Diarios de viaje > América del Sur
Entre Caldera, Chañaral, Calama, Uyuni, San Pedro de Atacama
Escribe: 19diablito72
Viaje de casi tres semanas por la costa de la región de Atacama, el inmenso salar de Uyuni (Bolivia) y San Pedro de Atacama.
En Uyuni, cumpliendo un sueño de chico
Uyuni, Bolivia — jueves, 19 de enero de 2012
En Uyuni.
Había ponderación y también tranquilidad de tener tiempo para buscar un hotel, que el poco andar logré ubicar uno en calle Bolívar que se llama “La Cabaña”. Vale 35 bolivianos la pieza sola, pero tiene restricciones de horarios, de consumo de tabaco y de alcohol. Tiene el lugar una ducha magnífica caliente que dura 5 minutos. Después de acomodarme recorrí el pueblo y me animé a comer para aliviar el hambre que me acosaba. Al pagar la noche el joven cuidador me ofreció un tour al salar por el día que salía 140 bolivianos ($14.000 pesos) , propuesta que acepté tomando en cuenta que es más seguro y rendidor tomar una pequeña camioneta o combi para recorrer esta magnífico lugar.
El Viaje al Mar de Sal.
Dormí muy bien, alejado del terrible frío que sentí en Calama y tuve tiempo de comprar y dar vueltas en la ciudad, que a propósito estaba engalanada para celebrar 120 años de existencia. La demora de la señora encargada no fue tanto, después nos presentó un chofer que nos llevaría en un 4x4 hacia el salado destino de Uyuni. La tripulación estaba compuesta por el guía boliviano, yo como copiloto, una pareja de norteamericanos, una pareja de paceños y una pareja de dos canadienses de Quebec. Partimos algo atrasados pero la conversación entre los miembros del grupo fluyó de manera amistosa y espontánea, quizás para hacer mejor llevadero el viaje. Al final se sumaron 2 canadienses y partimos hacia el salar. Primero llegamos a una zona donde se extrae sal en montoncitos, donde nos sacamos fotos y probé el agua ultra salada decantada bajo la capa de sal que varía de 40 a 140 metros de espesor.
Después llegamos a Colchani, pueblito donde se fabrica sal , pero donde –creo yo- se vive más del turismo que de la extracción. De hecho cuando estuve allí deben haber estado en el momento unos diez 4x4 con visitantes. Tras una charla de un productor de sal que nos resumió cómo se produce la sal, iniciamos el viaje al interior del salar de Uyuni . Es de maravillarse el paisaje blanco en el cual nos adentramos decenas de kilómetros. Paramos en un hotel que hoy es un museo -que debió cerrarse porque “contaminaba el ambiente”- con un pedestal donde encontré banderas de varios países pero no de Chile. Qué puedo decir: Es un lugar increíble, paredes de sal, mesas y sillas de sal, estatuas que decoran el recinto. Un espectáculo hermoso.
Dicen que hay un hotel moderno que aún es más impresionante, pero esa visita forma parte de un tour más largo y costoso. Después de otras fotos de rigor retomamos el camino y la conversación. El amigo guía boliviano, más en confianza, preguntó la edad, ocupación de los gringos, y me contó que en ese inmenso lugar increíblemente chocaron 2 camionetas dejando varios muertos. Algo inexplicable. Yendo a un aspecto más agradable, Uyuni no es un pueblo colonial, sino que tuvo su origen en la explotación minera en 1889, dedicándose posteriormente a la explotación de sal y al turismo.
Se dice que este salar antes fue cubierto por el océano , lo que lo comprueba el hallazgo de restos de coral en varias islas del conjunto. La forma quebradiza del suelo del salar que forma espacios circulares irregulares se debe a que en algún momento el cambio de temperaturas generan las estrías que podrán apreciar en fotografías. El chofer, fuera de hablar bien de Chile y su modelo económico, me contó que cuando llueve el agua se queda retenida encima del suelo, produciéndose un espectacular efecto visual que el cielo se ve reflejado. Esa suerte de verlo lo tiene unos pocos, sobre todo aquellos con mucho dinero pueden sobrevolar el salar o ayudados por una camioneta. El camino de repente por su larga extensión nos hizo callar contemplando el camino, cuando en medio de los lejanos montes surge a lo lejos la Isla Incahuasi o “isla del Pescado” llamado así por su forma que se aprecia a lo lejos. Indudablemente está lejos de Uyuni nuestro destino, que, sin embargo, nos sorprenderá por ese pequeño pedazo de tierra con vida, y en medio de una mar de sal endurecido donde no existe vida alguna, que de alguna manera puede atribuirse la salud y longevidad de sus habitantes.
Isla Incahuasi o “isla del Pescado”
Al tener nitidez de lo que hay en la isla al irse acercando sobresalen cientos de cactus, algunos de ellos de hasta 9 metros de altura, lo que equivale a una edad aproximada a los 900 años. Es espectacular la ausencia de insectos en la zona y sólo se ven ocasionalmente pajarillos. Al rodear el sector poniente de la isla Incahuasi, divisé alrededor de 30 camionetas 4 x4 , cuyos pasajeros son casi íntegramente turistas europeos , norteamericanos y asiáticos. Bueno para poder subir la isla se deben pagar 15 bolivianos y debo decir que subir es algo cansador , tomando en cuenta la altura sobre el nivel del mar en que nos encontramos.
Al llegar a la cumbre la vista resulta espectacular hacia todos lados. El lugar es ideal para sacar fotografías , especialmente cuando está anocheciendo. Christine, una estadounidense de Chicago, me ofreció regalarme sus fotografías del tour, se portó muy bien conmigo y pudimos intercambiar palabras en inglés, práctica que me hizo bastante bien. Suerte para ella y su pareja Tommy. Es difícil describir con palabras el hermoso paraje que se divisa desde lo alto de la isla. Estimula a mantener la mente en blanco y una extraña sensación de euforia.
La comida: tomates, pepinos y pollo sirvió para marcar cierto compañerismo momentáneo y la formación de dos grupos de conversación en inglés y el otro en español. De hecho conversé con Roberto, un paceño profesor de literatura con el cual hablamos de poetas y literatos bolivianos y chilenos y por cierto de la demanda marítima que se ve irrenunciable para Bolivia.
Tras fumar un cigarrillo y bajar la comida, nos dispusimos para el recorrido de regreso parando en un sector donde se pueden hacer hoyos y comprobar la presencia de agua abajo. Aproveché la ocasión para alejarme del grupo fumar un pito y ver el paisaje que resulta aún más espectacular. De hecho me acosté e hice todas las poses posibles para obtener las mejores fotos con mi precario celular. Debo admitir que sentí alegría que hasta salté como cabro chico. Después el grupo se sacó fotos “oficiales” para después apreciar un lugar donde el agua hacía presión al exterior, conformando una especie de geiser con burbujas. Un fascinante efecto.
Regresamos al caer el sol y la sensación fue de euforia por conocer este maravilloso lugar. La despedida fue tranquila, sin grandes escenas con simples apretones de manos y besos en las mejillas, en algunos casos con la promesa de escribirse mails (lo que en mi caso no progresó). Sin dudas estos tours son el mejor mecanismo para socializar ¿Qué duda cabe no? A veces no me explico que cuando tomo decisiones las cumplo demasiado en regla. Es que lo que me pasó, que cuando pregunté, por pasajes a Calama al llegar a Uyuni tenían viaje sólo al día subsiguiente y me programé para ello mentalmente. Sin embargo, el momento de comprar tenían para el día siguiente y mantuve mi posición de quedarme un día más en Uyuni., lo que me sirvió para comprara un chaleco al Salva y una billetera nueva.
Lo difícil en medio de las celebraciones del 120 aniversario de la ciudad (que fue un carnaval parte lleno de colorido, música andina y con un desfile cívico militar) fue esperar la hora de levantarse para tomar el bus, pues debí incorporarme a las 4:10 AM para llegar a las 04:45 al paradero y esperar el bus que llegó bien a la hora. El problema, sin embargo, resultó la acomodación de bultos, pues unas señoras bolivianas – al parecer comerciantes- llevaban hasta 10 bultos! Tuve que moverme sólo para cargar mi mochila y me instalé en el asiento 21 de la ventana.
Cómo prácticamente no dormí la madrugada, el bus fue extrañamente un lugar propicio para ello y sólo desperté cuando íbamos llegando de regreso a Avaroa, el puesto fronterizo boliviano. No obstante, lo más atadoso y demorador fue sin duda el puesto chileno, pues todos los pasajeros debieron abrir sus bolsos, incluyendo a los bolivianos y sus enormes bultos. Entremedio una lugareña se enojó porque no tenía número de asiento y se quejó porque le pedí especio. Hace rato que no veía a alguien tan histérica en un viaje ¿ Y qué culpa tengo yo?
Había ponderación y también tranquilidad de tener tiempo para buscar un hotel, que el poco andar logré ubicar uno en calle Bolívar que se llama “La Cabaña”. Vale 35 bolivianos la pieza sola, pero tiene restricciones de horarios, de consumo de tabaco y de alcohol. Tiene el lugar una ducha magnífica caliente que dura 5 minutos. Después de acomodarme recorrí el pueblo y me animé a comer para aliviar el hambre que me acosaba. Al pagar la noche el joven cuidador me ofreció un tour al salar por el día que salía 140 bolivianos ($14.000 pesos) , propuesta que acepté tomando en cuenta que es más seguro y rendidor tomar una pequeña camioneta o combi para recorrer esta magnífico lugar.
El Viaje al Mar de Sal.
Dormí muy bien, alejado del terrible frío que sentí en Calama y tuve tiempo de comprar y dar vueltas en la ciudad, que a propósito estaba engalanada para celebrar 120 años de existencia. La demora de la señora encargada no fue tanto, después nos presentó un chofer que nos llevaría en un 4x4 hacia el salado destino de Uyuni. La tripulación estaba compuesta por el guía boliviano, yo como copiloto, una pareja de norteamericanos, una pareja de paceños y una pareja de dos canadienses de Quebec. Partimos algo atrasados pero la conversación entre los miembros del grupo fluyó de manera amistosa y espontánea, quizás para hacer mejor llevadero el viaje. Al final se sumaron 2 canadienses y partimos hacia el salar. Primero llegamos a una zona donde se extrae sal en montoncitos, donde nos sacamos fotos y probé el agua ultra salada decantada bajo la capa de sal que varía de 40 a 140 metros de espesor.
Después llegamos a Colchani, pueblito donde se fabrica sal , pero donde –creo yo- se vive más del turismo que de la extracción. De hecho cuando estuve allí deben haber estado en el momento unos diez 4x4 con visitantes. Tras una charla de un productor de sal que nos resumió cómo se produce la sal, iniciamos el viaje al interior del salar de Uyuni . Es de maravillarse el paisaje blanco en el cual nos adentramos decenas de kilómetros. Paramos en un hotel que hoy es un museo -que debió cerrarse porque “contaminaba el ambiente”- con un pedestal donde encontré banderas de varios países pero no de Chile. Qué puedo decir: Es un lugar increíble, paredes de sal, mesas y sillas de sal, estatuas que decoran el recinto. Un espectáculo hermoso.
Dicen que hay un hotel moderno que aún es más impresionante, pero esa visita forma parte de un tour más largo y costoso. Después de otras fotos de rigor retomamos el camino y la conversación. El amigo guía boliviano, más en confianza, preguntó la edad, ocupación de los gringos, y me contó que en ese inmenso lugar increíblemente chocaron 2 camionetas dejando varios muertos. Algo inexplicable. Yendo a un aspecto más agradable, Uyuni no es un pueblo colonial, sino que tuvo su origen en la explotación minera en 1889, dedicándose posteriormente a la explotación de sal y al turismo.
Se dice que este salar antes fue cubierto por el océano , lo que lo comprueba el hallazgo de restos de coral en varias islas del conjunto. La forma quebradiza del suelo del salar que forma espacios circulares irregulares se debe a que en algún momento el cambio de temperaturas generan las estrías que podrán apreciar en fotografías. El chofer, fuera de hablar bien de Chile y su modelo económico, me contó que cuando llueve el agua se queda retenida encima del suelo, produciéndose un espectacular efecto visual que el cielo se ve reflejado. Esa suerte de verlo lo tiene unos pocos, sobre todo aquellos con mucho dinero pueden sobrevolar el salar o ayudados por una camioneta. El camino de repente por su larga extensión nos hizo callar contemplando el camino, cuando en medio de los lejanos montes surge a lo lejos la Isla Incahuasi o “isla del Pescado” llamado así por su forma que se aprecia a lo lejos. Indudablemente está lejos de Uyuni nuestro destino, que, sin embargo, nos sorprenderá por ese pequeño pedazo de tierra con vida, y en medio de una mar de sal endurecido donde no existe vida alguna, que de alguna manera puede atribuirse la salud y longevidad de sus habitantes.
Isla Incahuasi o “isla del Pescado”
Al tener nitidez de lo que hay en la isla al irse acercando sobresalen cientos de cactus, algunos de ellos de hasta 9 metros de altura, lo que equivale a una edad aproximada a los 900 años. Es espectacular la ausencia de insectos en la zona y sólo se ven ocasionalmente pajarillos. Al rodear el sector poniente de la isla Incahuasi, divisé alrededor de 30 camionetas 4 x4 , cuyos pasajeros son casi íntegramente turistas europeos , norteamericanos y asiáticos. Bueno para poder subir la isla se deben pagar 15 bolivianos y debo decir que subir es algo cansador , tomando en cuenta la altura sobre el nivel del mar en que nos encontramos.
Al llegar a la cumbre la vista resulta espectacular hacia todos lados. El lugar es ideal para sacar fotografías , especialmente cuando está anocheciendo. Christine, una estadounidense de Chicago, me ofreció regalarme sus fotografías del tour, se portó muy bien conmigo y pudimos intercambiar palabras en inglés, práctica que me hizo bastante bien. Suerte para ella y su pareja Tommy. Es difícil describir con palabras el hermoso paraje que se divisa desde lo alto de la isla. Estimula a mantener la mente en blanco y una extraña sensación de euforia.
La comida: tomates, pepinos y pollo sirvió para marcar cierto compañerismo momentáneo y la formación de dos grupos de conversación en inglés y el otro en español. De hecho conversé con Roberto, un paceño profesor de literatura con el cual hablamos de poetas y literatos bolivianos y chilenos y por cierto de la demanda marítima que se ve irrenunciable para Bolivia.
Tras fumar un cigarrillo y bajar la comida, nos dispusimos para el recorrido de regreso parando en un sector donde se pueden hacer hoyos y comprobar la presencia de agua abajo. Aproveché la ocasión para alejarme del grupo fumar un pito y ver el paisaje que resulta aún más espectacular. De hecho me acosté e hice todas las poses posibles para obtener las mejores fotos con mi precario celular. Debo admitir que sentí alegría que hasta salté como cabro chico. Después el grupo se sacó fotos “oficiales” para después apreciar un lugar donde el agua hacía presión al exterior, conformando una especie de geiser con burbujas. Un fascinante efecto.
Regresamos al caer el sol y la sensación fue de euforia por conocer este maravilloso lugar. La despedida fue tranquila, sin grandes escenas con simples apretones de manos y besos en las mejillas, en algunos casos con la promesa de escribirse mails (lo que en mi caso no progresó). Sin dudas estos tours son el mejor mecanismo para socializar ¿Qué duda cabe no? A veces no me explico que cuando tomo decisiones las cumplo demasiado en regla. Es que lo que me pasó, que cuando pregunté, por pasajes a Calama al llegar a Uyuni tenían viaje sólo al día subsiguiente y me programé para ello mentalmente. Sin embargo, el momento de comprar tenían para el día siguiente y mantuve mi posición de quedarme un día más en Uyuni., lo que me sirvió para comprara un chaleco al Salva y una billetera nueva.
Lo difícil en medio de las celebraciones del 120 aniversario de la ciudad (que fue un carnaval parte lleno de colorido, música andina y con un desfile cívico militar) fue esperar la hora de levantarse para tomar el bus, pues debí incorporarme a las 4:10 AM para llegar a las 04:45 al paradero y esperar el bus que llegó bien a la hora. El problema, sin embargo, resultó la acomodación de bultos, pues unas señoras bolivianas – al parecer comerciantes- llevaban hasta 10 bultos! Tuve que moverme sólo para cargar mi mochila y me instalé en el asiento 21 de la ventana.
Cómo prácticamente no dormí la madrugada, el bus fue extrañamente un lugar propicio para ello y sólo desperté cuando íbamos llegando de regreso a Avaroa, el puesto fronterizo boliviano. No obstante, lo más atadoso y demorador fue sin duda el puesto chileno, pues todos los pasajeros debieron abrir sus bolsos, incluyendo a los bolivianos y sus enormes bultos. Entremedio una lugareña se enojó porque no tenía número de asiento y se quejó porque le pedí especio. Hace rato que no veía a alguien tan histérica en un viaje ¿ Y qué culpa tengo yo?
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