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Por la tierra del Vallenato y del Café

Escribe: anilou
17 días por la tierra del Vallenato y del Café a la que prometí volver.

 

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De zipas y libertadores

Sogamoso, Colombia — jueves, 8 de enero de 2009

Que difícil despedirse…. hoy era el día de seguir nuestros caminos, yo en busca del Lago de Tota, Donatella 2 rumbo a Bucaramanga.  Si hubiera tenido más tiempo les juro que me iba con ellas para el norte, si ellas lo hubieran tenido se venían conmigo.

En Tunja estuvimos a las 8 30 a.m. Ellas compraron su ticket para dentro de una hora y me acompañaron a embarcarme. Ya le había dado muchas vueltas a este día, como que lo tenía menos claro que los dos anteriores, la zona era menos turística y por la tanto era una aventura. Primero pensé visitar un poco de Tunja. Luego decidí ir a Paipa, visitar el Pantano de Vargas una hacienda colonial cercana y de allí llegar en la tarde a Sogamoso, donde pasaría la noche.

Tunja – Paipa me costó 5 mil pesos y se encuentra a una distancia de unos 40 minutos como máximo (la memoria ya se me va haciendo frágil). En Paipa pregunten por las busetas que los llevan al Pantano de Vargas.

Si al llegar esperan encontrar justamente un pantano pues discúlpenme por desilusionarlos… alguna vez lo fue por lo que me dijeron, pero ahora es famoso porque allí  se llevó a cabo la Batalla del Pantano de Varga en 1819  entre el ejército granadino de  Simón Bolívar y las tropas realistas quienes intentaban bloquear su avance hacia Santa Fé, sede de gobierno de la nueva Nueva Granada. Poco después se consolidaría la independencia en la Batalla del Puente de Boyacá (Tunja).

Por motivo del sesquicentenario de la independencia y en homenaje a tan importante batalla se erigió el ¨Monumento a los Lanceros¨ realizado por el artista colombiano Rodrigo Arenas Betancur. Es una escultura de bronce de 33 metros  que muestra a los catorce jinetes llaneros; bajo el mando del Coronel Juan José Rondon,  en sus cabalgaduras en plena carga, suspendidos en el aire, y enmarcados en una estructura de concreto que hace también las veces de pedestal.

De regreso a Paipa uno puede detenerse en las aguas termales. Yo quería ir hacia la Hacienda El Salitre, uno debe de bajarse en las termas  y de allí caminar  kilometro y medio. La hacienda actualmente es un hotel pero me comentaron que está abierto al público. Para mi mala suerte se puso a llover a cantaros y al par de minutos di media vuelta, chape un micro y me fui a la estación para seguir viaje a Sogamoso.En ese momento me invadió la frustración, pero sabias las palabras de mi abuelita que decía ¨que por algo ocurrían las cosas¨.

Al llegar a Sogamoso conseguí una habitación con baño privado, agua caliente y tv con cable por tan solo 21 mil pesos (10 dólares) en un hotel que queda justo al frente de la estación de busetas.(hasta hace poco la tarjeta del hotel deambulaba en mi bolso). Dejé mis cosas, y tomé taxi al Museo Suomox, porque se encuentra al extremo sur de la ciudad.

Felizmente llegué a tiempo para que me vendieran la entrada, si me hubiera quedado en Paipa ya no hubiera podido entrar. Quedé con el taxista para que me recogiera pues la zona es un poco alejada y por lo tanto peligrosa. Aproveché para visitar las salas interiores antes del cierre, recorriendo cada periodo histórico pre colombino.Entre las piezas prehistóricas cabe resaltar una manibula de mastodonte.  Ya me había dado una buena sorpresa en el Museo de Oro al ver el grado de cultura que alcanzaron los distintas culturas de Colombia, en este museo lo que más me impresionó fueron los textiles ya que los diseños fueron logrados bajo la técnica del estampado.

Anteriormente mencioné que la divinidad principal muisca era Xue (El Sol) y su templo principal se encontraba aquí en Sogamoso, que era la ciudad sagrada del sol y sede del iraca  (sacerdote). De ese culto viene el nombre de la ciudad: Suamox o Sugamuxi, que era también el nombre del cacique principal. 

El día que celebraban el solsticio de  invierno (21 de junio)  una procesión de la corte del zipa (gobernante principal) se dirigía al Templo del Sol y el día era motivo de gran fiesta y alegría entre el pueblo quienes se pintaban el cuerpo y se embriagaban con chicha. Se hacían ofrendas a Xue para pedir por la bendición de las cosechas anuales. También era el único día en el cual la gente podía ver al zipa . La religión muisca contemplaba sacrificios humanos, según las fuentes históricas cada familia debían entregar un hijo para que sea criado por los sacerdotes, y a los 15 años era sacrificado al Sol, siendo todo un honor para la familia y la victima.

Desafortunadamente el Templo del Sol fue incendiado con la llegada de los españoles, lo que se puede ver el este museo es una réplica de cómo debió de ser. Según la leyenda recogida por los cronistas hispanos, las dimensiones del templo original eran tales que éste ardió durante seis años sin que lo apagaran las torrenciales lluvias.  Sugamuxi aceptó la religión impuesta por el invasor y fue bautizado con el nombre Alonso y fue ennoblecido con el título de Don.

La réplica construida mide 18 metros de altura. En su interior ya no cuelgan las piezas de oro que despertaron codicia, pero la estructura sorprende con su imponencia. 
Los símbolos en la cúpula de carrizo tejido  narran la formación de las tierras que conformaban los cacicazgos del Zipa y el Zaque. Sus  pequeñas ventanas sirven de calendario: cada 22 de diciembre el sol se proyecta perfectamente sobre el robusto pilote central, dentro del templo circular.Alrededor del templo se encuentra un cementerio que contiene los cuerpos momificados de todas las generaciones muiscas.

 Además podemos ver replicas de cómo debieron ser las viviendas muiscas. Así como para el templo, utilizaban caña y barro para hacer las tapias. Las casas comunes podían ser cónicas o rectangulares, ambas tenían puertas y ventanas pequeñas. En el interior el mobiliario era sencillo y consistía principalmente en camas hechas también de cañas, llamadas barbacoas, sobre las cuales se tendía una gran profusión de mantas; los asientos eran escasos pues los indígenas solían descansar en cuclillas en el suelo.

Además de las casas comunes existían otras dos clases de construcciones: una para los señores principales, probablemente el jefe de la tribu y del clan, y otras para los jefes de las confederaciones chibchas, como los Zaque y los zipas.Al terminar el recorrido, Francisco ( era el nombre del taxista)me llevó a la ciudad, si mal no recuerdo me cobró 3 mil pesos por cada tramo. Ya en Sogamoso busqué algo para comer y me puse a investigar cómo hacer para llegar a la Laguna de Tota, mi siguiente destino.  

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Últimos comentarios

MONIARGENTINA dice:
Muy interesante, espero ahora tu llegada a la Laguna...
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