Diarios de viaje > Ecuador, América del Sur
A través de Ecuador y sus verdes inimaginables
Escribe: julioprado
Entrar a Ecuador por Rumichaca, desde la vecina Colombia, es todo un espectáculo de verdes que se imprimen en la retina y por un momento confunden al cerebro al intentar descifrar aquel paisaje que penetra en ese rincón especial de la perplejidad, al no diferenciar si se trata de un gran mural colgado en las paredes del universo o es realmente auténtica naturaleza que vive y respira en esas latitudes celestiales tan acertadamente llamadas "el centro del mundo".
Ecuador de verdes y hospitalidad ilimitada
Tulcán, Ecuador — martes, 27 de enero de 2009
Hice el trámite de rigor en una colorida casilla militar, para poder entrar legalmente al país, y posteriormente cambié los pesos colombianos que traía por sucres, con el fin de no tener que hacerlo más adelante, cuando puede ser más complicado encontrar algún cambista que lo provea a uno de la moneda nacional.
Después de concluir esta necesaria escala fronteriza, continué hacia el terminal de pasajeros de Tulcán, desde donde partí hacia Quito en la única unidad que había disponible: una pequeña camioneta de la compañía Centinelas del Norte, en la que difícilmente entramos 12 pasajeros.
El visitante que llega a este pequeño gran país, se encuentra con una variedad paisajística impresionante, es como si todos los verdes de la naturaleza se esparcieran por los frondosos valles ecuatorianos, al fondo de enormes picachos de color ocre, que sólo la mente de un pintor pudiera plasmar en un lienzo imaginario.
Pero Ecuador tiene otras maravillas en su pequeño territorio, y si se utiliza la carretera de la costa, se observarán inmensas playas de arenas doradas abiertas en su plenitud al océano Pacífico, y en la cordillera que atraviesa el país de norte a sur, se muestran imponentes cumbres nevadas, muchas de ellas volcanes dormidos, que impactan por la perfección de su forma cónica agujereando el cielo; y hacia el este podemos encontrarnos con selvas intrincadas por las que discurren muchos afluentes del mítico Amazonas, y si tomamos un avión, en menos de dos horas estaremos disfrutando, en la inmensidad azul del Pacífico, del archipiélago misterioso que forman las Galápagos, 17 islas grandes y más de 100 islotes, a 1.120 kilómetros de la costa, con innumerables colonias de animales en completa libertad; lo que convierte a Ecuador en una nación que deja huella en la retina de todo el que pisa su suelo.
A velocidad moderada pasamos pequeños pueblos y aldeas, en las que la teja roja y las paredes de barro eran casi una constante en las construcciones de Andrade, Huaca, San Gabriel, La Paz, Bolívar, Piquiucho, Juncal, Carpuesa, El Chota, Tabajuela y de aquí, a menos de 15 minutos, Yahuarcocha (Lago de sangre), una población que se muestra orgullosa de su pasado y cualquier aldeano habla con propiedad de la batalla en la ribera del lago, que tiñó el agua de sangre cuando españoles e indígenas se enfrentaron en el siglo XVI, con saldo a favor de los colonizadores. A la orilla de esta laguna se yergue un moderno hotel, que tiene reservadas sus habitaciones la mayor parte del año.
Cruzamos el puente sobre el río Tahuando y a los pocos minutos llegamos a Ibarra, una ciudad que sobrepasa los cien mil habitantes, de cuidadas calles empedradas que datan de la época colonial y en el centro de la población se yergue imponente el Castillo de los Ibarra, que, salvando las distancias, se asemeja a los de Guadalajara, Soria o Valladolid en la España castellana.
Un almuerzo a base de pescado de río con patatas de la región, devolvió el ánimo para seguir camino a Natabuela, Atuntaqui, Cotacachi y a la media hora, la escala más ansiada: Otavalo.
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Últimos comentarios
jimn dice:
MUY BIEN !!!!
Publicado
Alexandra1980 dice:
Que bien.... felicitaciones por tu recorrido.... Un saludos desde Quito
Publicado
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Capítulos de este diario
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1
Ecuador de verdes y hospitalidad ilimitada
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2
Otavalo de mil sombreros y artesanía inimitable
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3
Quito colonial y moderna en perfecta simbiosis
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4
Camino del sur
Huaquillas, Ecuador | 27 de enero de 2009
En Tulcán...
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