Costa Rica Selvatica

Escribe: apuertas
Un país lleno de contrastes. La variedad de paisajes y microclimas que se pueden disfrutar en un mismo día, hacen de este país un destino paradisíaco. En sólo 51mil kms cuadrados, el viajero puede encontrar: sol y playa, aventura, naturaleza y cultura; componentes necesarios para satisfacer el gusto de miles de turistas que encuentran en Costa Rica, una tierra acogedora y tranquila. Uno de los destinos de turismo ecológico más importantes del mundo...

 

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De San José a Tortuguero

Tortuguero, Costa Rica — martes, 19 de enero de 2010

8 de Junio de 2009

De San José a Tortuguero 
 
Despegamos en Barajas según hora prevista, en el IB 6313 de las 12:05. Como siempre había dejado que embarcara casi todo el pasaje, cuando ya casi siendo la ultima, me encamine hacia el avión, quería evitar así las eternas colas que se forman y los empujones que incomprensiblemente la gente protagoniza una y otra vez, a pesar de que cada uno tiene previamente establecido su asiento.
 
El vuelo iba bastante completo y se podía oír desde el "finger" 1, el bullir de gentes y maletas intentando coger el mejor sitio para estas. Ubique mi asiento rápidamente ya que casi todo el pasaje estaba sentado y además estaba situado en la fila 9, justo al terminar la clase Business.
 
Si todo marchaba según previsto, en 11 horas estaríamos llegando a San José, capital de Costa Rica. Lo mas temido para cualquier viajero que tiene que aguantar tan largo viaje, es siempre su compañero desconocido de viaje, en mi caso fue Francesca, una catalana de unos 55 años, que viajaba sola dentro de un paquete de Mundicolor, que resulto ser una compañera casi muda durante todo el vuelo, lo cual siempre es de agradecer cuando uno quiere dormir.
 
El vuelo transcurrió casi sin imprevistos, hasta que sobrevolábamos Venezuela. La ruta era un tanto peculiar, salíamos de Madrid hacia Portugal, volando directamente hacia Venezuela, sobrevolando Aruba y finalmente hacia Costa Rica, pero en ese momento el capitán anunciaba que debido a una fuerte tormenta, nos desviaríamos ligeramente del rumbo inicialmente previsto y sobrevolaríamos Panamá, para luego dirigirnos a mar abierto y por fin entrar en Costa Rica.
 
El canal de Panamá desde el aire es casi tan espectacular como atravesarlo en barco, aunque se veía infinitamente mas pequeño.
 
1 La palabra finger hace referencia al tubo extensible utilizado en los aeropuertos para conectar los diques del aeropuerto con las puertas de los aviones y así permitir a los pasajeros el acceso directo desde la terminal hasta el avión.
 
La desviación del vuelo, había surtido efecto, pues apenas se dejaron sentir unas leves turbulencias en el avión, antes de que el capitán anunciara que estábamos llegando a destino, el desvío supuso un retraso de 30 minutos sobre la hora prevista de llegada 1505 horas.
 
El aeropuerto Juan Santamaría era bastante pequeño para ser un aeropuerto internacional, así que nos dejaron en mitad de la pista y avanzamos caminando hasta el terminal, eran las 15:35 hora local.
 
A nuestra llegada nos esperaban los trámites de inmigración, así como un comité sanitario que observaba, si alguien del pasaje presentaba síntomas febriles.
 
Una vez pasado todos los controles nos encaminamos ansiosos hacia la cinta que portaría nuestras maletas ¡o eso esperábamos!, pero Costa Rica es otro mundo, aquí, al igual que en otros muchos países del Caribe, el tiempo se detenía, así que las maletas empezaron a salir a las 16:50, mas de una hora para recorrer los apenas 100 metros que distaban hasta el avión.
 
20 minutos mas tarde recuperaba mi equipaje y me dirigí hacia la salida para abordar un taxi, ya había perdido el bus de las 1630 hacia Cariari, así que tendría que darme prisa en coger el siguiente que salía a las 18 horas, no sabia si era el ultimo y me quedaría en tierra una noche mas.
 
En la salida se agolpaban decenas de taxistas oficiales y otros tantos piratas, además de todos los conductores de vehículos contratados para transportar gentes hacia todos los lugares, era un amasijo de Ticos 1, negociando e intentando venderte el mejor precio y el mejor vehiculo, ya que según algunos, había vehículos que literalmente "volaban".
 
Como no disponía de demasiado tiempo, cogí el primer taxi pirata que encontré, no sin antes y con cara de "mi no entender", pedirle que llamara al hotel para confirmar que estarían abiertos a la hora prevista de llegada, las 2030, ya que es una hora poco habitual y además bastante tarde para ellos, así que cogió su móvil y llamamos al hotel.
 
 
1 Gentilicio no oficial que se usa para definir a los Costarricenses.
Una vez todo confirmado, salimos disparados hacia la terminal los Caribeños, que se encontraba al norte de la ciudad, desde donde salían los autobuses hacia Cariari. El tráfico en San José a esas horas era terrible y además había que unirle la forma peculiar de conducir de los lugareños.
 
En unos 30 minutos llegamos a la estación del Caribe, compre el billete de bus y espere hasta que saliera, aun faltaban 20 minutos para las 18 horas.
 
Cariari era un distrito del cantón de Pococi, aunque para mi eran apenas un puñado de casas y de supermercados, parecía tener una gran actividad comercial y agrícola centrada en la producción y   exportación de bananos 1.
 
El viaje hasta Cariari demoraría unas 2 horas, en las cuales habría que atravesar la cordillera central, un espectacular paisaje montañoso de bosque tropical, salpicado de volcanes.
 
A las 18 horas en punto, salio el bus que iba repleto de ticos que regresaban a sus hogares. Después del viaje demoledor de casi 12 horas, caí rendida  en los brazos de Morfeo en un duerme vela, que me hacia despertar a cada parada, para vigilar que mi equipaje no se trasladaba involuntariamente de lugar.
 
El viaje se me hizo eterno, quizás por el cansancio acumulado y por la sensación de llevar las piernas encogidas durante días. Cariari era la última estación así que no habría forma de despistarse.
 
A las 20 horas llegamos a la estación de Cariari y como andaba algo desubicada, pregunte al chofer por mi hotel. Enseguida me dijo que ese hotel no existía y que debería ir al hotel Central que es donde se quedan todos los "visitantes", esto es una técnica habitual para desviar turistas hacia lugares donde se tengan mas afinidad o amigos, pero como no me dio mucha confianza, agarre mi equipaje y me dispuse a caminar hacia el norte, que era la única referencia con la que contaba.
 
1 En Costa Rica el banano es lo que nosotros llamamos plátanos,  para ellos el plátano es un fruto agrio que solo comen los animales o se usa para freír.
 
 
Había bastante gente por la calle, unos comiendo y otros viendo algún partido de futbol, un puñado de taxistas me abordaban para ofrecerme sus servicios, pero aquel pueblo apenas tenia 1 km de longitud, así que cargada con la mochila de unos 18 kg, me dispuse a encontrar el hotel.
 
Cariari es una ciudad "in crescendo", pero no tiene mucho interés para el turista.  Para la mayoría de viajeros independientes, tan solo es la puerta de entrada a Tortuguero.
 
Era noche cerrada y había jóvenes que revoloteaban de un lugar a otro y que me miraban con asombro. Cuando ya había caminado unos 8 minutos, decidí preguntar por la ubicación exacta del hotel, pues ya había pasado el pueblo y caminaba por una carretera a oscuras. El hotel apenas estaba al girar la curva.
 
El hotel Tropical era un hotel sencillo, casi en exclusiva destinado a Ticos que se alojaban allí por largas temporadas en la  recogida de bananos o trabajos similares.
 
El recepcionista que me estaba esperando, me indico mi habitación y me dijo, que el guarda me despertaría a las 5 am para que cogiera el primer bus hacia la Pavona.
 
Dicen que la primera impresión es la que queda, pues bien, mi primera impresión del lugar fue, que me recordaba a los moteles de carretera que suele frecuentar el alcalde Quimby de los Simpson, para llevar a sus conquistas fugaces, o sea, un antro, aunque el aspecto exterior rodeado de jardines y verde, maquillaba lo cutre que era por dentro.
 
La habitación contaba con 2 camas, un baño y un cuarto "oscuro" de extraño uso, que parecía como un desagüe de dios sabe que, de apenas un metro cuadrado y lleno de bichos, afortunadamente tenía una puerta, aunque no cerraba bien.
 
Lo único que me pedía el cuerpo en ese momento era una ducha y dormir al menos 8 horas seguidas, tras visitar el baño, desestime la primera opción.
  
No hacia tanto calor como pensaba, así que me quite la ropa y me metí en la cama. Previamente había deshecho la maleta y la había reorganizado según preferencias y necesidades de los próximos días.
 
Cuando apagas la luz en Costa Rica, la diferencia es prácticamente nula, pues la falta de persianas o cualquier otro objeto que evite la entrada de luz exterior es nula, tan solo hay una cortina de color claro, así que, así escuchando y viendo todas las luces del exterior caí en un sueño pesado y profundo a las 21 horas.
 
Desperté sobresaltada y sin saber donde estaba, rápidamente ubique mi situación y me asalto la sensación de haberme quedado dormida ¡perdí el primer bus! Mire mi reloj y a penas eran las 0:10 horas, y lo que me había despertado, no era otra cosa que una tormenta de dimensiones descomunales.
 
El 95% de las casas y hoteles modestos en Costa Rica eran casas prefabricadas, construidas con maderas de aspecto viejo y techos de chapa fina, las ventanas son un recuadro de madera con una tela mosquitera y en el mejor de los casos unos cristalitos abiertos para ventilar.
 
El estruendo del agua rebotando en el techo de chapa era tal, que había conseguido sacarme de mi profundo sueño, el cuarto oscuro comenzaba a acumular agua de forma preocupante, y así pensando que la próxima vez que despertara estaría surcando los mares del pueblo encima de mi cama, volví a dormirme.
 
A las 3:30 am volví a despertarme, para mi sorpresa la tormenta se había tornado mas violenta, y ahora era un compendio de rayos y truenos unidos a la incesante lluvia. Me levante para asomarme por las cortinas que hacían de persianas y observe como el suelo encharcado, engullía y engullía litros de agua, parecía increíble pero de momento nada flotaba aun, aunque se había ido la luz en todo el pueblo.
 
Con un gran cansancio acumulado aun en mis huesos, volví a dormirme hasta que alguien golpeo mi puerta con tanta violencia que casi me engancho del ventilador del techo.
 
Al mirar el reloj vi que eran las 5 am, y supuse que seria el guarda que venia a despertarme, ¡por dios! podía ser algo mas delicado pensé, pero en fin, conseguí desperezarme y asearme un poco y metiendo las cosas en la maleta, me fui levantando.
 
A las 05:30 estaba lista y como en este lugar no parecía haber nada para desayunar, me quede esperando en el hall del hotel hasta que fuese la hora. No había rastro de la brutal tormenta que había oído apenas unas horas antes.
 
Al cabo de 10 minutos apareció José, que era el guarda, un antiguo miembro del gobierno con cara de pocos amigos y menos ganas de trabajar aun.
 
Me hizo el primer cuestionario para ponerse en situación antes de indicarme donde tenía que posarme para coger el bus.
 
A las 5:55 am me salí del hotel hasta la carretera principal por donde pasaría mi bus. Las explicaciones de José me habían dejado un poco fuera de juego, "usted póngase allí que el chofer del bus, con la pinta que lleva le parara". No sabia exactamente que significaba eso de "con la pinta que lleva", claro que no llevaba la camisa abierta y la panza cervecera fuera como el, pero salvo eso, yo no me veía nada anormal.
 
Resulta que este bus en temporada alta (Enero-Mayo) era frecuentado por cientos de turistas que llevábamos la "misma pinta", o sea una mochila de montaña que decía claramente "soy giri".
 
Pararse a pie de una carretera a las 5:55 am frecuentada por obreros temporeros no era precisamente mi idea de un buen comienzo, pero no me quedo otra que aguantar las cosas que decían, que en ningún caso fueron malsonantes, pues sencillamente no entendían lo que decían.
 
Efectivamente a las 06:10 paso un bus que se paro. El chofer hizo un gesto con su mano para que avanzara, arranco a toda velocidad antes incluso de que pudiera decirle mi destino.
 
Una vez comprobado que se dirigía hacia el lugar denominado "La Pavona", me ubique en primera fila intentando no estorbar demasiado pues había subido con la gran mochila y la bolsa de mano, casi 18 kg de equipaje en medio de un pasillo.
 
El bus apenas llevaba una decena de personas, pero en el camino iría subiendo más gente. En ese momento averigüe porque a pesar de las miles de hectáreas que hay en Costa Rica, todos sus habitantes construían sus casas a pie de carretera, y es que cuando no se tiene coche (la mayoría de los Ticos no disponen de ellos), el único transporte es el bus publico, por eso hay que vivir cerca de donde pasan.
 
El bus público en Costa Rica, llegaba a casi cualquier lugar remoto, y se usaba tanto para uso público como para transporte escolar, así pues, todo el trayecto que transcurrió por un inmenso prado lleno de bananeros, iban subiendo y bajando decenas de estudiantes apostados en las carreteras.
 
Su coste era muy barato, y aunque eran vehículos viejos, no eran tan incómodos como en otros países.
 
Llevábamos apenas 45 minutos cuando desembarcaron casi todos los estudiantes y proseguimos el camino hacia La Pavona. En breve se nos acabaría el asfalto y seguimos el viaje por un camino de tierra, que mas parecía el camino que lleva a una finca particular abandonada hacia años, que hacia lo que se suponía era un puerto de embarque.
 
La Pavona, era el embarcadero de entrada hacia Tortuguero. Al final de aquella carretera que parecía no llevar a ningún lugar, de repente encontramos un restaurante de madera que hacia las veces de punto de salida de los barcos con destino Tortuguero.
 
Las lanchas están coordinadas para que cuando llegue el bus salgan dirección Tortuguero, así que nada mas bajarme del bus y cargando de nuevo el equipaje, seguí a un tipo que gritaba sin parar "Tortuguero, Tortuguero, Tortuguero".
 
Cuando a uno le dicen que tiene que coger una lancha en un embarcadero, no siempre espera encontrar algo parecido a Puerto Banus o Mallorca, pero tampoco lo que yo me encontré allí.
 
El embarcadero no era otra cosa, que la orilla del río, ¡y ya! no había, ni dique, ni orilla, ni nada, te subías como podías en las lanchas que se encontraban medio varadas en la arena y rezando por no caerse a aquellas aguas color chocolate, infectas de cualquier cosa.
 
 
En Tortuguero no hay carreteras así que la única forma de entrar al pueblo es en lancha. Estas lanchas públicas se usaban tanto para el transporte de pasajeros como de mercancía.
 
En temporada alta era frecuente ver a decenas de turistas "aventureros" que hacían este camino por su cuenta, en lugar de coger los cómodos transportes privados en San José, pero en temporada baja era otro cantar, así que mi presencia extrañaba y causaba indeferencia casi por igual.
 
 El trayecto tomaría una hora hasta llegar al embarcadero de Tortuguero, entre canales infectados de todo tipo de animales, principalmente aves y caimanes.  
 
En el bote me hice amiga de Raúl un empresario lugareño de unos 55 años, bastante majo y muy educado, que me acogió bajo su protección. Se dedicaba junto con su hijo a la construcción y llevaba sacos para dragar arena del río, a Tortuguero y posteriormente a Parismina.
 
Raúl me estaba explicando las curiosidades que cualquier turista tiene sobre un país al que acaba de llegar, como salarios, tipo de vida etc.
 
A las 8:30 am estábamos arribando al embarcadero de Tortuguero, como no había desayunado me fui directa a un restaurante a desayunar un Gallo Pinto 1, mientras Raúl hacia la ronda por el pueblo.
 
1 Gallo Pinto, desayuno típico a base de arroz y frijoles aderezados con especias como culantro que se sirve con tostadas
 
  
El pueblo de Tortuguero se había asentado dentro del Parque Nacional del mismo nombre. Este parque debe su nombre al desove de las tortugas (Verde, Baula, Carey y Caballera), que se da con mayor actividad entre los meses de julio y octubre.
 
Es un parque de bosque tropical muy húmedo, que registra una gran cantidad de precipitaciones durante todo el año y se encuentra atravesado por multitud de canales y lagunas.
 
El pueblo contaba con varios hoteles y cabinas 1, además de restaurantes y miles de agencias donde organizaban Tour y visitas guiadas al parque.
 
Todo en Tortuguero se basaba en la visita de las tortugas y sus canales, solo vivían del turismo. A primera vista había demasiada gente en un espacio muy reducido, confiriéndole al pueblo un aspecto de pueblo africano sobre habitado y desarrollado sin orden ni concierto.
 
 
1 Son pensiones baratas que generalmente son casas prefabricadas con los servicios básicos y que se encuentran por todo el país y son muy populares.
 
 
 Una vez había repuesto fuerzas, me fui en busca de Raúl, en un medio islote como era Tortuguero, no era difícil hallarlo, así que lo encontré dando orden a unos obreros de piel oscura y aspecto rastafari. Como en cualquier país civilizado, los obreros hacían lo que les daba la gana, en lugar de lo que se le había encomendado.
 
Después de rectificar el rumbo de las obras, nos encaminamos hacia el embarcadero donde cogeríamos un bote hacia donde me dirigía.
 
A consejo de Raúl no había cogido el tour por los canales pues decía que era una excursión de 2 horas por los canales y que nosotros haríamos lo mismo pero durante 4 horas y me saldría mas barato. Además como el lanchero era amigo suyo, me iría parando en los lugares emblemáticos y me enseñaría las tortuguitas y demás animalitos, y todo a un mejor precio.
 
La próxima parada seria Parismina, un pequeño pueblo que estaba creciendo bastante y donde se estaban construyendo numerosas casas y cabinas y donde Raúl tenía obras, el se bajaría allí.
 
El trayecto hasta Moin, mi destino final, se demoraría durante 4 horas, atravesando los canales, y donde podría ver animales.
  
La parada en Parismina fue breve, dejamos unos sacos y seguimos hacia Mohin, aun nos quedaban 3 horas mas.
  
Aquellos canales presentaban en determinados tramos, entradas de agua provenientes del mar con bastante corriente. De repente en uno de los canales encontramos una maquina que estaba dragando el exceso de arena en un tramo del canal, consecuencia de un derrumbe de parte de las orillas del río, causado por el exceso de lluvia de la tormenta de la noche anterior, dejando parte del canal innavegable tal y como comprobaríamos 500 metros mas adelante.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Como era de esperar, nuestro bote encallo por la escasez de agua en el río y nos vimos obligados tras varios intentos fallidos del lanchero, a bajarnos y entre todos mover la lancha hacia aguas mas profundas, por un momento pensé que nos quedaríamos allí varados a merced de nuestra suerte, pero por fortuna pudimos salir y seguir navegando.
 
En este tipo de situaciones, la imaginación juega un papel importante, pues yo solo pensaba en los caimanes que había visto unos metros atrás, y ya me imaginaba con mi cuchillo entre los dientes y luchando a brazo partido con el caimán, dando vueltas en el agua como en la peli de Cocodrilo Dundee, pero por suerte no fue así.
 
 
 
Finalmente tras 4 eternas horas de viaje entre canales, sorteando troncos, oleaje y demás, a las 13:50 llegamos al Puerto de Moín que contaba con un pequeño embarcadero, atestado de taxistas ansiosos por coger americanos y engañarlos como chinos.
 
Tras una breve negociación cogí un taxi hacia Limón, pretendía coger el siguiente bus hacia mi destino final, Cahuita que salía a las 14 horas.
 
Cuando el taxista me dejo en la estación de buses, que no era otra cosa que una calle, el bus estaba justo saliendo, pero al verme "con mi característica pinta",  decidieron esperar a que me sacara el billete y así fue, ya una vez en el bus, me esperaba una hora hasta Cahuita.
 
El trayecto transcurrió sin novedades, me coloque en la parte trasera del bus para no molestar con la mochila, mientras iban subiendo y bajando gentes por el camino, situados al borde de la carretera y en paradas imaginarias, bastaba con levantar el brazo.
 
Cahuita aunque se encontraba cerca de San José y de la cultura Tica, era una región particular y única, ya que cuenta con la mayor diversidad cultural del país debido a la migración de trabajadores asiáticos, afro caribeños, italianos, mestizos, indígenas, y costarricenses del interior, que son minoría y que llegaron a trabajar en las plantaciones de banano y en la construcción del ferrocarril que sería la vía para la exportación de los productos costarricenses durante el siglo XIX.
 
A pesar de su gran importancia, Cahuita no dejaba de ser un pequeño pueblo de estilo caribeño, lleno de negros rastafaris o surferos y con un ambiente muy peculiar.
 
El pueblo contaba con 2 calles principales sobre las que se aglutinaban, cabinas, bares, discos, supermercados y demás.
 
 
 
Di un par de vueltas antes de encaminarme  hacia Cabinas Palmer, para soltar el lastre que llevaba. Finalmente tras preguntar, encontré las Cabinas. Dentro de las mismas encontré un negrito de unos 17 años que no sabia que habitación estaba libre y limpia, mas tarde descubrí que no había diferencia entre limpia y sucia, así que me dijo que cogiera "una" y desapareció.
 
La primera impresión de las cabinas fue buena, tenía un patio central con un lugar comunitario con sillas y pequeñas terracitas con hamaca, además de parqueo 1.
 
1 Así denominan los ticos al parking.
 
 
 Entre a la habitación nº 16. Aquello olía a tugurio, una tremenda bofetada a humedad impacto en mi mejilla. Tenía 2 camas, y un baño. El baño era sin duda lo peor, los azulejos de la ducha no se habían limpiado desde su fabricación.
 
 La puerta de la mampara apenas se movía, de la mugre acumulada en el rail, y el agua que salía del grifo olía a pozo, que se quedaba impregnado en la piel, así que preferí no investigar mucho más.
 
Estaba cansada del viaje eran las 15 horas y tenia hambre, así que me fui directa a comer algo, a una soda 1 que había justo enfrente.
 
1 La Soda es un bar donde puedes comer por muy poco dinero
 
Una vez que termine de comer un casado 1 con una pinta buenísima, me fui a dar un paseo por la costa.
 
 
Cabinas Palmer se encontraba bien ubicada, a tan solo 100 metros del mar. Desde donde desembocaba la playa se veía la costa caribeña y la entrada al Parque Nacional Cahuita.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
1 Casado, plato típico de costa rica compuesto por arroz, frijoles, verdura, ensalada y se puede elegir de pollo, pescado o carne, es bastante barato y se puede tomar tanto en cena como almuerzo.
 
Di un paseo por la playa hasta que anocheció y me fui al hotel a darme una ducha antes de cenar. Entre en la ducha rezando para no encontrarme un bicho que fuese mayor que yo, cosa que no sucedió, termine la ducha fría 1, y me fui a cenar justo al lugar donde había almorzado, y me fui a dormir.
 
Estaba metida ya en la cama cuando de repente empecé a oír una música que indudablemente procedía de algún lugar de aquel pueblo. Lo que parecía al principio un concierto al aire libre, se convirtió a los pocos minutos en unas cancioncillas que me atormentarían toda la noche. Resulta que la música procedía de una iglesia, y los cánticos no eran otra cosa que la gente rezando, ¡si! Parece que es algo normal rezar cantando.
 
El párroco que debía de tener mucha fe, pero muy poco oído, gritaba al son de la música: ¡dios me ama!¡dios esta en ti!, ¡ayúdame, señor ayúdame....!. No daba crédito a lo que estaba escuchando, estuve a punto de levantarme, vestirme y grabar en video semejante hazaña, pero desestime la idea, por si acababa en la secta del señor.  Desde luego las letras eran pegadizas y horteras, parecían compuestas por el mismísimo Leonardo Dantes y su archi conocido "El baile del pañuelo". Cuando me repuse de las carcajadas, intente dormir un poco, pensando que terminarían pronto de canturrear.
 
Se había pasado toda la noche lloviendo así que a las 5 am cuando sonó el despertador, aun llovía muchísimo, así que me quede en la cama un rato más hasta que escampara.
 
Me quede profundamente dormida hasta las 7 am, así que me vestí rápido y fui a desayunar unos huevos revueltos con tomate, cebolla, jamón, pimientos y tostadas, el típico desayuno caribeño. En el desayuno estuve hablando con una americana que viajaba sola, aunque justo estaba volviéndose a San Jose.
 
Una vez cargada de energía me dirigí hacia la entrada del parque, me registre en la caseta del guardaparque y a las 8 am comencé la tan ansiada caminata, después de 2 días entre aviones, buses y lanchas.
 
 
1 En Costa Rica casi ninguna cabina tiene agua caliente
 
El principal atractivo del Parque Nacional de Cahuita eran las arenas blancas y un sinfín de árboles de cocos en la playa, acompañado de un mar de aguas tranquilas y cristalinas, con arrecifes de coral cerca de la orilla.
 
Todo el sendero transcurría paralelo al mar y no presentaba desnivel alguno, aunque el sol que ya quemaba bastante dificultaba avanzar con soltura.
 
 A los 5 minutos de comenzar a caminar ya sudaba como un pollo, tanto que observo como la camiseta me destiñe en el cuerpo, llevo solo 2 litros de agua y algunas barritas energéticas, para un sendero de 7 km solo ida, lo cual supondrá unas 6 horas de caminata ida y vuelta.
 
El sendero aunque llano en su totalidad, se hace bastante pesado por la humedad y el calor, aunque sin duda, que transcurra paralelo al mar es una ventaja, ya que te permite refrescarte en cualquier momento.
 
El camino esta lleno de cangrejos de todos los colores y tamaños que se ocultaban bajo tierra o entre las raíces de los árboles que crecían fuera de la superficie y no bajo esta.
 
 
También había cientos de mariposas, la mas llamativa y conocida la mariposa Morpho que tienen un tamaño descomunal, como mis 2 manos juntas. 
 
 
En Cahuita se pueden encontrar, hábitats como bosques mixtos inundados y selva litoral en la costa. Todo el sendero transcurre por arena blanca de playa y se encuentra salpicado de hojas húmedas.
 
Avanzar por el sendero se hacia relativamente rápido y sobre todo de forma silenciosa, tanto que cuando llevaba 1 hora caminando, pude observar muy de cerca monos cara blanca, desayunando.
 
 Unos metros mas adelante, encontré un mapache cangrejero buscando también el desayuno. El pobre animal que no me oyó acercarme, al girarse se dio un susto que casi le borro la mancha blanca de su cara. Rígido como un palo, se quedo inmóvil sin saber bien que hacer, si moverse y correr o quedarse rígido a modo de defensa, como empezó a emitir unos gemidos que desaprobaban mi presencia, me aleje despacio.
 
 Cuando ya llevaba 4 horas caminando, decidí hacer un alto en el camino para darme un bañito en agua coralina y bastante caliente. No hay nadie a la vista en kilómetros y el paisaje caribeño es espectacular.
 
 Después del merecido descanso emprendo la vuelta, ya son las 13 horas y recién comienzo a ver los primeros turistas. Me cruzo de nuevo con monos y un coati o pizote, mamífero parecido al mapache pero con cuerpo ligeramente mas grande y cola mas larga.
 
El resto del camino lo hago caminando descalza por la playa, aunque parecía una ruta sencilla, después de 7 horas caminando, tengo las piernas molidas, caminar por esta arena es matador, mañana toca día de descanso.
 
Ya en el hotel y duchada, voy a la soda de enfrente a cenar. En mitad de la cena, aparece una americana de unos 50 años que se sienta justo al lado de mi mesa, junto a un señor que no le presta nada de atención y visiblemente mayor que ella, unos 20 años muy mal llevados. La americana que se le ve visiblemente bebida, empieza a darme conversación, Había vivido unos años en España y se emociona hablándome en español, Tras una larga conversación, justo cuando estoy terminando se levanta y a voz en grito, y en ingles, le espeta al caballero "esta claro que hoy no quieres mi compañía así que me iré a buscar a alguien que me haga mas caso", y cogiendo su perro y su bicicleta, desaparece calle arriba.
 
Una vez que termine la cena me marche al hotel, para hacer de nuevo la maleta y dormir. Eran sobre las 20 horas, cuando de repente y al igual que la noche anterior, empezaron los cánticos religiosos, eran las mismas canciones desafinadas, cantadas por aquel sujeto imitador.
 
Como estaba agotada, finalmente me dormí, necesitaba descansar para la jornada siguiente, próximo destino Panamá.


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