Viaje a la guajira, colombia y valledupar, cesar

Escribe: oema
Crónica de un viaje realizado en semana santa al Departamento de la Guajira, su capital Riohacha, Manaure, Cabo de la Vela, Uribía, Maicao y Valledupar, capital del departamento del Cesar, Colombia.

 

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Semana santa en valledupar

Valledupar, Colombia — jueves, 9 de mayo de 2013

El día jueves, inicio de semana santa quisimos  apreciar las celebraciones que tienen lugar en semana santa en Valledupar. Fuimos  a observar la ofrenda floral que colocan a los nazarenos difuntos en la puerta  del cementerio central y a las 12 m la denominada penitencia de los hermanos  nazarenos que al rayo del sol, descalzos, con en su larga túnica hasta los pies  y con la cara cubierta, daban tres pasos y retrocedían dos. Con mi esposa  observamos estupefactos como la gente se agolpaba en las aceras buscando el  sol, con sombrillas que los protegieran, tomando “bolies” o comiendo helados  mientras los pocos nazarenos que se atrevían a estar al sol se estaban  achicharrando.

Porque el sol de Valledupar en verano, como aconteció  en esa semana santa es canicular, un haz de rayos laser que te deja enceguecido  y te hace picar la piel. Mientras estás en la sombra sientes fresco, pero  cuando te coge el sol es como si te cogiera la llamarada de un incendio. Y allí  estaban los nazarenos haciendo esa marcha que de verdad hace honor a su nombre:  penitencia, porque debe tener uno muchos pecados o haber pedido muchos milagros  para atreverse a desfilar descalzo y completamente cubiertos, bajo un sol tan
sofocante y tenaz.

Nos retiramos a almorzar, descansamos un poco y  a las 3 pm cuando el sol había amainado un poco fuimos a la Feria del dulce en la Plaza Alfonso López, un  evento tradicional en Valledupar, que como ciudad costeña tiene entre sus  viandas más preciadas de semana santa a los dulces.

Allí nos  dimos un banquete de paladar con los dulces caseros más exquisitos que he  comido: de limón, de guayaba, piña, anón, ete, etc, y los más exóticos, que  nunca creí que existían: de plátano, yuca, papa y todo lo que te puedas imaginar.  Todos sabrosos, unos más que otros, pero en fin una amplia variedad para todos  los gustos, muy bien preparados y nada costosos.

Allí me  encontré con un amigo, antiguo compañero de universidad y su esposa, (Este fue
el viaje de los encuentros) y con ellos fuimos a varios denominados monumentos,  en iglesias que estaban atestadas en las que era tan difícil entrar como salir.  Nos invitaron pasear por la ciudad en su automóvil, nos llevaron a conocer los monumentos  más relevantes: el obelisco, el cacique de Upar, la escultura a Hernando de  Santana, el Homenaje al Folclor Vallenato, mi  pedazo de acordeón, la pilonera mayor,  la chicha maya, los gallos de pelea, el monumento denominado la revolución en  marcha, la María mulata a la que los vallenatos la llaman la cocinera por el  nombre de un pájaro que es igual a la escultura, los poporos frenteal coliseo cubierto, una magnifica  construcción con techo verde,  el parque  de la leyenda vallenata, los barrios, las avenidas, en fin un extenso recorrido  por Valledupar con unos magníficos guías y anfitriones. A las 8 pm nos  invitaron a comer pizza en un sitio elegante y muy acogedor donde nos tomamos  unas cervezas y hablamos de viejos tiempos y a las 9 pm nos llevaron al hotel,  no sin antes recomendarnos que fuéramos el viernes, al rio Guatapurí.




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