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Extremadura: su historia en tres ciudades

Escribe: Merlinna
Desde sus inicios como la Hispania romana, pasando por su etapa árabe y el desarrollo en el renacimiento con las riquezas sustraídas de la conquista de América, aquí podrás descubrir las maravillas que guarda esta región española conociendo la historia de tres de sus principales ciudades: Trujillo, Mérida y Cáceres, en un itinerario histórico para disfrutar.

 

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Extremadura: su historia en tres ciudades

Trujillo, España — martes, 30 de agosto de 2005

Trujillo

En el centro-oeste español, la ciudad de Trujillo mantiene una majestuosa decadencia. Los palacios del siglo XVI que construyeron los trujillanos conquistadores al regresar de América cargados de riquezas muestran el deterioro del implacable paso del tiempo, ya que casi no han sido restaurados. Entre los más llamativos está el Palacio de los Marqueses de la Conquista, que aún sigue perteneciendo a los descendientes de Francisco Pizarro. 

Al llegar a la ciudad de Trujillo se percibe de inmediato algo familiar en el aire. A primera vista no queda claro por qué pareciera que hubiésemos estado antes en este lugar, aunque no lo conocemos ni por foto. Pero al adentrarnos en sus calles y su historia se comprende la razón: desde este punto específico de España partieron los principales conquistadores de América a fundar ciudades a su imagen y semejanza, las mismas que hoy se visitan como reliquias coloniales. Las similitudes -matizadas con lo autóctono de las ciudades americanas– se expresan en la arquitectura. Detallismos al margen, es innegable que ciudades como Cartagena de Indias, Cuzco, Lima o La Habana trazan una línea directa de parentesco con Trujillo.

A diferencia de otras ciudades cercanas como Cáceres o Salamanca –donde la impronta medieval es muy fuerte–, Trujillo inclina su perfil hacia una combinación del Renacimiento con el Barroco. Pero hay una particularidad aun más marcada que probablemente determine que sea una ciudad única en España: el ambiente está rodeado por un aura de majestuosa decadencia, ausente en el resto del país donde todo fue perfectamente restaurado para el turismo, como si el tiempo no hubiese transcurrido. En Trujillo, en cambio, los edificios históricos se mantienen en pie pero con algunos techos resquebrajados. Y el hierro de ciertas rejas en las ventanas señoriales puede estar oxidado o escaso de pintura, como es natural en las cosas viejas. También hay adoquines levantados y palacios con las paredes de piedra carcomidas por la lluvia y el viento. Además, el color predominante es un ocre descolorido –el color del polvo–, sinónimo auténtico del paso del tiempo.

Cuna de conquistadores

Según los historiadores, los extremeños eran la mano de obra militar de la corona castellana. Fueron famosos por la crueldad de su carácter aventurero. Desde Trujillo partieron no menos de un centenar de conquistadores que fundaron grandes ciudades en América. Entre los más conocidos están Francisco de Orellana, quien navegó por primera vez el Amazonas; García de Paredes, fundador de la ciudad de Trujillo en Venezuela; Nuflo de Chaves, fundador de Santa Cruz de la Sierra; Francisco de las Casas, compañero de Hernán Cortés en la conquista de México; los Sanabria, aquellos adelantados del Río de la Plata que nunca llegaron; y el marqués Don Francisco Pizarro, fundador de Lima. Hoy en día Pizarro es la figura emblemática de la ciudad y es ensalzado, admirado y mimado por los guías turísticos oficiales, quienes relatan sus “hazañas conquistadoras” con verdadero amor.

De alguna manera, Trujillo es también un reflejo de América, porque su arquitectura monumental se construyó después de la conquista, cuando los trujillanos regresaron a su tierra natal con el fruto del saqueo. Así surgieron toda una sucesión de palacios señoriales que rodean la Plaza Mayor, en el centro neurálgico de la parte antigua de la ciudad.

Entre la serie de construcciones junto a la plaza, la más llamativa es el Palacio de los Marqueses de la Conquista, que perteneció a la familia Pizarro. Entre las grandes ventanas protegidas con barrotes de hierro forjado del edificio de tres pisos, sobresale “un balcón de esquina”, uno de los elementos arquitectónicos típicos de Trujillo, con el cual la presuntuosa nobleza mezclaba una recargada decoración con los escudos típicos de la familia (los blasones). Este balcón fue decorado con motivos platerescos que enmarcan los bustos en altorrelieve del conquistador dueño de casa, Francisca y Hernando Pizarro e Inés Huylas Yupanqui, una princesa inca casada con uno de los Pizarro.

 El palacio todavía pertenece a la familia Pizarro, cuyos descendientes ahora realizan obras de caridad en la América hispana con parte de su fortuna. La familia del famoso conquistador también poseía el Palacio Juan Pizarro de Orellana que perteneció al primer corregidor de la ciudad de Cuzco. Durante largo tiempo este hermoso edificio renacentista fue conocido como Casa de Contratación porque allí se enrolaban quienes deseaban marcharse a Perú. Hoy en día es la Casa Madre del Colegio Sagrado Corazón. Justo al lado está la Casa del Peso Real –una construcción gótica con elementos del renacimiento–, donde se pesaba harina, trigo y cebada.

Uno a uno, los edificios históricos se suceden en los alrededores de la plaza: el Palacio de los Duques de San Carlos, el del Marquesado de Piedras Albas y el de los Sotomayor.

El castillo y la muralla

En Trujillo no todo es gótico y renacentista, sino también mudéjar. La influencia árabe –omnipresente en gran parte de España– dejó huellas muy claras que, a su vez, se imprimieron sobre lo que quedó de los romanos, quienes fueron los verdaderos fundadores de la original Turgalium. El principal rastro que el mundo musulmán dejó en Trujillo es el castillo situado en los altos de la ciudad, con una tipología típica de las alcazabas del califato de Córdoba (siglo X). En el 1500 el castillo sufrió algunas modificaciones, pero al menos su estructura básica sigue siendo la misma que trazaron los guerreros del Islam.

Fue con la conquista musulmana de España que Trujillo se consolidó como un núcleo de cierta relevancia económica. Durante el siglo IX la zona estaba dominada por la tribu bereber de los Nafza, que sufría las incursiones de los reinos cristianos de la región. Durante los tres siglos siguientes esta ciudad del imperio musulmán se llamó Torgiela. Y de aquella época quedan también los restos muy bien conservados de una muralla con diecisiete torres almenadas rectangulares. De las siete puertas originales de la ciudad amurallada sólo quedan cuatro. La más famosa es la Puerta del Triunfo, por donde pasaron las tropas cristianas el 25 de enero de 1232, cuando la ciudad fue definitivamente recuperada por la corona de Castilla.

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