De Buenos Aires a Ushuaia en auto, pasando por El Calafate

Escribe: silsac
Salimos de Buenos Aires(Ranelagh), mi marido y yo, el 12 de Octubre de 2006. En Olavaria, pasamos a buscar a nuestros amigos, Mario y María, y al día siguiente en el coche de ellos, una rural...

 

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Capítulo 1

De Buenos Aires a Ushuaia en auto, pasando por El Calafate

Ushuaia, Argentina — lunes, 6 de noviembre de 2006

Salimos de Buenos Aires(Ranelagh), mi marido y yo, el 12 de Octubre de 2006. En Olavaria, pasamos a buscar a nuestros amigos, Mario y María, y al día siguiente en el coche de ellos, una rural Peugeot 505, con tres filas de asientos, con algunos años pero "hecha a nuevo", y muy cómoda, partimos hacia el sur, hacia la Patagonia, teniendo como meta Tierra del Fuego, Ushuaia. Almorzamos en Viedma (Pcia de Rio Negro)y después de casi 1100 km., llegamos a Trelew , una muy linda y moderna ciudad de la provincia de Chubut). A la mañana siguiente continuamos camino por la interminable estepa patagónica. Solo matorrales y alguna manada de guanacos, preciosos animalitos con sus colores blanco y marron claro y como en todo el resto del viaje las mara o liebre patagónica. Así llegamos al mediodía a Comodoro Rivadavia. Allí ya el paisaje es diferente. Montañas y mar. Las "cigüeñas", así le llaman a las bombas extractoras de petróleo, incansables, parecen levantar su "pico" horadando el duro suelo buscando beber ese espeso y valioso líquido negro: el petróleo. Hay muchas de ellas y forman parte del paisaje. Fuimos hasta la playa de canto rodado y allí estaba el viejo muelle donde atracaban los enormes barcos petroleros. Muy grande y pujante ciudad, como todo el sur de nuestro país. Seguimos viaje rumbo a la vecina ciudad de Caleta Olivia (Prov. de Santa Cruz). Ese tramo es hermoso. La Ruta 3 contornea todo el litoral con curvas y contracurvas, subidas y bajadas, entre cerros y mesetas y desde arriba se ve ese mar color turquesa, contrastando con negras piedras de formas irregulares que penetran en el océano. También por aquí encontramos los pozos de petróleo y las pintorescas "cigüeñas". Paramos a comer al abrigo de un cerro, con la imponente vista del Golfo de San Jorge allá abajo, pero luego comprobamos que es muy difícil encontrar un lugar protegido del permanente viento de la Patagonia, sumado a una fria lluvia que nos helaba la cara. Continuamos viaje, dejando atrás a la bonita ciudad de Caleta Olivia, y una vez mas nos encontramos en la árida y solitaria estepa patagónica, recorriendo interminables kilómetros en un absoluto desierto, sin un solo árbol. Solo matas de pasto duro aplastado por el viento implacable. Así llegamos ya de noche a Comandante Luis Piedrabuena, llamada el oasis de la Patagonia, pero allí no encontramos donde dormir. Estaba todo ocupado. Hacía mucho frío y llovía. ¡Qué hacer!. Pero gracias a la buena voluntad del dueño de una hostería, que sin pedírselo, nos consiguió alojamiento en Puerto Santa Cruz, distante 20 Km. Allá fuimos y después de cenar nos fuimos a dormir en un agradable residencial bien calefaccionado. Al día siguiente, nuevamente en la ruta, la llanura esteparia, y el viento patagónico cada vez más frío. Así llegamos a mediodía a Río Gallegos, y después de cargar combustible seguimos viaje. Pasamos las aduanas argentina y chilena sin problemas. Llegamos a Punta Delgada. ¡Que sensación extraña!. Estar parada allí, en el Estrecho de Magallanes. En el borde de América!. Aquí termina el continente americano, pensé, porque el resto es insular.
Debíamos cruzar el estrecho en el transbordador, pero el viento de casi 100 km por hora demoró la partida casi 4 horas. Por fin a las 18 hs pudimos cruzar dentro del auto y hamacados por el viento que persistía, aunque en menor grado. Seguimos viaje hasta San Sebastián, pasamos las aduanas y nuevamente en territorio argentino. Provincia de Tierra del Fuego. Seguimos hasta Río Grande donde pernoctamos. Salimos temprano hacia Ushuaia, cruzamos el imponente Paso Garibaldi, en Los Andes, en medio de una lluvia de bolitas de hielo que chocaban contra el parabrisas del auto. Así llegamos por fin, el lunes 16 de Octubre a la ciudad de Ushuaia. Muy pintoresca con sus casitas de madera, de techos y paredes multicolores, construidas en la ladera de la montaña y descendiendo hacia la bahía de un increíble azul intenso. Nos dirigimos hacia las Cabañas Timaukel, a orillas del Río Pipo. Las habíamos reservado desde acá y nos sorprendieron muy agradablemente, ya que era muy confortable, nueva y en un lugar hermoso. Allí almorzamos y salimos a recorrer. El Parque Nacional, y llegamos a la Bahía de Lapataia. Allí termina la interminable Ruta 3, y también nuestro territorio. El lago Roca, donde hay un camping muy bonito en medio del bosque. Al día siguiente, el Tren del Fin del Mundo. Ese era el "tren de los presos", cuando en Ushuaia estaba la carcel, y allí iban a cortar leña al bosque.
Por la tarde la excursión por el Canal de Beagle, en la motonave "Barracuda", un simpático barquito con el cual nos acercamos a las islas Bridges, de pura roca, donde descansaban perezosamente los lobos marinos y sus nutridos harenes de las hembras con sus cachorros. También allí se podían ver centenares de cormoranes, a los que un penacho de plumas levantado delataba a los que buscaban pareja. Y el Canal de Beagle! Hermoso y azul. Y enfrente...la enorme Isla Navarino, chilena, ya que el límite internacional es la parte media del canal. Otra ave muy común es el cauquén. Y lo más tierno y llamativo es que siempre están en pareja, Blanco y enorme el macho, y amarronada y más pequeña la hembra
Al día siguiente a Puerto Almanza . El camino para llegar hasta allí es muy pintoresco, entre un bosque de lengas Es un pequeño caserío de pescadores pero hay un camino que bordea el Canal de Beagle (frente a Pto Williams, capital de la Isla Navarino Ese camino después de 10 km mas o menos, se corta en una tranquera. En la playita hicimos unos ricos chorizos a la parrilla con el paisaje del Canal de Beagle frente a nosotros. Al volver pasamos por lo de un pescador y compramos un balde de 20 litros repleto de mejillones (cholgas, porque eran enormes), por 40$, que luego cocinamos en nuestra cabaña, libres de marea roja porque son cultivados allí y están certificados. Para los amantes de la naturaleza, les recomiendo el lugar, poco conocido y poco publicitado.
El jueves fuimos hacia el Glaciar El Martial, pero llegamos hasta la base, ya que la aerosilla no estaba habilitada. Recorrimos la ciudad y volvimos a la cabaña a preparar el equipaje, ya que el viernes pondríamos fin a nuestra estadía en Ushuaia. Cosa inusual y afortunada, según nos dijeron los lugareños, todos los días fueron de sol y con una temperatura de 15 grados.
Partimos de regreso, pasamos por Tolhuin, y seguimos viaje. En Río Grande el viento era tan fuerte que nos impedía casi bajar del auto. Llegamos a San Sebastián, donde nos hospedamos en la hostería del ACA (Automóvil Club Argentino), para al día siguiente no tener que hacer noche en Chile, ya que el cambio no nos favorece.
El sábado 21, salimos a las 8hs, y llegamos justo a tiempo para subir al transbordador, después de haber recorrido los deteriorados caminos de ripio chilenos. Una vez cruzado el Estrecho de Magallanes continuamos por la ruta chilena 255, para luego tomar la ruta 9 en dirección a Puerto Natales (todo asfalto en perfecto estado). Allí llegamos a las 16 y 30 hs. Dimos una pequeña vuelta, y seguimos viaje a las Torres del Paine. Estaban pavimentando el camino, y además llovía, así que no fue fácil. Llegamos a las 18 y 30 a la entrada al Parque Nacional en medio de una espesa niebla, y debido a ello el guardaparque nos aconsejó no entrar ya que las Torres no se veían desde e día anterior.
Nos dirigimos entonces a Rio Turbio, previo paso por la frontera, y ya en nuestro país nuevamente, cenamos en la Hostería Las Lengas, para alojarnos luego en una cabaña, ya que en la pintoresca hostería no había lugar.
Domingo 22: Salimos de Río Turbio rumbo a El Calafate. Llegamos a mediodia, almorzamos en el pueblo, y rumbo al Glaciar Perito Moreno. Está bastante alejado del pueblo, pero el camino hasta allí es muy lindo, bordeando el Lago Argentino, el más grande de la Argentina y el segundo de Sud América. Color turquesa. Debido a ello el Perito Moreno le puso ese nombre, porque con el blanco de la nieve de las montañas que lo enmarcan , el azul celeste del cielo y el color del lago, formaban la bandera argentina. El Parque Nacional Los Glaciares, es muy pintoresco, con sus inmensos árboles de lengas, coíhues, y los arbustos de calafates de flores amarillas y las rojas de los notros, con vueltas y vueltas en un camino de montaña, con la permanente compañía del lago en el que flotan perezosamente tempanos de hielo de un extraño color blanco y verde azulado. Por fin divisamos a lo lejos, el magnífico Glaciar Perito Moreno. No hay fotografías ni filmaciones que puedan transmitir la irreal belleza de esos extraños e interminables picos de hielo, color blanco y azul translúcido. Vuelta tras vuelta, nos fuimos acercando hasta tenerlo allí, frente a nosotros. De tanto en tanto se oían estremecedores sonidos semejantes a truenos de tormenta. Pero no. Eran los tremendos bloques de hielo que se desprenden de esa enorme pared. Después de admirarlo por largo rato, decidimos emprender nuevamente nuestro viaje, ya que no teníamos planeado pernoctar en "El Calafate", y debíamos tomar una ruta de ripio, la provincial 9 de Santa Cruz. Me la habían recomendado, ya que así nos ahorraríamos casi 200 km.
Allí llegamos y al principio con muchas piedras, estas parecieron disminuir, por lo cual seguimos internándonos. Eran muchos km. Nadie pasaba ni de ida ni de vuelta. El camino cada vez más pedregoso con un ripio suelto y grandes piedras, se hacía cada vez más preocupante, nos internábamos entre serranías y se hacía muy lento debido a las piedras que golpeaban con fuerza el auto y aunque oscurece tarde, alrededor de las 21 hs., se haría la noche en esa absoluta soledad. En eso...una cubierta cortada por una filosa piedra. Nos bajamos. El viento helado nos atravesaba las abrigadas camperas y nos congelaba las manos. Cambiaron la rueda, pero decidimos volver atrás. Era cada vez peor!. Dimos la vuelta después de haber recorrido 40 largos km, ya que no se podía ir rápido, con el temor de tener otro inconveniente en semejante lugar. Ya oscurecía y afortunadamente llegamos a la Ruta 5 (la que va del Calafate a Río Gallegos). Seguimos camino, ya de noche. Teníamos reservado alojamiento en Cte. Luis Piedrabuena., pero estábamos muy lejos de allí, cansados, hambrientos y con frío. Llegamos así a un paraje "La Esperanza", nunca tan adecuado un nombre. Paramos a cargar combustible, y allí mismo tenían unas cabañitas, muy sencillas, nos dijeron, para los petroleros que trabajan por la zona, pero limpias, con su baño, y muy calentitas y confortables. Nos pareció un oasis después de semejante travesía. Y también pudimos cenar allí!!. Una comida muy rica, unos bifes de chorizo tiernísimos, con un buen vino, y a dormir. Fue el lugar que mejor comimos en todo el viaje, y el mejor precio también. Realmente fue muy tranquilizador encontrar ese lugar en medio de la noche, del frío y de la soledad de la Patagonia. El lugar se llama "La Mata Negra", haciendo alusión a los únicos matorrales que crecen en ese enorme desierto.
Después de haber dormido cómoda y plácidamente, desayunamos y partimos hacia la intersección con la Ruta 3, para seguir luego a Puerto San Julián, nuestro siguiente destino. Pero hablando del destino...habiendo recorrido mas o menos 80 km por la 3, cosa rara en mi, me había adormecido, cuando escuché un alboroto y un barquinazo del auto...Al abrir los ojos...estábamos parados en la banquina contraria, mientras miraba incrédulamente como una rueda corría rumbo al alambrado del campo...y a los pocos segundos...un enorme camión con acoplado pasaba junto a nosotros a toda velocidad...y otro coche atrás... ¡¡Se había salido la rueda posterior izquierda!!. Fueron segundos apenas los que nos separaron de la muerte. Nos quedamos los cuatro absortos, sin poder entender lo que había ocurrido. Bastante más tarde pudimos darnos cuenta de lo terrible que podía haber sido, si nos hubiéramos cruzado frente al camión, tan solo unos segundos antes.
Carlos fue a buscar la rueda , que continuó rodando como 100 mts. más y Mario, comprobando que se había roto la campana del freno trasero, además de perderse las cuatro tuercas. No había señal para el celular. Hizo señas a un auto de los poquísimos que se ven en las rutas patagónicas, y siguió de largo. Pero mas adelante paró y dio la vuelta. Y le dimos los datos para pedir el auxilio. María y yo caminamos en sentido contrario, buscando las tuercas, pero era encontrar una aguja en un pajar en ese suelo pedregoso...y sin embargo María encontró una. Pudieron armar la rueda con una tuerca de cada una de las otras y así comenzamos a desandar el camino rumbo a Rio Gallegos, que era lo más cercano y de allí vendría el auxilio. Así fue. Nos llevaron a Rio Gallegos, arreglaron el auto y a las 16 y 30, nuevamente en camino rumbo a San Julián. Allí llegamos alrededor de las 20hs. Nos alojamos en un lindo appart, fuimos a cenar a un restaurante frente al mar y a dormir.
Salimos a las 9 de la mañana y sin novedades llegamos a Caleta Olivia, donde almorzamos. Seguimos viaje con la idea de dormir en Rawson, capital de Chubut, y al día siguiente visitar el dique Florentino Ameghino, y la ciudad de Gaiman. Playa Unión, Dormir nuevamente allí y al día siguiente llegar a Las Grutas, en Río Negro, quedarnos un día para después volver al punto de partida: Olavarria.
Pero no fue posible. Un nuevo mal trance nos esperaba. Faltando solo 30 km. para llegar a Trelew, y un poquito más a Rawson, se oye un fuerte ruido en el auto...Algo que golpeaba...Por fin el motor también se paró. Ya estaba anocheciendo, y afortunadamente paró un auto que se comprometió a avisar al ACA. Después de una prudente espera en medio de la oscuridad, vimos con un respiro las titilantes luces amarillas del camión remolque, que nos llevó a Trelew. Dejamos el coche en un taller para que luego lo enviaran a Olavarria, y a duras penas conseguimos alojamiento, ya que todos los hoteles estaban ocupados. Nos gratificamos con una buena cena, y brindando por nuestra buena fortuna, ya que a pesar de los inconvenientes pasados, estabamos sanos y salvos, y habíamos podido cumplir con el plan trazado, nos fuimos a dormir rendidos después de tantos avatares. Al día siguiente, en un cómodo omnibus cama , salimos a las 13 hs. llegando a Olavarría a las 5 y 30 de la madrugada. A media mañana, después de despedirnos de nuestros amigos ,hasta el próximo viaje, subimos a nuestro auto y llegamos a nuestra casa de Ranelagh, felices y contentos


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