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El Origen Perdido

Escribe: JinetePalido
Los objetivos de estos dos meses de viaje son claros. Machu Pichu, único lugar en el mundo que realmente quiero sentir. Desierto de Atacama, paisajes lunares, grandes dunas, geisers, toda una aventura. Cataratas de Iguazú, grandeza en estado puro. Patagonia, segundo lugar en el mundo, alli me sentiré pequeño, y la naturaleza salvaje me superará. Comienza la aventura.

 

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Valparaiso. Merece visitarla a "fuego lento".

Valparaíso, Chile — lunes, 14 de septiembre de 2009

Lunes 14 Septiembre. Si Valparaiso fuese una receta de cocina, los ingredientes principales serían, 100 gr. de Chile, 50 gr. de Lisboa, 15 cl. de Guanajuato (México), y todo regado por un buen Oporto. Todo a fuego muy lento. Es mi receta personal. Realmente Valparaiso tiene un poco de cada una de esas maravillosas ciudades, pero en el fondó quizá no se parezca a ninguna. Es una "locura" de ciudad que te atrapa desde el primer momento, de una insuperable belleza, un tanto decadente, y que seguro que no deja indiferente a quien la visita. A mi me ha enamorado. Porque son de esos lugares para descubrir sin planos, sin referencias, simplemente basta por perderse en sus coloridos cerros. Igual que Alfama, igual que Oporto.

Y por fin el sol. Ha amanecido un decente día en Valpo. La verdad que no muy temprano me he puesto a caminar. Estaba un poco impaciente por conocer la ciudad. De perderme por sus adoquinadas calles, y con las fuerzas intactas para subir y bajar los interminables cerros que forman ésta. El centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por ello ha sido mi principal destino. Lo primero ha sido ascender al Cerro Concepción donde he enlazado con el Cerro Alegre. Para ello he tomado uno de los quince ascensores que aún funcionan. Solamente por la experiencia, ya que te puedes mover por los cerros sin mucha dificultad física. Lo que llama la atención de las construcciones de Valpo, de sus casas, son la cantidad de pequeños palacios, mansiones que configuran el paisaje, mezclados con casas de fachadas de chapa de colores, tejados imposibles, y sobre todo la gran cantidad de ventanas, de todos los estilos, todas con la mirada puesta al mar. Y así he estado toda la mañana, transitando por desolados callejones, deteniendome en los incontados miradores, los hay por todas partes, y admirando todas y cada una de las construcciones y murales que me encontraba al paso. Me ha sorprendido el gran número de iglesias de todo tipo de religión o creencias, que escondidas, sorprenden al viajero a su paso.

Luego he pasado un rato por el puerto, iba con la intención de montar en uno de esos barcos pesqueros, pero al final no me he animado. Aquí no operan pequeñas agencias, sino son los propios dueños de los barcos los que organizan todo. Así que el espectaculo no puede ser más singular. A puro grito. El escandalo es mayusculo, y creo que hasta molesto. Por eso me he ido rápido. 

La parte de Valpo, que rodea al puerto, la más llana, es la que más me ha recordado a Oporto. Sobre todo por su descuido, dejadez, y esa olor permanente, parte de ciudad vieja y abandonada, y parte a puerto. Me he encontrado un "barrio" repleto de gente, pocos turistas, y tambien de perros callejeros. Pero sus adoquinadas calles, algunas peatonales, sus trolebuses, sus ascensores, sus vacías marisquerías, hacen de esta zona algo especial.

Ya me quedaba el último cerro "importante" por escalar. El de Artilleria. Allí en lo alto las vistas a la bahia son las mas bonitas. Desde allí se podían ver la mayoría de los cerros, que como las favelas brasileiras, rodean a Valpo. Y aunque corta la visita, creo que ha sido bastante reconfortable. Y como no, uno no puede perderse las empanadas de marisco, y probar algo de marisco o pescado. Aquí el mar siempre está presente. 

De vuelta al hostel me he topado con una persona que caminaba tranquila por la calle. Me ha llamado la atención porque no tenía cabeza, sino una television de catorce pulgadas con dos agujeros en la pantalla. Y un mensaje "TELEVISION MASTURBADORA". 

Me queda mucho Valparaiso por descubrir. Me dejo La Sebastiana, sus balnearios, sus cafeterás porteñas con tanta historia, y más de treinta cerros por explorar. Pero mañana parto hacia Santiago, campo base de mis movimientos estos días. El miércoles tomaré un avión a la Isla del Fin del Mundo, y aun tengo mucho que organizar.

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