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Bolivia I (diciembre 2010)

Escribe: Gabrich
Admiro a la gente humilde, trabajadora y honesta. Y admiro a los pueblos que más allá del tiempo y sus avances, todavía conservan su cultura y sus raíces. Es por eso que siempre tuve el sueño de conocer Bolivia, y más allá de no disponer de muchos días, decidí realizar este viaje para conocer ese maravilloso país.

 

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Tarija (día 3)

Tarija, Bolivia — viernes, 17 de diciembre de 2010

Me levanté bien temprano, era un día espectacular, el sol estaba a pleno.
Desayuné en un kiosquito llamado "La Colmena" un refresco de pelón y un alfajor.
Recomiendan visitar los viñedos que hay cerca de la ciudad, pero como a mi no me gusta el vino, decidí ir a conocer alguno de los pueblos y alguna de las cascadas.
Sobre la Av Domingo Paz me tomé una trufi (jaja me da mucha risa como le llaman) hacia el pueblo de San Lorenzo. 
Me bajé en la plaza del pueblo y empecé a caminar sin un rumbo fijo, habían muy pocos negocios y poca gente en las calles, estaba muy desolado. Me encanta ver que hace la gente, la arquitectura de las casas (la mayoría colonial), quizas otra persona se hubiese pegado un embole barbaro (aburrido), pero a mi me encantaba. El sol me estaba matando asi que volví a la plaza a tomarme un refresquito. Despúes fuí a visitar el museo del Moto Mendez, un personaje célebre del lugar. Caminé un rato mas, y cuando ya no me quedaba mas por hacer decidi emprender la vuelta.
Quería ir a recorrer alguna de las cascadas que están cerca del pueblo, pero el tipo de la trufi me dijo que era época de sequía y las cascadas estaban semi vacías.
Lástima! me quería dar un chapuzón.
A la vuelta, me baje por la zona del mercado campesino, es enorme, cuadras y cuadras de puestitos vendiendo comida, ropa, tecnología y demas. No se ustedes pero me encantan ese tipo de lugares. Eran como las 11 de la mañana y paré para refescarme con un licuadito, me sorprendí al ver que ya a esa hora la gente hacía una parada para tomarse una buena sopa de arroz, pollo y verduras (que distintas que son las culturas, y que lindo es poder conocerlas), a mi ni se me hubiese pasado por la cabeza clavarme una sopa con el calor que hacía.
En el hostel me había hecho amigo de unas familias tucumanas cuyos hijos de unos 12 años estaban jugando un torneo de fútbol,  jeje re social. Como ese día tenían partido me fuí para el estadio de la ciudad, rogué para que me dejen entrar sin pagar, finalmente entré (la gente de Tarija me pareció muy buena onda), no los encontré y me fuí.
Estaba bastante caluroso, pero igual estuve caminando toda la tarde, hay muy lindos miradores donde se puede ver una panorámica de la ciudad y de las montañas, y al atardecer hay unas vistas increíbles.
En una de las plazas cerca del cementerio, hay una rampa bastante alta, y unos pibes se tiraban desde arriba sentados en botellas de plástico aplastadas. Se veía bastante divertido, me moría de ganas por pedir una botella, pero si bien soy medio aniñado tengo vergüenza a veces.
Al caer la tarde volví para el mercado campesino. Me pareció re original que si pedis un refresco para llevar, en lugar de un vaso de plástico, te dan una bolsa jeje.
A la noche tenía pensado ir a alguna de las peñas, pero despúes de pasar por 3 de ellas y encontrarmelas cerradas decidí volver para el hostel. Me quedé jugando a las cartas con los argentinos y me fui a dormir.
Ya había estado 2 días en Tarija y creí que no me quedaba mas por hacer allí.
Al otro día quería estar bien temprano en la terminal para sacar boleto y viajar a Potosí.

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