sé que…  

 
Jose le dió los diez euros y el maestro sacó un amasijo de papeles de periódico de debajo de la chaqueta. Le dimos el dinero y nos entregó el bulto. Jose cogió el montón de papel con nerviosismo, le dije que lo comprobara, no fuera cosa que nos engañara. Comprobamos que el caballo estaba envuelto en el papel de periódico...  felices como codornices no volvimos a la parada del vaporetto. 

 
Con las idas y venidas a Murano en la barca, con sus innumerables paradas, transcurrieron casi tres horas: el tiempo que queríamos haber dedicado a callejear por Venecia, pero a cambio tenemos un hermoso caballito rampante que nos saca una sonrisa cada vez que lo miramos.

 Después de recoger las maletas y de nuevo en el vaporetto, y recorrimos todo el Canal Grande, que transcurre entre los palacios más vistosos. 

 
Con las maletas y en un suave paseo, fuimos viendo los diferentes palacios de sus orillas: empezamos con Santa María della Salute, el Palazzo Contarini Fasan, el Palazzo Darío, colezione Peggi Gueggenhein, Galleria dell’Academia, el Palazzo Grassi, Ca’ Rezzonico, Museo de Settecento Veneziano, Ca’ Foscari, el Palazzo Goldoni Museo del Teatro, el Palazzo Pisani-Moretta, el Ponte del Rialto, Ca’ da Mosto, Galleria Franchetti alla Ca’ d’Oro, el Palazzo Corner della Regina, Ca’ Pesaro, Galleria Nazionale d’Arte Moderno e Museo d’Arte Orientale , el Palazzo Barberigo, el Palazzo Doná Giovannelli, Santa Maria di Nazareth o Chinesa degli Scalzi, y finalmente, la Stazione Ferroviaria donde tomamos el tren que nos llevaría a Milán.

Publicado
Modificado el
Leído 883 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 ... 17 18 19 20 21 Capítulo 22 23 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

marwill97 dice:
Hola, me gustó mucho todo el relato de Sicilia. Pensamos hacer el mismo recorrido y luego ir a Taormina. Saludos.
Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario