Diarios de viaje > Europa

Sicilia: el corazón del Mare Nostrum

Escribe: Divagante
Sicilia es la más grande de las islas mediterráneas, la más sagrada para los antiguos dioses del Olimpo, el auténtico corazón del Mare Nostrum, una tierra superlativa en todo, desbordante y completa. En ella se conservan magníficos templos dóricos, espectaculares catedrales y castillos, e incluso recuerdos de los vikingos que combatieron contra el Imperio Bizantino en esta isla, joya del Mediterráneo.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 3 Capítulo 4
 

Siracusa

Siracusa, Italia — viernes, 19 de febrero de 2010

Ubicada en la costa sureste de la isla de Sicilia. El sector antiguo de la ciudad se encuentra separado por un canal, y conforma la isla de Ortigia.
Se conservan restos del teatro griego para 15 mil espectadores y de la ciudadela construida en tiempos de Diosinio II a comienzos del siglo IV a.C.

Al recorrer la ciudad actual, el visitante es sorprendido a cada paso por restos de los edificios antiguos. Fue fundada en el año 734 a.C. por colonos griegos procedentes de la ciudad de Corinto. El nombre de la ciudad no es griego y, de ser fenicio, significaría "roca de las gaviotas".

La isla de Ortigia era la sede de la diosa Artemisa fluvial (Alphioa). Bajo esa misma forma se adoraba a Artemisa en Olimpia, junto al río Alfeo. En el centro de la isla de Ortigia se hallaba la fuente de Aretusa, uno de los lugares sagrados de la ciudad. Según la leyenda, el agua de la fuente procedía del río Alfeo. Alfeo amaba a la ninfa Aretusa y brotaba en Sicilia para unirse a su amada. Se decía que una vez había sido lanzada una copa al río en Olimpia y la misma había aparecido en la fuente de Aretusa en Ortigia y que se enturbiaban las aguas de la fuente cuando se lanzaban las cenizas de los sacrificios al río Alfeo en Olimpia.

En tiempos antiguos, fue la ciudad más importante de la isla de Sicilia. El tirano Hierón I, que gobernó durante la primera mitad del siglo V a.C., se destacó como mecenas de las artes. Así fue que contó en su corte, entre otros, a Esquilo y Píndaro.

Luego de expulsar al hermano de Hierón, Siracusa pudo tener un gobierno democrático. Los demócratas continuaron la política expansionista de los tiranos. Hacia mediados del siglo V a.C. ya habían atacado la isla de Elba y saqueado los puertos de Córcega, e incluso se preparaban para atacar Atenas.

En el año 415 a.C. Siracusa fue atacada por los atenienses que respondieron al pedido de ayuda de los habitantes de la ciudad siciliana de Segesta, la cual por entonces se hallaba en guerra con las ciudades de Selinonte y Siracusa. Los atenienses fueron duramente derrotados en mar y en tierra. Este hecho llevó a Siracusa a apoyar a Esparta en la Guerra del Peloponeso y a contribuir con su triunfo.

Los atenienses que sobrevivieron a la derrota militar (unos siete mil) fueron encerrados en las latomías (calabozos de Siracusa acerca de los cuales comenta Cicerón: «No existe ni puede imaginarse nada tan cerrado ni tan seguro respecto a cualquier intento de evasión») donde pasaron unos setenta días hasta ser vendidos como esclavos.
Los cartagineses amenazaron a la ciudad hacia fines del siglo V a.C. con sus conquistas en la isla de Sicilia. A este peligro hizo frente un nuevo tirano: Dionisio I.

Durante la mayor parte del siglo III a.C. Siracusa fue aliada de Roma en su lucha contra Cartago. Pero en el año 215 a.C. los partidarios de Cartago se hicieron con el poder. Los romanos intentaron entonces tomar la ciudad, que contó para su defensa con los inventos del genial Arquímedes. De todos modos Siracusa cayó bajo el dominio romano en 211 a.C.

Publicado el 19/feb/2010, 12.59
Modificado el 19/feb/2010, 14.59
Leído 856 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 3 Capítulo 4
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

Capítulos de este diario