Diarios de viaje > Turín, Europa

¿Vamos a Turín?

Escribe: raffaella63
Una ciudad que esconde, detrás de su cara seria, severa y un poco fría, una personalidad afable y amable. Todo un descubrimiento. ¿Vamos juntos?

 

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Capítulo 1
 

Pórticos, cuarteles y mercados

Turín, Italia — martes, 27 de julio de 2010

Turín tiene más de 18 kilómetros de pórticos.
Los más antiguos remontan al siglo XVII: siempre los turinienses han necesitado un sitio donde poder ir a comprar, tomar algo, charlar, pasear, entretenerse sin tener que fijarse demasiado en la lluvia que cae muy a menudo, ni darles la razón a los inviernos, que suelen ser fríos. Los pórticos tienen tiendas y bares, son cómodos, amplios, luminosos y larguísimos, convertiéndose en la segunda casa para muchos.

Turín es una ciudad-cuartel: en efecto eso fue al principio, un campamento romano cerca de los Alpes (el castrum que en el año 28 a.C. Julio César llamó Julia Augusta Taurinorum). Después vinieron más cuarteles y un reino, el de los Saboyas, que despacio fue ensanchándose hasta conquistar regiones cercanas y hasta Cerdeña. Desde Turín, al principio del siglo XIX, empezó la unificación de Italia, y los Saboyas fueron, por lo tanto, los únicos reyes que Italia tuvo durante su historia, a partir de 1861, cuando quedó unificada, hasta 1948, cuando los italianos optaron en un referéndum por la república.
Este carácter militar todavía se percibe muy bien en la ciudad, sobre todo en su casco antiguo. Plazas severas, rectangulares, con estatuas ecuestres:  largas avenidas de estilo parisiense, rectas, con árboles; cuarteles que todavía funcionan en las zonas cercanas al centro.

Pero al lado de este carácter tan serio, la ciudad presenta también una faceta más amena. A todo el mundo le encanta comer bien y beber aún mejor. Los mercados (el mayor, en Porta Palazzo, es el más grande de Europa) son muchos, las zonas rurales de los alrededores envían sus productos para unos clientes muy exigentes: fantásticos quesos frescos y curados, de oveja, cabra o de vaca: carnes, frutas y verduras de calidad superior; mieles y mermeladas orgánicas; las pastas hechas a mano (como los agnolotti del plin), y una larga lista de productos autóctonos de calidad inmejorable.
El chocolate es toda una tradición, y entrar a una chocolatería es un rito sagrado, es como meterse en una joyería, no solo por los precios, sino también por el respeto, el cuidado que todos exiben.

Después de su amor a la vida confortable, Turín tiene también una vocación espacial para la cultura. En efecto se puede considerar la capital italiana de la cultura, junto a Milán, por la cantidad de editoriales importantes, por la presencia del Museo del Cine, por la Feria del Libro, por el Museo Egipcio (no te lo pierdas, si quieres ver, por ejemplo, una peluca de pelo verdadero que perteneció a Merit, la esposa del arquitecto Kah allá por el año 1300 a.C.!, o panecillos, ajos, aceitunas de esos tiempos, esfinges, tumbas enteras, telas, pinturas y objetos de la vida cotidiana para quedarse sin palabras).
Después hay preciosos parques como el del Valentino, o la Venaría, o el Olímpico... y un río, el Po, el más largo de Italia, que aquí abraza la ciudad y corre apacible desde los Alpes hacia la llanura Padana.

En fin, una ciudad que no deja de sorprender, donde entre los años 50 y los 70 del siglo pasado encontraron  su casa más de medio millón de italianos del sur (trabajando en las fábricas, entre las cuales destaca la FIAT) y donde hoy viven unos 50.000 rumanos, unos 18.000 marroquís, más de 7000 peruanos, 4.500 chilenos, y todos han traído sus tradiciones y sus costumbres.

En Turín es fantástico:
pasear en sus plazas y pórticos, visitar sus mercados, perderse en la parte más antigua, el Quadrilatero, tomar un helado en Grom, sentarse en un café como el Elena, en Piazza Vittorio  tomando un buen exprés si es por la mañana, o un aperitivo si es por la tarde, entrar en Eataly (en la antigua fábrica de Mirafiori) y maravillarse por la cantidad de productos gastronómicos que se encuentran (y también, para callar el apetito, sentarse cómodamente en uno cualquiera de los "ristorantini" que se encuentran en el mismo sitio), ir a comer a la famosa trattoria de La Bocciofila, en Cavoretto (en la colina)... y al final del día, antes de una cena en Piero (que a pesar del nombre es chino), dar una carrera por los senderos de algún parque, ¡si no queremos que a la vuelta se note lo bien que hemos comido en Turín!

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Últimos comentarios

Leila_1 dice:
Turín muy especial por lo que cuentas, además lo gastronómico ocupa en sitio muy importante, "panza llena, corazón contento..."
Saludos Raffaella!

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un viajero dice:
Turin ...., que maravilla y mucho mas la forma en que la describes ..
excelente !!!
gracias

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Elvireta dice:
Raffaella, qué bueno tu diario.¿Sabes que no conozco Turín?.Siempre me cogió cerca, en ruta y no he llegado nunca a entrar.Con tus descripciones me han entrado unas ganas locas de ir a visitarla.Me ha encantado el último párrafo de tu diario cuando dices las cosas que son fantásticas en Turín. Sólo por ver su mercado y una chocolatería, yo me iría ahora mismo. Luego me gusta la multiculturalidad que rezuman algunas ciudades; es como Barcelona que acoge a todo el mundo sea de donde sea. Besitos cariñosos.
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raffaella63 dice:
Gracias Elvireta por tu comentario, me alegro que mi diario te haya dado ganas de ir a visitar esta ciudad, en efecto es un sitio que merece la pena, no cabe ninguna duda! Un abrazo.
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amo-viajar dice:
Muy lindo diario. Y que ganas de comer esos quesos y sanwich de las fotos.
5 estrellas.

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pvcardemil dice:
Hola Raffaella, que bueno tu diario!!!! Sabes que en mi próximo viaje voy también a Turin, en un principio la integramos a la ruta, porque allí nació la fundadora de las hijas de Maria Auxiliadora, colegio al cual asistí , así es que mi deseo es conocer la iglesia de Maria Auxiliadora, ya que las monjas siempre nos hablaban de Turin, pornuna u otra cosa, y ahora leyendo tu diario me anima el doble, lastima que estaremos solo un día , me puedes ayudar en decirme que podemos ver en un día de visita??? Un abrazo.
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    Turín, Italia | 27 de julio de 2010