Venecia-Eslovenia

Escribe: Sandrusky
Un viaje de 10 días en los que establecimos el "campamento base" en Venecia, donde disfrutamos de unos días fabulosos con un paraje espectacular. Sin embargo, no desperdiciamos la ocasión para descubrir uno de los países vecinos, Eslovenia, así como tampoco perdimos la oportunidad de acercanos a Trieste, San Marino y Tavullia.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
1 ... 6 7 8 9 Capítulo 11
 

Arrivederci Venezia

Venecia, Italia — miércoles, 6 de octubre de 2010

Publicado el 10/ 8/ 2011

Hoy es un día de despedidas. Decimos hasta pronto a Venecia, a sus puentes, a sus canales, a sus vaporettos y los miles de turistas que transitan sus escuetas calles. La llegada de días festivos para el próximo fin de semana ha aumentado, estos días y de forma notable, el número de viajeros. Por supuesto que no hemos estado solos, pero sí es cierto que durante nuestros primeros días en La Serenísima, la semana pasada, había menos visitantes que ahora. Incluso, si bien es cierto que durante aquellos días nos cruzamos con unos cuantos españoles, entre ayer y hoy nos hemos encontrado con el doble. Suponemos que es el efecto del próximo Puente del Pilar.

Pero con más o menos turistas, el caso es que hoy ha sido nuestro último día en Venecia. Un día para el que no teníamos muchos planes, más que disfrutar tranquilamente de la ciudad. El Mercado de Rialto y la Basílica de San Marcos eran los únicos que figuraban entre nuestro planning del día. Ni siquiera hemos madrugado en exceso, aunque a las 9 de la mañana bajé a desayunar. No obstante a Venecia no hemos llegado hasta las 12.10 p.m. Nos hemos vestido tranquilamente y, al bajar, hemos entrado en la papelería-estanco que hay en frente del hotel para comprar un par de tickets de transporte para 12 horas –básicamente porque sabíamos que cogeríamos más de un vaporetto- y, después de hacer esa compra, nos hemos ido a la parada del autobús a esperarlo.

Cuando hemos llegado a Piazza Roma hemos ido directos a coger el vaporetto nº2 para ir al Mercado de Rialto. El vaporetto iba hasta arriba de gente, y eso que, generalmente, el nº2 suele ir más vacío que el nº1, pero bueno, hemos supuesto, una vez más, que es cosa del próximo puente. El caso es que en quince minutos hemos llegado al Puente de Rialto, donde nos hemos bajado, hemos cruzado el Gran Canal atravesando el puente, hemos evitado la marea de puestos de souvenirs que afean el paisaje del corazón de la ciudad, y hemos salido al famoso Mercado de Rialto.

Un Mercado de frutas y verduras que está todos los días, excepto los domingos, de 8 de la mañana a 1 del mediodía. Cuando hemos llegado muchos puestos ya estaban recogidos y otros tantos estaban en ello. Pero aún así hemos podido pasear por un abanico de colores y olores provenientes de los diferentes productos que estaban expuestos para su venta. Un estallido de colores que no son más que un regalo para la vista, pese a que pueda parecer un mercado más. Junto a las casetas del mercado de frutas, protegido por unas lonetas y cubierto por un tejado, está el puesto del pescado; pescado fresco que cada mañana, desde el gran canal, se descarga para venderlo en esto mítico mercado de la ciudad.

La marea, además, estaba alta por lo que el agua rebasaba los bordillos y llegaba hasta las primeras mesas de una terraza situada junto a la antigua cárcel, donde el otro día estuvimos disfrutando de un gelatto. Hoy no hubiéramos podido hacerlo, porque una fina capa de agua cubría la zona de acceso. Una vez visto el mercado de Rialto, hemos decidido ir al pub Irlandés que descubrimos ayer en Cannaregio, para almorzar-comer algo; cuando estuvimos ayer al mediodía llegaron, de repente, un buen puñado de jóvenes a comer. La mayoría –por no decir todos- se pidieron unos sándwiches mixtos de jamón y queso acompañados por un pequeño recipiente que parecía tener mayonesa, por lo que dedujimos dos cosas: una, que los precios no deben de ser muy elevados; y, dos, que la comida no debe de ser mala. Así que, cogimos el vaporetto de la línea 1 en Mercado de Rialto (es la única línea que hace parada ahí) y bajamos en San Marcuola (aunque tiempo después nos dimos cuenta de que nos deberíamos haber bajado en Ca´Doro).

Lo primero que hicimos fui ir al Banco San Marcos para sacar dinero. No teníamos ni idea de cómo hacerlo en el cajero, porque no se entendía absolutamente nada. Generalmente la primera opción que sale, al introducir una tarjeta internacional, es la de elegir el idioma; pero aquí no, salían tres opciones en italiano de las que sólo se podía deducir una: anulle. Casualmente, delante nuestro había un matrimonio de Sevilla con el mismo problema, así que el hombre entró dentro de la sucursal y, a los pocos minutos, salió acompañado por un empleado del banco. Le ayudó al hombre a sacar el dinero; yo le dije que no íbamos juntos pero que tampoco entendíamos nada, por lo que no sabíamos cómo hacerlo. El caso es que me quedé mirando cómo hacía y, cuando terminó el sevillano, fui yo, otra vez y, esta vez sí, conseguí sacar dinero.

Posteriormente fuimos derechos al Iris Pub, aunque nos confundimos, fuimos en dirección Piazza Roma, cuando deberíamos haber ido en dirección contraria. Pero bueno, nos dimos cuenta del error antes de llegar a la plaza de la estación, asi que nos dimos media vuelta. Y fue entonces cuando caímos que la principal referencia para ir a este pub era el McDonals. Para entonces eran ya casi la una, y yo, que había desayunado a las 9 de la mañana, empezaba a tener hambre. Por lo tanto, en vez de ir a picotear-almorzar algo al Iris Pub, decidimos ir al McDonals. Chuan se ha pedido un Menú Big Mac con coca-cola y yo un menú nuevo que han puesto aquí en Italia, llamado “mozzarela” (hamburguesa con lechuga y una loncha de mozarella y, el pan, especiado con orégano). Mi menú, no se si por ser nuevo o qué, era más pequeño que los normales. Pero bueno, yo no he sido nunca de mucho comer así que, para mí, suficiente.

Cuando hemos terminado de comer teníamos claro dónde ir a tomar el café: al Iris Pub. Hemos estado en la terraza tomando dos capuchinos tranquilamente, acompañados por un par de cigarrillos. Como el pub tiene wifi, nos hemos conectado desde el móvil para mirar las principales noticias, el correo y un par de bobadas más que no tenían ninguna importancia. Y, poco después de las dos, hemos decidido poner rumbo a San Marcos, con la intención de ver la Basílica. Hemos mirado el plano de los vaporetto y es aquí cuando hemos descubierto que el que más cerca nos quedaba era el de Ca´Doro. Hemos ido hacia allí, y a los pocos minutos ha llegado el vaporetto de la línea 1. Hemos ido hacia San Marcos; este vaporetto hace muchas paradas –de ahí las recomendaciones, de quienes ya han estado, de coger el nº2, ya que hace menos paradas y, por lo tanto, tarda menos-.

Al cuarto de hora ya estábamos en San Marcos. Según hemos bajado del vaporetto un barco-grúa y dos operarios más estaban levantando uno de los palos que están clavados en el agua. Nos hemos quedado mirando para ver qué es lo que estaban haciendo exactamente. Básicamente, estaban cambiando uno por otro, quitando el más viejo y desgastado por el agua y poniendo uno nuevo. Visto esto, nos hemos puesto rumbo a la Basílica, con una parada en los baños públicos –por los que hay que pagar 1,50 por persona-.
La plaza de San Marcos estaba atiborrada de gente, mejor dicho, de turistas. Ni siquiera la semana pasada vimos tanta. Había una gran cola para acceder a la Basílica y, viendo la cantidad de gente que había, finalmente hemos decidido no entrar. Además, hacía calor. Y, teniendo en cuenta la cantidad de gente que había y que tomar algo por esa zona sería bastante caro, hemos decidido hacer lo que queríamos haber hecho el día que se nos puso a llover: coger un vaporetto que fuese entre la Giudecca y Dorsodouro, para ir viendo, aunque sea desde el barco, toda esa zona y bajarnos en cualquier parada de Dorsodouro. Nos íbamos a bajar en Sta. Marta, pero nos hemos bajado una antes, en la de Zattere (que significa muelle). Por esta zona aparecimos la semana pasada, el día que nos metimos por Dorsodouro y nos encontramos con los astilleros de góndolas.

Sin embargo no habíamos recorrido los zattere de Dorsodouro. Y hoy sí lo hemos hecho. Pero nos daba el sol de frente y, además, no soplaba nada de aire. Si desde San Marcos ya teníamos decidido que íbamos a tomar algo tranquilamente por Dorsodouro, ahora lo que queríamos era encontrar una terraza que estuviese a la sombra. Finalmente la hemos encontrado, junto a un pequeño canal. Una terraza cuyas mesas estaban vestidas con los típicos manteles italianos: de cuadros blancos y rojos. Nos hemos sentado y nos hemos pedido dos coca-colas por las que nos han cobrado nueve euros. Hemos estado un buen rato, probablemente cerca de una hora, en la que nos ha dado tiempo a hablar de civilizaciones antiguas ya desaparecidas que han dejado una gran huella, como la romana, la griega y la azteca, de cómo se construía antes y cómo se hace ahora y, también, del hombre y la luna.

Cuando hemos decidido que ya era hora de levantar el campamento de esa terraza, nos hemos levantado para irnos. Pero antes nos hemos metido en la tabacheria que había junto al bar, donde hemos cogido un paquete de tabaco. Hemos vuelto a los zattere para sacar un par de fotos y hemos decidido coger un vaporetto para ir hasta Piazza Roma –otra opción era ir andando–; pero la verdad, diez días seguidos sin parar hacen mella en toda persona; y no se si hubiésemos podido soportar un paseo desde donde estábamos hasta la parada del autobús y, en el caso de lo que hubiésemos hecho, hubiésemos acabado hechos polvo. El caso es que en el lugar que estábamos paraban un par de vaporettos, el de la línea 52, que iba directo hasta Piazza Roma sin ninguna parada en medio, o el nº2 que, aún llegando también a Piazza Roma, daba un poco más de vuelta al parar en La Giudecca.

El resultado ha sido un grato paseo de unos 20 minutos con el vaporetto nº2 que nos ha permitido ver Venecia desde otro punto de vista mientras el Sol comenzaba a bajar en el cielo para decir hasta mañana. De la isla de la Giudecca poco hemos visto, tan sólo lo que podíamos apreciar desde el vaporetto. Después, hemos bordeado todo el puerto y hemos visto unos buques impresionantes, entre ellos el Queen Victoria que, aunque no lo sabemos con seguridad, es uno de los más grandes del mundo –teniendo en cuenta que el gigante de todos ellos es el Queen Mary II-.

Estaba siendo nuestro último viaje en vaporetto en un día perfecto de otoño. Poco antes de llegar a Piazza Roma hemos visto a nuestra izquierda el puente de piedra que une la laguna con tierra firme; un puente que también hemos pasado por debajo, y por arriba todas las veces que hemos cogido el autobús. El vaporetto ha reducido la velocidad; en frente el puente de Calatrava. Ya estábamos llegando a nuestra parada; la última de todo este viaje por Venecia: Piazza Roma, lugar donde nacen y mueren todas las líneas de autobús que conectan la ciudad con tierra firme.

Hemos mirado el reloj, nos daba tiempo a coger el autobús de las 18.10 horas. Hemos ido a la dársena A1, donde para el autobús nº5. Había media docena de personas esperando. Nos hemos sumado a la cola y nos hemos dado cuenta de que no habíamos cogido una góndola pequeña para poner en nuestra casa. Pero justo enfrente de la parada, junto al KOKO bar en el que tantos días hemos comprado botellas de agua, vendían souvenirs. Nos hemos acercado, hemos echado un ojo rápido por las góndolas que tenían, y hemos cogido una pequeña. Nos ha costado 2.50€. Hemos vuelto a la cola. A los pocos minutos ha llegado el autobús. Nos hemos subido sabiendo que sería el último viaje que haríamos partiendo desde Piazza Roma.

Ha arrancado y veinte minutos después estábamos en Campalto. Durante el trayecto hemos venido hablando de las impresiones que nos ha causada la ciudad, siendo la gastronomía la más criticada y la que peor sabor nos deja. En Campalto, lo primero que hemos hecho ha sido venir a la habitación a dejar las cosas y pasar por el baño. Después, hemos vuelto a bajar; la verdad es que me apetecía un helado y, justo enfrente, hay una gelatteria. No obstante, antes de coger el helado, nos hemos acercado hasta la Trattoria Vitoria, un restaurante que vemos desde la habitación, para consultar la carta y, sobre todo, los precios.
Nos han parecido caros, y teniendo en cuenta los que nos pasó ayer al pedir un par de platos de la carta, hemos decidido que no iríamos y que, para cenar, recurriríamos a la EuroPizza.

Después sí, me he parado en la gelattereia; me he cogido una tarrina de una bola de nutella por un euro; estaba buenísimo. Y, andando, hemos ido hasta la parada del autobús para consultar el horario del nº5 en dirección al aeropuerto (sabemos a qué hora pasan por Campalto dirección Venecia; sabemos a qué hora salen de Venecia; pero no sabemos a qué hora salen de Campalto dirección al aeropuerto). Hemos mirado el horario, pasan a y 22 y a y 52. Horario mirado.

Lástima que la panadería y la frutería en la que hemos comprado estos días atrás estuvieran cerradas –desconocemos el motivo- porque tenía la intención de comprar unos bollitos de Kinder que no he visto en España. Qué pena. Finalmente hemos vuelto al hotel, hemos preguntado en recepción sobre el wifi, para poder conectarnos, ya que ayer nos informaron de que la primera hora es gratuita. Nos han dado un ticket en el que se nos indica la clave de acceso. Pero nos hemos tenido que conectar desde el móvil, no sabemos porqué pero desde el ordenador –desde el que estoy escribiendo- era imposible; no sabemos qué fallaba, si el Windows o el Explorer.

Y aquí estamos, en la habitación, apurando las últimas horas en este lugar. Las maletas están hechas –básicamente porque cada mañana, cuando nos hemos ido, las hemos dejado recogidas- aunque deberemos abrirlas para recolocar las cosas y ver de qué manera podemos llevar los regalitos que hemos comprado para que lleguen enteros –hay un par de cosas de cristal-.

Mañana ya es 7 de octubre. Una fecha que parecía muy lejana no sólo el día que comenzamos este viaje, sino cuando escribí por primera vez en este cuaderno de viaje. Sin embargo ya han pasado diez días; y han pasado volando. Nos parece que fue ayer cuando llegamos al aeropuerto Marco Polo y cogimos un taxi para que nos trajera al hotel; cuando el primer día en Venecia nos pusimos a callejear por Cannaregio y, sin quererlo, aparecimos en el Puente de Rialto. Y, pese a haber estado un par de veces más en el aeropuerto para recoger y devolver el coche alquilado, mañana volveremos para coger un avión rumbo a Madrid. Y, si podemos cambiar los billetes del autobús, en 24 horas estaremos a menos de dos horas de llegar a casa. A partir de ahora, sólo nos queda mirar una y otra vez todas las fotos que reflejan este gran viaje; recordaremos, con una sonrisa inevitable, el Pancorbo de Eslovenia, la herradura de Etxegarate en San Marino y el Kursaal de la ferroviá de Venecia; y las miraremos con la esperanza de poder volver algún día a Venecia.


Ciao Venezia! Arrivederci Venezia!

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Calificación general    

The Irish Pub

Actividades: Pub en Venecia, Italia

Este pub nos lo encontramos de casualidad, saliendo de Strada Nouva y próximo al Mc Donals que se encuentra en la misma calle (strada Nouva). El caso es que pasa bastante desapercibido, porque está como en una placita. Sin embargo, nosotros acudimos a él varias veces una vez lo descubrimos; la pena fue que nos lo encontramos en los últimos días. Tiene un café bastante bueno y a un precio bastante razonable. Nosotros pedimos un par de machiattos por los que, si mal no recuerdo, pagamos poco más de 3 euros por los dos (bastante "económico" teniendo en cuenta que en muchos locales de Venecia te cobran el café, como mínimo, a 2 euros); en otra ocasión nos pedimos un par de coca-colas y nos cobraron poco más de 4 euros. Reitero que volvimos a este pub en varias ocasiones. Además, una de las cosas que más nos llamó la atención es que por las mañanas, al mediodía más o menos, se llena de gente joven (adolescentes), los cuáles almuerzan en este pub: sandwiches y refrescos. Los sandwiches, aunque no llegamos a probarlos, tenían bastante buena pinta. Y, el hecho de ver a gente joven acudir a este pub como lugar de almuerzo nos invitó a pensar que probablemente sería por la buena relación calidad-precio (imaginamos que la gente joven era de un colegio cercano). Nos gustó mucho el Pub, su ubicación (en Cannaregio, uno de los sestieres más vivos y animados de la ciudad), su relación calidad-precio y, cómo, su trato así como su café.

Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas, Grupos


Publicado
Modificado
Leído 553 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

1 ... 6 7 8 9 Capítulo 11
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, ingresa con tu cuenta de Facebook, o

 

Capítulos de este diario