Alfa, Omega, Grecia

Escribe: lwrence
20 dias recorriendo la historia y las playas de Grecia.

 

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Capítulo 2 4

Meteora: suspendidos en el aire

Trikala, Grecia — martes, 20 de septiembre de 2011

METEORA: SUSPENDIDOS EN EL AIRE
Zeus, señor de los cielos.
Con sus rayos, rompió las piedras
de este lugar
 
 
Un lugar extraordinario. Un lugar lleno de belleza. Un lugar permanentemente visitado. Un lugar al que acudir al menos una vez en la vida. Un lugar, donde las palabras se quedan cortas y los calificativos parecen agotarse.
 
La carretera desde Atenas, me lleva hasta las cercanías de Meteora. Hay que cruzar toda la región de la Tesalia, atravesando montañas y valles, zonas repletas de pinos, de olivos,  para llegar a un lugar indescriptible. Puedo decidirme por dos lugares como campo de operaciones: Kalambaka o Kastraki, y me decido por este último por ser un pueblo algo más pequeño, con más ambiente rural y porque me permite estar a menos de 5 kilómetros de los primeros monasterios.  Su emplazamiento debajo mismo de las rocas, le confiere a  la localidad un aire casi irreal, onírico, único. Creo que me he desplazado a un lugar mágico.
 
La carretera que surge por detrás de la Iglesia de Kastraki, me lleva hasta el primer monasterio: el Agiou Nikolaou. Por la noche, desde las calles de Kastraki, se puede observar el monasterio, en la oscuridad, apoyado en una roca, y sin saber como poder subir a él.
Por la mañana, empiezo mi particular expedición a los monasterios. La carretera me deja en un simple aparcamiento, donde unos empinados escalones, me llevan a través de un pequeño bosque hasta la base de la roca. Alzo la vista hacia arriba, y observo las cuerdas de un rudimentario ascensor, que está parado en lo alto. Si quiero llegar al monasterio, debo subir unas escaleras más, ganadas a la montaña. Al final de este pequeño tramo, tengo la recompensa de unas vistas sobre la ciudad de Kastraki, y la posibilidad de entrar a un recinto que me despierta tanta admiración, como curiosidad.
Interiormente el monasterio no es muy grande. Una habitación con abundantes relieves en las paredes, y los techos, famosos frescos de la época bizantina, algunos de ellos bastante bien conservados, sillas de madera, angostas y diminutas ventanas exteriores y poca luz. Solo puedo visitar una parte; el resto del monasterio permanece cerrado al público.
Dos lugareños, desayunan en el interior. Un joven monje ortodoxo, les ha servido una especie de bizcocho  con un café. ¿Caridad cristiana?
Paso por otra sala, más pequeña y me acerco a la salida. El monasterio es simple. Su emplazamiento es lo que lo hace especial.
 
La carretera sigue subiendo hasta dejarme a los pies del monasterio de Roussanou. De nuevo unas escaleras me llevan hasta la base del mismo y un pequeño puente de madera, me sirve de acceso. En la entrada de todos los monasterios, dos banderas: La griega y la amarilla de la iglesia ortodoxa. Este monasterio es más grande que el anterior, y en la misma entrada puedo admirar unos jardines, perfectamente cuidados por las monjas de este lugar de retiro turístico. En el interior, poca cosa destacable, o mucha si se es un apasionado de los frescos pictóricos. Este monasterio desafía con osadía al abismo, con una construcción imposible. La estampa más original, me la proporciona una monja, en silencio, pintando piedras con un rotulador, estampando imágenes del monasterio, que después deposita en una cesta para posteriormente vender. Desde una balconada interior, empiezo a contemplar las imágenes más espectaculares que había visto hasta ahora. Los monasterios de Varlaam y el de Gran Meteora, al fondo, en unas rocas, suspendidos en el aire.
 
Empiezo a entender, que el encanto de Meteora, no es el qué, sino el donde. La carretera me lleva ahora hacia el monasterio de Varlaam, uno de los más bonitos y antiguos del lugar. Pero el Varlaam, como mejor se aprecia, es desde la lejanía, desde cualquiera de los otros monasterios que ofrecen vistas a su impresionante ubicación. Por mucho que lo mire, aún me pregunto, como se construyó, como lo hicieron hace más de 6 siglos para poder levantar sus paredes encima de esta roca. Y me sorprendo de nuevo aún más, cuando conozco la historia del lugar, de cómo los empinados escalones que subimos los mortales actualmente, tan solo son un invento de mitad del siglo pasado. Hasta entonces, las cuerdas, y unas rudimentarias escaleras de madera, o unas cestas con una polea, eran la única manera de acceder.  El interior del monasterio de Varlaam, es quizás uno de los más ricos en cuanto a arte se refiere. Frescos bizantinos en una capilla llena de imágenes por cada centímetro de pared, y con numerosas alegorías al gran conquistador Alejandro Magno. 
Sorprende aun su sistema de transporte, utilizado únicamente por los monjes. Unas cuerdas, una especie de canasta cerrada, un teleférico rupestre. Símbolos, imágenes y admiración. Varlaam es una joya sobre una roca.
 
A escasos metros del Varlaam, se alza el Gran  Meteora, el más grande del lugar y él que concentró el mayor poder de la zona. En Meteora llegaron a haber más de 24 monasterios, de los cuales tan solo quedan hoy en día una docena, y tan solo seis de ellos están abiertos al público. Las luchas de poder, los celos, las rivalidades monásticas, acabaron con ellos. El Gran Meteora, fue siempre el centro del poder de la zona y el principal causante de la paulatina desaparición de otros monasterios.  Al adentrarse al monasterio, se observa una notable diferencia con el resto. Varios niveles construidos, museo, enormes patios con unas vistas increíbles al valle, pinturas, un enorme salón comedor, iglesia, celdas y hasta una colección de calaveras perfectamente visible.  Desde sus más de 600 metros sobre el nivel del mar, uno se siente más cerca del cielo, que de la tierra. La impresionante serie de frescos, sobre los martirios de los santos,  es sencillamente preciosa. En el Gran Meteora, el tiempo pasa rápido, hay tanto por ver, y tantas esquinas que nos llevan a magníficos balcones exteriores, que a veces, se tiene la sensación de perderse.
En algunos monasterios, nos venden miel del lugar, y algunas tablillas de madera con imágenes ortodoxas. En el Gran Meteora, la tienda de souvenirs, no se diferencia en nada a cualquiera que podamos encontrar en cualquier parte del país. Estoy en lo más alto del monasterio más alto. Frente a mí, las nubes que la humedad de la lluvia anterior ha formado, se deslizan sutilmente hacia otra parte del valle.
 
Del Gran Meteora, me acerco al quizás más sorprendente de todos los monasterios, y una vez más no por el edificio en si, sino por su ubicación. El monasterio de Agia Triada, (la Santísima Trinidad) está situado sobre un risco aislado, sobre una roca sin unión con ninguna otra, como si de la tierra hubieran brotado piedras y con el paso del tiempo, se hubiera mimetizado con la roca. Impresionante y espectacular su visión. La mejor de todas, sin duda alguna. Pero para llegar a él, hay que hacer un pequeño sacrificio: decenas de metros de subidas y bajadas, de escalones, de rampas, que permiten, con un poco de esfuerzo llegar al interior de él. Su interior es parecido al resto, simple, sencillo con algunos frescos resaltables y sobre todo, unas vistas inmejorables. Solo para sus ojos, dijo James Bond, cuando rodó esta película en este emplazamiento. Por suerte,  hoy en día, está abierto a los ojos de todos los que se atrevan con los escalones, el sol y el calor. Cada monasterio guarda en su interior, en sus muros, narraciones pictóricas sobre la historia del cristianismo, pensadas para ser contempladas, por los antiguos fieles y por los millares de turistas que accedemos a sus interiores.
 
El ultimo monasterio es el de Agios Stefanos, el mas alejado de todos, y el mas fácil de acceder. El parking nos deja a escasos metros de su puente. Las monjas que lo habitan, han convertido este lugar en una enorme tienda de recuerdos, pero aun así, su capilla, el patio interior y las vistas desde el monasterio, merecen una visita.
 
Muchas leyendas atesora Meteora, desde la fundación por un solo monje, llamado Atanasio, hasta la creación por orden y gracia de los antiguos dioses griegos. Sea cual sea su origen, su intención, su finalidad, bienvenida sea.
 
Meteora significa rocas en el aire, y quizás esta sería la descripción más exacta del lugar. En la llanura de Tesalia, unas masas rocosas de arenisca, sobresalen como por arte de magia. Con más de 30 millones de años de formación, la acción del agua sobre la piedra, crearon estas formas oníricas, que hoy son aparte de una  atracción turística, un retiro espiritual.
 
Kastraki, me guarda alguna pequeña sorpresa más. Un camino interior que empieza en el centro de la ciudad, atravesando las  últimas casas, a las cuevas que fueron refugio y vivienda en siglos pasados. Las mujeres del lugar, te saludan con un aire familiar y te indican con seguridad el acceso a unas rocas, y a otros monasterios que son más difíciles de encontrar. En lo alto de las paredes, como pegados en el lateral de la montaña, el Monasterio de San Jorge, con una inexplicable manera de acceder a él. A veces pienso que es como una pintura con relieve, como una masa pegada en la pared, sin forma visible de acceso. Los caminos interiores de Kastraki, atesoran pequeños rincones para caminar y contemplar las graníticas rocas de Meteora. Al caer la tarde, los colores del atardecer, proporcionan un ambiente mitad místico, mitad embriagador. Por unos instantes tengo la tentación de quedarme en un lugar apartado del mundo, a mitad de camino del cielo y la tierra. Pero mi viaje por Grecia, debe continuar.
 


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