Centroamérica desde adentro
Escribe: DANIEL76ARG
Evidentemente todo viaje nace de una pregunta sin respuesta y en esta ocasión emprendí la búsqueda durante 25 días en un vasto recorrido de 5.000 km. que lo abarca casi todo: arenas blancas, aguas verdes, misteriosos cenotes, ruinas precolombinas, exuberantes selvas, áreas de naturaleza en su estado más puro, un sinfín de volcanes y disparejos acentos de gente maravillosa que habita los países de la cintura de América.
Tortuguero: un éxtasis de la naturaleza
Tortuguero, Costa Rica — domingo, 17 de abril de 2011
El motor de la embarcación se averió y llegamos un poco más tarde que lo estipulado, pero habiendo pisado tierra el tiempo parece suspendido. Se dice que es el principal lugar del Caribe donde acuden para desovar las tortugas verdes, además de otras 4 especies. Está situado en una estrecha lengua de tierra entre el mar Caribe y el río Tortuguero. Es un pueblito de no más de 500 habitantes con estrechos senderos que serpentean entre la vegetación exuberante. Aquí la proporción naturaleza-visitante permanece alta a favor de la primera.
Ernesto me recordó a mi padre, es un guía cincuentón que tiene su agencia frente al muelle. Lo poco que habla está respaldado por años de experiencia y, por lo general, eso no nos gusta escuchar. Fue directo: “Si el interés son las tortugas verdes, la época de desove se extiende de julio a octubre” ¿Y las baulas? pregunté cómo presintiendo su respuesta… “Más difícil es observar a una baula, por eso yo no hago el tour de la tortuga fuera de época.” ¿Y los escarabajos Goliat? Yo vi una foto que alguien tomó acá, le ocupaba toda la mano y… ( me interrumpió) “En mayo” Su respuesta fue tajante. Sin más palabras, le pagué los U$S 15 para un tour de navegación por los canales para las 6 A.M. del día siguiente y me fui a buscar otro guía que me diera un poco de esperanza. Había leído que de marzo a mayo hay probabilidades y por nada quería renunciar a una caminata nocturna por la playa, con la intención de ver a estos gigantes enterrar los huevos en la playa. Comencé a preguntar por Karla Taylor, había intercambiado unos mails con ella luego de hacer contacto a través de la página www.tortuguerovillage.com, pero regresaría recién en un par de días con un grupo de extranjeros. De camino hablé con un tal Wilfredo, que me pasaría a buscar cerca de las 21:30 para caminar por la playa dos horas, sin garantizar nada. El costo es de U$S 20 + U$S 10 de entrada al Parque Nacional. Una vez arreglado esto, dejé mis cosas en “Princesa río”, un pequeño complejo de habitaciones con baño a U$S 10 diarios y me fui a la playa. No se me ocurrió mejor idea que comprar un “coco loco” de pasada, el cual bebí hasta la mitad de “un tirón” sin advertir que contiene un coctel de bebidas alcohólicas suficientes para adormecer a un elefante… la brisa del mar me devolvió a la realidad, caminé por la orilla del mar hasta que oscureció y regresé a la habitación, pues aún faltaban 3 horas para las 21:30 hs. En vez de Wilfredo pasó un representante, el cual me aconsejó no dejar nada en la habitación, ya que existe la posibilidad de que alguien entre al complejo y tome lo que no es suyo. En el camino se sumaron 2 señoritas alemanas; y allí comenzó el calvario: la arena es muy fina, hay que caminar descalzo y por la orilla para no enterrarse. Nadie había llevado agua. Sin hablar una sola palabra, anduvimos 40 minutos hasta que una de las alemanas quedó extenuada. En plena oscuridad, nos sentamos en un tronco caído mientras el guía me dijo que el iría más adelante. Las olas que llegaban a la orilla provocaban un ruido ensordecedor, por lo que no escuché decir si nos avisaría de encontrar algo. Pasado unos minutos nos pareció ver señales de una linterna y a pura seña con las alemanas, rumbeamos para allá. 30 minutos más tarde encontramos al guía que regresaba y volvimos tras nuestros pasos… descorazonados. Quién tenga la suerte de observar tortugas a la luz de la luna, añadirá una experiencia invaluable, yo no la tuve.
18/04/11 - Con apenas 5 horas de sueño y un cansancio generalizado, me dirigí en vano a los dos lugares que tenían carteles de apertura a las 5:30 A.M. para desayunar. Ya había gente esperando en lo Ernesto, quien con ojo experimentado, calculó el peso de cada uno y nos repartió en 4 canoas. Pasamos por la oficina del Parque Nacional a pagar los U$S 10 de entrada y comenzamos a remar. El iba recitando explicaciones en español e inglés con una paz inalterable. Nos explicó que en la temporada de lluvia, los ríos son más caudalosos y hay más vida animal, pero igual veríamos mucho, y su palabra se cumplió una vez más. Avanzamos entre la fragancia de las flores de ilán ilán. En el dosel de las copas nos mostró tucanes y otras aves de vistosos colores que iba identificando por su graznido, mientras los monos aulladores sacudían las ramas de los árboles para alejar a nosotros, los intrusos. Luego comenzó a surcar el laberinto que forman los canales y a descubrir especies de garzas. Lo que a nosotros nos parecía un pedazo de tronco flotando, para él era un caimán. El viejo Ernesto conoce los secretos de los canales a tal punto que las lanchas de otros guías nos seguían a una distancia prudente. El sol pegaba fuerte, la posición incómoda hace que uno a uno nos acalambremos y entonces nos dimos por satisfechos de ver tanta naturaleza liberada. Regreso por mis cosas y me voy a un bar para desayunar tranquilamente mientras se hace la hora en que saldrá la primer lancha hacia La Pavona o Rancho de la Suerte. Allí encuentro a Ernesto y a Carlos, su amigo. Me invitan a sentarme con ellos. Me preguntan de dónde soy y luego si conozco a Messi en persona, y allí comenzó una conversación animada hasta que se fumaron toda una etiqueta y agotaran la existencia del aguardiente “Cacique”. Se hizo la hora de irme, espero la lancha y esta ya había salido desde otro muelle. Ernesto habrá visto mi cara de angustia y ordena a un hombre desatar otra lancha e ir tras la barcaza mayor de transporte. Le agradezco y salimos a toda máquina, pero tenía poca nafta, así que pasó por la casa de un amigo a llenar el tanque. Otra vez en carrera hasta que se paró el motor en medio del extenso río. Entonces aprendí un montón de malas palabras o “carajillos” ticos, ya que el comandante se acordó de todos los “mae, chunche, vara y weon” que le rodean.
Alcanzamos a otra embarcación que iba al mismo destino, le di una generosa propina a este noble señor e hice un osado trasbordo saltando por encima de los 12 metros de profundidad que tiene el río en ese tramo. Casualmente sobraba un lugar en la cargadísima barcaza. Me relajé… y recordé que no había visto un basilisco (reptil, parecido a una iguana, pero muy peculiar gracias a unas escamas especiales que tienen en la base de las patas traseras, que lo capacita para corres sobre la superficie del agua por cierta distancia.) Después de varios giros, el caudal del río comenzó a bajar y en algunos tramos la lancha encallaba. No quedaba otra que bajarse a empujar, situación que disfruté vez tras vez. Como recompensa apareció uno, dos, tres, ¿qué digo? Decenas de basiliscos en posiciones distintas; parecían que posaban para las fotos ¡y hasta pude ver uno corriendo sobre el agua, aunque la foto me salió mala! Llegamos con un importante atraso al muelle de La Pavona, pero el bus esperó la lancha y salió disparado para acortar la tardanza de hora y cuarto. Todo iba bien hasta que faltando metros para ingresar a la terminal de Cariari, gira e impacta con un motociclista que venía de frente. Los pasajeros advierten el choque, gritan, se escucha el chirriar de los frenos, el golpe que parte el parabrisas y luego silencio. Nadie se anima a bajar...hasta que el motociclista se levanta y todos comenzamos a respirar de nuevo. Tomé el bus de regreso a San José. Almuerzo y ceno, todo junto, en la terminal caribeños y voy en taxi hasta el hotel porque estoy cansado, pero el taxista es nuevo y me deja cómo a 7 cuadras. Pero nada de esto interfiere negativamente a la hora de recostarme y hacer un recuento de este día.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
La necesidad de viajar: aprender - comprender
-
2
Chichén Itzá ineludible
Chichén-Itzá, México | 4 de abril de 2011
-
3
Tulum y Los Voladores
-
4
Cenote Aktun Chen, un mundo subterráneo
Playa del Carmen, México | 6 de abril de 2011
-
5
Palenque, tierras bajas de Chiapas
-
6
Los Olmecas de La Venta
Villahermosa, México | 7 de abril de 2011
-
7
Oaxaca...¡auténtica!
Oaxaca de Juárez, México | 8 de abril de 2011
-
8
Guatemala, la más "india"
Antigua Guatemala, Guatemala | 11 de abril de 2011
-
9
El Salvador, Honduras y Nicaragua
San Salvador, El Salvador | 14 de abril de 2011
-
10
Tortuguero: un éxtasis de la naturaleza
Tortuguero, Costa Rica | 17 de abril de 2011
-
11
La magia verde del Arenal
Parque Nacional Volcán Arenal, Costa Rica | 19 de abril de 2011
-
12
Panamá, la encrucijada del mundo
Ciudad de Panamá, Panamá | 25 de abril de 2011
En Tortuguero...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Tortuguero: un éxtasis de la naturaleza” con tus amigos en Facebook?