Mi viaje por Gambia y Senegal

Escribe: A-Orihuela
Un viaje por las entrañas por Gambia y Senegal

 

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Georgetown

Tambacounda, Senegal — jueves, 9 de junio de 2011

GEORGETOWN  

Desembarcamos en un diminuto muelle de las proximidades de Georgetown donde nos esperaba Buba (David) el hermano de Abdulay, quien cogiendo el relevo de éste nos iba a servir de guía durante nuestro periplo por Senegal y, en principio, hasta el final de nuestro viaje.Georgetown es la localidad más grande e importante de la mitad orientad de Gambia. 
En la actualidad no tiene mucho interés. Es una sucesión de polvorientas calles  iguales  en las que ves invariablemente a un sinfín de hombres de todas las edades sin nada que hacer, una escena muy repetida en las ciudades de África.
Nos alojamos en el “Baobolang Annexe”, modesto y muy antiguo hotel con un peculiar aire colonial, cuyos clientes eran prácticamente todos negros y en el que nos volvimos a encontrar  con la muy agradable  pareja catalana – Carla y Ferrán -   con la que habíamos coincido en  el aeropuerto y en Tendaba,  ellos habían  llegado  por carretera en transportes públicos.

 Lo que nos quedaba de jornada no era cosa menor, toda Gambia, más bien toda África, lo había estado esperando durante semanas, no habían dejado de hablarnos de ello desde que llegamos y  se enteraban de que éramos españoles.
Ese día  se enfrentaban nada más y nada menos que el Barça y el Real Madrid y es que si hay pasión por el futbol en Europa  no es comparable a la africana. Tal vez sea la falta de otros alicientes,  la necesidad de formar parte de un colectivo social, sentirse parte de una afición, tener algo  de lo que hablar los próximos días  o saberse dentro de un  sentimiento común  universal como es el que impera en todo lo relativo al futbol,  el caso es que toda áfrica estaba esperando ese día, esa hora. En ningún otro país había  visto  la misma  intensidad con la que aquella gente veía  el partido.
Llegamos al teleclub –un local sucio y oscuro con una televisión en lo alto- con unos minutos de adelanto y ya no cabía ni un alfiler. Quizás por nuestra condición de blancos nos permitieron el acceso mientras que en la calle se quejaba la gente a la que no dejaban entrar. Una vez dentro el espectáculo era brutal: una  “masa” de negros  ocupaba todo el espacio que no tendría más de cincuenta metros cuadrados a pesar de que ese día excepcionalmente cobraban por entrar.  Nos mandaron al final de la sala y para lograr llegar, íbamos pisando literalmente cuerpos de negros que sentados en el suelo soportaban nuestros pisotones sin rechistar.
Empujando a unos y a otros, nos hicimos un hueco, pared por detrás, en el que apenas podíamos movernos y menos aún sentarnos en el suelo. A mí me gusta mucho el futbol y me proclamo seguidor del Barça pero tengo que decir que me importaba un pito la televisión, el partido y su devenir y eso que el partido lo ganó el Barça por  5-0. Me importaban mucho más las expresiones de cada una de las caras que podía ver, la crispación de los madridistas,  las dentaduras blancas  que brillaban en la negritud  con los destellos de la televisión.  Estábamos literalmente bañados en sudor, dada la humedad existente y  generábamos un olor  intenso , profundo que puedes imaginar.
Era la vida, la pura vida de África. El partido más intenso jamás vivido en mi vida.

 A las 8 de la mañana del día 30 de noviembre salíamos hacia la frontera con Senegal,  dejábamos Gambia para entrar en Senegal.  Nada de interés en Senegal hasta llegar a Velingara, donde paramos para cambiar moneda, en realidad la frontera es una consecuencia política de los países, las vidas son las mismas, las gentes las mismas, las ropas las mismas y el idioma en estos parajes  no distingue entre francés e ingles, hablan su propio idioma que trasciende a las fronteras, es como si estuviéramos en un único país. Para nosotros son iguales, creo que para ellos  también.

 El calor  iba en aumento  y es que  estábamos en una de las regiones más calurosas del  África: Tambacounda (de unos 80.000 habitantes),   sería el equivalente a nuestra Écija, comimos en el único lugar con aire acondicionado según nos dijeron y a eso de las cuatro de la tarde íbamos en busca de uno de nuestros objetivos del viaje : el País Bassari  y el Pais Bedik  nos quedaban unas 7 u 8 horas.  

Por si  te interesa te diré  que en Senegal conviven diversas culturas y religiones: La etnia mayoritaria, los Wolof, son musulmanes y ocupan la mayor parte de los puestos técnicos y administrativos del país. Su lengua, el wolof es el idioma nacional más popular. Otros grupos étnicos son: los Lebou, generalmente asentados en Dakar y en las zonas costeras de Senegal (son mayoritariamente pescadores); los Tukolor, fundamentalmente pastores y estrictos practicantes del Islam, lo que les confiere un peculiar respeto por parte de las otras etnias; los Peul, pueblo típicamente nómada y esencialmente dedicado al pastoreo; los Sarakole, dispersos por Senegal, Ghana y Malí, de tradición eminentemente viajera; los Serer, cristianos con ritos animistas, que residen fundamentalmente en las regiones del Saloum y de Thies y alrededores y constituyen con los Wolof  los dos grupos étnicos más importantes de Senegal; los Diola, animistas aunque practiquen ciertas formas de culto cristiano, que viven de la agricultura y se encuentran mayoritariamente en la región de Casamance y los Bassari que, junto a los Bedick, quizá sea la etnia que vive más arraigada a sus tradiciones ancestrales, son animistas y se hallan en la zona este, alrededor de Niokolo Koba. 

 Hecho el paréntesis acerca de la composición de los pueblos de Senegal sigo cn el relato para decirte que  en nuestro camino paramos en un puente para fotografiar unos  cocodrilos plácidamente apostados en una de sus riberas.
Estábamos fotografiando los reptiles, cuando apareció  un policía que se llevó a Buba, nuestro guía, hacia el puesto de la gendarmería que, al parecer, estaba unos cientos de metros más atrás. Allí, según nos contó luego Buba, se inició la negociación cuyo fin último ya lo conocemos: sustituir la sanción por la entrega de una determinada cantidad  “a fondo perdido” y esto, como es natural, en África lleva su tiempo. Los cocodrilos nos costaron finalmente 15.000 cefas, además de demasiado tiempo. Entre unas cosas y otras se nos había echado encima la noche cuando llegábamos a Kédougou, donde pretendíamos pernoctar.


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