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Malta, católica y cara
Escribe: ropavieja
Es como si me persiguiera un halo de mala suerte, unos días antes de partir hacia Malta, situada a trescientos kilómetros de Libia y treinta de Sicilia, medio mundo ha declarado la guerra al coronel Gadafi. Los aviones de combate despegan de la isla siciliana cargados de misiles para desparramarlos en la cercana Libia. No me gustaría estar ahora en al piel de un libio...
Malta, católica y cara
Valletta, Malta — viernes, 16 de diciembre de 2011
Muy pocas veces me ha sucedido, con el avión ya aterrizado traspasar el aeropuerto y salir a la vía pública sin haber sido sometido algún control aduanero, ni siquiera un vistazo al pasaporte.
Un autobús urbano me lleva hasta el corazón de La Valletta la capital de Malta. Busco alojamiento en un albergue que durante cuatrocientos años fue un monasterio, se encuentra muy cerca del mar, en una calle de una fuerte pendiente con escaleras para poder recorrerla.
Ardo en deseos por conocer esta monumental ciudad. Una lengua de tierra que penetra en el mar Mediterráneo, urbanizada en cuadriculas y sin tráfico rodado. Una verdadera fortaleza compuesta por murallas, torreones, fosos de defensa. Su arquitectura es extraordinaria, nunca antes había visto tantos balcones colgantes y galerías cerradas. Iglesias, catedrales, palacios, algunos de ellos abandonados, escaleras formando calles y cuestas empinadas. Y el mar rodeando toda esta monumentalidad. Junto con las Tres Ciudades situadas justo enfrente se forma un puerto natural que alberga barcos de todo tipo de calado. Así estoy todo el día, saltando de sorpresa en sorpresa.
Salgo de cenar unos ravioles de un pequeño restaurante, apenas tiene tres mesas, todo resulta muy acogedor, en sus paredes cuelgan todo tipo de objetos que le dan cierta personalidad. Tan solo son las 8 de la noche, y ya han cerrado todos los comercios, casi no se ven personas por las calles, da la sensación de ser ya media noche. Decido retirarme a mi monasterio, en el dormiré en un gran silencio; ni una radio, ni un televisor…, nada; una vida monacal. Necesito descansar, la noche anterior la pasé viajando y sin pegar ojo.
Ya sé que debo una explicación referente al título de este relato, voy a ello: Es católica y mucho, sus innumerables iglesias, sus cultos y rituales diarios, sus imágenes presidiendo las calles, sus tradiciones ancladas en el pasado; el divorcio y el aborto siguen prohibidos. La iglesia católica se implantó con fuerza. En una localidad de 20.000 habitantes existían cuatrocientos recintos religiosos. Son muchas las señales que justifican este calificativo. Está claro que no voy a encontrar estatuas abrazadas y fornicadoras. Es cara. Su carestía de vida es muchas de las veces superior a la española. El albergue donde me encuentro tiene el mismo precio que un hotel de cierto nivel en España. Es cierto que los transportes públicos son más baratos.
Desde la estación de autobuses me subo al que me transportará hasta Mdina, la antigua capital de Malta, su historia se remonta hacia 4.000 años atrás. Por aquí han pasado los normandos, los sicilianos, los españoles… construyeron calles estrechas y sombrías; arquitectura medieval y barroca. Sus callejones en curva te hacen viajar muchos siglos hacía atrás. Salgo de esta ciudad fortaleza totalmente emocionado. La historia de Malta está llena de batallas, conspiraciones, invasiones; una tormentosa existencia debido principalmente a su situación geoestratégica. Traspaso la muralla y me dirijo a Rabat, este nombre de origen árabe significa suburbio, arrabal; es mayor que la primera, sobre los 15.000 habitantes, las dos están muy juntas. Lo más característico de Rabat son sus catacumbas, visito una parte de ellas, forman un enjambre de pasillos, kilómetros de pasadizos para enterrar a los muertos, de cuando en cuando te encuentras con salas más amplias donde se organizaban reuniones para conmemorar la muerte. Por aquí estuvieron los romanos y los árabes.
Mi siguiente punto de destino es Dingli Clffs, no puedo dejar de visitar los acantilados de hasta doscientos setenta metros de altura. El Mediterráneo se presenta ante mí calmado, inmenso. Apenas hace viento y puedo pasear por el borde del acantilado. A unos cinco kilómetros se encuentra el islote de Filfla, en él se encuentra una reserva natural de aves marinas. Visito el pequeño pueblo donde como en un bar lleno de parroquianos malteses.
Otro autobús me devolverá a La Valletta. He decidido dormir otra noche más en mi monasterio, su propietaria es una mística, meticulosa y de actitudes avaras, me mira como si me exigiera el cumplimiento diario de los cinco rezos diarios, costumbre monástica. El edificio es singular, sus intrincadas escaleras, los balcones, la decoración que se ha ido extendiendo a través de décadas. La sala donde desayuno parece la estancia de un castillo medieval.
Por la tarde recorro el Waterfront, en él abundan los restaurantes de alto nivel, cohabitan con las terminales portuarias y los barcos de recreo. En ninguna fachada, en ninguna puerta falta una imagen religiosa. Ceno un plato de pasta en un restaurante indio.
Todas las campanas de La Valletta y son muchas, tocan cada cuarto de hora. Me voy ya en busca de mi cama…, me parece escuchar algo parecido a la música celestial al pasar por delante de una iglesia, y decido entrar, allí me encuentro a toda una coral masculina cantando, me quedo una buen rato escuchándolos, así iré más preparado para dormir en el monasterio reconvertido donde me hospedo; lastima que la lírica solo sirva de alimento espiritual. Mi “amiga la abadesa”, ya no me espera, se ha retirado a descansar.
La separación iglesia-estado en Malta parece una utopía, la religión lo impregna todo. Varios jóvenes pandilleros malteses alborotan en la calle principal de La Valletta.
Me levanto sobre las 8 de la mañana. He dormido mucho y casi de un tirón. Mi objetivo para hoy es Gozo, la otra isla importante del archipiélago. El autobús 45 me lleva hasta Cirkewwa, en el otro extremo de la isla, desde esta pequeña localidad costera me embarcaré en el ferry que salva la distancia entre Malta y Gozo. En la travesía dejamos a la derecha la otra isla: Comino, una isla menor, solo viven habitualmente cuatro personas.
En Gozo habitan 30.000. Es mucho más verde, y la vida más lenta. Casas rurales de piedra e iglesias que parecen catedrales, cada pueblo dispone de dos o tres de estos edificios religiosos. El resto lo llenan plantaciones de limones, olivos, naranjos y flores silvestres. La isla está considerada como uno de los mejores lugares del mundo para practicar buceo. Su litoral es rico en cuevas y acantilados que antiguamente fueron refugios de piratas y corsarios. A sus habitantes jamás les gustaría tener que abandonar su isla.
El barco me deja en el puerto de Mgarr, desde allí me dirijo caminando durante dos kilómetros hasta el hosteling: un antiguo convento religioso reconvertido en albergue. La entrada es espectacular, muy mística, espiritual diría. Me atiende una mujer de unos cuarenta años, difícilmente me puedo entender con ella, su inglés es rápido y cerrado. La habitación está sometida a un proceso de rehabilitación, pero es amplia, tiene baño incorporado y una ventana con balcón al Mediterráneo, a los acantilados…, a los graznidos de las aves marinas que los habitan. Difícilmente se puede mejorar. Aquí pararé un par de días.
Después de comer me subo a un autobús que me lleva hasta Victoria, la capital de Gozo. Callejeo por la ciudad y enseguida trepo por esas calles que parecen toboganes hasta la Ciudadela, lo más emblemático de Victoria. Aquí vivían los nobles, los poderosos, durante la Edad Media; está situada en un altiplano por lo que sus vistas son todo un espectáculo. Casi se puede avistar todo el contorno de la isla. Después visito la catedral, es soberbia, ostentosa; hay algo común a todas que vengo visitando: sus pinturas, sus objetos hacen apología de la muerte, me parece todo bastante macabro.
A media tarde me vuelvo a mi convento, quiero escribir y lavar algunas prendas de mi ropa… Todo el edificio está decorado con imágenes religiosas e inscripciones bíblicas en paredes y pasillos, las revistas y las hojas parroquiales están por todos los lados. Visito el comedor, la cocina, la biblioteca, la sala de televisión, siempre apagada por cierto, como el monitor de Internet. En sus alrededores hay jardines, algunos campos de cultivo y árboles frutales, sus antiguos habitantes se dedicaban a la agricultura. Durante mi recorrido me encuentro una estufa polvorienta, me vendrá muy bien, mi habitación es algo fría cuando cae el sol. No me encuentro con nadie por el viejo edificio, pero sé que unos ojos me están escudriñando.
He pasado casi toda la noche escuchando los graznidos de las aves, justo ahí abajo debe haber una importante colonia de estos animales. Desde luego la isla se presta a ello. Es la única del Mediterráneo que no ha sido invadida por la industria turística. Hace algunos años hubo un intento por parte del gobierno maltes de construir un puente que uniera las dos islas; pero resultaba muy caro y los habitantes de Gozo se oponían a esta obra, sabían que por ese puente se iba a ir su identidad, su tranquilidad, y otras muchas cosas. Ahora todos se han olvidado del puente.
Hoy es domingo… “y al séptimo día descansó…”, esta circunstancia va a trastocar mi plan, el transporte publico es muy escaso y toda la isla funciona a cámara lenta. Tan apenas han dejado un par de autobuses y uno de ellos se ha estropeado, así que debo abandonar la idea de visitar “la ventana azul”, un inmenso arco de rocas sobre el mar, por lo que me encamino hacia Xlendi y Munxar, localidades situadas entre rocas y acantilados. Camino un buen rato por uno de ellos hasta la hora de comer, lo hago en un restaurante situado en una estrecha bahía con algunos barcos de recreo.
Los malteses después de cumplir con el ritual religioso dominical, salen a beber y comer. Casi todo está lleno. El clima es inmejorable. Parece que por aquí no ha llegado la crisis; también se muestran indiferentes a la cercana guerra de Libia. Malta no se implica demasiado en los problemas internacionales, es como si vivieran en otro globo terráqueo.
Una semana sin prensa, sin recibir noticias… y con las cosas que están sucediendo ahí afuera.
Antes de recluirme en el “convento”, realizo un recorrido circular por el escarpado litoral cercano al pueblo donde me hospedo. Se ven algunos bañistas, han construido escaleras para poder acceder hasta al agua desde las rocas, las playas arenosas no existen.
Después de dormir casi diez horas, desayuno en la cocina de mi singular convento, me espera un largo viaje hasta La Valletta, el ferry y un autobús que más bien parece que está haciendo una circunvalación a toda la isla de Malta. Me hospedo en un hotel cerca del puerto. Algo más tarde, desde la terraza de un bar observo la actividad portuaria, ha llegado un barco de la Marina Real Británica, parece que no quieren perderse detalle de la cercana guerra de Libia. También hay algunos barcos de pesca, llevan pintado en su proa un ojo fenicio para que les desee suerte.
La tarde la dedico a visitar las Tres Ciudades: Victoriosa, Senglea y Conspicua. Un autobús destartalado me lleva hasta ellas. Tras sus infranqueables murallas de piedra habitaron piratas, corsarios, nobles, los Caballeros de la Orden de Malta y los ingleses durante la colonia. Los distintos puertos están repletos de barcos, veleros y yates, algunos de ellos de bastante calado. Recorro calles en las que se ha respetado con mucho esmero su antiguo origen medieval. Todo me parece muy diferente. Los bombardeos de la segunda guerra mundial destruyeron gran parte y para siempre estas ciudades.
Mientras ceno una sopa vegetal, dos chicos jóvenes, al parecer gais, están haciendo manitas, creo que no tienen conciencia de donde se encuentran, podrían ser detenidos por atentar a la moral pública. Me siento durante un rato en la gran plaza de la catedral, justo enfrente de mí, otro joven de aspecto cadavérico, desgarbado, con los ojos hundidos, levanta lentamente sus párpados para mirarme de soslayo mientras exclama un gemido, lleva una capucha puesta y su piel es blanca como la leche. A lo lejos escucho un tambor tocando a muerto, los pasos, los redobles cada vez están más cerca de mí. Las tiendas ya han cerrado, casi no hay gente, el silencio tan apenas es roto por los cánticos que salen de una iglesia cercana.
Mientras intento dormir en mi habitación hotelera, voy escuchando las campanadas que vomitan las decenas de campanarios que me rodean, cada hora, cada cuarto de hora…
Hoy es 29 de marzo, mi cumpleaños, es mí último día en Malta.
En el otro frente de La Valletta se encuentran Sliema y St. Julian´s, en estas localidades agotaré mis horas en Malta, justo aquí se encuentra la zona más turística, hoteles, restaurantes, locales para todo tipo de ocio. Camino durante tres horas por su paseo marítimo. El sol va sacando la humedad de mi cuerpo.
Regreso a mi país y puedo comprobar que todo se ha podrido más y más. En España, la clase política preocupándose por la sucesión del presidente del gobierno en vez de resolver lo problemas económicos de los ciudadanos. El gobierno japonés sigue mintiendo al mundo sobre la gravedad del desastre nuclear, ya se sabe, en la cultura japonesa es de mala educación decir mala noticias… En la guerra de Libia, los rebeldes y sus aliados de la OTAN avanzan y retroceden…, el objetivo es Trípoli, allí los esperan dormitando en sus jaimas, milicianos y mercenarios de gesto duro, desaliñados y bebiendo boha, un brebaje de alta graduación alcohólica. Gadafi está perdiendo apoyos, pero casi nadie se atreve a decirle al león que su aliento apesta.
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Últimos comentarios
carmenparis dice:
me gustô leer tu relato de esta isla que aun no conozco ... un dia quizas !
un gran saludo y mi deseo de un buen año 2012 para ti ...
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ropavieja dice:
Gracias Carmen. Sonrisas.
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adelphos dice:
interesante relato de una isla lejana como desconocida para muchos te imaginas si esa isla estuviera al lado osea de vecina a ibiza jaja fin de mundo! mas de un maltes le agarra el gustico a lo mundano
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buvar dice:
Yo tampoco conozco Malta, y espero ir algún día por allí.
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ropavieja dice:
Maria, seguro que vas. Gracias
Adelphos así podría ser. Malta es tan...diferente al resto.
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Silvinita dice:
Como siempre: maravilloso tu relato y las fotos que lo acompañan! Saludos desde Buenos Aires.
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ropavieja dice:
Gracias Silvina. Salud.
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rochy08 dice:
Hola Juan, me encanto tu relato, yo he visto documentales de Malta por la
tv y es un sueno poder visitarla un dia. Saludos!!!!
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carola273 dice:
interesante relato y buenas fotos.... gracias por compartir saludos
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ropavieja dice:
Gracias Carola.
Gracias Rosi Seguro que la conoceras.
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marieldc69 dice:
Juan, qué lindo!! Muy bueno tu relato!! Gracias por recomendármelo!!
Seguramente algún día pasaré por Malta!!
Cariños!!
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jimeluna dice:
Me encantó tu relato. Estoy buscando información sobre Malta, somos de Argentina y planeamos viajar a malta pero no sabemos qué época es mejor climáticamente, porque hemos leído que es muy calurosa aún en septiembre. Podrías darnos datos del alojamiento? Muy prácticso tus comentarios. Sigue publicando.
Espero algún día escirbir sobre malta. cariños. Jime
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ropavieja dice:
Hola Jimena, si has leido el relato veras que los hoteles son caros. En La Valetta hay 2 o 3 albergues aceptables, no recuerdo la dirección, pero en cualquier guía están y en Gozo hay otro que fue un monasterio, un lugar encantador, pregunta allí mismo y te lo dicen, está un poco en las afueras. En julio y agosto hace calor, lo mejor es esta época, pero se lleva bien, el mar tan cercano lo hace soportable, Yo estuve en Noviembre. Salud.
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