Fuimos a Taganga por recomendación de viajeros que conocimos en el parque, y como Santa Marta nos había parecido feo, les hicimos caso. Creo que no nos equivocamos, sobretodo porque después de dos días en contacto pleno con la naturaleza, nos vino bien un poco de baile y vida nocturna, que es lo que tiene Taganga. Es el lugar donde se hospedan la mayoría de los turistas por lo que a la noche las poquitas cuadras que conforman la peatonal estan llenas de personas y bares. Vale la pena para pasar la noche. A la mañana recorrimos un poco el pueblo, si caminas media hora en dirección a la montaña encontras unas playas impecables, sin olas y poca gente, ideales para ver peces de colores.