Diarios de viaje > Europa

Venecia-Eslovenia

Escribe: Sandrusky
Un viaje de 10 días en los que establecimos el "campamento base" en Venecia, donde disfrutamos de unos días fabulosos con un paraje espectacular. Sin embargo, no desperdiciamos la ocasión para descubrir uno de los países vecinos, Eslovenia, así como tampoco perdimos la oportunidad de acercanos a Trieste, San Marino y Tavullia.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 ... 6 7 8 Capítulo 9 10 11 12 Siguiente >
 

Llueve en Venecia

Venecia, Italia — lunes, 4 de octubre de 2010

Fecha de publicación: 10/ 8/ 2011

Para el día de hoy no teníamos ningún plan concreto; sabíamos que iríamos a Venecia, pero sin ninguna ruta marcada. No obstante, nos hemos tenido que levantar bastante pronto porque teníamos que ir al aeropuerto para devolver el coche. Miramos bien en el coche para asegurarnos de que no nos dejábamos nada, llenamos el depósito poco antes de llegar al aeropuerto –lo tenemos a 10 minutos del hotel- y fuímos derechos en busca del cubículo de Avis. Dejamos las llaves, lo inspeccionaron; todo correcto, firmamos y fuimos a la entrada del aeropuerto en busca de la parada del nº5. Según estábamos llegando lo vimos irse, y como sabemos que hay cada media hora, entramos dentro. Compré el periódico El País para ponerme un poco al día. Después salimos, cogimos los billetes para Venecia y esperamos al autobús.

Del aeropuerto fuimos derechos a Venecia. Decidimos no pasar por el puente de Calatrava, sino por uno que está a la derecha de piazza Roma y que da acceso a San Polo. Como Chuan no había desayunado, propuso tomar un café; así que fuimos a la misma cafetería en la que el otro día nos sirvieron dos mocachinos buenísimos. Nos hemos pedido dos machiattos y un croissant con chocolate para Chuan. Mientras tanto hemos recurrido a la guía para ver qué hacer, aunque ya habíamos hablado que el día de hoy lo aprovecharíamos para hacer compras, sobre todo regalos. Y tendríamos que hacerlo todo a pie porque ya no tenemos el abono de 72 horas.

Comenzamos a caminar por una callejuela distinta a la que cogimos el otro día, en vez de ir por San Polo, fuimos por San Socre. Hemos llegado hasta la zona de Rialto y ahí nos hemos parado en una terraza a tomar algo –llevábamos más de una hora caminando-, nos hemos pedido una coca-cola y una Fanta naranja por las que nos han cobrado 9 euros y, encima, no nos han encantado porque se notaba, y mucho, que eran de sifón. Pasaba ya la una del mediodía y sabíamos que si nos quedábamos por esa zona a comer lo pagaríamos “caro”, y nunca mejor dicho. Por lo que optamos por cruzar el puente de Rialto e ir caminando hacia Cannaregio, con el fin de alejarnos un poco del corazón de la ciudad y poder encontrar un lugar decente donde comer.

Mientras atravesábamos el puente de Rialto, atestado de tiendas y puestos de souvenirs, íbamos mirando posibles regalos y precios. Nos hemos parado en un par de ellos a mirar unas cuantas cosas pero no hemos comprado nada. Así que hemos seguido caminando y, rápidamente, hemos entrado al sestiere de Cannaregio. Las calles por las que íbamos ya nos eran familiares. Hemos llegado a la calle Emanuelle, en la que hemos visto un McDonalds y lo hemos tenido en cuenta como candidato ideal para comer en caso de no encontrar nada mejor –y sobre todo más asequible-, pero no obstante, hemos dado una vuelta más con la esperanza de encontrar ese sitio en el que sirvan algo más que pasta y pizza, pero como no lo hemos encontrado, hemos ido al McDonalds: dos menús CBO´s. Hemos comido tranquilamente y, al acabar, hemos ido a la calle del Traghetto –calle que había visto cuando volvíamos al McDonalds- en cuyo extremo una lengua de tablas se asiente sobre el Gran Canal.

Asimismo, entre el final de la calle y el comienzo del pequeño muelle, había unos soportales con el mismo nombre que la calle. Había más gente. Nosotros nos hemos sentado en un par de maderas, no sólo para disfrutar del entorno, sino también para reposar la comida. Hemos sacado unas cuantas fotos y, tras ello, hemos decidido poner rumbo hacia Strada Nouva para comenzar nuestro objetivo del día: comprar regalos. Entre todas las cosas que venden, sólo teníamos claro qué comprar a dos personas: una sudadera en la que pone Italia. Una en blanco, para Chuan, y otra en azul, para Pablo. Faltaban el resto de personas… finalmente, a esas dos sudaderas, hay que añadirles: un collar de cristales rojos que llevan cositas por dentro, unos pendientes de unas máscaras –para mí-, tres tazas –una para mi hermano, otra para Susana y otra para mí- (dos de ellas el asa es un gondolero y la otra es una moto blanca), un gorro de marinero-capitán, una góndola de cristalitos blancos y rosas, una góndola de cristal metida en una botella de cristal, una “birra” veneziana y una pequeña botella de licor de pistacho. Y compras hechas.
Sin embargo, cuando aún no teníamos todos los regalos, hemos decidido –bueno, realmente he insistido yo- ir a tomar algo (ciertamente me apetecía mucho tomar un café) pero, como estábamos junto a la estación de Santa Lucía y los únicos bares que hemos encontrado estaban frente al Gran Canal, hemos decidido adentrarnos en Cannaregio para evitar pagar bastante por un par de cafés.

Hemos dado un gran rodeo, hasta que finalmente hemos aparecido en la mitad de la Fondamenta de Cannaregio; y digo en la mitad porque sólo había dos puentes, uno en cada extremo. El de la derecha, al cruzarlo hacia la izquierda te lleva hacia Strada Nouva, mientras que si lo giras hacia la derecha, te lleva a Piazza Roma. El puente de la izquierda, en cambio, nos ha llamado la atención por tener tres arcos y, al fondo, el mar Adriático.

Cuando ya habíamos terminado los cafés y estábamos aprovechando para ir al baño mientras los pagábamos, se ha puesto a llover. Sólo nos faltaban tres regalos que comprar, pero finalmente, las nubes que nos han acompañado durante casi todo el día han decidido deshacerse sobre nuestras cabezas. No llevábamos paraguas, por lo que nos hemos mojado. Hemos comprado las cosas que faltaban, que por suerte los lugares donde las habíamos visto nos cogían de camino hacia la estación, y, visto que no íbamos a poder hacer nada mientras no dejase de llover, hemos decidido ir a coger el autobús. Lo hemos cogido muy pronto, pero la verdad es que el cielo estaba completamente encapotado y poco podía hacerse.

Nos hemos mojado, así que en cuanto hemos llegado al hotel lo primero que hemos hecho ha sido darnos una ducha calentita. Como nunca habíamos llegado al hotel antes de las ocho, hemos descubierto que, entre el bar que hay enfrente y la pizzeria en la que el otro día cogimos un par de pizzas para cenar, hay un pequeño supermercado. No obstante, hoy teníamos pensado cenar en la Trattoria de Vitoria, situada junto al hotel, pero entre que hemos llegado calados, nos hemos duchado y demás, no nos apetecía nada. No obstante, después de dejar las cosas en el hotel, he bajado al supermercado para coger algo para cenar. Resulta que no era un supermercado, sino que eran dos tiendas distintas: una frutería y una panadería. Primero he entrado en la frutería, donde he cogido cuatro plátanos con muy buena pinta y dos botellas pequeñas de agua. Cuando he salido de la frutería me he metido en la tienda de al lado, es decir, en la panadería. Aquí he cogido mortadela –era bastante más barata que el jamón York, del que apenas si venían 5 lonchas por casi tres euros- queso en loncha y tres panes “margarita” (panes pequeños y redondos con forma de la flor margarita).

Cuando he llegado a la habitación el agua, la mortadela y el queso lo hemos metido en el mini-frigorífico. Me he metido a la ducha –antes no lo había hecho- y, al rato de salir, hemos cenado. Como todavía nos quedaba jamón serrano, también hemos tirado de ahí.

Mañana iremos a Verona, ciudad conocida por la famosa historia de Romeo y Julieta. Esperemos que en estos dos días que nos quedan no nos llueva, de lo contrario no nos quedará más remedio que comprarnos un par de paraguas. Hablando de paraguas… cuando estábamos en la fondamenta de Cannaregio y ha comenzado a llover, nos ha pasado un matrimonio con un paraguas completamente amarillo. No he podido evitar sacarles una foto; los he relacionado con la serie Cómo conocí a vuestra madre; y los he bautizado como los suegros de Ted Mosby.

Mientras tanto, las anécdotas se van sumando. Ya hace una semana que estamos aquí y sin embargo tenemos la sensación de que llegamos ayer. Ya no nos queda nada para volver a nuestro hogar. Pero mientras tanto aprovecharemos al máximo estos últimos días para disfrutar de esta mágica ciudad que no ha sido modificada por la mano del hombre pese a tener las mismas modernidades que cualquier otra ciudad.

Tips:

Nosotros nos volvimos con un sabor agridulce respeto a la oferta culinaria, quizá también porque no tuvimos la suerte de encontrar un lugar donde comer de forma económica. De ahí que cite el Mc Donals (calle Strada Nuova), el cual es una "alternativa" para salir de la pasta y la pizza.

Tiene que ver con: Alimentación
Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos
En Venecia, Italia


Publicado
Modificado el
Leído 315 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 ... 6 7 8 Capítulo 9 10 11 12 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario