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Perú

Escribe: dgdb
Despues de cinco meses viajando por Ecuador, me adentro en tierra santa en busca de nuevas experiencias...Cruzamos Aguas Verdes y llegamos al puesto fronterizo. Nos bajamos del bus y caminamos hasta las oficinas de sellado, rellenamos el formulario y hacer cola de nuevo...

 

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Un calor sofocante

Tarapoto, Perú — sábado, 25 de septiembre de 2010

El despertador sonó a las 09.00 pero como andábamos con pereza (yo más que Javier) y el calor era sofocante, nos quedamos de cháchara en la habitación hasta bien entrado el día. A las 11.00 salimos a la calle y nos fuimos camino de la plaza de armas y por el camino nos encontramos con un comedor que nos recordó que teníamos que comer, así que entramos y nos comimos un menú de 5 soles, nada del otro mundo pero mató el hambre.
 
Con las pilas cargadas y un calor horroroso, seguimos hasta la plaza de armas donde estaba la oficina de información turística. La puerta estaba abierta pero dentro no estaba el que trabajaba. Solo había dos chicas policías resguardándose del sol y ellas fueron las que me orientaron un poco. Llamaron a una estudiante de turismo que estaba en la plaza porque estaban haciendo una exposición de fotos de la zona, pero la “supuesta” estudiante de turismo no supo indicarme donde estaba la plaza de armas en un callejero que me dieron (muy pequeño y esto es bastante grande, así que un lio de calles). Será posible que no sepa dónde está la plaza del pueblo donde vive.
 
Ya con ese detalle no me fie de ella y regresé a hablar con las policías mientras Javier tomaba unas fotos por los alrededores. Ellas me dijeron que regresara más tarde que llegaría el encargado de la oficina y me podría ubicar. Como las policías me dijeron cual era la plaza en el mapa, vi que había otra plaza cercana (a tres cuadras) y nos fuimos en su busca.
 
Hoy hay que andar por la sombra, el sol quema y aun así el calor es sofocante, por lo que nos dijeron debíamos andar cerca de los 38 grados y no me extraña porque estamos en nuestra habitación a 30 grados y estamos “fresquitos”.
 
Al llegar a la plaza vimos que había bancos a la sombra y no lo pensamos dos veces, compré una botella de agua helada en una tienda cercana y allí nos sentamos a esperar que fueran las 15.00 y el de turismo llegara a la oficina.
 
Cuando nos pusimos en movimiento de nuevo ya eran las 15.00 pasadas y paseamos por otras calles hasta llegar a la plaza. Seguían las mismas policías (ya no sé si resguardándose del calor o del jefe) y al de la oficina lo fue a buscar a la plaza que estaba haciendo algo.
 
Cuando llegó, agarró de nuevo el mismo mapa que me habían dado (y ya me había dado tiempo a estudiarme en el parque) y me empieza a hablar de lo que podía visitar. Cuando le pregunté donde estaban los paraderos para ir a esos sitios fue cuando me quedé de nuevo sorprendido. No sabía dónde estaban las cosas, la plaza de armas me la indicaba en la otra esquina del mapa, así que de nuevo volví a desconfiar de lo que me decía. Me marcaba en el mapa rutas incomprensibles para ir de A hasta B pasando por Z, y cuando me indicó donde ir a tomar chocolates que preparan de distintos modos, comprobó la dirección en una carpeta y en el mapa me marco otra lugar, ya di por perdido mi tiempo ahí. Este es el hombre encargado de esto, madre que peligro. Me dijo que podía visitar un museo detrás de la iglesia en que había dinosaurios y le pregunté si hoy estaría abierto por ser sábado, me dijo que sí. Como eso fue lo que me dijo mas confiado, lo hice caso y para allí que fuimos (no se aun porque me fie).
 
Llegamos a la puerta y cerrado, así que ya me olvido de todo lo que me dijo. El calor seguía apretando y el tipo ese me saco de mis casillas con cosas que mejor no quiero comentar porque me da vergüenza ajena, así que nos fuimos en busca de un almacén donde comprar tabaco y un refresco para Javier.
 
Tras las indicaciones de los lugareños y unas calles para allí y otras al revés, encontramos más o menos lo que buscábamos. Como no era hora de excursiones, teníamos lo que queríamos y el calor nos estaba matando, a las 16.30 pusimos rumbo al hotel.
 
Por el camino encontramos una panadería y el pan que nos gusta recién salido del horno, tanto, que la mujer estaba con la bandeja en la mano, así que compramos dos soles y a la habitación a ponernos debajo del ventilador. Compré una cervecita en el bar de debajo y subimos a la habitación a la sombra.
 
Pasamos allí toda la tarde y como teníamos algo de pan y unas galletas, no movimos las posaderas de la cama. Estuve liado con un juego en la compu y el gallo (que tiene mucha suerte) de nuevo agarra internet desde su compu, así que ya no se mueve de ahí ni para cenar. Yo andaba con pereza y con este calor no tengo ni hambre, así que no salimos para nada en lo que quedó de día.

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rioseco dice:
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