Venecia-Eslovenia

Escribe: Sandrusky
Un viaje de 10 días en los que establecimos el "campamento base" en Venecia, donde disfrutamos de unos días fabulosos con un paraje espectacular. Sin embargo, no desperdiciamos la ocasión para descubrir uno de los países vecinos, Eslovenia, así como tampoco perdimos la oportunidad de acercanos a Trieste, San Marino y Tavullia.

 

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Trieste

Trieste, Italia — sábado, 2 de octubre de 2010

Nos hemos despertado en una habitación enorme y perfectamente acondicionada en la capital de Eslovenia, Liubliana; y lo hemos hecho a las 9 de la mañana. No obstante yo me desperté a las 6 sin poder evitar la tentación de mirar la hora pensando que nos habríamos quedado dormidos. Pero no, todavía faltaban tres horas hasta que el despertador del móvil comenzase a cantar. Sin embargo, una hora después se despertó Chuan con la misma intención; y una hora más tarde, lo volví a hacer yo. Finalmente, diez minutos antes de las 9 ya estábamos los dos despiertos; yo, que me sentía muy descansada y bastante despierta, decidí no esperar a que saltase la alarma y me levanté. Aprovechando que la habitación tenía ordenador con conexión gratuita a Internet, no pude resistirme al placer de encenderlo para ver las principales noticias del día.
 
Aproximádamente media hora más tarde bajé a desayunar –Chuan no quiso bajar, dijo que no le entraba nada, así que siguió alargando el momento de levantarse-. El desayuno, tipo buffet, ha sido casi idéntico al del Marco Polo. Después he subido a la habitación , hemos recogido todo y hacia las 10.30 de la mañana hemos dejado el hotel. Mientras hacíamos el check-out y pagábamos la factura, le hemos preguntado a la recepcionista –que era la misma chica que nos atendió ayer cuando llegamos- si podíamos acceder en coche al castillo de Liubliana; nos ha indicado que sí, y, como no era muy tarde, hemos decidido acercarnos a verlo antes de ponernos en camino hacia Trieste.

Hemos subido al castillo por una carretera con buen asfalto, rodeada de prados muy verdes y resguardada por un montón de árboles que dejaban caer sus hojas amarillas, rojizas y marrones sobre la carretera. El castillo está muy bien conservado; en la oficina de información nos han indicado qué ver y hemos visto los precios para cada cosa. Hemos ido directamente a la torre, a la que hemos subida tras pagar 6 euros por los dos. Hemos subido una escalera de caracol de metal con barras rojas –una escalera subía y otra bajaba- hasta llegar a la cima. Desde arriba las vistas son espectaculares, no sólo porque se ve toda la ciudad, sino la magnitud de la misma. A nuestra bajada de la torre, bajamos a ver la capilla y, tras ello, decidimos volver al coche para poner rumbo a Trieste, ciudad italiana que nos quedaba de camino y que está a poco más de una hora de Liubliana.

En la autovía nos hemos comido una señora caravana debido a que están haciendo obras de asfaltado. Un embudo en toda regla, porque de tres carriles se nos quedaba en uno. Pero, una vez pasado el monumental atasco, hemos continuado sin ningún problema hasta Trieste. Como no teníamos ninguna dirección concreta, apuntamos en el GPS para ir hacia el centro. Menudo acceso a la ciudad…está a las faldas de las montañas, y si no nos hemos tirado 10 minutos bajando cuestas, no han sido menos. Entre tanta cuesta, curva y el entorno –entre bosques y montañas- no hemos podido evitar pensar en San Francisco. Y, una cosa que nos ha despertado curiosidad asombro: las vías del tranvía atravesando una rotonda, y parte de la carretera.

El caso es que hemos llegado sin ningún problema al centro de la ciudad; el problema ha sido encontrar un parking donde poder dejar el coche. Tras unas cuantas vueltas hemos encontrado uno; hemos mirado las tarifas y hemos calculado dejarlo entre 3 y 4 horas. Nos hemos ido hacia la calle en busca de un lugar donde comer. Hemos aparecido en una calle inmensa que por su magnitud hemos llamado Gran Vía, cosa que más tarde hemos podido comprobar que, ciertamente, ése es el nombre de la calle. Tras callejear un poco nos hemos metido en un Kebab. No estaban malos, aunque un poco picantes y muy diferentes respecto al que estamos acostumbrados a comer. Y después de comer, pues hemos ido en busca de una oficina de turismo para que nos diesen un mapa y nos orientasen un poco sobre qué ver, ya que no disponíamos de mucho tiempo.

Nos hemos acercado a un plaza en la que, desde el coche, habíamos visto un montón de casetas en lo que parecía una feria gastronómica; y no íbamos mal encaminados, porque en una de ellas había productos españoles, en otra pakistaníes, en otra alemanes, etc. Hemos mirado por los alrededores y no hemos encontrado ningún punto de información turística, por lo que hemos optado por preguntarle a una chica de un quisco, quien nos ha indicado dónde estaba.

Nos hemos metido por una calle por la que no estábamos muy seguros si llegaríamos donde nos había dicho la quiosquera o no, así que hemos preguntado a una mujer que es quien nos ha dicho dónde estaba la plaza. Estábamos justo al lado. Parecía la plaza del ayuntamiento, porque a parte de que la plaza era inmensa, había un par de edificios impresionantes, haciendo una especia de “U”; al frente, el Mar Adriático. Hemos encontrado la oficina de turismo, nos han dado un mapa y nos han señalado los lugares más próximos que podríamos ver durante la tarde.

Nos hemos acercado hasta el muelle, se estaba de lujo. Hacía sol, pero sin hacer calor, y junto al mar se estaba genial. Hemos estado ahí unos minutos, observando embaucados el mar, hasta que nos hemos puesto en camino en busca de una cafetería en la que tomar un par de cafés. Hemos pedido dos capuchinos pequeños. Han tardado en servirnos. No estaban malos, aunque más que capuchinos parecían dos cortados con un poco de espuma.

Tras finalizar los cafés, nos hemos dirigido al casco viejo de la ciudad ya que estábamos al lado. Hemos dado un paseo y hemos vuelto sobre nuestros pasos por una calle paralela en busca del anfiteatro romano. Son unas ruinas al aire libre, valladas aunque visibles desde la acera. Un gato negro dormitaba al sol sobre una de las piedras.

Tras ello, hemos decidido ir a la zona en la que habíamos comido –también recomendada en la oficina de turismo y en la que, de casualidad, ya habíamos estado- para ir yendo hacia el coche, ya que teníamos casi dos horas hasta llegar a Venencia. En el parking hemos pagada, hemos conectado el GPS y hemos salido; como a la mañana, pero esta vez a la inversa, subiendo cuestas unos 10 minutos. Cuando íbamos llegando arriba de la montaña, se veían unas vistas de la ciudad impresionantes. Yo ya iba quejándome de que el paisaje pedía un mirador, cuando en una curva hemos visto uno. Nos hemos pasado la entrada, pero como íbamos a pasar una rotonda, hemos dado la vuelta para pararnos en el mirador para echar unas cuantas fotos. Sí que era un mirador; las vistas, impresionantes; además, estaba atardeciendo por lo que se veía un sol naranja reflejado en el mar, dejando una luz preciosa en los edificios que están junto al puerto.

Ahí arriba, cobijados por las ramas de los árboles, nos hemos fumado un cigarrillo antes de partir hacía Venezia. Serían las 8 de la tarde, aproximádamente, cuando hemos llegado a nuestro “campamento base”. Hemos dejado el coche en el parking del hotel; hemos ido a recepción, nos han dado las maletas, la llave de la habitación y la factura de las noches anteriores. Hecho todo, hemos subido a la habitación, que no es la misma que estos días anteriores –¡lástima!-; estamos un piso más arriba y la habitación es un poco más pequeña. Pero bueno, para dormir, descansar y ducharse no hace falta nada más.

En general ha sido un día completo. De Eslovenia nos llevamos el sabor de una ciudad que trabaja día a día para ser un poco más moderna, pese a que ya lo es; nos llevamos el sabor de un lugar precioso digno de conocer. De Trieste, en cambio, aunque en general nos ha gustado y tiene lugares muy pintorescos y bohemios, no hemos podida evitar fijarnos en la suciedad de muchos de sus edificios.

Con todo, mañana también será un día aventurero. Por la mañana partiremos a Tavullia –pueblo natal de Rossi- y, después, tenemos idea de ir a San Marino –cosa que actualmente no es del todo segura que vayamos a hacer- y finalmente a Rimini.


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