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Desde Sevilla a Croacia

Escribe: tupersonalshopperviajero
Pasando por Besalú, Carcassonne, Génova... y la final del Mundial en Split, Croacia.

 

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Desde Génova hasta Dalmacia en barco

Trogir, Croacia — sábado, 10 de julio de 2010

Contemplar un atardecer rodeado de mar es uno de los mayores placeres mundanos. Nuestro barco nos llevaba de Génova a Split en unas 12 horas.

Tiempo para cenar, disfrutar de un cielo preñado de estrellas y dormir algo en el segundo piso de una litera casi pegada al techo.

La relación comercial con Italia posibilitó una cultura adriática impregnada de aires romanos. El coste fue dos siglos de guerras le costó a Italia conquistar a las tribus dálmata y liburnias antes de integrarlas en el Imperio en el s.I d.C.

Esto posibilitó un periodo posterior de más de tres siglos de prosperidad hasta que llegaron las tribus asiáticas, las guerras, la inestabilidad y finalmente, los reyes húngaros (Croacia llegó a integrarse en Hungría) vendieron las islas del Adriático y otras ciudades del litoral a Venecia en 1409.

Ese cambio de “dueños” supuso el resurgir de las artes, base del desarrollo de la cultura, literatura y arte croatas.

Aunque llegamos al Puerto de Split, primero dejamos el equipaje en el apartamento que estaba en la zona de los Siete Castillos, una serie de fortificaciones construidas por el gobernador veneciano y los nobles locales en los s. XV y XVI en la bahía que hay entre Split y Trogit, para defenderse de los turcos. Y así surge el pueblo Kastela, donde estaba ubicado nuestro apartamento.

La primera ciudad croata que visitamos fue Trogit. Una joya dálmata cuyos primeros habitantes fueron griegos. Os digo de corazón que es de lo más bonito que he visto en Croacia.

Ha tomado de cada pueblo que le ha conquistado, lo mejor y no fueron pocos: griegos, romanos, bizantinos, húngaros y venecianos. En 1997 fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Nos os digo más.

La isla está rodeada por una muralla con dos puertas y un puente la une con tierra firme y otro con la isla de Giovo. Nosotros entramos por la Puerta de Tierra del s.XVI y sobre su arco descansa el León de San Marcos y S.Trogir, su patrón.

Su catedral se emplaza sobre una iglesia que fue destruida por los sarracenos. Su puerta principal es una magnífica obra románica bajo un atrio con dos leones de piedra que sostienen las estatuas de Adán y Eva, a cada lado de la puerta.

A su derecha un campanil de estilo gótico veneciano que tiene unas vistas preciosas de la plaza y de la ciudad –si subes hacia lo más alto-. El interior tampoco tiene desperdicio.

En la plaza de Juan Pablo II, a los pies de la catedral, está el Ayuntamiento, el Palacio Cipiko, la logia y la torre del reloj.

Su puerto es encantador. Palmeras y barcos a cada lado y al fondo el Castillo de Marmont.

Y por supuesto, callejear. Perderse por sus calles y mirar cada rincón, tienda, detalle. Dejarse vencer por su encanto seductor.

Y como somos unos “todo-terrenos”, no pudimos resistirnos a visitar Split esa misma noche. Ni el sofocante calor, ni las escasas horas de sueño en el barco o el sin parar turístico, pudo vencer el deseo de conocerla ¡ya! Semi iluminada, la ciudad tiene una magia única.

La plaza del pueblo, con una exposición de Dalí en el Palacio Cambi de estilo gótico veneciano, antecede a la Puerta de Hierro. Y el suelo minado de piedras… un lugar ideal para patinar con tacones!

Y a la mañana siguiente… Split de día!

Todas las fotos de este relato están en mi blog de moda, viajes y tendencias:

http://tupersonalshopperviajero.blogspot.com

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