El contraste no podía ser más contundente: mientras veinticuatro horas antes teníamos compromisos laborales, en ese instante nos tomábamos una Pilsen fría y degustábamos unos sanguches de pescado y pollo. A unas cuadras de la playa y también del lugar donde nos alojaríamos en formato carpa, Valizas nos permitía disfrutar relajadamente entre un sol radiante y la suave brisa marítima.
El viaje se desarrolló con normalidad: Buquebus de madrugada hasta Colonia con larga charla de osos en un momento de cierta complejidad, bus hasta Montevideo finalizando la noche y abriendo paso a una mañana cálida y un nuevo bondi - rápidamente conseguido - hasta la localidad que nos alojaría en los días venideros.
Después de almorzar, mientras la gente regresaba de la tanda mañanera de playa, fuimos en busca de alojamiento. Terminamos consiguiendo un muy buen lugar a unas tres cuadras de donde estábamos, luego de un rechazo de ambos a la primera opción que tuvimos. Era un terreno con techo estilo media sombra y varios habitáculos para ubicar las carpas. Particularidad: todo sobre arena menos el caminito por el que se transitaba hacia la cocina y el baño, y en reversa, hacia la entrada/salida. Difícil de describir, pero cómodo y sin tanto calor a la mañana ni tanto frío a la noche.
Armamos la carpa con mínimos inconvenientes y nos tiramos un rato en el colchón inflable. Tan rato fue que se puede considerar, sin ningún lugar a dudas, una siesta. Luego de la misma llegaría el turno, finalmente, de la playa. Chapuzón, matecitos con churros, abrazos, lecturas y una caminata hacia la zona de médanos – el recorrido que unos días después nos llevaría hacia Cabo Polonio – donde contemplamos el maravilloso atardecer que Valizas nos brindaba.
Regresamos hacia el camping, nos duchamos y salimos nuevamente. Paseo visual por algunas tiendas alrededor de la plaza central y nos metimos en una perpendicular para cenar una riquísima pizza, aunque medio escasa. Pilsen, charla e inmensidad oceánica a posteriori porque tras pagar la cuenta nos fuimos hacia la playa a apreciar el sonido del mar en el marco de una impactante oscuridad. Valizas, en esa primera jornada, tenía un ritmo muy pero muy tranquilo. Sin ser multitudes, sábado y domingo cambiaría el panorama con la llegada de más turistas.