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Valle de Benasque
Escribe: Tucson71
Benasque, Cerler, Castejon de Sos, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Capítulo 1
Valle de Benasque
Valle de Benasque, España — miércoles, 13 de octubre de 2010
Era la segunda ocasión en la que partía, junto a los míos, hacia un destino un tanto lejano de mi querida Valencia natal.
Partimos a las 09:00h con el asfalto bañado por lo que parecía ser el comienzo climatológico de “Gota Fría”, que los valencianos solemos vivir entre el final de la época estival y el mes de octubre. La llegada fue a las 15:30h, tranquilamente, y ya con muy buena carretera por detrás.
Los Pirineos de Aragón, y una simple, pero encantadora villa a la salida del Congosto del Ventamillo, cuyo nombre ya presagia algo para quien no esté experimentado en la conducción de vehículos. Y lo digo pues la carretera es buena en su asfaltado, pero no por su estrechez, ya que cada revuelta se convierte en una constante lotería para que te sobreimpresione algún autobús o tráiler provocándote un gran nudo en el estomago… pero tranquilos que este “paso del estrecho” es de diez o quince minutos… El Run dará paso al encanto que Castejón de Sos, y al Valle de Benasque donde pertenece.
Los colores del otoño de esas masas boscosas son un deleite para la vista. El aroma a madera y tierra húmeda empapan las neuronas que nunca más olvidaran el perfume característico que este enclave desprende. Además de la fragancia de algunas explotaciones ganaderas, pequeñas, pero que también se mezcla y hace que este “Todo” engañe a la pituitaria y asuma ese olor como parte del contacto con “la naturaleza”.
Castejón de Sos, no tiene mucho de especial. Pero lo tiene todo para aquellos que buscamos tranquilidad y huimos de las urbes, pero sin llegar a desconectar. Pequeñas calles confluyen en la Avenida del Ral, única arteria que se pierde poco después en su pequeño ascenso hacia una colina. El Hotel Plaza Pirineos, retirado casi de la vista desde El Ral, es un encanto. Las casitas que están fuera del edificio principal, pese a su precio, hay que disfrutarlas, muy bien aprovechadas y amplias, y son sin duda un lugar para grupo familiar o de pareja.
El Valle de Benasque,.. Bueno. Hay que verlo en otoño. Multitonalidad de cobrizos, marrones y amarillos tupen parte de sus escarpadas montañas por las que en sus cimas transitan infinidad de riachuelos, algunos provenientes de sus numerosos Ibones (lagos), que al unirse a otros forman serpenteantes cascadas que horadaran la piedra por las que discurren en su caída atraídas por la gravedad.
La zona del Balneario de Benasque es lugar desde el que suelen partir los senderistas que se atreven con una ruta de unas 3 horas… Es de gran impacto visual observar como un gran edificio, como el Balneario, queda ridiculizado por lo inacabable para la vista de las montañas que en su espalda y frente se ubican.
Imprescindible acudir hacia los Baños de Benasque, o del Hospital, por la misma carretera desde Benasque al Aneto. Repito lo de Imprescindible, desde donde poco más adelante, si las barreras lo permiten pues es zona de alto valor paisajístico y animal, podremos ascender hacia el Aneto pasando antes por un gran boquete labrado por el discurrir del agua, al que llaman Aiguallut, agua que previamente cae por una bonita cascada para perderse de vista en este gran agujero y, que dicen, desemboca en el mar Cantábrico si mal no recuerdo. Doscientos metros más adelante hay una gran llanura ante los pies de la cima del Aneto(Pla de Aigualluts), regada por las aguas del glacial donde podremos reponer fuerzas ante la hora que nos espera de nuevo hacia el punto de partida, evidentemente andando.
Partimos a las 09:00h con el asfalto bañado por lo que parecía ser el comienzo climatológico de “Gota Fría”, que los valencianos solemos vivir entre el final de la época estival y el mes de octubre. La llegada fue a las 15:30h, tranquilamente, y ya con muy buena carretera por detrás.
Los Pirineos de Aragón, y una simple, pero encantadora villa a la salida del Congosto del Ventamillo, cuyo nombre ya presagia algo para quien no esté experimentado en la conducción de vehículos. Y lo digo pues la carretera es buena en su asfaltado, pero no por su estrechez, ya que cada revuelta se convierte en una constante lotería para que te sobreimpresione algún autobús o tráiler provocándote un gran nudo en el estomago… pero tranquilos que este “paso del estrecho” es de diez o quince minutos… El Run dará paso al encanto que Castejón de Sos, y al Valle de Benasque donde pertenece.
Los colores del otoño de esas masas boscosas son un deleite para la vista. El aroma a madera y tierra húmeda empapan las neuronas que nunca más olvidaran el perfume característico que este enclave desprende. Además de la fragancia de algunas explotaciones ganaderas, pequeñas, pero que también se mezcla y hace que este “Todo” engañe a la pituitaria y asuma ese olor como parte del contacto con “la naturaleza”.
Castejón de Sos, no tiene mucho de especial. Pero lo tiene todo para aquellos que buscamos tranquilidad y huimos de las urbes, pero sin llegar a desconectar. Pequeñas calles confluyen en la Avenida del Ral, única arteria que se pierde poco después en su pequeño ascenso hacia una colina. El Hotel Plaza Pirineos, retirado casi de la vista desde El Ral, es un encanto. Las casitas que están fuera del edificio principal, pese a su precio, hay que disfrutarlas, muy bien aprovechadas y amplias, y son sin duda un lugar para grupo familiar o de pareja.
El Valle de Benasque,.. Bueno. Hay que verlo en otoño. Multitonalidad de cobrizos, marrones y amarillos tupen parte de sus escarpadas montañas por las que en sus cimas transitan infinidad de riachuelos, algunos provenientes de sus numerosos Ibones (lagos), que al unirse a otros forman serpenteantes cascadas que horadaran la piedra por las que discurren en su caída atraídas por la gravedad.
La zona del Balneario de Benasque es lugar desde el que suelen partir los senderistas que se atreven con una ruta de unas 3 horas… Es de gran impacto visual observar como un gran edificio, como el Balneario, queda ridiculizado por lo inacabable para la vista de las montañas que en su espalda y frente se ubican.
Imprescindible acudir hacia los Baños de Benasque, o del Hospital, por la misma carretera desde Benasque al Aneto. Repito lo de Imprescindible, desde donde poco más adelante, si las barreras lo permiten pues es zona de alto valor paisajístico y animal, podremos ascender hacia el Aneto pasando antes por un gran boquete labrado por el discurrir del agua, al que llaman Aiguallut, agua que previamente cae por una bonita cascada para perderse de vista en este gran agujero y, que dicen, desemboca en el mar Cantábrico si mal no recuerdo. Doscientos metros más adelante hay una gran llanura ante los pies de la cima del Aneto(Pla de Aigualluts), regada por las aguas del glacial donde podremos reponer fuerzas ante la hora que nos espera de nuevo hacia el punto de partida, evidentemente andando.
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Valle de Benasque, España | 13 de octubre de 2010
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