Cuevas de Hielo en el Glaciar Alvear

Escribe: RominaDotti
Visitar un Glaciar colgante, recorriendo el interior de una cueva de hielo formada en la base del Cerro Alvear. Se deben atravesar bosques vírgenes y realizar una travesía de altura por el faldeo. Nos visitaran los reyes del cielo: los Cóndores!

 

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Cuevas del Alvear

Ushuaia, Argentina — martes, 24 de noviembre de 2009

Mientras proyectaba conocer  las Cuevas del Glaciar Alvear, me  imaginaba  quégrandioso  debía  ser,  no sólo caminar sobre una lengua de hielo inmaculado, sino  además meterse  adentro!...  Esa  sola  idea me quitaba el sueño, sin contar que el lugar quedaba en el mismísimo fin del mundo, sumando misticismo a la expedición...

Temprano por  la mañana, Miguel junto con Marcelo, de Extremo Viajes,  nos  recogieron  en  la Hostería, frente a la Bahía de Ushuaia. Entre mates  y  facturas  obligadas,  recorrimos la Ruta Prov. Nº 3  hacia el norte, por unos 18 km, hasta encontrar la senda que marca el principio del camino. Es una subida suave, que se  inserta en un pequeño prado verde que  luego se va volviendo bosque.

El día  se presentaba algo nublado  (auténticamente  fueguino!),  y  de  temperatura agradable para caminar  los 6 km que nos separaban del borde del hielo.Comenzando  la caminata nos  internamos en  un  bosque  virgen  de  lengas.  Poco  a poco  comenzamos  a  subir. Nos  fascina  el estado del bosque, que se encuentra total-mente  intacto,  sin  ningún  rastro  que  dé cuenta  del  paso  del  hombre.  Pienso  que da gusto caminar por un lugar así, todavía totalmente virgen. Quedarán muchos más sobre la Tierra?

Contradictoriamente, más adelante vemos una  angosta  senda  natural,  y Miguel  nos explica que por allí pasaba la antigua Ruta Prov. Nº 3,  el  antiguo  trazado usado por los  que  explotaban  el  bosque  y  se  comunicaban con Rio Grande. Mi  sentimiento de  apenas  unos minutos  atrás  se  desmorona mientras  siento que por allí pasaban carretas  cargadas  de  troncos,  tiradas  por bueyes.

Poco a poco el ascenso se torna más abrupto, por un bosque que se vuelve más y más cerrado a medida que subimos. Avanzamos cerca de una hora, casi continuamente. Si bien el bosque de  lengas es  tupido, no lo  suficiente  como  para  impedirnos  ver la magnificencia  del  paisaje  circundante: montañas nevadas  contrastando  sobre valles verdes.

Entre  paradas  de  descanso,  Miguel  nos entusiasma  explicándonos  que  la  diferencia entre esta excursión y otras en  las que también se llega al hielo, es que la primera es la única que nos ofrece la posibilidad de meternos adentro de un glaciar.La  ansiedad derivada del  relato nos hacía olvidar  el  cansancio,  mientras  el  tiempo pasaba más rápido. Luego de algo más de una hora de  caminata,  el bosque  se  termina y  la pendiente se  vuelve  suave.  El mundo  sigue  verde  a nuestro  alrededor,  pero  ya  al  límite  de  la vegetación  divisamos  las montañas  en  el frente. Hacia allá vamos!


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