Teotihuacan, la ciudad de los Dioses

Escribe: revetria
Emergida en el Pre-Clasico, Teotihuacan fue la madre de las culturas tolteca y azteca. Teotihuacán, 48 kilómetros al noreste de la ciudad de México, fue la ciudad prehispánica más grande de Mesoamérica...

 

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Capítulo 1

Teotihuacan, la ciudad de los Dioses

Teotihuacán, México — sábado, 23 de febrero de 2008

Teotihuacán, 48 kilómetros al noreste de la ciudad de México, fue la ciudad prehispánica más grande de Mesoamérica. La cultura teotihuacana perduró casi diez siglos y alcanzó su mayor auge entre los años 300 y 600 DC. Se les considera como la sede de la civilización representativa del período Clásico.
  
La imponente metrópoli de Teotihuacán fue contemporánea de algunas de las principales ciudades de Mesoamérica, como Cholula, Monte Albán y Tikal en el mundo maya.  Aquí se generaron muchos de los conceptos que se verán en ciudades posteriores, desde la orientación de sus principales edificios hasta el trazo de la ciudad misma. Dejó constancia, asimismo, de rituales cuya importancia se ve plasmada en sus murales y del culto a divinidades que trascenderán el tiempo.

Entre las edificaciones existentes destacan la Calzada de los Muertos, la Pirámide de la Luna, el Palacio de Quetzalpapálotl, la Ciudadela, la Pirámide de Quetzalcóatl y la Pirámide del Sol.
 
Todas sus estructuras están alineadas astronómicamente, dando a todo el conjunto urbano un orden ritual y cósmico. Su localización privilegiada en el centro de México, en conjunto con la religión, la guerra y el comercio, permitieron que la influencia teotihuacana se hiciera sentir en toda Mesoamérica, desde los valles más cercanos, hasta regiones alejadas como Veracruz, Guerrero, Oaxaca y la región de los Mayas (Chiapas y Guatemala).
 
Mantenía una población de migrantes de distintos pueblos, convirtiéndose en un núcleo cosmopolita. El nombre de Teotihuacán significa en idioma nahua donde nacen los dioses, lo que demuestra la enorme relevancia que esta cultura tuvo en períodos posteriores, tanto en aspectos tangibles como ideológicos.
 
La arquitectura logró niveles de perfección asombrosos, no sólo por la orientación astronómica de sus edificios y calles, sino también en sus formas y decorados. Cabezas de piedra empotradas mostrando dioses, columnas llenas de bajorrelieves con diseños simétricos y decoraciones de envergadura monumental, son algunos ejemplos.
 
Se han encontrado delicadas máscaras con incrustaciones de piedras semipreciosas o representaciones de animales con características míticas. Los braseros de piedra con la imagen del dios Huehuetéotl (el viejo Dios del Fuego) eran muy comunes y pese a sus líneas esquemáticas, alcanzan gran expresividad.
 
En cerámica también lograron una gran maestría. Destacan especialmente los incensarios y braseros con tapas profusamente decoradas y pintadas en varios colores. Las representaciones de cabezas de dioses o sacerdotes con enormes tocados son característicos y señalan la perfección adquirida por los maestros alfareros. Los teotihuacanos plasmaron todo su entorno en su arte mural, dejando un fiel reflejo de la flora y fauna que les rodeaba, incluyendo animales silvestres e, incluso, insectos.
 
La economía teotihuacana se basó principalmente en la agricultura, el comercio y el tributo. Los teotihuacanos cultivaban maíz, frijol, calabaza y chile- Empleaban avanzados métodos agrícolas como la irrigación por canales, la construcción de terrazas en los cerros y las chinampas.
 
La cercanía de ricas minas de obsidiana, materia prima para la fabricación de cuchillos, navajas y puntas de flechas permitió un activo comercio con estos objetos. Además, intercambiaban cerámica, lapidaria y otros productos con casi todos los pueblos de Mesoamérica.
 
La religión fue una instancia fundamental en la vida teotihuacana. Sus dioses serán los que posteriormente caracterizarían a la mayor parte de las divinidades mesoamericanas. Es posible distinguir a Tláloc (Dios de la Lluvia), Quetzalcóatl (la Serpiente Emplumada), Xipe Totec (Dios de la Fertilidad), Huehuetéotl (el viejo Dios del Fuego), entre otros. Los cultos al sol y la luna están fuertemente representados por las pirámides que hoy llevan sus nombres y que ocuparon puntos centrales en el trazado de la ciudad.
 
Asimismo, había una gran preocupación por el culto al agua. Adoraban también a la serpiente, al jaguar y a las aves falcónidas. Los sacerdotes eran representados en figurillas y pinturas cerámicas con tanta frecuencia como lo eran los dioses, quedando clara su importancia en la vida diaria. Las sepulturas de los personajes de mayor jerarquía social generalmente se hacían en zonas rituales, como templos o pirámides, y eran acompañados de numerosas ofrendas de cerámica, objetos de piedra y, muy comúnmente, de máscaras de piedras semipreciosas.
 
Teotihuacán fue un estado teocrático, es decir, estaba gobernado por un grupo de nobles y sacerdotes, que ostentaban el poder y el control de todas las esferas de la sociedad. Centraban su economía en la agricultura, pero la situación estratégica del sitio y el control que la ciudad ejercía sobre los depósitos cercanos de obsidiana negra, desarrollaron el comercio. Esta elite poseía conocimientos de astronomía, economía, religión, guerra, y arte, los cuales eran utilizados para profundizar su poder y dirigir una sociedad altamente estratificada.
 
Más abajo en la escala social se encontraban los comerciantes y los artesanos especializados, que producían bienes de alto valor para las clases más altas. Intercambiaban alfarería, telas y productos terminados, por otros que ellos preciaban, como el cacao, el algodón, la turquesa, el jade y las plumas preciosas.
 
Se ven numerosas plazas de mercado, testimonio de la importancia del tráfico. Extensas áreas destinadas a los talleres artesanales y a viviendas inmediatas, son indicativas del gran número de pobladores que se dedicaba a los oficios y a las artes, cuya influencia, en especial la arquitectónica, se esparció a los cuatro puntos cardinales. Su alfarería y pintura al fresco nunca fueron igualadas por las posteriores civilizaciones de Mesoamérica. 
 
Finalmente, en la base de la sociedad se encontraban los campesinos, los cuales vivían en los sectores más modestos de la ciudad o dispersos en aldeas pequeñas cercanas a los campos de cultivo.
 
Como me encontraba en la ciudad de México, me levante temprano, a las 8, y me dirigí en Metro a la Terminal de Autobuses Norte. Allí tome un autobús que por $ 20 pesos me llevo a la Zona Arqueológica de Teotihuacán, haciendo un tiempo aproximado de  45 minutos. El camión me dejo enfrente del acceso principal, por lo que solo me encamine hacia la entrada.
 
En el estacionamiento se encuentra un palo alto en forma vertical, de aproximadamente 12 metros, donde hacian una curiosa danza los Voladores de Papantla, indígenas de la región totonaca, la cual consistía en 4 danzantes que se descuelgan de lo alto del palo poco a poco, girando, en forma gradual hasta llegar a tierra.

Después de observar su espectáculo, seguí mi camino hacia la entrada. La llegada a Teotihuacan es anunciada por una calle llena de tiendas que ofrecen bellos trabajos artesanales. En el acceso se encuentra el Museo Arqueológico de Teotihuacán, uno de los 2 que hay en la zona..
 
El Museo recibe al visitante con cuadros sinópticos, maquetas y objetos originales de alfarería y escultura, pintura y piedras labradas que describen la mítica ciudad. La cerámica aquí es única por varios aspectos, por ejemplo, el uso de tres patas como base de sus vasijas, fue usado aquí solamente, el color naranja y un tono del rojo y lo delgado y fino de su acabado, que parece porcelana, son estrictamente teotihuacanos, el uso de la obsidiana se originó aquí, y el uso fenomenal de murales al fresco, pintados sobre casi todas las superficies, lo hacen una imponente exposición de arte, enmarcada en cinco colores diferentes.
 
Tiene particular interés en el Museo, la sala donde se explica científicamente lo posible, como la forma en que los muros de Teotihuacán eran cubiertos con una argamasa y pintados con emblemas de significado religioso, así como el alineamiento perfecto de los edificios con relación a la ubicación de ciertas estrellas en el cielo. También podemos ver una muestra de la formación geológica del valle donde se construyó la ciudad, los diferentes tipos de personas que la habitaron, así como la flora y la fauna del valle, el tipo de actividades y labores que realizaron, los alimentos y vestidos que usaron, sus equipos de labranza y caza así como los métodos agrícolas.
 
Hay salones dedicados a la arquitectura, pintura mural, escultura y artes plásticas. Hay trabajos en piedra, objetos en hueso, cestos y tejidos y objetos rituales. En los muros hay diagramas y dibujos explicando diversos aspectos, como la organización política y religiosa de entonces. 
 
Despues de visitar el Museo, finalmente entre a la Zona Arqueologica de Teotihuacán, la ciudad de los dioses, donde mueren los dioses, donde los hombres se hacen dioses, el lugar de la seis sabiduría, el lugar de la seis serpiente, el lugar donde se hacen señales, donde está señalado el tiempo, el monumento en honor de la medición del tiempo y el movimiento, donde nació el quinto Sol.
 
Se entra por la calle más amplia de Teotihuacán, la llamada Calzada de los Muertos, con una orientación de 15 grados 30' al este del norte astronómico, que corre de norte a sur y divide en dos partes la Zona Arqueológica. Tiene una longitud de unos cuatro kilómetros y una anchura de 45 metros.
 
Después de cruzar la calle llegue a un rectángulo, denominado la Ciudadela, enorme plaza de 400 metros por lado y rodeada por estructuras a modo de fortaleza y que fue centro de peregrinos de Mesoamérica. Dos lados de este conjunto están coronados por cuatro pirámides cada uno, y unidos al centro por dos plataformas que sostienen el imponente Templo de Quetzalcóatl, el atractivo principal y  que muestra empotradas en sus muros, cabezas de serpientes emplumadas, así como otros dioses del panteón teotihuacano.

Fue construida sobre otra piramide, la cual al ser excavada y parcialmente restaurada, descubrió un maravilloso motivo escultórico: el de la serpiente emplumada, una representación del arcaico dios Quetzalcóatl. Los españoles la confundieron con una fortificación militar, y la ubicaron como la Ciudadela, nombre que finalmente le quedó. 
 
A ambos lados de la escalera poniente, brotando de flores de once pétalos se aprecian cabezas de serpientes con sus penachos de ondas que recorren con incipientes ondulaciones todo el cuerpo, protegido por caracoles marinos, lo que determina la protección solicitada por los pueblos de la costa.

Las piedras entrelazadas de la balaustrada, son en forma de cuña colocadas con ángulos que paulatinamente aumentan en los niveles inferiores, para resistir temblores o hundimientos, cubiertas de escritura petroglífica, como la mayor parte de los templos de la ciudad. 

Excavaciones realizadas a mediados de 1986, a unos metros de las orillas norte y sur del Templo de Quetzalcóatl, rescataron dos tumbas, cada una con 18 esqueletos de sacerdotes con cráneos deformados al estilo Maya, con incrustaciones de jadeíta verde, circulares. Los cráneos tenían la boca de color verde adentro, símbolo de la vida, y los huesos tenían pintura roja del tono teotihuacano, símbolo de la luz matutina. Fueron fechados en el siglo III. 

De regreso al Miccoatli, o Calzada de los Muertos, luego de cruzar un hilo de aguas del río San Juan, se encuentran los Edificios Superpuestos, el primer grupo de estructuras, siguiendo el lado izquierdo de la Calzada. Formados por extraños edificios subterráneos, fueron de los primeros descubiertos al comenzar las exploraciones. Inicialmente, estas salas enterradas se encontraban al ras de la superficie, pero luego fueron rellenados de tierra para servir de base a la pirámide que fue construida sobre ellos. Para acceder a los subterráneos se entra por una puerta que se abre a una empinada escalera que lleva a un auténtico laberinto, cuyas paredes conservan sus colores originales en tonos verdes.
 
Se aprecia un pozo, de 13 metros de profundidad, que surtía de agua al templo construido encima y consagrado al dios Tláloc. Aún tiene agua y la lleva por canales a los diversos sectores del palacio. Todos los edificios de la ciudad contaban con su propio sistema de drenaje. Como las excavaciones en este sitio fueron hechas antes de que se popularizara el cemento, en los edificios subterráneos se usaron postes y vigas de hierro para sostener los techos.
 
Regresando a la Calzada, de lado derecho, se encuentra el grupo llamado Viking por la Fundación de ese nombre, que respaldó su restauración. Aqui, se ha rescatado una plataforma de unos 30 metros cuadrados, bajo piso de lava y cubierta con dos capas de cierta tela como mica, cuyo fin hasta ahora no ha sido descubierto.

De vuelta en la Calzada, subiendo una amplia escalera, llegue a  la Plaza del Sol. En el centro hay un adoratorio que consiste en un tablero sobre un muro inclinado. En su parte superior, existen dos cuartos de los que quedan sólo los cimientos, y que pertenecían a un templo. En el extremo norte y sur de la Plaza del Sol, se observan restos de templos con sus respectivos altares.
 
A la derecha está la Casa del Sacerdote, un grupo de edificios que forman parte de lo que fue un conjunto habitacional que probablemente sirvió de habitación a sacerdotes encargados de oficiar en el templo.

Antes de visitar la Pirámide del Sol, entre al Museo Manuel Gamio, el cual se encuentra al oriente de la pirámide. Aunque pequeño, consta de piezas arqueológicas encontradas recientemente o que necesitan protección como cabezas de serpientes o finas mascaras de sacerdotes. 
 
Al salir, me encamine, ahora si, hacia la Pirámide del Sol, icono de Teotihuacán, y una de las más grandes del mundo. Mide 65 metros de altura, y es la edificación más monumental, más antigua y más grande de Teotihuacán. En 1974 fue descubierta una caverna debajo del centro de la Pirámide, con forma de trébol, y a tres metros de profundidad, en donde se encontraron solo pedacerías de cerámica y que fue saqueada en el siglo III.
 
La Pirámide del Sol mide en su base, 222 por 225 metros y es la tercera más grande del mundo. La Gran Pirámide de Keops en el Cairo, Egipto, es la segunda más grande, con una base similar a la Pirámide del Sol pero con el doble de altura. El primer lugar le corresponde a la gran pirámide de Cholula, también en México, cerca de Puebla.
 
Se permite subir hasta su cima y este peregrinaje se vuelve la mayor atracción. Algunos dicen que tiene unos 248 escalones, otros 260, la verdad es que perdí  la cuenta en la primera escalinata. No me fue tan difícil subirla y eso que no soy atleta. Le han puesto unos pasamanos que ayudan a no perder el equilibrio. Tampoco la subí completa de una vez. Hay  descansos entre cada escalinata. El altiplano donde está Teotihuacán se encuentra a una elevación de unos 2,300 metros y como ya había sobrevivido esto, la pirámide no hizo mucha diferencia.
 
En la cima hay una pequeña elevación con una plataforma cuadrada sobre ella. Desde lo alto se observa una preciosa panorámica del lugar, resaltando diversos monumentos a medio excavar, habitaciones que se comunican entre sí, restos de altares, cimientos de lo que fueron otras construcciones palaciegas, así como restos de conjuntos con sus respectivos adoratorios.
 
Es costumbre popular en los equinoccios visitar la Piramide para cargarse de energia, pero yo no creo tanto en esto. Una vez abajo, me encontré con el excepcional Palacio del Sol. Por su grandeza arquitectónica, localización y concepción, se supone que fue residencia del supremo sacerdote de la pirámide. Aquí se han descubierto algunos de los murales más finos de la legendaria ciudad, los mismos que fueron removidos para evitar su deterioro a la intemperie. También de aquí se han rescatado varias representaciones del sol, como parte de la decoración.
 
Casi enfrente, cruzando la Calzada, se encuentra el Patio de los Cuatro Templos, el cual está formado por una gran plaza con cuatro construcciones con la  base de un altar monumental.
 
Al norte se encuentra el Templo de los Animales Mitológicos, que es una gran sala que forma parte del Patio, cuyos muros están cubiertos por una serie de frescos, de los cuales aún se pueden ver animales mitológicos.
 
A corta distancia se encuentra el Templo de la Agricultura, denominada así por la gran variedad de plantas y flores que se encuentran reproducidas en sus muros. Fue una de las primeras que los arqueólogos abrieron al explorar la zona en 1893. En esa época aún no existían los tratamientos químicos para preservación, por lo que al ser expuestos al aire, muchos de los frescos que había simplemente se desvanecieron.
 
Los murales de los templos indican que sus constructores eran de complexión delgada y regular estatura, practicaban la deformación craneana, en especial la conocida como apertura del tercer ojo, y las incrustaciones dentales. La riqueza y el poder de la nobleza teotihuacana se reflejaba en su apariencia, llevaban ropas bordadas y suntuosos penachos de plumas. Trabajaban el oro y la talla de piedras preciosas. El rojo y el blanco predominan en el centro ceremonial, en tanto los palacios y corredores despliegan una gran variedad de azules, verdes, rosas y ocres. Todos los muros están esmeradamente pulidos con piedra pómez.

Algo que es digno de destacar, es que en Teotihuacán no existen campos de juego de pelota, lo cual es una sorpresa para la arqueología.   
 
De refreso en la Calzada de los Muertos, me encamine hacia la Pirámide de la Luna. En el trayecto hay una linda pintura denominada el  Mural del Puma, llamado así por la pintura de un felino de más o menos dos metros de largo, que se encuentra en excelente estado.
 
A lo lejos se vislumbraba, la Plaza de la Luna, imponente explanada que alberga una serie de pirámides que flanquean la gran Pirámide de la Luna, la cual resaltaba su majestuosidad a medida que me acercaba a ella. Finalmente, llegue e inmediatamente subí, aunque no hasta la cima, ya que no está permitido. De aquí obtuve varias tomas panorámicas que anexe en el álbum de fotos. 
  
A un lado de la Pirámide de la Luna, se encuentra  el Palacio de Quetzalpapálotl, imponente edificio, finamente decorado, y que cuenta con un patio interior con columnas profusamente decoradas con grecas en forma de mariposas. A través de un estrecho pasadizo, llegue hasta el Palacio de los Jaguares, el cual es una joya arquitectónica, en donde se pueden admirar bellas figuras de jaguares de fuertes tonos rojizos plasmados en sus muros. 
 
A través de un pasadizo, bajamos unas escaleras que me llevaron hasta el Templo de los Caracoles Emplumados, el cual es una estructura que se encuentra debajo del Palacio de Quetzalpapalotl, y que fue recientemente descubierto. En el se encuentra un friso que muestra figuras de cotorros y loros en procesion, y que aun conservan sus colores originales, resaltando por la grandiosidad y fineza de sus trazos.
 
En el valle donde se asentó Teotihuacán, se desarrollaron previamente las culturas Cuanalán y Tezocuya, que dieron pie a una cierta complejidad social y conocimientos agrícolas y calendáricos, así como a una economía agrícola-guerrera que sentaría las bases necesarias para el surgimiento de Teotihuacán.
 
No obstante que el año 100 AC marca la presencia de grupos asentados en el norte de lo que llegará a ser Teotihuacán, no fue sino hasta el año 100 de nuestra era cuando se inició el trazo de la ciudad tal como hoy la conocemos y se establecieron los estilos arquitectónicos que la caracterizarán.
 
Entre los años 1 a 150 DC se empiezan a construir la gran Pirámide del Sol, y a partir de ella se comienza el trazo urbano de la ciudad basado en dos ejes: uno norte-sur y otro este-oeste. La ubicación de la pirámide no es casual, pues obedece a razones simbólicas, ya que está asentada sobre una cueva cuya existencia fue necesaria para levantar encima de ella el edificio que representaba el centro del universo.

Resulta muy importante el conocimiento que ya desde aquel temprano momento se tenía para calcular el paso del sol por el firmamento, pues la gran Calzada de los Muertos guarda una desviación precisa con relación al norte. Es igualmente importante destacar la organización social con que se debió contar para el control de la naciente urbe, pues para entonces Teotihuacán contaba con 30 mil habitantes, aproximadamente, y la ciudad se había extendido alrededor de 17 km2, lo que la presenta como la ciudad más grande y poblada de su tiempo en Mesoamérica.

Durante los siguientes años, 150 a 250 DC, la ciudad continúa con un ritmo acentuado de crecimiento. Es en esta fase cuando Teotihuacán alcanza su máxima extensión, llegando a cubrir 24 km2, con una población calculada en 45 mil habitantes.
 
En esta fase, su centro religioso, que se encontraba en la Pirámide del Sol, es trasladada al sur, por lo que se construye el conjunto de la Ciudadela, junto con el Templo de Quetzalcóatl. También en ese momento se construyo la Pirámide de la Luna.

Hacia los años de 250 a 450 DC la población aumenta a cerca de 65 mil habitantes. Los conjuntos departamentales formados por bloques de alrededor de 60 metros por lado están presentes, y algunos de ellos, como Tlamimilolpa, muestran una complejidad en su distribución interna con pasillos, habitaciones y patios.

La urbe alcanza su máximo esplendor alrededor de 450 a 650 DC, y la presencia teotihuacana se extiende prácticamente por toda Mesoamérica, al mismo tiempo que en Teotihuacán hay presencia de grupos de otras regiones. Durante este periodo la población llega a su máxima expansión, calculándose en alrededor de 85 mil habitantes.

Los teotihuacanos dominaron a los pobladores de los valles de México y Puebla, muchos de los cuales fueron sometidos y obligados a pagar tributo. La producción de textiles alcanzó un gran desarrollo, como se puede observar por el atavío que muestran las esculturas y las pinturas.

Entre los años 650 a 750 DC, la ciudad declina y finaliza la importancia que tuvo a lo largo de ocho siglos. De esa época aún se observan indicios de actividad constructiva, pero no hay ningún signo de decadencia, por el contrario, da la impresión de mucha prosperidad. La fecha en que es abandonada la ciudad coincide con el tiempo en que los pueblos mayas abandonaron sus reinos. El colapso o el retiro, tanto de los teotihuacanos como de los mayas, sugiere que algo altamente significativo ocurrió en la prehistoria mexicana.
 
Finalmente, alrededor del año 750, la ciudad fue abandonada, dando fin a una de las culturas mas esplendorosas de Mesoamérica.


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