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Petroglifos del Paraguay. El sitio Amambay
Escribe: Arqueoknoop
A partir de los años 40 del siglo XX pasado, sagaces e intrépidos aventureros han descubierto en diferentes puntos orográficos del Paraguay, petroglifos, extraños arabescos pétreos, sitios...
Petroglifos en Tororó, Yvytyrusú
Sierra de Ybyturuzú, Paraguay — viernes, 18 de septiembre de 2009
Hola de nuevo amigos viajeros, en esta nueva aventura (2009), nos adentraremos en el corazón de la región oriental del Paraguay, situado en el distrito de la ciudad de Villarrica, departamento de Guairá. Nos referimos al mítico "Itá letrero" ("itá" significa: piedra o pétreo, en guaraní) en el sitio Tororó, dentro de la cordillera del Yvytyrusú. Este lugar arqueológico prácticamente desconocido internacionalmente, está siendo valorado bastante ya a nivel nacional, pero básicamente como sitio de interés turístico más que arqueológico o de investigación o histórico.
Queda a unos 170 km de la capital (Asunción) del país (Paraguay). Las rutas elegibles podrían ser dos (asfaltadas): directamente de Asunción hasta Coronel Oviedo y de allí a Villarrica, o desde Asunción vía Paraguarí hasta Villarrica (yo elegí esta vía porque te ahorra unos 35 km). Esto, lógicamente, si el visitante parte desde la capital. Desde Villarrica hasta el sitio son unos 20 km de camino de tierra, y generalmente en muy mal estado, por lo que recomiendo utilizar un vehículo todoterreno (4x4), porque un vehículo con tracción simple podría no llegar, y aquello sería más que molestoso dado el caso.
Para realizar la visita, por lo tanto, debés tener en cuenta el estado del tiempo, justamente por la calidad del camino de tierra que con alguna lluvia se anega y se vuelve completamente intransitable. Pero yo llegué al sitio sin inconvenientes, con el mejor clima deseable y con la expectativa que el sitio prometía.
Es un pequeño peñón a modo de acrópolis o ciudadela de unos 25 metros de altura, que se contornea sobre sí mismo en espiral. Está situado en el corazón de la cordillera del Yvytyrusú, en medio de gigantescos cerros y es el único punto de acceso viniendo desde Villarrica. La propiedad pertenece a la familia Fernández, que habita en el sitio desde unos 100 años, más o menos.
Antiguamente, y hasta los años 70s, el entorno de dichos petroglifos estaba habitado por personas de la etnia originaria no guaraní llamados "aché-guayakí" no contactados en ese entonces, que vivía en lo más profundo de los bosques. Esta presencia ya fue mencionada por misioneros franciscanos allá por los años 1700.
Lamentablemente la sociedad local o paraguaya actual ha diezmado o provocado casi un genocidio a esta etnia, en esa zona, sobreviviendo a duras penas los que lograron salvarse y aún en nuestros días muestran los signos de tal persecución. Dado los datos históricos, puedo conjeturar que estos Aché serían los coetáneos o descendientes de los hombres que dejaron sus escritos en piedra. Pero hoy no hay certeza de nada, sólo están estas inscripciones pétreas incognoscibles y tal vez milenarias.
Pero volvamos a la expedición...
Como es mi costumbre viajo toda vez que puedo en compañía de mi familia, y esta vez con mi esposa Raquel y mis tres hijos, Hanns (15), Helga (11) y Heidi (9). Un viaje familiar, un domingo perfecto para una aventura inolvidable.
Antes de salir para el sitio mantuve en suspenso el lugar de la aventura, mis hijos se impacientaban y preguntaban cada minuto del viaje durante todos los kilómetros si ya estábamos por llegar, adonde no sabían. Claro que fue simpática su impertinencia, y yo no hacía más que sonreír.
Y así, entre tereré (bebida típica del Paraguay, parecida al mate pero con agua fría)- porque hacía calor, comentarios y paradas obligatorias, para el servicentro, tomas fotográficas, filmaciones y comprar uno que otro alimento, llegábamos al sitio por el sinuoso camino de tierra, entre las estancias de la zona. Una vasta llanura o planicie ganadera precede a la cordillera que se yergue imponente desde kilómetros de distancia.
No es la primera vez que visito el lugar, creo que ya lo hice más de diez veces en más de 14 años, una buena estadística, conozco sus cambios, su entorno y puedo certificar la calidad del sitio, que sigue manteniéndose prístino, a excepción de los grafitis de los ignorantes de su valor. Ya he hecho unos cuantos campings en el lugar y alrededores, y puedo asegurarles que se percibe como una experiencia rara, mística y hasta excepcional. Toda clase de leyendas circulan por los alrededores que te erizan la piel y hasta sugestiona a los campistas; una expectación permanente junto a la fogata nocturna.
Para tener en cuenta. Lo que protegió a las inscripciones durante milenios de los depredadores, diría yo, fueron las miles de avispas coloradas o kava pytá, agresivas con el incauto, que hacen del peñón de Tororó su hogar permanente. Si querés filmar o fotografiar de cerca tenés que cuidarte, mirar para todos lados, y ver que algún acompañante te avise oportunamente de ataques masivos y repentinos de las furibundas avispas.
Esta vez no había casi ninguna, porque en esta temporada merma su actividad, entonces recomiendo estas fechas (junio a setiembre aproximadamente) para ir sin preocupaciones, sobre todo si uno es alérgico a las picaduras, ¡y más de una picadura al mismo tiempo!, yo puedo dar fe de ello. En sí, la aventura y la expectativa pagan ampliamente el esfuerzo de conocer el sitio, aparte de ser un sitio relajante con una limpieza y pulcritud óptima, gracias a los esfuerzos de los dueños.
Cuando tenés interés en descubrir las huellas del pasado indescifrable, obtenés una doble alegría, porque no sólo el sitio turística o ambientalmente vale la pena, sino que estos petroglifos están allí solo para el visitante que los visita, siempre sos sólo vos con tus acompañantes los únicos en el lugar, se percibe como que el sitio es tuyo y que viajaste al pasado por algún sortilegio.
Comentan cazadores furtivos que en varios sitios de la cordillera, en lo más profundo de los bosques también existen otros albergues rocosos con petroglifos, pero su acceso es aún más difícil o imposible. La cordillera es abrupta e impenetrable fuera de los caminos tradicionales.
Debo mencionarles que desde hace algún tiempo varios interesados del extranjero y a nivel nacional han visitado el sitio y han conjeturado muchas hipótesis, incluso escribieron algunos libros sobre tales hipótesis o teorías, a los cuales agradezco su interés. Por suerte, el Estado paraguayo tomó interés en este patrimonio cultural arqueológico y declaró como área protegida especial a la cordillera del Yvytyrusú, resguardando su más preciado tesoro cultural, los petroglifos de Tororó.
Este sitio es realmente interesante, los petroglifos son más que raros y diferentes a otros, inclusive de América y sobre todo de otros sitios con petroglifos del Paraguay. Presenta una variedad de aproximadamente 5 tipos diferentes en su elaboración, forma y tamaño. Los más grandes son ideogramas que no siguen un patrón aparente; otros se parecen a caracteres "ogam" de los celtas, otros como alfabetiformes del entorno del mar Mediterráneo, otros son como aislados de los demás, etc.
Así, un estudioso en inscripciones antiguas o epígrafo, se daría el gusto de determinar la procedencia de los mismos. Sin embargo, hay varias hipótesis y teorías.
Lo importante, rememorando mis cartas anteriores, es aventurarse a conocer el país, conocer aspectos culturales-históricos hasta desconocidos en Sudamérica, y ser parte del grupo selecto de visitantes de tan grande patrimonio de la humanidad, que ha dejado escrito o plasmado en la piedra sus ideas, palabras o sentimientos de hace unos miles de años antes del presente.
Les invito a conocer el sitio, a entusiasmarse genuinamente, con el apoyo de alguna empresa turística, para llevar a sus hogares la satisfacción de haber sido testigo presencial del mensaje oculto de los hombres de la edad de los petroglifos.
Comentario: Existen hoteles y sitios de camping en Villarrica y alrededores, se puede conocer todo el departamento de Guairá sin inconvenientes, además, comento para los curiosos, que existe una gran comunidad alemana (miles y miles) que abarca casi todo el departamento, que presenta al turista sus peculiaridades culturales, hoteleras, gastronómicas, productivas, educativas, religiosas, entre otras, además de los aspectos culturales típicos de los paraguayos del interior del país, dignos de ver y apreciar.
Hasta la próxima aventura...
Su amigo Blas Knoop...
Queda a unos 170 km de la capital (Asunción) del país (Paraguay). Las rutas elegibles podrían ser dos (asfaltadas): directamente de Asunción hasta Coronel Oviedo y de allí a Villarrica, o desde Asunción vía Paraguarí hasta Villarrica (yo elegí esta vía porque te ahorra unos 35 km). Esto, lógicamente, si el visitante parte desde la capital. Desde Villarrica hasta el sitio son unos 20 km de camino de tierra, y generalmente en muy mal estado, por lo que recomiendo utilizar un vehículo todoterreno (4x4), porque un vehículo con tracción simple podría no llegar, y aquello sería más que molestoso dado el caso.
Para realizar la visita, por lo tanto, debés tener en cuenta el estado del tiempo, justamente por la calidad del camino de tierra que con alguna lluvia se anega y se vuelve completamente intransitable. Pero yo llegué al sitio sin inconvenientes, con el mejor clima deseable y con la expectativa que el sitio prometía.
Es un pequeño peñón a modo de acrópolis o ciudadela de unos 25 metros de altura, que se contornea sobre sí mismo en espiral. Está situado en el corazón de la cordillera del Yvytyrusú, en medio de gigantescos cerros y es el único punto de acceso viniendo desde Villarrica. La propiedad pertenece a la familia Fernández, que habita en el sitio desde unos 100 años, más o menos.
Antiguamente, y hasta los años 70s, el entorno de dichos petroglifos estaba habitado por personas de la etnia originaria no guaraní llamados "aché-guayakí" no contactados en ese entonces, que vivía en lo más profundo de los bosques. Esta presencia ya fue mencionada por misioneros franciscanos allá por los años 1700.
Lamentablemente la sociedad local o paraguaya actual ha diezmado o provocado casi un genocidio a esta etnia, en esa zona, sobreviviendo a duras penas los que lograron salvarse y aún en nuestros días muestran los signos de tal persecución. Dado los datos históricos, puedo conjeturar que estos Aché serían los coetáneos o descendientes de los hombres que dejaron sus escritos en piedra. Pero hoy no hay certeza de nada, sólo están estas inscripciones pétreas incognoscibles y tal vez milenarias.
Pero volvamos a la expedición...
Como es mi costumbre viajo toda vez que puedo en compañía de mi familia, y esta vez con mi esposa Raquel y mis tres hijos, Hanns (15), Helga (11) y Heidi (9). Un viaje familiar, un domingo perfecto para una aventura inolvidable.
Antes de salir para el sitio mantuve en suspenso el lugar de la aventura, mis hijos se impacientaban y preguntaban cada minuto del viaje durante todos los kilómetros si ya estábamos por llegar, adonde no sabían. Claro que fue simpática su impertinencia, y yo no hacía más que sonreír.
Y así, entre tereré (bebida típica del Paraguay, parecida al mate pero con agua fría)- porque hacía calor, comentarios y paradas obligatorias, para el servicentro, tomas fotográficas, filmaciones y comprar uno que otro alimento, llegábamos al sitio por el sinuoso camino de tierra, entre las estancias de la zona. Una vasta llanura o planicie ganadera precede a la cordillera que se yergue imponente desde kilómetros de distancia.
No es la primera vez que visito el lugar, creo que ya lo hice más de diez veces en más de 14 años, una buena estadística, conozco sus cambios, su entorno y puedo certificar la calidad del sitio, que sigue manteniéndose prístino, a excepción de los grafitis de los ignorantes de su valor. Ya he hecho unos cuantos campings en el lugar y alrededores, y puedo asegurarles que se percibe como una experiencia rara, mística y hasta excepcional. Toda clase de leyendas circulan por los alrededores que te erizan la piel y hasta sugestiona a los campistas; una expectación permanente junto a la fogata nocturna.
Para tener en cuenta. Lo que protegió a las inscripciones durante milenios de los depredadores, diría yo, fueron las miles de avispas coloradas o kava pytá, agresivas con el incauto, que hacen del peñón de Tororó su hogar permanente. Si querés filmar o fotografiar de cerca tenés que cuidarte, mirar para todos lados, y ver que algún acompañante te avise oportunamente de ataques masivos y repentinos de las furibundas avispas.
Esta vez no había casi ninguna, porque en esta temporada merma su actividad, entonces recomiendo estas fechas (junio a setiembre aproximadamente) para ir sin preocupaciones, sobre todo si uno es alérgico a las picaduras, ¡y más de una picadura al mismo tiempo!, yo puedo dar fe de ello. En sí, la aventura y la expectativa pagan ampliamente el esfuerzo de conocer el sitio, aparte de ser un sitio relajante con una limpieza y pulcritud óptima, gracias a los esfuerzos de los dueños.
Cuando tenés interés en descubrir las huellas del pasado indescifrable, obtenés una doble alegría, porque no sólo el sitio turística o ambientalmente vale la pena, sino que estos petroglifos están allí solo para el visitante que los visita, siempre sos sólo vos con tus acompañantes los únicos en el lugar, se percibe como que el sitio es tuyo y que viajaste al pasado por algún sortilegio.
Comentan cazadores furtivos que en varios sitios de la cordillera, en lo más profundo de los bosques también existen otros albergues rocosos con petroglifos, pero su acceso es aún más difícil o imposible. La cordillera es abrupta e impenetrable fuera de los caminos tradicionales.
Debo mencionarles que desde hace algún tiempo varios interesados del extranjero y a nivel nacional han visitado el sitio y han conjeturado muchas hipótesis, incluso escribieron algunos libros sobre tales hipótesis o teorías, a los cuales agradezco su interés. Por suerte, el Estado paraguayo tomó interés en este patrimonio cultural arqueológico y declaró como área protegida especial a la cordillera del Yvytyrusú, resguardando su más preciado tesoro cultural, los petroglifos de Tororó.
Este sitio es realmente interesante, los petroglifos son más que raros y diferentes a otros, inclusive de América y sobre todo de otros sitios con petroglifos del Paraguay. Presenta una variedad de aproximadamente 5 tipos diferentes en su elaboración, forma y tamaño. Los más grandes son ideogramas que no siguen un patrón aparente; otros se parecen a caracteres "ogam" de los celtas, otros como alfabetiformes del entorno del mar Mediterráneo, otros son como aislados de los demás, etc.
Así, un estudioso en inscripciones antiguas o epígrafo, se daría el gusto de determinar la procedencia de los mismos. Sin embargo, hay varias hipótesis y teorías.
Lo importante, rememorando mis cartas anteriores, es aventurarse a conocer el país, conocer aspectos culturales-históricos hasta desconocidos en Sudamérica, y ser parte del grupo selecto de visitantes de tan grande patrimonio de la humanidad, que ha dejado escrito o plasmado en la piedra sus ideas, palabras o sentimientos de hace unos miles de años antes del presente.
Les invito a conocer el sitio, a entusiasmarse genuinamente, con el apoyo de alguna empresa turística, para llevar a sus hogares la satisfacción de haber sido testigo presencial del mensaje oculto de los hombres de la edad de los petroglifos.
Comentario: Existen hoteles y sitios de camping en Villarrica y alrededores, se puede conocer todo el departamento de Guairá sin inconvenientes, además, comento para los curiosos, que existe una gran comunidad alemana (miles y miles) que abarca casi todo el departamento, que presenta al turista sus peculiaridades culturales, hoteleras, gastronómicas, productivas, educativas, religiosas, entre otras, además de los aspectos culturales típicos de los paraguayos del interior del país, dignos de ver y apreciar.
Hasta la próxima aventura...
Su amigo Blas Knoop...
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1
Petroglifos del Paraguay. El sitio Amambay
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2
Petroglifos en Tororó, Yvytyrusú
Sierra de Ybyturuzú, Paraguay | 18 de septiembre de 2009
En Sierra de Ybyturuzú...
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