Diarios de viaje > Provincia de Salta, América del Sur

El chaco salteño

Escribe: AlejaV
5 días. 56 horas de viaje. 5 colectivos. 3 destinos (Salta, Tartagal, Marca Borrada). Incontables anécdotas. Nuevos amigos. Un lugar maravilloso. Una realidad distinta. Un monte lleno de historias. Una marca que llevaré toda mi vida.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 Capítulo 2 3 4 5 Siguiente >
 

Hacia el chaco salteño

Tartagal, Argentina — domingo, 5 de septiembre de 2010

Este relato puede tomarse como una especie de instructivo para todos aquellos que quieran emprender un viaje al chaco salteño. ¡Que comience la aventura!

Ya la había conocido en enero de 2009, pero descubrir la ciudad de Salta de entre sus cerros escuchando “La Alucinada” interpretada por Tamara Castro fue idílico. No es para menos, fue un amor a primera vista y –en esta oportunidad- venía a renovar mis votos.

El colectivo llegó a la terminal de Salta a las 13 horas y sólo tenía media hora libre antes de embarcarme en La veloz del norte rumbo a Tartagal. Habían transcurrido 17 horas de viaje y me aguardan 5 más hasta mi nuevo destino.

En el camino, el colectivo se adentraba a terminales de pueblos pequeños, humildes, postergados. El calor empezaba a incrementarse a medida que íbamos “subiendo”, y la precariedad de las poblaciones se hacía más evidente.

Tras pasar la localidad de Fraile Pintado comienzan a observarse las grandes plantaciones de caña de azúcar, hectáreas explotadas por la reconocida industria Ledesma, fabricante de papel, azúcar, jugos cítricos, entre otros productos.

Ésta localidad tuvo un papel importante en la época de la dictadura militar, ya que muchos guerrilleros elegían sus cañaverales para huir de la represión. No obstante, según me contó un compañero de colectivo, hubo un gran centro de concentración en la zona donde permanecieron recluidas más de 5 mil personas.

En la cuidad de Ledesma observé una feria con carpas azules que decoraban un gran predio. Allí se comercializaba desde un CD hasta fruta, lácteos y ropa. Según me comentó mi guía improvisado, esta localidad es muy pobre y aquellos que no trabajan en la industria o en los cañaverales, rebuscan su vida en la feria que cada año crece más y más.

Volví a territorio salteño y un cartel en Embarcación me daba la bienvenida al Chaco Salteño. Faltaban unos 90 kilómetros para Tartagal y ya el sol comenzaba a perderse en el horizonte. Era una tarde apaciguada que empezaba a morir tranquila con una calidez acogedora.

Empezaba a culminar mi recorrido por la RP 34. En Tartagal me recibió el Mulato Balderrama, músico del Chaqueño Palavecino. Había sido contactado por Ramón Helguero, mi cómplice de viaje a la distancia, para que me de instrucciones de cómo seguir mi camino hacia La Merced.

Fui a la casa del Mulato y, junto con su mujer Maribel, tomamos unos mates mientras me contaban sobre su vida en Tartagal y sus vivencias en el monte, donde iba a estar al día siguiente. “No te vas a querer volver”, me repitieron.

La casualidad quiso que Don Lucio Rojas, papá de Jorge, haya estado en la ciudad ese fin de semana por un cumpleaños, por lo que inmediatamente se convirtió en mi guía al aceptar llevarme hasta Santa Victoria Este.

La aventura hasta Marca Borrada merece un capítulo aparte…

Para que se ubiquen en el territorio, Santa Victoria Este está a unos 260 km de Tartagal. Marca Borrada es el paraje donde vive Lucio Rojas y a 2,5 km de ese puesto se encuentra la misión aborigen La Merced.

...

De regreso en Tartagal, hice un rápido trasbordo nuevamente a La veloz del norte que me llevaría a la ciudad de Salta para pasar allí mi última noche del viaje. Debía llegar a las 19.30 horas aproximadamente, pero un piquete en General Mosconi nos mantuvo varados durante 3 horas en la ruta, por lo que tuvimos que atravesar la protesta caminando y encontrarnos con otro bus del otro lado.

Llegué a Salta
a las 23.30 totalmente exhausta después de 14 horas de viaje desde que había salido de Santa Victoria Este. Me hospedé en el Hostel Quara que resultó ser más caro de lo que esperaba para esa clase de alojamientos, pero nada me importaba más que bañarme y tirarme en una cama a descansar.

A la mañana siguiente, caminé hasta la terminal, dejé el bolso en la guardería ($6 por un bolso chico durante 6 horas) y me dirigí hacia el centro cívico. Frente a la entrada al Complejo Teleférico me detuve en la feria de artesanos a comprar algunos regalos.

Cuando llegué a la plaza principal de la ciudad, lo primero que pensé fue: “Qué hermosa que es Salta, la pucha!”. Estaba colmada de niños de una o dos escuelas quizás y en la Catedral se celebraba una misa en el marco de la Novena al Señor y a la Virgen del Milagro

Mi city tour finalizó con un almuerzo junto a Ramón Helguero en el Patio de la Empanada y la posterior visita al Boliche de Balderrama, la popular esquina salteña donde se dan cita artistas de renombre y visitantes nacionales y extranjeros.

Publicado
Modificado el
Leído 512 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 Capítulo 2 3 4 5 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Boliche de Balderrama, tradicional peña salteña.

   

Capítulos de este diario