Diarios de viaje > Italia, Europa

¡Buonanotte all´Italia!

Escribe: babydollspain
El norte de Italia es un destino que atrae por sí sólo, sin artificios ni decorados, simplemente con nombrarlo como un talismán despierta en nuestra mente sonidos de aguas mansas en lagos, vientos endemoniados que le cortan la cara a montes nevados, arquitecturas majestuosas que muestran sus mejores galas a nuestro paso... El Piamonte, situada a "los pies de los montes" Alpes suizos y franceses y la Lombardía ("tierra de los Longobardos") son dos regiones que presumen de paisajes...

 

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Torino: Il Borgo Medievale (la porta dei sogni)

Turín, Italia — martes, 3 de noviembre de 2009

Amanece un día despejado, las nubes han dejado paso a un día claro y raso que nos despierta con la maravilla de los Alpes rodeando la ciudad cual muralla natural y mágica...
La ciudad se yergue queriendo tocar los cielos pero sólo consigue que nubes diáfanas le acaricien los dedos...
Tengo el pabellón de las Olimpiadas de Invierno frente a mi ventana y los montes acostados a sus espaldas parecen no querer terminar de despertarse en esta tibia mañana de otoño.
La nieve salpica la lejanía de sus crestas y el verde de los árboles abajo invitan a un día de paseos interminables...
Desde la otra ventana "la colina" se presenta igual de límpida y magnífica en su oficio de cultivar sueños de poetas.
Un manto arbóreo verdea sus pechos mientras antenas en los tejados cortan los cielos.
Vamos a aprovechar bien este regalo de día y, tras una comida típicamente italiana a base de pasta en una terraza, nos desplazamos en coche hasta Il Monte dei Cappuccini.
Desde su mirador se obtiene una panorámica de la ciudad de Turín espectacular mientras miramos a los ojos de la mismísima Mole Antonelliana.
Junto al mirador se eleva la Iglesia (convertida en convento de los Capuchinos) y dedicada a Santa Mª del Monte.
Una estatua de dicha Virgen preside el mirador y cuentan que la verja que le cierra el paso hacia la ciudad procede de la cueva de Lourdes.
En el otro lateral está el Museo Nazionale della Montagna fundado en 1.874 por el Club Alpino Italiano y uno de los más importantes del mundo.
A nuestras espaldas la Colinna Torinesa ofrece unas vistas preciosas de tejados rojizos y árboles verdes en perfecta comunión que conforman una postal que se nos mete por los ojos hasta los rincones del alma...
En la lejanía se aprecia La basílica de Superga, mandada construir en 1.731 por Víctor Manuel de Saboya.
Inhiesta sobre la roca, a ella se llega en un tren cremallera que repta por la colina cual gusano metálico buscando en los montes tesoros invisibles o alguna ventana secreta.
Bajamos la colina, protegidos por la sombra y nos cruzamos con algún monje que trepa sobre sus oscuros secretos.
Me dirijo a la Piazza San Carlo.
En uno de sus espléndidos edificios, oculto en la planta alta, sin ni siquiera cartel o letrero que lo anuncie... se halla el Hotel San Carlo.
Techos que se pierden camino a los cielos, escalinatas que se retuercen trepando las entrañas de un edificio cargado de historia... tengo reserva para esta noche y mi anhelo se convierte en felicidad cuando entro a la habitación, una buhardilla realmente con techos y suelos de madera, y descubro que su minúscula ventana se abre sobre la misma plaza.
Me asomo feliz cual niña con zapatos nuevos y saludo a Manuel Filiberto que impasible inmortaliza la entrada triunfal en la ciudad de tantos años atrás, símbolo de la victoria épica de sus ejércitos.
Sin tiempo que perder, la ansiedad porque la tarde no devore el día en mi falda me devuelve a la calle, a la plaza.
Desciendo presurosa la Vía Lagrange para llegar a la Piazza Carlo Felice, realizada a mediados del siglo XIX y que rodea en un abrazo etéreo el Jardín Sambuy, rico en castaños, hayas y magnolios.
Elegantes edificios se sitúan en esta plaza que es famosa realmente porque en ella se halla la estación de ferrocarriles de Porta Nuova, cuya fachada de altísimas arcadas y bonitas cristaleras es digna de admiración.
Deambulo por calles estrechas y pardas que ofrecen en cada rincón una sorpresa en forma de basílica o de iglesia hasta salir a la gran calle abierta que es Corso Vittorio Emanuele II, una de las arterias principales de Turín y que va a morir sobre el río Po y el Ponte Umberto I que lo cruza hacia el barrio Crimea.
Este puente es el más monumental de la ciudad, delimitado por 4 estatuas en sus esquinas que representan alegorías de la Piedad, el Valor, el Arte y la Industria.
Justo antes de este puente se levanta el Arco monumentale all´Artigliere, entrada en piedra al Parco del Valentino.
El Parque del Valentino es el pulmón verde de la ciudad, el más antiguo y famoso, cuajado de alamedas y numerosas pistas para ciclistas.
Con una superficie de más de 550.000 m2, alberga el Jardín Botánico y el "Boschetto" (bosquecillo) con numerosas especies exóticas.
Como curiosidad, en el Jardín Botánico es posible encontrar las especies citadas en las Sagradas Escrituras.
Pasear por este parque es una escapada a la naturaleza, admirar sus fuentes y sus árboles, perderse en los recovecos que serpentean hasta el curso del río... es hacer una pausa en el ajetreo cotidiano para escuchar el manso cantar del Po en su discurrir errante camino hacia su destino de hacerse mar...
Niñas pájaro se ocultan en las copas de los árboles, duendes fluviales que juegan con los patos y gastan bromas a los piragüistas que remontan las aguas.
Y en mitad del parque, protegida por árboles y empalizadas de maderas, nos topamos con la ciudad medieval: Il Burgo Medievale.
Imaginario burgo medieval realizado en 1.884 para la Exposición General Italiana y Artística de Turín y que reproduce fielmente edificios piamonteses del siglo XV.
Casas y talleres de artesanía se recogen bajo las faldas de la Rocca Medievale (el castillo).
Al pasar el puente levadizo y la torre de entrada ingresamos en un mundo de fábula y supersticiones, cruces mirando a los cielos para confabularse con el Todopoderoso, pozos que ocultan aguas, venenos o seres malingos que se roban la mirada de muchachas lindas...
Caballeros valientes a lomos de corceles alados como dioses forjaron la leyenda de estas piedras.
Reyes, sacerdotes y cristianas buenas danzan en el aire cual cortejo mágico y nos rodean con sus melodías de otra época.
Dibujos de escudos en la piedra nos dejan mapas pintados en las manos de parajes imposibles y andanzas contradictorias...
Secretos y misterios, recuerdos de viajes marítimos en lucha con los elementos hasta islas míticas y desiertas, pobladas sólo por miedos.
Ángeles llamados a la cruzada contra seres monstruosos.
Cuentos de vieja susurrados en las esquinas de estas piedras, relatos de guerreras amazonas, pigmeos, seres antropófagos, cíclopes, calamares gigantes, perdidos unicornios...
La fantasía desbordante tejió cuentos de fieras que sólo las  podían amansar las más bellas doncellas y de peces ruiseñores cuyo canto adormecía valientes guerreros.
Tentáculos y ventosas mitológicas que hacían temblar al más apuesto caballero se ocultan entre las sombras de bóvedas y arcos.
Refugio alma de roca eran estos hogares medievales frente al Mar Tenebroso.
Fantasía febril impulsada por el miedo creó fábulas de paraísos perdidos en islas misteriosas cual cuento de las Mil y una noches.
Refugios para frías noches de invierno cuando la montaña enfurecida soplaba sus nieves de puertas para adentro.
Camino por este burgo medieval y no puedo evitar soltar impetuosa mi imaginación afilada de niña damisela.
Miro torres vigía desde donde es posible ver los mares, es posible soñar con islas ocultas entre bruma más allá de donde el sol se pierde en los horizontes.
Mares del sur como utopías esperando por mí, soñando el despliegue sublime de las velas del alma afilada de saeta voladora, me llenan de naves la frente nublada de poemas.
Cuartos oscuros y aposentos fríos me pasean por el recuerdo, antesala de ataques enemigos a mar abierto, calma terrible que impide el avance...
Cartas marinas poco fiables llenan mi cofre de joyas y diademas que se convierten en azufre al tocarlas.
Balconadas de maderas que crujen lastimeras bajos mis pies y desde las que yo me asomo al río cantando epopeyas de marinos que enfrentan ríos de fuego, hombrecillos vueltos negros como tizne alguna y mares verduzcos y ardientes capaces de convertir mis naves en cenizas.
Siento fuegos fautos flameando en mis mástiles mientras prendo una vela y su tibio resplandor me tiembla en el rostro aún no empañado por la espera.
Apoyo la espalda en la fría piedra que me quema como ascuas y mi ojos se me escapan horizonte a través, esperando la silueta de su caballo...
El viento me roba el pañuelo aquél que me regaló antes de partir, donde sus iniciales me recuerdan cada noche que aún no enloquecí por completo.
Planea blanco inmaculado sobre la piedra de las almenas y, caprichoso azar, queda prendido sobre la cresta de la muralla desde donde aquél día le vi partir...
Enjugo mi llanto que ni siquiera llega a escapar, abortado por el frío gélido de la añoranza...
Creo otear armaduras que relucen como soles recortadas en lo alto de los montes frente al cielo... qué ilusa!!!
No es más que el brillo casual del sol que se aleja a su encuentro...
Y yo me quedo aquí, con las manos vacías, llenas sólo de agujeros, agujeros que no bastan para llenarlos todos mis recuerdos.
Y yo le espero, sentada o tal vez de pie, caminando en círculos arbitrarios por la
alcoba, temiendo que una mano monstruosa tenga prisionero a su
caballo...
La puerta chirría abajo, pero yo se que no es mas que el viento...
Viento y nada más, nada más que viento... y arriba su nostalgia y yo conjuramos nuestro amor en un baile de sombras...

El aire frío de la tarde y el discurrir del Po me sacan de bruces del ensueño...
Niños juguetean en el embarcadero.
Yo camino sobre mis pasos, por el costado del río y acompañada de los rojizos de los árboles.
La tarde se ha ido poniendo amarilla y violeta y apresuro el paso.
Al salir del Parque del Valentino me topo con un palacete de estilo modernista en el que se encuentra la Società Promotrice di Belle Arti, sede de muestras y exposiciones culturales.
En mi camino de regreso a la civilización me sorprende un edificio fascinante, con sus techos a la francesa y testigo de fiestas, carruseles, torneos y batallas fluviales en otros tiempos.
Es el Castello del Valentino, edificio fabuloso que fue muy amado por la primera Madama real (Cristina de Francia).
En la actualidad alberga la Facultad de Arquitectura.
Caminando por la vereda del río encontramos los Murazzi del Po, locales con terrazas coloridas y decorados originales, readaptados los almacenes y los depósitos para los barcos como lugar de ocio y diversión.
La noche se ha venido traicionera y me acompaña una luna llena lejana y fría.
Riela en las aguas del Po y derrama su luz  lamiendo la piedra de edificios que amarillean bajo su influjo.
Camino embozada en mi chaqueta y con el gorro calado hasta los ojos.
La luna me mira desde arriba y se enreda en mis pasos, y Turín calla cómplice de esta rufiana.
Tengo que huir a lugar seguro antes que me tranforme en ninfa, o en fuente, o en arco de piedra o en simple brisa alpina atrapándome para siempre en estas calles cual alma en pena...
Me cruzo con gentes que ya no me ven ni me sienten, y a los que ni veo ni siento yo tampoco, absorta, hipnotizada, la vista clavada en el suelo...
Temiendo, presagiando que la diosa Selene busca angustiada quien la sustituya en su oficio eterno...
Cuando giro la llave en la puerta del hotel elevo la vista al cielo, una última despedida o un simple "hasta mañana"...
Te dejo en brazos de Zeus mientras yo voy buscando los de Morfeo...

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Albergo San Carlo

Alojamiento: Hostel en Turín, Italia

Coqueto hostal situado en la 4ª planta de un edificio reformado de la bellísima Piazza San Carlo. Sin letrero, casi ilocalizable, pero una sorpresa maravillosa adentrarse en él y unas vistas preciosas a la Piazza. Personal atento y amable, habitaciones limpias y relucientes y la comodidad de estar ubicado en pleno centro!!!


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Últimos comentarios

martindaco dice:
Ya voy entendiendo tu enamoramiento de Milán y del Norte de Italia, es comprensible.
Felicidades

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babydollspain dice:
Si, es un país y unos lugares que atrapan, más allá del "turismo" o de lo que uno vaya a buscar a ellos...
Publicado

pibaes dice:
yayaya, Turín tiene que ser digna de ver, me alegro que te haga soñar tanto...nos despiertas las ganas de conocerla...
Gracias por contarnosla de esta bella manera.

Publicado

babydollspain dice:
Turín es preciosa, y se supone que yo la ví en una época "apagada", cuando realmente cobra vida es en verano con el buen tiempo (sus inviernos son muy fríos por el influjo de los Alpes).
Asi que visitarla en los meses de calor tiene que ser un lujo.

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