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Vagabundeo por el mundo

Escribe: nehomarm
Un viajesillo, por 5 países y mi imaginación

 

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Decepcionante Trabzon, en busca de Natasha

Trabzon, Turquía — sábado, 24 de julio de 2010

Prostitutas, bares, marinos peleoneros y un poco de delincuencia, fueron las advertencias de la guía amarillista, que me sedujeron a ir a Trabzon. El objetivo: conocer una prostituta rusa de nombre Natasha. No iba pendiente de una experiencia religiosa en los monasterios o relax a orillas del Mar Negro, sencillamente quería romper con la senda rumbo a la beatificación que tuve en mi andanza por el este turco. Ya era un hecho que no me animaba a ver más ruinas, menos museos y había tenido bastante tiempo en solitario caminando por las montañas, así que me dije – Ir a Trabzon es la mejor opción para cerrar mi viaje - .
                Muy de mañana deje mis preciosas montañas Kaçkar, con un clima agradable, algo nublado comenzamos el descenso, a bordo del mini bus. Iba allí sentado solo entre lugareños, escuchando su música y contemplado su paisaje, cuando de repente en la vía, así no mas aparecieron cuatro cabras montesas, definitivamente estas montañas me tenían guardado para el final lo mas impresionante.
                Así como había llegado a Yusufeli, así lo deje, por las mismas serpenteantes carreteras hasta Erzurum, allí tome inmediatamente el autobús a Trabzon. El camino al principio más de lo mismo, estepas tras estepas, pastizales hasta el infinito, así hasta que los oídos comenzaron a zumbar.  – Cuando los oídos zumban, es porque están hablando de ti -, dicen los viejos de mi localidad, para mi es síntoma de ascenso. Las montañas repentinamente se tornan verde oscuro, y comienzan a observarse los sembradíos de té, se sentía en el aire un olor muy fresco y agradable, hasta que comenzaron los niños y no tan niños a vomitar. Es súper difícil, mantenerse sereno en un autobús impregnado con a olor a vomito, encima oír el clásico sonido que se produce al expeler el vomito y contener uno las ganas de vomitar exitosamente, creo que superar esa prueba con éxito, lo ubica a uno, a solo centímetros de ser una persona zen.
                Siguiendo en el camino, noto con tristeza, que las verdes montañas se quedan atrás y la carretera comienza el descenso, el calor se hace presente, el aire algo turbio y contaminado y el paisaje no muy bonito. Al llegar a Trabzon tuve una mala impresión del lugar, carecía del encanto que buscaba. Inmediatamente trate de ubicarme, mi plan era instalarme, en el mero centro de la ciudad, por experiencia sabia que en ese lugar o alrededor estaría todo lo que buscaba para mí. La ciudad una ciudad porteña, algo desordena y decadente, con edificios bastantes descuidados y calles algo sucias, marcada por un clima ligeramente más fresco que el de la costa mediterránea, aunque con una marcada humedad.  
                Orientarme acá no fue nada costoso, solo le pregunte a un lugareños – Otobus, centrum – y el sujeto solo indico al otro lado de la calle del otogar y señalo al oeste de la vía. Allí parado, esperando el bus, divise tres licorerías a simple vista, era buena señal, - Muchas licorerías, mucho algo, es igual a desenfreno - , no me provocaba de momento tomarme la primera “bira” del día, primero quería instalarme y darme un merecido baño. El tomar el autobús, reconozco que la atención del chofer fue excelente y el costo del pasaje muy razonable (1,5 liras), este se desplazo a lo largo de la avenida principal, luego se devolvió, subió a una loma y ya, me encontraba en el centro de la ciudad, un paseo de unos quince minutos.
                Ya la nostalgia me pasaba factura, el viaje en solitario me encanta, solo que ocasionalmente hace falta hablar con alguien. Al bajarme del autobús, tome nota inmediatamente de las ofertas de comida en los alrededores, la prioridad era primero el hospedaje, segundo comer y tercero diversión. No pasaron cinco minutos de estar caminando cuando alguien me grito “Patria, socialismo o muerte”, mi reacción fue con desgano levantar el puño izquierdo, pero el entusiasmo del chico fue más que mi desgano, me invito a su local de comida, donde me mostro su variado menú (comida de mar), y donde resalto el hansim (anchoas frescas, a la plancha), en medio de una animada conversación y varios tés me invito, a pasar a la hora de la cena a comer allí, según me daría buen precio y me daría hasta ñapa.
                Me hospede en lo más económico que encontré, seguí firme a mi idea, de evitar habitaciones confortables, para verme en la necesidad de pasarme el día en la calle. Esta habitación no fue la más fea, en la que estuve, pero si fue lo suficientemente fea como para mencionarla. Lo que nunca entenderé, fue porque la habitación incluía ducha privada y no wc. Dedique el resto de la tarde a descansar un poco, acicalarme en lo posible y ponerme mis mejores ropas (un pantalón de rallas, una remera blanca y tenis, lamente no tener zapatos blanco), para salir en búsqueda de mi Natasha y mi borrachera.
                Listo para el combate salí, mis ropas eran las adecuadas, iba bien armado (algunos euros y preservativos), y con mucho entusiasmo, lo primero fue procurarme una cena ligera y económica, debía tener suficientes energías, pero no sentirme pesado. Lo segundo y principal, ubicar los principales antros de perdición de la ciudad. Camine por las calles en búsqueda de la algarabía que resalta de esos sitios, en búsqueda de avisos de neón, en búsqueda de sonido de botellas rompiéndose y nada. Solo encontraba lugares donde los hombres iban a beber con hombres, pero nada de Natasha. La decepción caía sobre mí, ya estaba casi borracho y no daba con los supuestos burdeles  y prostitutas, con lo pudorosa de las personas de por allí, temía preguntar por un sitio de esos. Ya derrotado volvía a mi hotel, justo al lado veo un grandulón que asemejaba un gorila, las lagrimas brotaron de mis ojos, era el seguridad de un club, muy sonriente me acerque a la puerta y sorpresa, este rufián no me dejo pasar. Bueno yo vestía ropas occidentales más elegantes que las de él, pero no era para que me prohibiera el paso, no iba a quedarme con esa, estaba dispuesto a subir y cambiarme la ropa, hasta que un gentil simio de menor calado, me invito a su club. Al entrar fue como si me arrojaran un balde de agua fría, la cerveza costaba diez liras, el lugar era de todo menos agradable y las prostitutas, todas tan feas como el lugar. Estas insistieron en que caballero como yo, no debía dejar su aposento, sin antes ver el espectáculo de “Madame Auyama” (ojo nombre inventado por mí, ya estaba borracho como para recordarlo), por fin me trajeron una cerveza de diez liras, junto a ella pedí un gotero, debía tomarla lo más lento posible, total quería ver el espectáculo. La Madame apareció, medio hora luego, mi cerveza aun intacta, solo pedía hielo, para que rindiera y odio la cerveza con hielo. Al empezar el baila, la música me fascino, el cuerpo de la mujer desbordaba en movimiento, pero como no iba a moverse si estaba rodeado por una capa de grasa que una morsa envidiaría. Ya que yo era de los pocos espectadores y el único extranjero, esta se acercaba mas a mí a bailar, poniendo todas sus cavidades a mi disposición, para hacer un deposito en efectivo. Vaya vista tuvo esa chica de mi, que no estaba dispuesto a soltar un euro más. Total termino su baile, termine mi cerveza y mas por fastidio que por nada, salí del lugar. Al lado del hotel vi una licorería y por ocho liras, me dieron tres cervezas de las que no crecen más. Justo al sentarme en las escaleras del hotel, a beber mi elixir recibí un regaño del encargado. Al parecer no era bien visto que un desgraciado como yo, se sentara frente a un hotel de mala muerte a tomar. Sentado sobre un puente termine esa deprimente noche, por lo menos concrete el logro de emborracharme.
                Con la mañana llego mi día numero treinta lejos de casa, literalmente ese día debía comenzar mi regreso a Venezuela, pero aun podía darme el obsequio de visitar algún paraje natural de la localidad, andaba estresado de esa ciudad, así que entregue mi flamante habitación y me dirigí con celeridad al otogar. Allí compre mi boleto a Estambul, en el último bus que saldría ese día (grave error), con la intención de ir a un monasterio o un lago del que había leído. Mi presupuesto era súper escaso, rondaba las noventa liras, más un sencillito, el solo pasaje a Estambul costo sesenta liras, claro después de armar una pataleta, solo me quedaban treinta liras, disponibles, antes de recurrir a mi fondo de emergencias. Al preguntar el costo del pasaje al monasterio el sujeto como que leyó mi mente y solo dijo “treinta”, aun incrédulo pregunto si era ida y vuelta, este sonrió y dijo un rotundo NO. Estaba dispuesto a irme por allá a pasar el día solo con los kebab, que tenía en mi bolso, pero no podía arriesgarme a quedarme varado por allá sin pasaje. La solución resulto ser la más triste de todas, quedarme en Trabzon TODO el día sin hacer nada. Bueno estaba en Trabzon con treinta liras, tenía el mundo a mis pies, el sarcasmo en mis palabras desborda. No se me ocurría nada divertido de hacer, solo mirar el mar negro, camine por roto un bulevar costanero (valga resaltar muy lindo), justo hasta divisar a unos niños bañándose en las aguas del mar. Ni corto, ni perezoso seguí el ejemplo de los niños, en ropa interior me lance al agua. Que razonamiento mas inconstante el uno, que justo al estar dentro del agua se me ocurre pensar -¿A dónde van las aguas negras de esta ciudad?, en ese instante me supo el agua distinta. Ni modo ya estaba allí, quizás cubierto de coliformes, pero no había para mas, a divertirse. Fanfarroneando me acerque a los niños, para una competencia de nado, me sentía un tiburón, después de mi entrenamiento en Olympos, lo que no tenía en cuenta, era que estos niños no habían tomado hasta emborracharse la noche anterior y al parecer todos los días nadaban allí. Afortunadamente no aposte nada, quede en ridículo delante de esos velocistas.
                Al salir del mar otra interrogante vino a mi ¿Cómo coño me quito esta “agüita” de encima?, pensativo medite sobre una piedra, hasta que divise el sistema de riego de un restaurant, con mi pandilla de escualos me dirige al sitio. Una vez allí no sabía la procedencia del agua, solo sabía que era dulce y que no me iba a irritar por quedarme con agua salada encima. La cosa allí fue buena hasta que el seguridad se percato de nosotros y nos corrió a todos.
                A todas estas, mi reloj mental me decía que debían de ser cerca de las seis de la tarde, este resulto estar adelantado tres horas, y el hambre me estaba pasando factura. Recién bañado me dirigí caminando al centro, allí encontré mis anchos, una plato que soñaba comer, al igual que mi difunto padre, ese almuerzo lo dedique a su memoria. Comí como rey y no pague cinco euros. Con el estomago lleno, solo quería echar la siesta, y que mejor sitio que debajo de un puente. Mi morral de almohada, la grama como colchón y el sonido del mar arrullándome, en ese nicho pase la tarde dormitando, leyendo y fantaseando.
                Por fin estaba próximo a salir mi autobús a Estambul, solo me separaba un viaje de dieciocho horas, lo más importante era, que volvía a la ciudad donde comenzó todo, no sabría como la vería, que tan distinta seria para mi después de haber obtenido esa experiencia a lo largo del país, después de conocer toda esa gente.

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Últimos comentarios

Tafuri dice:
Vos si sabeis divertirte...
Que moyeja, primo!! te felicito

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yojose dice:
Órale... Cerveza con gotero, muy bien pana.
Publicado

carmenparis dice:
que aventura verdad ?...cuantas prostitutas llamadas
Natacha habrá en el mundo ?
sigue buscando chiquillo..... saludos

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nehomarm dice:
Un honor a esas Natashas de todo el mundo, mis comentarios no fueron despectivos, solo referenciales al estereo tipo ya que por aca son Juanas, Johana o Carmen.
Oye Tafuri uno debe encontrar diversion hasta en el momento en que le hagan la autopsia a uno.
Saludos

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Meskal dice:
Tu diario es interesante y fuera de lo comun, debere leer todos los capitulos ya que Turquia es uno de los paises que mas deseos tengo de visitar. Saludos.
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Her_2004 dice:
Que buen diario!. Cuanta aventura. Saludos.
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Rebby dice:
Muy interesante tu diario! el color local junto a tus vivencias lo hacen muy entretenido de leer. Saludos desde Perú Nehomarm.
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chantalarwen dice:
que encantó tu diario!!!
que buena experiencia (en ese momento no debió serlo tanto), pero es de esas que te dan historias para contarle a tus nietos
escribes muy bien!
saludos

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babydollspain dice:
Una pena que no encontraras a la sirenita llamada Natasha!!
Otra vez será...

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Hermoso camino a Trabzon

   

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